Alemania: Hacia la segunda “Gran Coalición”

Victor Grossman

Angela Klein

08/12/2017

Después de semanas de presiones de los medios de comunicación, los grupos empresariales y el propio presidente de la República, el congreso del SPD ha decidido esta semana dar un giro de 180 grados y aceptar negociar la constitución de una segunda Gran Coalición con los cristiano-demócratas de Merkel, a pesar del desgaste electoral que ha supuesto su participación en el anterior gobierno. Demostrando su “flexibilidad” política, Martin Schulz se dispone a encabezar con la misma firmeza que hasta hace unas semanas la oposición a Merkel, la participación en el gobierno. Victor Grossman y Angela Klein, cuyos análisis sobre las elecciones ya habíamos reproducido en SP, los continúan en esta entrega. SP

¿Crisis en Alemania?

Victor Grossman

La formación de un gobierno en Alemania está en un impasse desde el día de las elecciones, el pasado 24 de septiembre- a menudo como un embotellamiento de tráfico, casi sin avanzar. Pero Alemania es la principal potencia de Europa - ¡y sin gobierno formal! Angela Merkel sigue actuando como jefa, el gabinete sigue en funciones, pero todo en tiempo prestado, sin legitimidad.

Este gabinete fue llamado la “gran coalición”: los grandes partidos, antiguos enemigos, se unieron para formarlo. Cinco ministros eran de Unión Democrática Cristiana de Merkel (CDU) y dos de su hermana bávara, la Unión Social Cristiana (CSU). Ambos actúan juntos como la “Unión”. Contando a la canciller Merkel, son ocho carteras mientras que el socio menor, los socialdemócratas (SPD), ostentan cinco ministerios del gabinete. Los tres partidos tuvieron malos resultados en las elecciones, pero como la Unión se mantuvo más fuerte, le toca a Merkel formar un nuevo gobierno - ¡si puede!

El SPD sufrió una derrota tan miserablemente - cayendo al 20,5% - que Martin Schulz, su líder, declaró sin rodeos: “Nunca más volveremos a ser los socios menores en una gran coalición. Vamos a ser un partido de oposición hasta que podamos reconstruir nuestra fuerza”.

¡Pero el SPD puede que tenga que tragarse esas palabras, y propia posición!

El problema es que se necesita una mayoría de delegados en el Bundestag para aprobar leyes o decretos del gobierno. Con sólo dos partidos sería fácil: ¡el ganador se lleva todo! Con uno más, el tercero partido menor puede elegir a cual de los otros  dos grandes apoya y volcar así la balanza. Durante años, ese elemento basculante fue el Partido Democrático Libre (FDP), un extraño partido “libertario” fundado tanto por liberales de los derechos civiles y ex nazis, pero ahora básicamente un partido laico pro-empresa, enemigo tanto de las restricciones y regulaciones medio ambientales como a favor de los derechos de los trabajadores.

En 1983, los Verdes superaron por los pelos el mínimo requerido del 5% para obtener escaños en el Bundestag. Eran un grupo muy radical entonces, que reflejaba un gigantesco movimiento pacifista en Alemania Occidental que fue capaz de convocar a más de un millón de personas en un solo día (con muchos sindicatos) en las manifestaciones contra el estacionamiento de misiles en Alemania.

Esos primeros diputados verdes se parecían al SDS de EE UU, desafiaban las tradiciones conservadoras, se ponían jersey de lana e incluso los tejían durante las sesiones del Bundestag y en una ocasión incluso acudieron en zapatillas de deporte a una toma de posesión (y tenían más del 50% de diputadas).

