A cien años de la revolución rusa: una visión retrospectiva

Samuel Farber

10/11/2017

Cien años después, la Revolución rusa, que realmente sacudió al mundo, merece ser recordada una vez más, tanto por su significado emancipatorio como por su derrumbe y traición. Esta revolución no habría ocurrido si no hubiera sido por el papel crucial desempeñado por el partido bolchevique. Es cierto que la profunda crisis que afectaba a la sociedad rusa, agravada por la desastrosa participación del país en la Primera Guerra Mundial, podría haber provocado, más tarde o más temprano, una gran explosión. Pero es cuestionable que una revolución socialista hubiera tenido lugar sin las habilidades organizativas del partido bolchevique y el genio político, estratégico y táctico de Lenin. Contrariamente a las caracterizaciones de la revolución como un golpe de estado bolchevique, la Revolución de Octubre llegó al poder como un levantamiento popular impulsada por la clase obrera industrial rusa aliada con el campesinado. El claro y directo programa propuesto por el partido bolchevique proponía dos medidas que resonaban muy profundamente en el corazón de los obreros y campesinos rusos:

-        En primer lugar, poner pronto fin a la participación de Rusia del lado de los aliados en la Primera Guerra Mundial imperialista, una guerra que había sangrado al "blanco" imperio zarista y hundido en la miseria a millones de sus habitantes.

-        En segundo lugar, una reforma agraria radical, aplicando el programa del Partido Social Revolucionario, un partido no marxista que tenía el apoyo de los campesinos y que proponía nacionalizar la tierra y distribuirla entre ellos, con libertad para cultivar y vender su producción.

La primera promesa resultó difícil de mantener por razones ajenas a la voluntad de los dirigentes bolcheviques: Alemania aprovechó la sublevación revolucionaria para rechazar cualquier acuerdo de paz y presionar con sus avances militares hasta que finalmente se llegó a un acuerdo, con gran coste territorial para Rusia, en Brest-Litovsk a principios de la primavera de 1918. A pesar de estas dificultades, el gobierno revolucionario llevó a cabo el proceso de paz de rnanera transparente y abierta, exponiendo ante los pueblos dentro y fuera de Rusia todos los tratados imperialistas y anexionistas y publicando los acuerdos que el zar había hecho con los Aliados para participar en el botín territorial que se ganaría después de la victoria. En cuanto a su reforma agraria, el nuevo gobierno reconoció que, a pesar de sus deseos no había ninguna posibilidad objetiva de una agricultura colectiva a gran escala más allá de un pequeño número de experimentos comunales totalmente voluntarios. Al mismo tiempo, conscientes de la amenaza que el capitalismo agrario representaba para el campo ruso, el nuevo gobierno no incluyó el derecho a vender y comprar la tierra en los derechos de usufructo libre sobre las asignaciones de tierras que daba al campesinado; esto impidió que la tierra se convirtiera en una mercancía.

Tan pronto como llegó al poder, la revolución implemento políticas democráticas e igualitarias, incluyendo la extensión y consolidación del control obrero sobre la producción. Ese proceso había comenzado a difundirse como parte del "doble poder" que desafiaba al conservador e ineficaz gobierno provisional que gobernó brevemente Rusia después de la previa Revolución de febrero que derrocó al zar. Pero el espíritu democrático de la Revolución de Octubre se expresó sobre todo en la rápida expansión de los soviets como órganos de democracia de base. Estas instituciones tuvieron su origen en la Revolución de 1905, año en el que durante el movimiento huelguista fueron elegidos delegados en varias fábricas, llevando finalmente a la creación del Soviet de San Petersburgo, que se convirtió en el órgano político general que representaba a todos los trabajadores y al movimiento revolucionario en la ciudad. Los soviets resurgieron tras la revolución de febrero de 1917, eligiéndose delegados revocables de manera inmediata por quienes les habían elegido, que a su vez eligieron delegados para organismos soviéticos de coordinación a niveles superiores.

