39º Congreso del PSOE: un nuevo escenario para el país

Enrique del Olmo

23/06/2017

El resultado de las primarias del PSOE y su posterior ratificación en el 39 Congreso, ha vuelto a abrir un hálito de esperanza en las maltrechas fuerzas de la izquierda hispana. Más allá de la adscripción política o electoral para todo el mundo que desea un cambio, el resultado de la batalla socialista era fundamental para tener un nuevo impulso en la lucha por sacar al Gobierno de Rajoy.

Sin necesidad de remontarnos a los años 90 donde empieza a producirse el deterioro de la marca PSOE y se abre el abismo para toda la socialdemocracia europea, tenemos que señalar que desde el infausto mes de mayo de 2010 y la irrupción del 15-M en el 2011 al momento actual, el PSOE entra en una crisis acelerada.

Situado en una tensión enorme entre su papel como garante del régimen del 78 por un lado y la rebelión social y política que se vive en España desde aquella primavera de 2010, el PSOE se ha ido desangrando entre peleas internas y distancia con su base social y con los nuevos sectores emergentes. En esta pugna las diversas direcciones y dirigentes han intentado esperar a que la tormenta amainase para volver a resurgir.  Se seguían contemplando a Podemos, las Mareas, los Comunes y las confluencias como intrusos que les robaban lo que era suyo: en ningún momento se hizo por parte de las diversas direcciones socialistas una autentica reflexión sobre el cambio producido en la sociedad. Y mientras tanto, en los momentos claves de la tensión entre cambio y continuidad, la dirección socialista (ejecutiva o áulica) se situaba en el lado del inmovilismo. Momento clave es cuando Rubalcaba prolonga su mandato como secretario general para que la abdicación, que había muñido Felipe Gonzalez, sea seguida militarmente por el grupo parlamentario socialista. Es importante recordar que aquel era el momento, enero-junio del 2014, de máxima crisis del régimen: crisis económica y social, respuesta de las mareas, nacimiento de Podemos, la cacería borbónica en Botsuana, imputación de la Infanta, agudización de la confrontación con Cataluña, ofensiva económica y recortes,.... A partir de ahí, las primeras primarias socialistas, con el pacto de la estabilidad (Acuerdo Susana-Ximo-Tomas Gomez) avalado por el sanedrín (ZP, Felipe, Bono), se mueven con el mismo relato político, de protesta contra el PP pero nada con el cambio, pero nada de abordar el tema catalán. Por encima de todo, acaso hablar con la boca pequeña de reforma constitucional, pero cerrar el paso a lo nuevo y a lo demandado por la sociedad. Los resultados del 20-D, y la posterior prorroga del 26-J, pusieron sobre la mesa la enorme tensión que anidaba en el PSOE. De un lado, los jarrones chinos, los barones y la baronesa, los dependientes del puesto institucional y orgánico, los adalides del primero España y después el Partido, los defensores de la estabilidad del régimen como valor supremo, los defensores del “El PP es el adversario y Podemos el enemigo”. Todo este conglomerado social y político, buscaban un PSOE añorante del bipartidismo, dispuesto a ser muletilla del PP, internamente verticalista y superador de las veleidades “asamblearias”, enemigos de la “podemización” que rechazaba Javier Fernandez: estos eran los del 100% PSOE como fuente de poder. Los diversos conglomerados de la conducción socialista se instalaban en el mantenimiento "por encima de todo" del PSOE como estabilizador del sistema, “costase lo que costase”, incluida la ruptura con el bloque social que le llevo a ser instrumento de transformación de la sociedad española. Y para ello llegaron hasta donde llegaron, a dar el golpe del 1 de octubre e instaurar una gestora dispuesta no a preparar un Congreso, sino a consolidar el bloque de poder anteriormente señalado. Pero hay que desmontar un cierto equivoco y no adjudicar como errores a este sector lo que son defensas de intereses: era una batalla a muerte por la defensa del “establishment” socialista, que era a la vez por la protección del sistema existente. ¡¡¡Errores no, intereses ¡!!.