Con cuatro bloques en el Bundestag, el equilibrio era posible: por un lado, el llamado “centro-derecha” con los partidos gemelos de la “Unión Cristiana”, más el FDP. Oponerse a ellos era lo que algunos llamaron el “centro-izquierda”. El SPD mantuvo sus lazos con los sindicatos, pero sus líderes eran en su mayoría acomodados y dóciles. En cuanto a los Verdes, después de la unificación alemana antiguos grupos disidentes de la extinta República Democrática Alemana se unieron a ellos y los empujaron hacia la derecha. Todavía hacían hincapié en la ecología y tenían una buena posición sobre los derechos de los homosexuales, los inmigrantes y la igualdad de las mujeres. Pero en política exterior se convirtieron en los más agresivos, y no tenían casi ningún contacto con la gente trabajadora, que rara vez votaron a lo que se convirtió en un grupo de intelectuales acomodados. Sin embargo, podía ayudar a formar gobierno; los Verdes y el SPD se alternaban con la Unión y el FDP.

Entonces apareció Die Linke (La Izquierda, pero al principio con otro nombre). Aunque al comienzo ningún otro partido quería tener que ver nada con ellos y que eran sólo parcialmente aceptados como “ciudadanos decentes democráticos”, su sola presencia, con 69 escaños (de un total de 709) hizo más difícil constituir un mayoría y formar una coalición. En 2013 esto hizo necesario que los dos grandes partidos, la CDU y el SPD, superasen sus diferencias de antaño y formasen la gran coalición. Dado que ambos se habían acercado políticamente, no fue tan difícil - para los líderes. Pero ambos perdieron grandes sectores de sus votantes, lo que les llevó al atolladero actual - y al “No” del SPD.

Para empeorar las cosas en todos los sentidos, la extrema derecha con tintes nazis, La Alternativa por Alemania (AFD) creció hasta el 12,6% de los votos, lo que les permitió obtener 94 diputados, algunos de ellos luciendo esvásticas.

Nadie se atreve a coaligarse con ellos (¿todavía?), pero su número de escaños hace más difícil que nunca - ahora con siete partidos - alcanzar una mayoría del 50%. Para hacerlo, con los socialdemócratas resistiendo orgullosos una gran coalición renovada, los partidos gemelos de Merkel (con sólo 246 escaños) necesitan tanto a los demócratas libres como a los Verdes, que se odian mutuamente. Pero ha tratado de atraer a ambos a la nave del Estado, así que las cuatro partidos negociaron, argumentaron, hicieron concesiones, las rechazaron, se insultaron y perdonaron, hablaron y dialogaron durante semanas y semanas. Cuando se cumplió el plazo fijado por Angela Merkel, parecía que se habían tragado sus diferencias, con los Verdes, los más pequeños, haciendo la mayoría de las concesiones en relación a sus menguantes principios. Pero de repente, en el último momento, el jefe de los demócratas libres convocó una rueda de prensa para decir que su partido rompía. ¡No hay trato! Todas las esperanzas de un “gobierno Jamaica” - por los colores de los partidos, similares a los de la bandera de la lejana Jamaica, negro, verde y amarillo - se hicieron añicos.

Quedaban tres posibilidades. Una de ellas era un gobierno minoritario, hasta ahora desconocido a nivel federal, cuyas posibilidades de aprobar cualquier ley o decreto dependería de que los partidos no gubernamentales estuviesen de acuerdo. Angela Merkel la rechazó de plano; no quería un gobierno inestable, sometido a presiones a favor o en contra de sus planes para Europa y más allá. ¿Y nuevas elecciones? Nadie las quería; podrían terminar con el mismo resultado que en septiembre o quizás favorecer a los oponentes. O peor aún, permitiendo unos mejores resultados al fascista AfD, deshonrando la imagen de Alemania en todo el mundo.

La tercera posibilidad era que los socialdemócratas se tragasen su orgullo y sus insolentes palabras y volvieran al rebaño con Merkel como socios menores. La izquierda socialdemócrata, especialmente sus juventudes, se oponían a tal compromiso. Pero el Presidente de Alemania, Frank-Walter Steinmeier, él mismo un hombre del SPD, instó a sus antiguos compañeros a aflojar y acudir al rescate de Alemania. Por el momento esto parece el resultado más probable. Y el presidente esta feliz de encontrar, por fin, alguna función a su cargo que no sea sólo cortar cintas, dar la mano y hacer discursos.