Los primeros soviets de 1917 se extendieron desde Petrogrado a otras grandes ciudades y a ciudades industriales. Más tarde se extendieron a espacios con menos presencia proletaria, como aquellos en los que se albergaban grandes guarníciones militares, y a lugares más pequeños y remotos. Varios partidos y corrientes políticas de izquierda, socialrevolucionarios, mencheviques, bolcheviques, anarquistas o algunos grupos socialistas menores, tuvieron una actividad muy intensa y lograron dirigir esos soviets. Tras la radicalización de los soviets después de la derrota del intento de golpe de Komilov en agosto de 1917, los bolcheviques alcanzaron la mayoría en esos organismos representativos y se estableció la base política y la legitimidad democrática de la Revolución de Octubre en ese mismo año.

La naturaleza profunda y radical de la Revolución rusa tuvo un gran impacto, que fue más allá de la clase obrera y el campesinado. La causa de la liberación de la mujer avanzó mucho con el reconocimiento por el gobierno revolucionario del derecho al divorcio y al aborto, entre otras medidas similares. A medida que la revolución avanzaba y se consolidaba, la causa de otros grupos oprimidos, como minorías étnicas y nacionales, homosexuales (1) y personas discapacitadas (2), tuvo avances significativos. La educación fue revolucionada por avances radicales en el acceso popular y la eliminación de la atrasada y anticientífica filosofía educativa y de los métodos que habían gobernado el sistema educativo zarista, que sólo estaba al acceso de una minoría de la población. Las artes se llenaron de innovación, creatividad y controversia, mientras que contrapuestas escuelas de estilo y pensamiento se peleaban entre sí, con gran pasión e incluso ferozmente.

Las implicaciones internacionales de la Revolución Rusa a lo largo y ancho del mundo desencadenaron movimientos y trastornos políticos a lo largo del mundo-desde China hasta América Latina. La vieja socialdemocracia, cuna de la tradición marxista clásica en Europa, de la que surgieron los bolcheviques, entró en crisis y sumió a su izquierda un nuevo movimiento político internacional, en el que convergían el ala revolucionaria de esa vieja social-democracia, personas que procedían de otras tradiciones políticas, como el sindicalismo y el anarquismo, y personas de reciente politización sin experiencia política organizada previa, para crear la Internacional Comunista en 1919.

La contrarrevolución estalinista

A finales de los años veinte, sin embargo, como resultado del ascenso al poder del estalinismo, todos los logros mencionados de la Revolución de Octubre se encaminaban hacia su extinción. La democracia soviética y el control obrero habían desaparecido hacía mucho tiempo y se había establecido un estado totalitario de partido único que contaría con el apoyo de una policía secreta despiadada y del infame sistema Gulag de trabajo forzado en campos de concentración.

A finales de los años veinte y principios de los treinta los campesinos fueron incorporados forzosamente a las granjas colectivas estatales, en un sangriento proceso que incluyó la creación deliberada de una hambruna en Ucrania. La clase obrera industrial fue obligada a realizar trabajo obligatorio no remunerado y fue superexplotada por la política gubernamental del estajanovismo (sistema de incentivos salariales basado en la competencia entre los trabajadores) con el apoyo de los sindicatos oficiales, que se habían convertido en meras correas de transmisión del gobierno.

La libertad artística desapareció y la estética estalinista oficial del realismo socialista se hizo dominante. El estalinismo también abandonó los principios intemacionalistas de la Tercera Internacional de 1919, imponiendo en su lugar una política chauvinista rusa que subordinaba las políticas y prácticas de los partidos comunistas extranjeros a los intereses del Estado ruso. El régimen adoptó una cínica política exterior de realpolitik, incluyendo el Pacto Hitler-Stalin de 1939, que llevó a la partición de Polonia, quedándose Rusia con su parte oriental y Alemania con su parte occidental.

Revirtiendo los logros de la Revolución de Octubre, el régimen de Stalin también adoptó una política muy conservadora en cuestiones de género y familia. Reapareció una vez más el antisemitismo oficial, llevando a acusaciones mendaces, que supuestamente justificarían castigos despiadados, llegando hasta las ejecuciones de médicos y escritores judíos durante los últimos años del gobierno de Stalin. Millones de personas fueron encarceladas y asesinadas por el régimen de Stalin a través de ejecuciones, hambrunas creadas deliberadamente, el Gulag y las políticas genocidas contra grupos étnicos como los alemanes del Volga.