De otro lado una autentica rebelión de la militancia socialista, que era capaz de reflejar mucho más lo que había sucedido en el país desde el 2011. Esta militancia era la que había sufrido en sus carnes el “No nos representan” o el “Psoe-PP la misma mierda es”, pero a pesar de ello no habían dejado de luchar en las calles por la sanidad y la enseñanza pública, enfundados en sus camisetas verdes, negras, blancas o naranjas. Una militancia defensora de los valores fundadores del Partido Socialista como partido de los trabajadores, con beligerancia activa contra el PP y sus políticas, entendiendo que la derrota de la derecha pasaba por algún nivel de alianzas con el resto de la izquierda (a pesar del rechazo que les podía provocar Pablo Iglesias). Junto a ellos, un conjunto de dirigentes que, o venían de una formación ideológica más de izquierda  (Tezanos, Narbona, Ferrer, Borrell, Escudero, Perello, Parlon ...), o cuadros que en la desfenestración de Pedro Sánchez y ante la abstención para que gobernase el PP decidieron dar la batalla contra el golpe del 1 de octubre (Abalos, Lastra, Sumelzo, Rodriguez de Celis, Elorza, Puente...).

Era una candidatura de “outsiders”, mientras que las de Susana Díaz y Patxi López eran las del establishment de primera y segunda generación, respectivamente. Pedro Sánchez, después de su zizagueante recorrido en los procesos de investidura, aceptando el callejón sin salida que le puso por delante el 100% PSOE (líneas rojas, prioridad Cs, nada con los nacionalistas, nada con Podemos, lo que importa es España), decidió encabezar la manifestación, potenciando a su vez el sentido del movimiento.

Pedro Sanchez ha situado al PSOE en la izquierda porque las bases y cuadros medios socialistas y de los sindicatos le han colocado de nuevo en el liderazgo que la revuelta palaciega le habían quitado. El proceso ha tenido muchos episodios de autoorganización: las plataformas; de movilización: los actos; de resistencia: frente a la presión de los avales; y de decisión: apostar contra la segura “ganadora”. Pero me parece de mucho interés resaltar un movimiento, el de “los sindicalistas con Pedro”, con el que un núcleo de 300 sindicalistas de UGT, CCOO, CGT y otros sindicatos logró el apoyo de más de 1.000 activistas sindicales, que le plantearon a Sanchez la firma de un compromiso en relación con la reforma laboral y los derechos sociales. Esto tiene la importancia de reflejar una característica del movimiento, que no es una entrega incondicional a un liderazgo, como tanto ha sucedido en el PSOE antes (donde una misma persona podía ser en un corto periodo de tiempo: rubalcabista, madinista, sanchistas, tomasista, susanista, ....), sino que es un acuerdo vigilante. Para prueba tenemos la posición ante el CETA, donde el grupo parlamentario, con la inercia que da apoyar la gran coalición, vota a favor, pero la reacción exigiendo rectificación es automática y, en menos de 24 horas, Narbona anuncia que no se votará a favor del CETA. Lo que provoca una gran campaña mediatica contra el PSOE por el cambio de posición y su ruptura con el “europeísmo”, con “lo posible”. Toca soportar la presión, la manipulación y la mentira como hecho cotidiano. Ese es el escenario en el que se va a mover la dirección socialista de Pedro Sánchez en el próximo periodo, cuando no sólo va a necesitar capacidad de aguante, sino también una enorme capacidad pedagogíca para explicar a la sociedad que el PSOE apuesta por cambiar las cosas. Esta va a ser una de las tendencias de los próximos tiempos

Las y los miembros del PSOE, que venían de una vida interna más o menos muerta y asfixiada, por el enorme peso del sector cuyo empleo depende directa o indirectamente del aparato del partido, han protagonizado una rebelión que bebe tanto del recuerdo orgulloso de su mejor pasado (así hay que entender, en positivo, el canto de la Internacional y los puños alzados, que, paradójicamente, en Podemos reflejan más bien una involución respecto al proyecto inicial), como del duradero y complejo impacto que el "acontecimiento 15M" ha tenido en toda la sociedad, tras el que nada volverá a ser igual.

El "movimiento" interno del PSOE, que refleja también un malestar social más amplio que dio la victoria a Pedro Sánchez, estuvo precedido por una turbulenta agitación de las mentalidades y sentimientos de la base del PSOE, y es un hecho político, e incluso más social que político, muy importante y muy positivo. Importante y positivo, gestione como gestione Pedro Sánchez la oportunidad que le han dado, aunque la gestión que haga, junto a otros factores, podrá amplificar o reducir las consecuencias positivas de esa rebelión.