Sí, el SPD probablemente se coma sus palabras “por el bien de la nación”, volviendo a la “misma vieja historia de siempre” de los últimos cuatro años. Habrá peleas. Una mujer valiente, la Ministra de Medio Ambiente, una socialdemócrata, se ha opuesto al uso de los herbicidas de glifosatos de Monsanto en la Unión Europea. Sin embargo, el Ministro de Agricultura de la CSU de Baviera, fue a Bruselas y desafió su decisión, rompiendo la disciplina de voto con su Sí  a los glifosatos. ¿Lo hizo por su cuenta o con el apoyo de Merkel? (¿Y la presión de Monsanto?) No se sabe, pero fue un mal comienzo para estos ministros en funciones antes de cualquier acuerdo para una nueva coalición; no hay buenos augurios para un posible nuevo gabinete formados por los mismos partidos y tal vez los mismos ministros. ¿Los socialdemócratas harán valientes discursos sobre las políticas progresistas para, una vez más, adaptarse a la marea conservadora de Merkel y los duros que están detrás de ella?

Al partido Die Linke, con sus 64 diputados en el Bundestag (la mayoría mujeres), no se le preguntó y rara vez se le mencionó en este baile de sillas político. Aunque algunos en el partido sueñan con que algún día se les invite a una coalición, esta idea nunca fue siquiera vagamente sugerída por Merkel. Y, sin embargo, Die Linke sigue siendo el único partido político con principios y conciencia. Sí, los Verdes (y una ministra SPD del gabinete) se preocupan por las cuestiones ambientales, pero otros temas básicos apenas si han sido mencionados. Los soldados alemanes están matando y muriendo en Afganistán y Mali - y pronto en Níger. Tanques y soldados de la Bundeswehr están maniobrando peligrosamente cerca de San Petersburgo, en la frontera con Rusia. El Ministro de Defensa tiene como objetivo un ejército europeo súper moderno, con Alemania a la cabeza. Ningún otra partido parece preocupado, todos aceptan los ataques de los medios de comunicación anti-rusos, que recuerdan demasiado a los de hace ochenta años, mientras que las consecuencias de aquellas políticas, como la desactivación de bombas viejas oxidadas, todavía obliga a la gente a dejar sus casas horas, de día o de noche.

Demasiados se ven obligados a abandonar sus hogares de manera permanente. Görlitz, en la frontera polaca, intacto en la guerra y para muchos el pueblo más bonito de Alemania, conoció la semana pasada que Siemens piensa cerrar allí su fábrica, y también en Leipzig, además de recortar puestos de trabajo en las de Erfurt y Berlín. En Görlitz esta es una de las dos últimas fuentes de empleo. La otra, la fábrica de trenes Bombardier, está pensando en hacer lo mismo. Miles de personas ya han abandonado la ciudad. Mientras que Die Linke ha sido lamentablemente capaz de llegar a más gente de la clase obrera - su voto está alrededor del 15% - la AfD obtuvo el 32,7%, y se ha convertido en el principal partido de Görlitz, así como en toda Sajonia. Aunque su programa favorece a empresas como Siemens, que gana más millones que nunca, su propaganda inteligente, llena de odio, sobre todo contra los refugiados y, a menudo ayudada por los medios de comunicación, es muy eficaz, aunque sólo hay 157 familias de refugiados en Görlitz. Hay demasiadas personas afectadas por los cierres de fábricas, con trabajos precarios mal pagados, abrumados por la sobre explotación, con pocas posibilidades para sus hijos y preocupados por sus jubilaciones, que llegan a temer un peligro inventado, como el “Islam”, en lugar de enfrentarse a los peligros y las amenazas reales. Merkel todavía presume de lo bien que van las cosas, pero sus sonrisas amables cada vez son menos convincentes.