¿Por qué degeneró la Revolución rusa?

Se han dado muchas explicaciones de por qué la Revolución rusa degeneró en la pesadilla estalinista. Según el determinismo cultural de algunos de los primeros analistas de Rusia soviética, como Nicholas Berdyaev, Bernard Pares y Sir John Maynard, gran parte de la degeneración rusa posrevolucionaria se explicaba por el supuestamente carácter inmutable del autoritario carácter eslavo y de sus instituciones históricas. Mucho más importante en cuanto a su influencia política fue la escuela ortodoxa, o del "totalitarismo" ,hegemónica durante muchos años, representada en la obra de personas como Zbigniew Brzezinski, Adam Ulam y Leonard Shapiro, que se alinearon con la línea política de Estados Unidos y sus aliados occidentales durante la Guerra Fría. Como crítico revisionista de esa teoría, el historiador Stephen F. Cohen resumió el punto de vista de la escuela del totalitarismo, en lo que respecta a los primeros años de la Revolución rusa y el Estado soviético:

“En octubre de 1917, los bolcheviques (comunistas), un pequeño y poco representativo partido, ya embrionariamente totalitario, usurparon el poder y traicionaron así a la Revolución rusa. A partir de ese momento, en 1917, la historia soviética fue determinada por la dinámica política totalitaria del partido Comunista, tal y como la marcó su líder orginario, Lenin. Esto es la política monopolista y ortodoxia leninista, el dogmatismo programático, el liderazgo disciplinado y la organización burocrática centralizada. Habiendo monopolizado rápidamente el nuevo gobierno soviético y creado un rudimentario partido-estado totalitario, los comunistas ganaron la guerra civil rusa de 1918-1921 por medio de la disciplina, la organización y la crueldad" (3).

A partir de ahí, los comentaristas ortodoxos trazaron una línea recta que iba directamente desde la Revolución rusa hasta el estalinismo como desenlace lógico de los orígenes supuestamente totalitarios. Aunque tanto los estalinistas como los apologistas de la Guerra Fría en el mundo occidental sostuvieron el mito de que no había diferencia entre los partidos bolchevique y estalinista, numerosos historiadores, como Alexander Rabinowitch, William Rosenberg y el propio Stephen F. Cohen, señalaron que antes del proceso de degeneración burocrática que comenzó con la Guerra Civil de 1918-1920, el partido revolucionario bolchevique había sido pluralista y democrático. Por ejemplo, líderes bolcheviques como Lev Kamenev y Gregori Zinoviev siguieron siendo líderes importantes del partido después de octubre de 1917 aunque se habían opuesto a la Re-volución de Octubre, y aunque Nikolái Bujarin defendió públicamente una línea política radicalmente opuesta a la de Lenin respecto a la Paz de Brest-Litovsk en 1918, siguió siendo dirigente del partido durante muchos años más. Lenin fue considerado el "primero entre iguales" de los líderes bolcheviques y estuvo en el lado perdedor en muchas decisiones controvertidas del partido incluyendo las primeras decisiones sobre eómo lograr la paz con Alemania, hasta que finalmente se aceptó su opinión. Esa discusión dentro del partido se hizo pública y se reflejó en los órganos de prensa de las diversas tendencias bolcheviques contendíentes. Muy alejado del carácter totalitario que le atribuyó la escuela ortodoxa, el partido bolchevique se caracterizó no sólo por una pluralidad de posiciones políticas sobre la guerra y otros asuntos, incluso sobre la toma del poder, sino también por una tendencia crónica al faccionalismo que, sin embargo, no le impedían converger habitualmente en la denominada "unidad en acción".