En estos tiempos de cambio hay una pregunta recurrente ante todos los hechos políticos significativos como el 15-M, elecciones 20-D y 26-J, asamblea ciudadana de Podemos, tema territorial, primarias del PSOE, resultado post 39 Congreso... La gente, los amigos, preguntan con una cierta ansiedad ¿Qué va a pasar? Y es difícil responder con seguridades, porque estas no existen. Vivimos un tiempo de inseguridades, de cambios donde una pequeña pluma puede desequilibrar la balanza en una dirección u otra. Por eso, quizá la máxima del “cholismo” -partido a partido- sea la aproximación más inteligente a la realidad: cada debate, cada batalla es un mundo. Con la victoria de Pedro Sanchez y el movimiento de las bases, esta pregunta se hace también con una cierta urgencia respecto a que va a pasar con el PSOE. Y hay que contestar que nada está decidido, que va a ser la suma de muchas pequeñas y grandes batallas, de muchos y diversos posicionamientos, los que van a permitir que el socialismo tenga un proceso de renacimiento sustancial o que continúe su decadencia. Hay algo, sin embargo, que parecía claro con la victoria de Susana: el inmovilismo, el verticalismo, la decadencia política, electoral y moral del PSOE estaba garantizada.

Hay una primera cuestión que es central en la perspectiva del PSOE, que debe resolver para orientarse en la actual situación: ¿el objetivo es recuperar parte del electorado socialista que se ha ido a Podemos? ¿La batalla está en la intraizquierda? Esta sería una estrategia tan equivocada como el “sorpasso” de Podemos al PSOE. La disyuntiva central es como montar una alternativa de mayoría social y política al PP y a las políticas conservadoras. Quien sea capaz de liderar ese proceso tendrá su refrendo electoral, pero sobre todo avanzará mucho más allá de las actuales bases electorales de cada uno que, como ha demostrado la realidad de estos tiempos, no son bases cautivas. Hay personas que votaron a Podemos y que nunca votarán al PSOE, y personas que votan al PSOE que nunca votarán a Podemos. Pero, sin embargo, hay mucha más gente, una amplia mayoría que incluso se expresa parlamentariamente, que está en contra de Rajoy y del PP, de sus corrupciones endémicas y de sus políticas de austeridad y desigualdad: esa es la mayoría social que hay que articular.Ello exige responder en tres campos: a) Políticamente, presentando el rechazo y la alternativa al PP; b) Socialmente, apoyando la movilización social frente a esas políticas que siguen devaluando a la mayoría del país; y c) Institucionalmente, logrando mayorías que frenen, bloqueen y hagan retroceder al Gobierno y avanzar en comunidades autónomas y ayuntamientos. Es decir, la apuesta por el suma-cero, te quito a ti para ponerme yo, es un desastre que conduce a una suma negativa. Hay que generar procesos que ilusionen y movilicen por un cambio en muchos ámbitos: esa es la situación para la que se vienen acumulando fuerzas desde el 15-M, las mareas, las marchas de la dignidad. Todo ello genera una ola de cambios que hay que hacer reverdecer después de la frustración provocada por la desastrosa gestión de los resultados electorales del 20-D y el 26-J.

La agenda política que se le presenta al PSOE tiene importantes test por delante:

  1. Como sacar del gobierno al partido campeón de la corrupción. La línea de oposición frontal a Rajoy, frente a los que optaban por ser muleta del PP, es la que le ha dado la victoria en las primarias a Pedro Sánchez, y eso es lo que espera tanto la gente que le apoyo internamente, como los que han contemplado desde fuera el proceso con avidez. Obviamente esto incluye un camino hacia la moción de censura, pero un camino cierto de victoria o de desgaste descomunal para el PP. La línea de apostar por el entendimiento entre Ciudadanos y Podemos no parece que pueda dar muchos frutos en lo inmediato. Esto incluye, desde mi punto de vista, tres objetivos parlamentarios de primer nivel: a) Derogación de la Reforma Laboral b) Derogación de la Ley Mordaza y c) Derogación de la Ley Montoro sobre los ayuntamientos, que intentan yugular los procesos de cambio iniciados.
  2. Cuestión catalana. Este es uno de los temas más difíciles y complejos. Las definiciones de plurinacionalidad y nación de naciones, son avances pero no pueden ser, ante un tema tan conflictivo, una simple operación de maquillaje. Es evidente que cualquier movimiento tiene costes, pero este es un tema central. No apoyar el montaje independentista del referéndum no legal y sin efectos (territorio que le gusta tanto al PP, como a ERC), no significa trabajar con el cierre de filas del Gobierno “frente a la ruptura de España” y aplicar el 155, incluida Guardia Civil, que tanto gusta al españolismo de Alfonso Guerra. Pero significa también buscar una salida diferente a la reforma federal de la constitución “ad calendas grecas”. El distanciamiento de “los comunes” de Colau y Domenech (no olvidemos que ganaron las elecciones), puede posibilitar la apertura de un escenario diferente de negociación.
  3. La alianza de izquierdas. Hay que superar las demonizaciones mutuas del periodo anterior. No porque no sean alternativas diferentes y no tengan diferencias importantes. Este tema va mucho más allá de simpatías o antipatías mutuas: sin la construcción de esa alternativa de cambio, gobierna la derecha. Esto es algo evidente e incuestionable, y el tema no es buscar luego de quien es la culpa (debate que se puede hacer), sino que el problema es que materialmente nos gobiernan los corruptos austeritarios. Las formas de los acuerdos pueden ser múltiples, y pueden llegar hasta donde puedan llegar, pero sin esta política el resto no es posible.
  4. Los cambios del Partido. Este es un tema que no es una preocupación de la ciudadanía, pero que sin embargo tiene mucha importancia para la pervivencia de una política de cambio en el socialismo español y la recuperación de su credibilidad. La superación de la fase de las baronias, del verticalismo y de la cooptación no está realizada. En el impulso democratizador que ha conmovido las estructuras políticas en nuestro país, el PSOE -en contra de lo que decía Luena- no ha sido la vanguardia la que ha ido con el freno puesto: las primarias con avales (al menos se han reducido, aunque no se ha eliminado un instrumento tan profundamente antidemocrático), los controles de censos, la falta de limitación clara de mandatos, la apertura a la sociedad (y no a los familiares), de las agrupaciones, las puertas giratorias, las incompatibilidades, etc. Todo ello son temas a abordar y, en el momento actual, la ronda de congresos regionales, provinciales y locales deben ser un impulso frente al inmovilismo de una organización cosificada y basada en la cooptación como método de selección de elites. El "antoniohernandismo" no es un fenómeno menor. El impulso de la línea política a la izquierda, la apertura de procesos democráticos y la renovación son tres de los elementos que deben figurar en esta hoja de ruta.

Nada está decidido, ni siquiera que Sánchez trace -dentro de los límites de lo que es el PSOE- una orientación de confrontación con el PP y sus políticas o, si tras recuperar la secretaria general, volverá al redil. Tampoco que el PSOE y Podemos puedan alcanzar ciertos acuerdos o que desperdicien sus oportunidades en una mediocre carrera por ser "el primero a la izquierda".

Por suerte, el rio del cambio fluye y empuja los procesos, aunque no los garantiza. Estas primarias socialistas son la muestra: el 95 % de los prescriptores políticos y los analistas daban por segura la victoria de Susana Díaz; solo algunos sectores vinculados a la militancia socialista sentían el rio del cambio que fluía por debajo de la información oficial. No sólo existía, sino que podía salir victorioso. Como decía el amigo Pepe Gutierrez Alvarez en una nota en Facebook: “Hay que mirar hacia abajo, esto no habría sido posible sin una movilización de las bases que se han enfrentado al aparato y ganado. Algo así nunca había pasado desde que Largo Caballero, que había sido el más posibilista de todos los socialistas hasta 1933, dió la vuelta al partido..”. Ahora todo se moverá. El escenario se hace distinto a todos los niveles. La gestión diaria y la continuidad de la batalla política nos dirán hasta donde se puede llegar.

es sociólogo y militante del PSOE.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 23 de junio 2017