‘1898. Los últimos de Filipinas’: A la mierda España

Ivan Reguera

04/12/2016

Esta película es una peli de productor, no de director. Es el capricho de uno de los tipos más poderosos del cine español: Enrique Cerezo, dueño de, al menos, el 77% del cine español. Cerezo es propietario de todo ese cine, poseedor de los derechos de Berlanga, Saura, Álex de la Iglesia, Querejeta… Tiene la mayor cantidad de derechos de películas del mundo, su catálogo de películas es estremecedor.

Al presidente del Atlético de Madrid, y personaje bastante oscuro y con mala fama entre la gente del cine, siempre le han perseguido los rumores: dicen que es un intrigante que compra a precios bajos y que se aprovecha de la necesidad de los propietarios con los que negocia. Sus inicios son los de ese prototipo de la derecha, el hombre “hecho a sí mismo” (algo que nunca he sabido muy bien lo que significa) y que fue asistente de cámara en El viento y el león, de John Milius, rodada toda ella en España.

El último pelotazo de Cerezo ha sido gracias al programa de TVE Historia de nuestro cine. Estamos hablando de uno de los acuerdos más deslumbrantes firmados por el ente público con una productora española: unas 700 películas españolas, la mayoría de Cerezo.

Digamos, pues, que Cerezo estaba en disposición de afrontar una superproducción a la española con un presupuesto de 6 millones de euros. ¿Y saben qué? Que no le ha salido nada mal la película. Olvídense de esa cosa infumable y patriotera que fue 'Los últimos de Filipinas' (1945), dirigida por Antonio Román y hecha para alabar las glorias del perdido imperio español, esos camelos que le gustaban a Franco. Esta película no tiene nada que ver con esa historieta.

Se podría decir que esta nueva aproximación al absurdo de aquella guerra es neoépica. Es decir: cuenta con los elementos de la épica (soldados valerosos, hombres viriles, excusas patrióticas…) pero con un barniz de oscuridad y cinismo que aporta mucho a un guión trabajado y con un buen ritmo y cuyo único pero es el exceso de metraje y, sobre todo, algunos diálogos pomposos y sonrojantes, frases “importantes” soltadas por burdos soldados.

No hace falta decir de qué va, pero lo adelanto. En 1898, y en la colonia española de Filipinas, una patrulla española fue sitiada por insurrectos en el poblacho de Baler. Todo se desarrolla en la isla de Luzón y la trama transcurre durante 337 días de puro infierno. A los cabecillas de los llamados “últimos de Filipinas” les costó aceptar el Tratado de París entre España y Estados Unidos, en el que cedíamos la soberanía sobre Filipinas a los yanquis. El fin del imperio.

La película, rodada con pulcro clasicismo por Salvador Calvo (bregado en series como Alatriste, Alakrana o Niños robados) cuenta con un estupendo reparto de actores españoles como Luis Tosar, Álvaro Cervantes, Karra Elejalde, Eduard Fernández, Patrick Criado, Miguel Herrán o Carlos Hipólito. Todos ellos eficientes a excepción de Javier Gutiérrez, bastante sobreactuado.

Aunque la película sea de Cerezo y haya contado con la financiación de cadenas conservadoras como 13TV o Telemadrid, no es una loa al imperio perdido y la patria tocada, sino todo lo contrario. El guión, de Alejandro Hernández, hace hincapié en la miseria moral de la gentuza que comandaba a la tropa (Tosar y Fernández), al absurdo de una guerra tan absurda como ésa, a la diferencia de clases y a los corruptos que (ya entonces) gobernaban España.

'1898, los últimos de Filipinas' tiene momentos logrados como la llegada de la tropa a la jungla (magníficamente fotografiada por Álex Catalán), las escenas de batalla (bien rodadas), la épica y clásica despedida final, la relación entre el religioso (Elejalde) y el soldado artista (estupendo Álvaro Cervantes), la decadencia del capitán con su perro (Fernández) y el sadismo del que toma el mando (Tosar).

Es de agradecer que, a día de hoy, alguien en el cine español tenga los redaños de hacer cine bélico y épico, aunque sea neoépico. Y que lo haga entretenido, como entretenida era Zulu (1964), la historia de otros pirados imperialistas acorralados.

Estamos hablando de un cine que cuenta una página de la historia de España y que, como tantas páginas de nuestra historia, es ridícula. Porque sólo de miserables, cretinos e idiotas se puede calificar a los que sacrificaron a sus hombres en vez de rendirse y disfrutar del hedonismo que les ofrecían en la puñetera cara los amables filipinos. Un paraíso.

Decía Christian Marquand en 'Apocalypse Now Redux' a los americanos: “Están ustedes luchando por la mayor nada de la historia”. De hecho, cuando todo ha terminado, hasta el personaje más negativo (el de Gutiérrez) lo acaba asimilando con una frase lapidaria: “A la mierda España”. Por eso esta película, que empieza como un western y acaba como una película antibélica es, con sus excesos, un entretenido y digno retrato de la estúpida cabezonería española. Nuestra esencia.

Crítico de cine de la revista electrónica cuartopoder.es
Fuente:
https://www.cuartopoder.es/corten/2016/12/02/1998-los-ultimos-de-filipinas-a-la-mierda-espana/2440