A menos que se encuentren formas para llegar a un gran número de personas preocupadas e insatisfechas, las amenazas a las que se enfrenta Alemania - y quizás sus vecinos, cercanos y lejanos, no desaparecerán incluso si los partidos socialdemócrata y de la Unión Cristiana encuentran la forma de renovar su coalición de gobierno.

https://www.counterpunch.org/2017/12/01/crisis-in-germany/

 

La coalición electoral "Jamaica", el FDP, los Verdes y el final de una ilusión

Angela Klein

No vamos a derramar una lágrima por el resultado: después del fracaso de la Gran Coalición, el colapso pasajero del FDP y el avance de la AFD, el intento de recomponer el campo de la burguesía con el apoyo de los Verdes, se ha encontrado con un FDP que ha cortado la rama sobre la que se apoyaba.

Porque la idea de que los otros partidos no han hecho suficientes concesiones al FDP es más bien un rumor. De todos modos, Lindner (el líder del FDP), no es capaz de dar un solo ejemplo de condiciones del FDP que hubiesen chocado contra un muro. Después de todo, para satisfacerle, se aceptó la reducción en 12 mil millones de euros del impuesto de solidaridad hasta el año 2021 que, de acuerdo con los cálculos del diario Handelsblatt, supondría eximir del mismo a más del 75 % de los contribuyentes (en su inmensa mayoría acomodados). Es a Cem Özdemi (líder parlamentario de los Verdes) a quién cita el diario: "[...] más de lo que el propio FDP exigió inicialmente", y añade: "los líderes del partido han afirmado que la canciller finalmente hizo propuestas a los Verdes en contra del FDP". "La decisión de romper las conversaciones fue tomada después de tres días de contactos. Según el informe, Lindner habría habría exigido a la Canciller que se posicionase claramente en contra de los Verdes, lo que se negó a hacer”.

Lo que Lindner entiende por ese cambio de actitud que la nueva coalición debería adoptar también es algo completamente oscuro. Sus repetidos intentos durante las negociaciones de desbordar a la CSU por la derecha - también en el tema de los inmigrantes y los reagrupamientos de familias que sólo afectarían a los inmigrantes totalmente integrados - dan la impresión de que el FDP prefiere disputar a la AFD el papel de líder de la oposición.

El periódico TAZ (publicado en Berlín) ha calificado al FDP como el "partido de los pequeños jugadores con una dominante populista de derechas”. No es una mala definición del partido.

Lo que debemos recordar es que los Verdes han dado un gran paso hacia los democristianos. Las cámaras de industria y los medios de comunicación reconocen su comportamiento como un partido de gobierno, lo que en la práctica significa que están dispuestos a deshacerse de la mayor parte de sus principios. Finalmente, lo único que habría quedado es la reagrupación familiar de los inmigrantes cuyas vidas están amenazadas en sus países de origen.

¿Les servirá de algo a los Verdes? Las probables nuevas elecciones nos lo dirán. Las asociaciones ecologistas están que braman, en cualquier caso, contra los Verdes, ya que una vez más han demostrado que no tienen la voluntad de iniciar un giro en favor del medio ambiente que vaya en contra de los intereses de los grandes grupos industriales. Die Linke debería retomar ese objetivo.

http://www.europe-solidaire.org/spip.php?article42593

es un escritor y publicista germano-norteamericano residente en Berlín desde 1952, cuando desertó del ejército norteamericano de ocupación en Viena y se exiló a la República Democrática Alemana. Su autobiografía está considerada como uno de los grandes testimonios políticos de la segunda mitad del siglo XX: Crossing the River. University of Massachusetts Press, Amherst, Boston, 2003. En 2006 publicó un importante libro sobre la Guerra Civil española: Madrid, du Wunderbare. Ein Amerikaner blättert in der Geschichte des Spanienkrieges. GNN-Verlag, Schkeuditz, 2006.
Veterana activista social marxista alemana.
Fuente:
Varias
Traducción:
G. Buster