Aciertos y errores de los derechos de propiedad intelectual

Joseph Stiglitz

19/08/2005

En octubre pasado, la Asamblea General de la Organización Mundial de Propiedad Intelectual (WIPO) decidió abordar cómo podría ser la forma futura de un régimen de propiedad intelectual orientado al desarrollo. Este paso tuvo poca cobertura en la prensa, pero en cierta medida es tan importante como la decisión de la Organización Mundial de Comercio de que la actual ronda de negociaciones comerciales se enfoque al tema del desarrollo. Ambas decisiones reconocen que las actuales reglas del juego económico internacional reflejan los intereses de los países industriales avanzados, especialmente los de sus grandes corporaciones, más que los intereses del mundo en desarrollo.

Sin protección de la propiedad intelectual, puede ocurrir que se debiliten los incentivos para participar en ciertos tipos de iniciativas creativas. Sin embargo, la propiedad intelectual también puede tener costos bastante altos. Las ideas son la materia prima más importante para la investigación, y si la propiedad intelectual reduce la capacidad de usar las ideas de los demás, se verá afectado el progreso científico y tecnológico. 

De hecho, muchas de las ideas más importantes (por ejemplo, la matemática subyacente a las computadoras modernas o las teorías tras la energía atómica o los rayos láser) no están protegidas por la propiedad intelectual. Los académicos dedican un considerable esfuerzo a diseminar gratuitamente los hallazgos de sus investigaciones. Me siento complacido cuando alguien usa mis ideas sobre la información asimétrica, y también aprecio que me den algo de crédito por ellas. El crecimiento del movimiento de "código abierto" en la Internet demuestra que no sólo las ideas más básicas, sino incluso productos de enorme valor comercial inmediato se pueden producir sin que medie la protección de la propiedad intelectual.

En contraste, un régimen de propiedad intelectual premia a los innovadores al crear un poder de monopolio temporal, permitiéndoles cobrar precios mucho más altos que los que podrían cobrar si tuviesen competidores. En el proceso, las ideas se diseminan y usan menos de lo que lo serían si la situación fuera distinta.

El razonamiento económico en que se basa la propiedad intelectual es que una innovación más rápida compensa los enormes costos de tales ineficiencias. No obstante, ha quedado cada vez más claro que unos derechos de propiedad intelectual excesivamente restrictivos o mal formulados en realidad pueden impedir la innovación, y no sólo por el aumento de los costos de investigación.

Quienes detentan los monopolios pueden tener muchos menos incentivos para innovar que si tuvieran que competir. La investigación moderna ha mostrado que el gran economista Joseph Schumpeter estaba equivocado al pensar que al competencia en la innovación conduce a una sucesión de empresas. De hecho, una vez que se establece, puede ser difícil sacar a un monopolista de ese lugar, como Microsoft lo ha demostrado tan claramente.

En realidad, una vez establecido, un monopolio puede usar su poder para aplastar a los competidores, como quedó en evidencia en el caso entre Microsoft y el navegador de Web Netscape. Estos abusos del poder de mercado desalientan la innovación.

Más aún, las así llamadas "marañas de patentes", el temor de que algún adelanto resulte estar relacionado con patentes existentes que tal vez el innovador ni siquiera conozca, también pueden cortar las alas de la innovación.  Después del trabajo pionero de los hermanos Wright y los hermanos Curtis, una serie de solicitudes de patentes superpuestas retardó el desarrollo del aeroplano, hasta que el gobierno de Estados Unidos finalmente obligó la formalización de un grupo de patentes, en momentos que asomaba la Primera Guerra Mundial. En la actualidad, a muchos en la industria de la informática les preocupa el que esta maraña de patentes pueda impedir el desarrollo de software.

La creación de cualquier producto exige el aporte de muchas ideas. y el ordenamiento de su contribución con respecto al resultado (para no mencionar aquellas que son realmente nuevas) puede ser casi imposible.

Considérese un medicamento basado en el conocimiento tradicional, por ejemplo, de una hierba bien conocida por sus propiedades medicinales. ¿Cuán importante es la contribución de la empresa estadounidense que aísla el ingrediente activo? Las compañías farmacéuticas argumentan que deberían tener derecho a una patente total, sin pagar nada al país en desarrollo de donde se tomó el conocimiento tradicional, incluso si el país preserva la biodiversidad sin la cual el medicamento nunca habría podido llegar al mercado. No es de sorprender que los países en desarrollo tengan una opinión distinta.

La sociedad siempre ha reconocido que otros valores pueden estar por sobre la propiedad intelectual. La necesidad de prevenir un monopolio excesivo ha hecho que las autoridades antimonopolio exijan la concesión obligatoria de licencias (como hizo el gobierno de EE.UU. en el caso de la compañía telefónica AT&T). Cuando Estados Unidos enfrentó la amenaza del ántrax tras los ataques del 11 de septiembre de 2001, las autoridades hicieron efectiva la licencia obligatoria para Cipro, el antídoto mejor conocido. 

Lamentablemente, los negociadores comerciales que dieron forma al acuerdo sobre propiedad intelectual de la ronda comercio de Uruguay de comienzos de los años 90 (acuerdo TRIP), no estaban al tanto de esto, aunque lo más probable es que no estuvieran interesados en abordarlo. En esa época, formé parte del Consejo de Asesores Económicos del Presidente Clinton, y estaba claro que había más interés en agradar a las industrias farmacéutica y del entretenimiento que en asegurar un régimen de propiedad intelectual beneficioso para la ciencia, para no hablar de los países en desarrollo. 

Sospecho que la mayoría de quienes firmaron el acuerdo no comprendían cabalmente lo que estaban haciendo. De lo contrario, ¿habrían condenado conscientemente a miles de personas con SIDA a una muerte segura, al no ser ya capaces de recibir medicamentos genéricos a un precio a su alcance? Si la cuestión se hubiese planteado en estos términos en los parlamentos del mundo, estoy convencido de que el acuerdo sobre TRIP habría sido rechazado con firmeza.

La propiedad intelectual es importante, pero el régimen de propiedad intelectual apropiado para un país en desarrollo difiere del que es adecuado para un país industrializado avanzado. El plan del acuerdo TRIP no reconoció esto. De hecho, para comenzar, la propiedad intelectual no debió nunca haber sido incluida en un acuerdo de comercio, al menos en parte porque su regulación está claramente más allá de las aptitudes de los negociadores comerciales.

Además, ya existe una organización para proteger la propiedad intelectual. Ojalá que en la reconsideración por parte del WIPO de los regímenes de propiedad intelectual, las voces del mundo en desarrollo se escuchen más claramente que en el caso de las negociaciones del WTO; y cabe esperar que la WIPO tenga éxito en bosquejar las implicancias de un régimen de propiedad intelectual que fomente el desarrollo. Y esperemos que la OMC la escuche: el objetivo de la liberalización del comercio es potenciar el desarrollo, no ponerle trabas.

Traducción: David Meléndez Tormen

A Joseph Stiglitz le fue concedido el Premio Nobel de economía en 2001

Fuente:
Project Syndicate, Agosto 2005