La conexión entre el leninismo en el poder y el estalinismo

Es cierto que el "leninismo en el Poder" que surgió de la Guerra Civil se convirtió en la dictadura de un solo partido. Pero aún era cualitativamente diferente del sistema totalitario estalinista que comenzó a desarrollarse a finales de los años veinte. El sistema de Stalin asumió el control completo de toda la sociedad soviética, incluyendo no sólo la vida política y económica del país, sino también la dirección y el control de campos tan diversos como las ciencias, la cultura y las artes. Toda crítica y oposición a este sistema fue sofocada por medio de un duradero reinado del terror y por el uso masivo de trabajos forzados; las peores características de este sistema no fueron eliminadas hasta después de la muerte de Stalin en 1953.

Sin embargo, afirmar que el "leninismo en el poder" era diferente del estalinismo no significa que lo que ocurrió bajo el primero no influyera en el desarrollo de este último o que las opciones tomadas en tiempos de Lenin no influyeran en el desarrollo del estalinismo. Esto es eludido por muchos autores socialistas, entre ellos por Chris Harman en su frecuentemente citado artículo "Rusia: cómo se perdió la revolución"(4). Para Harman, la suerte de la revolución -y su muerte- quedó echada una vez que la clase obrera fue diezmada en la guerra civil. Las instituciones soviéticas evolucionaron hacia una vida independiente de la clase de la que habían surgido. Los obreros y campesinos que lucharon en la Guerra Civil no podían gobernar colectivamente desde sus puestos en las fábricas. Los trabajadores socialistas esparcidos por todas las zonas de guerra tenían que ser organizados y coordinados por un aparato gubernamental centralizado ajeno a su control, al menos temporalmente. Los bolcheviques, según Harman, no tenían otra alternativa:

"No podían abandonar el poder sólo porque la clase a la que representaban se había disuelto mientras luchaba por defender ese poder. Tampoco podían tolerar la propagación de ideas que socavaban la base de su poder, precisamente porque la propia clase obrera ya no existía como un organismo organizado colectivamente para poder determinar sus propios intereses".

Para Harman, sin embargo, las muchas decisiones tomadas por los líderes revolucio-narios desaparecen prácticamente del registro histórico. Ignora la opción más decisiva tomada por Lenin y su círculo, que fue la de transformar la necesidad en virtud al equiparar y considerar colindante el socialismo con el aparato institucional no de-mocrático que emergió de la Guerra Civil, justificado por Harman como respuesta provisonal para gestionar la incapacidad de gestionar el poder colectivo por los traba-jadores socialistas dispersos por las zonas de guerra. El articulo de Harman señala varios aspectos importantes y valiosos, pero no hace un examen crítico de la propia actuación de Lenin y de cómo pudo haber facilitado el surgimiento del estalinismo.

De hecho, las opciones tomadas por el "leninismo en el poder" no se limitaron a no renunciar a parte del poder y a no tolerar a los partidos de oposición, sino que también afectaron a muchos asuntos críticos en torno a los cuales individuos y grupos bolcheviques diferían de la línea hegemónica bolchevique sostenida por Lenin. Uno se refería a la represión y al terror antes y durante la Guerra Civil. Fue fuente de continuas críticas y debates dentro del gobierno revolucionario y del ámbito bolchevique. Esas críticas se centraban principalmente en las políticas y prácticas de la policía secreta -la Cheka-creada a finales de 1917 para combatir la contrarrevolución, que a menudo fue abusiva y corrupta, a pesar de la rectitud de Felix Dzershinsky, jefe de la Cheka, y que incluso violaban deliberadamente la política gubernamental (5).

Como se detalla en mi libro Before Stalinism: The Rise and Fall of Soviet Democracy (6), entre estas voces críticas no estaban sólo las de revolucionarios como Víctor Serge, que llegó a ser muy conocido en Occidente, sino también las de viejos bolcheviques como Mikhail Stepanovich Olminsky (1863-1933), miembro de la redacción de Pravda y amigo personal de Lenin y Krupskaya durante mucho tiempo, que en repetidas ocasiones expresó sus críticas en las mismas páginas de Pravda. De hecho, a fines de 1918, Pravda, entonces bajo la dirección de Bujarin, publicaba más artículos de detractores que de partidarios de la Cheka. Este tipo de crítica pública a la Cheka no sobreviviría al gobierno de Lenin.

