28 de abril: Día de la salud laboral y recuerdo de las victimas del trabajo de riesgo

Jesús Uzkudun

22/04/2018

Con ocasión del 28 de abril, Día de la Salud de los Trabajadores, la Organización Internacional del Trabajo nos aporta cifras escalofriantes: 2,78 millones de muertes anuales en el mundo a consecuencia de los trabajos de riesgo o sin la prevención adecuada. De ellas, 2,4 millones son víctimas de enfermedades profesionales. Y 204.000 muertes son de ciudadanos europeos. Es decir, se producen 35 muertes por enfermedad profesional por cada muerte en accidente de trabajo. Estos datos deberían forzar un cambio en la orientación preventiva y en el discurso de las instituciones públicas, e incluso de las organizaciones sindicales, para no continuar reduciendo los problemas de salud laboral, exclusivamente a los accidentes de trabajo.

A esas terribles cifras hay que sumar 160 millones de personas afectadas por enfermedades profesionales y 334 millones de víctimas de accidentes de trabajo no mortales, aunque muchas sean invalidantes.

Por otro lado, la Agencia Europea de Seguridad y Salud en el Trabajo, junto a la Comisión Europea, señalan que el cáncer es la principal causa de muerte relacionada con el trabajo en la Unión Europea, causando alrededor del 53% de las muertes relacionadas con el trabajo.

Aunque algunos silencien esta terrible sangría, genera unas pérdidas económicas anuales de 476.000 millones de euros en la Unión Europea. ¿Nos hemos vuelto cínicos o absolutamente insensibles para no reaccionar ante semejante catástrofe?

Que la enfermedad profesional no sea un daño de aparición inmediata, tenga menor impacto visual y social que los accidentes traumáticos, no elimina la gravedad del sufrimiento, los costes sanitarios, la pérdida de vidas y días de trabajo que generan: es gravísimo, especialmente, cuando se demuestra que derivan de infracciones empresariales de medidas de prevención obligatorias.

Durante décadas y todavía hoy, la mayoría de las empresas asesoradas por las Mutuas (MATEPSS), han reducido su actividad preventiva a tratar de reducir o evitar con más o menos acierto los accidentes de trabajo, mientras desprecian el peligro de las enfermedades profesionales derivadas de los riesgos higiénicos, ergonómicos y psicosociales presentes en el puesto de trabajo. No es una acusación gratuita, viene avalada por múltiples sentencias que condenan a las empresas al pago de “recargos de prestaciones” por falta de medidas de seguridad e higiene o indemnizaciones de daños a los enfermos o familiares de las víctimas del amianto, la silicosis, la siderosis… No solo las empresas incumplen la ley, los servicios médicos de las empresas también están obligadas a realizar reconocimientos médicos específicos a los trabajadores/as o a comunicar “sospechas de EEPP” en las enfermedades detectadas. Pero se dedican a ocultar el origen laboral de muchas enfermedades.

Lamentablemente, ante la infracción de las normas de Seguridad y Salud, la mayoría de los delegados y responsables sindicales, atrapados por el economicismo, no han asumido como una prioridad la defensa de la salud laboral y la lucha por la mejora de las condiciones de trabajo insalubres, limitándose a reclamar Pluses por tóxicidad, penosidad, peligrosidad o nocturnidad, tratando de mejorar los míseros salarios y dulcificar el daño a la salud.

Si hablamos con personas mayores, de 55 a 70 años, que trabajaron en la industria o la construcción, veremos que gran parte portan Audífonos para la vida social, dado el deterioro de su capacidad auditiva por el ruido laboral. Asimismo, sufren una epidemia de enfermedades respiratorias: fibrosis pulmonar, placas pleurales, asma, silicosis, cánceres derivados de la inhalación de fibras de amianto, sílice, humos metálicos, soldadura,…etc. No nos confundamos, no son enfermedades propias de la edad, son derivadas de las condiciones insalubres en la que trabajaron décadas atrás. Asimismo son destacables las importantes cifras de cáncer pulmonar, mucho más elevadas que las de otros sectores. Lo cual demuestra que el cáncer, además de estar determinado por el Código Postal, viene condicionado por el Código de la profesión o el sector productivo donde se estuvo empleado. Tampoco pasan desapercibidas las lesiones en brazos y espalda, que siguen siendo la principal causa de jubilación anticipada o incapacidad permanente, derivada de los sobreesfuerzos, movimientos repetitivos o trabajo con posturas forzadas. Lógicamente, las mujeres son doblemente victimas: por un lado, porque se olvido la prevención de sus riesgos específicos y, por otro, porque se encuentran con mayores obstáculos a la hora del reconocimiento de la incapacidad permanente. 

Por esta razón, no comparto la opinión de quienes culpabilizan exclusivamente a la precariedad laboral como causa del incremento de la siniestralidad laboral o el incremento de los daños a la salud en el trabajo.

La eventualidad, la subcontratación, etc., sin ninguna duda perjudican a la salud de las personas afectadas. Pero dicho discurso favorece la ocultación de las infracciones empresariales a las normas de Seguridad y Salud en el puesto de trabajo, siendo está la principal causa de los daños y el deterioro de la salud de las personas trabajadoras. Es más, estoy convencido que una exigencia rigurosa de las normas de información, formación, evaluación de riesgos, coordinación de actividades empresariales …, unida a la de responsabilidades por los daños, son una vía mucho más eficaz para luchar contra la precariedad laboral y avanzar en la mejora de las condiciones de trabajo.

En este 28 de abril, además de recordar a las victimas generadas por el incumplimiento empresarial de las normas de seguridad, adquieren especial importancia los tres retos siguientes:

  1. Romper el bloqueo parlamentario impuesto por el Gobierno del Partido Popular al Proyecto Ley para la creación del Fondo de Compensación para las victimas del amianto, con recursos suficientes, que posibilite acabar con la desigual indemnización a las víctimas. Es injustificable que mujeres que enferman por lavar el buzo de sus maridos, o quienes trabajaron en pequeñas empresas ya desaparecidas, no tengan indemnización.
  2. Es necesario revertir e impedir las crecientes competencias de las Mutuas patronales en el control de la enfermedad común de los trabajadores/as. El PP pretende darles mayor poder con la Ley de Mutuas, favoreciendo que estas acusen de fraude a los médicos de familia de la Sanidad pública por prolongar las Bajas, así como a las personas enfermas, precisamente cuando se observa el crecimiento del “presentismo”, es decir, acudir enfermo al trabajo por miedo al despido. Urge crear una amplia alianza sindical, social y sanitaria para frenar la privatización de la Sanidad publica hacia las mutuas patronales, que supondría convertir a las clases trabajadoras en objetos de “usar y tirar”, especialmente, cuando ya se ha deteriorado la salud por las nocivas condiciones de trabajo.
  3. Urge acabar con la ocultación del origen laboral de las enfermedades laborales, dado el fraude que supone a la Seguridad Social y a la prevención de los riesgos laborales. La respuesta del sindicalismo no puede quedar reducida a denunciar el subregistro de las enfermedades profesionales, debe implicarse con planes de trabajo similares al incumplimiento salarial de los convenios, orientados a su reconocimiento y visualización. Sin ese compromiso sindical, permanecerán ocultas con sus fatales consecuencias.

Finalmente, considero que ha llegado la hora de dar la importancia que se merece a la salud y la necesidad de lograr una protección adecuada en el trabajo. La salud es lo más valioso que tenemos y si la perdemos con seguridad se perderá el empleo y el mínimo bienestar.  

es activista social por la salud laboral.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 22 de abril 2018