Es cierto que Lenin no sostenía las peores estupideces y excesos de la Cheka. Con fre-cuencia se esforzaba por detener algunos de esos excesos en casos individuales; Maxim Gorky fue una de las personalidades que se pondrían en contacto desesperadamente con Lenin para detener una u otra detención o ejecución, a menudo con éxito. Pero Lenin no hizo nada sustantivo, desde el punto de vista político e institucional, para controlar o invertir de manera significativa los poderes ilimitados de la Cheka. En cambio, como en otras áreas de la vida soviética, Lenin tendió a ver en el cambio de responsables políticos una solución a los problemas políticos y burocrático-estructurales de la Cheka.

Terror rojo y castigo colectivo

En un asunto críticamente importante, Lenin no sólo se alió con los peores excesos de la Cheka, sino que los alentó: el castigo colectivo, la práctica oficialmente sancionada de castigar no sólo a las personas concretas que realmente cometieron crímenes contrarrevolucionarios, sino también a sus familias, clase social y a los grupos étnicos a los que pertenecían.

El enfoque de Lenin se expresó de la manera más dramática en su conflicto con los dirigentes bolcheviques en Petrogrado cuando, en verano de 1918, éstos rechazaron la política de castigo colectivo e incluso aleatorio, etiquetada e impulsada por el propio Lenin como "Terror Rojo", en respuesta al asesinato de líderes bolcheviques. Según detalla el historiador Alexander Rabinowitch en su libro de 2007 The Bolsheviks in Power: The First Year of Soviet Rule in Petrograd (7), la Cheka de Petrogrado, en contraste con las políticas imperantes en Moscú durante la Guerra Civil, desestimó las políticas dirigidas a "restaurar el orden" a través del terror y se centró en medidas concretas encaminadas a detener la violencia, los crímenes económicos y los abusos de poder. Con respecto a esto último, desarrolló directrices para regular estrictamente las investigaciones y para descubrir a los chekistas falsos y corruptos. A los ciudadanos se les dio un par de días para entregar armas, bombas, granadas y explosivos no autorizados sin amenazarles con ejecuciones. Los procesos judiciales se aceleraron para los presos políticos que estaban en las cárceles esperando ser procesados, decisión que también fue influenciada por la necesidad de reducir la población carcelaria de Petrogrado (8). El conflicto entre los enfoques de Moscú y Petrogrado llegó a un punto crítico cuando un líder bolchevique de Petrogrado Volodarsky fue asesinado el 20 de junio de 1918. Algunos bolcheviques del distrito y algunas delegaciones obreras exigieron la represión inmediata como represalia por el asesinato de Volodarski. El Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, se reunió en una sesión de emergencia para discutir el inflamado estado de ánimo y llegó a la conclusión de que había que oponerse a la política de linchamientos. Enfurecido por esta decisión, Lenin inmediatamente cablegrafió una fuerte reprimenda a Zinoviev, Lashevich y otros dirigentes: "Sólo escuchamos hoy que en Piter los trabajadores querían responder al asesinato de Volodarski con el terro masivo y que vosotros los habéis contenido. ¡ Esto es in-tol-er-able!" (9)

Aunque un no declarado Terror Rojo en todas sus formas se había estado aplicando en Moscú y otras ciudades rusas durante meses, Lenin sólo logró su completa, aplicación en Petrogrado después de que el líder bolchevique de Petrogrado Moisei Uritskii fue asesinado y de que en agosto hubiera un atentado contra Lenin en Moscú. El dirigente bolchevique del partido en Petrogrado ordenó un Terror Rojo a gran escala, incluyendo ejecuciones sumarias masivas (10). Pero a mediados de septiembre, según cuenta Rabinowitch, el Consejo Sindical de Petrogrado, dirigido por los bolcheviques y alarmado por el carácter indiscriminado de este Terror Rojo, se dirigió a los dirigentes del partido en Petrogrado pidiendo el establecimiento de controles y salvaguardias estrictas sobre los fusilamientos en general, sobre las detenciones y registros en las oficinas sindicales y sobre las detenciones de funcionarios sindicales. Incluso Zinoviev, que había abogado poco antes por dar vía libre al Terror Rojo, se preocupó por los arrestos y fusilamientos de bolcheviques, simpatizantes bolcheviques y personas que desem-peñaban un papel importante en la administración gubernamental. También se sintió exasperado por la dificultad con que se encontró para obtener información sobre los de la prisioneros detenidos en la prisión Cheka por presumirse que eran de clase burguesa, incluidos profesionales, figuras importantes del teatro y la música, especialistas técnicos en los soviets y en los buques de la flota del Báltico, así como médicos luchando contra las enfermedades epidémicas en Petrogrado y en todo el páis. Estaba claro que la "justicia de linchamiento" temida por los dirigentes de Pe-trogrado había conseguido imponerse y que nadie se sentía seguro (11).

Se ha argumentado que, aunque fuesen excesivas, se trataba de medidas adoptadas durante la Guerra Civil y, por tanto, justificables dada la necesidad de combatir las atrocidades aún mayores perpetradas por los opositores terroristas y los ejércitos blancos. Uno de los problemas que tiene este argumento es que el castigo colectivo fue tema polémico en los círculos gubernamentales poco después de la Revolución de Octubre y antes del comienzo de la Guerra Civil. Isaac Nachman Steinberg, líder de los socialrevolucionarios de izquierda que fue Comisario de Justicia durante la coalición entre los eseristas de izquierda y los bolcheviques al principio de la Revolución, se opuso firmemente a esta política gubernamental mientras ocupó ese cargo a finales de 1917 y principios de 1918. Señalando la diferencia entre las opiniones y las acciones contrarrevolucionarias, abogó por castigar éstas y no aquellas. También se opuso enérgicamente a la decisión del presidente de los soviets en la capital de Estonia que, al enterarse de una trama contrarrevolucionaria urdida entre la aristocracia terrateniente de origen germano, proscribió a toda esa casta, excepto a los hombres menores de 17 años y a las mujeres menores de 20 años, en lugar de castigar sólo a los culpables involucrados en ese complot. La orden no se llevó a cabo porque los dirigentes soviéticos no querían enemistarse con el gobierno alemán con el que estaban negociando el fin de la guerra (12). La misma política de castigo colectivo se aplicó a otros conflictos armados, como en el caso del decreto de junio de 1921 que ordenaba el castigo de las familias de los campesinos involucrados en las llamadas rebeliones campesinas "verdes” en la zona de Tambov, un conflicto que era sustancialmente diferente del anterior enfrentamiento armado durante la guerra civil con los contrarevolucionarios “blancos.”(13)

Como investigué en mí libro de 1990, durante ese mismo periodo se desarrollaron otras prácticas preocupantes, incluyendo violaciones importantes de la democracia soviética y en el seno del partido, del control obrero, de la libertad de prensa y de la legalidad socialista. Como en el caso del Terror Rojo, estas prácticas y las justificaciones políticas presentadas por el gobierno tuvieron un impacto sustancial en la cultura política de la Rusia soviética y un serlo efecto sobre las normas de comportamiento político aceptable. Esto ayudó a socavar la capacidad política y organizativa de la sociedad rusa para resistir el empuje totalitario del estalinismo. Las instituciones y la cultura política imperante en el país arrebataron a los ciudadanos soviéticos, incluyendo a lo que quedaba de la clase obrera y del campesinado, los medios para resistirse ante el establecimiento del sistema estalinista.

Política de Lenin respecto al Terror

Es irónico que entre los líderes socialistas de su tiempo Lenin hubiera insistido en la importancia y necesidad de las luchas democráticas para promover la causa revo-lucionaria. Incluso en su injustamente muy criticado ¿Qué hacer? subrayó la centralidad de la lucha por la democracia política en contraste con la indiferencia y hostilidad de los economicistas, que minimizaron la lucha política contra el zarismo. Su polémica a finales de 1915 con Parabellum [Karl Radek], adscrito a otra facción socialdemócrata, fue aún más incisiva en sus argumentos favorables a la centralidad de la democracia política para el socialismo:

"Debemos combinar la lucha revolucionaria contra el capitalismo con un programa y una táctica revolucionaria en torno a todas las reivindicaciones democráticas: una república, una milicia, la elección popular de los funcionarios, la igualdad de derechos de las mujeres, la autodeterminación de las naciones, etc. Mientras el capitalismo exista todas estas exigencias sólo podrán alcanzarse de forma excepcional, e incluso entonces de manera incompleta y distorsionada. Basándonos en la democracia ya alcanzada y exponiendo su carácter incompleto bajo el capitalismo, exigimos el derrocamiento del capitalismo, la expropiación de la burguesía, como base necesaria para la abolición de la miseria de las masas y para la institución completa y global de todas las reformas democráticas. ...Es ... inconcebible que el proletariado, como clase histórica, sea capaz de derrotar a la burguesía si no se prepara para ello por medio de la educación en el espíritu de la democracia más coherente y resueltamente revolucionaria" (14).

Sin embargo, había un aspecto de la política de Lenin que puede ayudar a explicar su cambio político durante la Guerra Civil: su "cuasi jacobinismo", es decir, su visión positiva del terror jacobino francés y su énfasis en la dedicación y conciencia revo-lucionaria que un parttido debía alcanzar. En contraste con Marx y Engels (15), Rosa Luxemburg (16) y el Trotsky temprano (17), todos críticos del jacobinismo, Lenin llego a describir, en su folleto Un paso adelante, dos pasos atrás, al socialdemócrata revolucionario lcomo "el jacobino indisolublemente vinculado a la organización del proletariado y ahora consciente de sus intereses de clase". Esto era consistente con su énfasis en lo que podían lograr la dedicación revolucionaria y la conciencia de unos pocos grupos, como los partidos. Este enfoque era diferente al que, reconociendo el carácter indispensable del liderazgo político, enfatizaba el desarrollo de instituciones democráticas de clase tales como comités de fábrica, sindicatos y soviets (18).

Hacia una teoría de la democracia revolucionaria

Así, la derrota de la revolución rusa no vino solamente de fuerzas exteriores hostiles, sino también desde dentro de la revolución. Como demostró la degeneración de esta revolución después de 1918, la pérdida de poder de la clase obrera no fue un acontecimiento de la noche a la mañana sino el resultado de un proceso de deterioro que llevó al surgimiento y consolidación de una clase burocrática con intereses propios. Después del derrocamiento revolucionario del viejo orden, la ausencia de democracia obrera reforzó el aspecto jerárquico de la división del trabajo, que se convertirá en el caballo de Troya burocrático dentro de las filas revolucionarias. Como señaló el líder comunista anti-estalinista Christian Rakovsky en 1928:

"Cuando una clase toma el poder, una de sus partes se convierte en agente de ese poder. Así surge la burocracia. En un estado socialista, cuando la acumulación capitalista está prohibida para los miembros del partido dirigente, esta diferenciación comienza como funcional; más tarde se convierte en social. Pienso aquí en la posición social de un comunista que tiene a su disposición un coche, un bonito apartamento, vacaciones regulares, y está recibiendo un salario máximo autorizado por el partido; una posición que difiere de la del comunista que trabaja en las minas de carbón y que recibe un salario de cincuenta a sesenta rublos mensuales (...) La función ha modificado el órgano; es decir, la psicología de los encargados de las diversas tareas de dirección en la adminis-tración y en la economía del Estado ha cambiado hasta tal punto que no sólo objetiva, sino también subjetivamente, no sólo materialmente sino también moralmente, han dejado de formar parte de esta misma clase obrera" (19).

Para los socialistas de hoy, un reexamen de la Revolución rusa debería ser parte de un esfuerzo para iniciar la construcción de una teoría de la política de una transición post-revolucionaria al socialismo a la luz de esa experiencia.

Notas:

1.Thomas Harrison, "Socialism and Homosexuality," New Politics (No. 46, Winter 2009), 19-21; Sherry Wolf, "LGBT Political Cul-de-Sac: Make a U-Turn," New Politics (No. 46, Winter 2009), 34.

2. Keith Rosenthal, "Disability and the Russian Revolution", International Socialist Review, Parts I and II, Issue 102, Fall 2016, 71-91, Issue 103, Winter 2016-2017, 89-109.

3. Stephen F. Cohen, Rethinking the Soviet Experience: Politics and History Since 1917 (Oxford University Press, 1985), 5-6.

4. Chris Harman, "Russia: How the Revolution Was Lost", International Socialism (1st series, No. 30, Autumn 1967), 8-17.

5. Así, cuando el 17 de enero de 1920 el gobierno bolchevique abolió la pena de muerte, excepto en los distritos donde se llevaban a cabo operaciones militares, la Cheka emitió una orden secreta instruyendo a sus funcionarios para transferir prisioneros a la zona de operaciones militares donde podrían ser ejecutados. Véase Lennard D. Gerson , The Secret Police in Lenin' Russia (Temple University Press, 1976), 161.

6. Samuel Farber, Before Stalinism: The Rise and Fall of Soviet Democracy (Verso, 1990).

7. Alexander Rabinowitch, The Bolsheviks in Power: The First Year of Soviet Rule in Petrograd (Indiana University Press, 2007). El profesor Rabinowitch es también autor de The Bolsheviks Come to Power: The Revolution of 1917 in Petrograd (W.W. Norton and Company, 1978; con reciente reedición por Haymarket Books).

8. Rabinowitch, 221.

9. Rabinowitch, 314 - 316.

l0. Rabinowitch, 330 - 331.

11. Rabinowitch, 340 - 341.

12. Steinberg, 1.N., In the Workshop of the Revolution (Rinehart and Company, 1953), 97, 105.

13. Farber, 122-123.

14.  V.I. Lenin, The Revolutionary Proletariat and the Rights of Nations to Self-Determination, Collected Works, vol. 21, August 1914 - December 1915 (Moscow: Progress Publishers, 1964), 408-09.

15. Para una descripción detallada de las opiniones críticas de Marx y Engels sobre los jacobinos y el terror francés, véase Hal Draper, nota especial C, "The Meaning of `Terror 'and `Terrorism' in Karl Marx' Theory of Revolution, Volume III, "The Dictatorship of the Proletariat" (Monthly Review Press, 1986), 360-374.

16. Rosa Luxemburgo consideraba que el jacobinismo conducía directamente a las ideas putschistas de grupos pequeños propias del francés Blanqui y del terrorismo nihilista del ruso Nechaev. Peter Nettl, Rosa Luxemburg, Abridged Edition (London: Oxford University Press, 1969), 195 .

17 Leon Trotsky, "Part IV: Jacobinism and Social Democracy," in Our Political Tasks, www.marxists .org/archive/trosky/1904/tas ks/ch .05 .htm En este folleto, Trotsky observa con astucia que los jacobinos eran utópicos e idealistas que tenían "total desconfianza hacia las personas reales. La 'sospecha' era el metodo inevitable para servir a la Verdad", lo que contrastaba con lo que Trotsky veía como la "confianza revolucionaria " de la socialdemocracia.

18. Para una discusión más completa del "cuasi jacobinismo" víase Farber, 208-215.

19. Christian Rakovsky, “The Professional Dangers of Power" en Tariq Ali (ed.) The Stalinist Legacy (Middlesex, England: Penguin Books, 1984), 49,53.

nació y se crió en Cuba y ha escrito muchos libros y artículos sobre dicho país. Su último libro, The Politics of Che Guevara:Theory and Practice. Es profesor emérito del Brooklyn College de la City University de Nueva York. Texto traducido y originalmente publicado en Trasversales 42 / octubre 2017 a partir de su versión original en ingles, “One Hundred Years of thc Russian Revolulion: A Retrospeclive View” en New Politics, Summer 2017, XVI, No. 3, 10-17, newpol.org/content/one-hundred-years-russian-revolution-retrospective-view .