Alemania: Merkel castigada, la extrema derecha crece

Victor Grossman

27/09/2017

El resultado más importante de las elecciones en Alemania no es que Angela Merkel y su doble partido, la Unión Demócrata Cristiana (CDU) y la bávara CSU (Unión Social Cristiana), hayan logrado el mayor número de votos, sino el castigo que sufrieron, con las mayores pérdidas desde su fundación.

Un segundo resultado clave es que los socialdemócratas (SPD) también han sido castigados, con sus peores resultados desde la guerra. Y como los tres partidos habían participado en un gobierno de coalición los últimos cuatro años, su castigo es la muestra que muchos votantes no son los ciudadanos felices, satisfechos, que a menudo nos quieren hacer hacer creer con “nunca-fue mejor-que-con-Merkel. Por el contrario, están preocupados, molestos e indignados. Tan indignados que han mostrado su rechazo a los principales partidos del sistema, los que representan y defienden el status quo.

Una tercera clave de estas elecciones, la verdaderamente alarmante, es que una octava parte de los electores, casi el 13 por ciento, descargaron su ira de una forma extremadamente peligrosa: votando a la nueva Alternativa para Alemania (AFD), partido cuyos líderes se dividen en lineas generales entre la extrema derecha racista y un racismo de extrema derecha. Con cerca de 80 ruidosos diputados en el nuevo Bundestag - su primer avance a nivel nacional - los medios de comunicación deben ahora dedicarles mucho más espacio que antes para que escupan su venenoso mensaje (y la mayoría de los medios de comunicación han sido más que generoso con ellos hasta ahora).

Este peligro es más grave en Sajonia, el estado más fuerte de Alemania oriental, gobernado desde la unificación por la conservadora CDU. La AfD ha quedado en primer lugar con un 27%, superando por poco a la CDU por una décima de punto, su primera victoria de este tipo en cualquier estado (la izquierda obtuvo 16,1%, el SPD sólo el 10,5% en Sajonia). La imagen ha sido muy similar en gran parte de la deprimida, discriminada Alemania del Este y también en el antiguo bastión socialdemócrata, la región de Renania-Ruhr de Alemania Occidental, donde muchos trabajadores, y más aun los parados, han buscado a los enemigos del status quo - y han elegido a la AfD. En todos lados más los hombres que las mujeres.

Es difícil ignorar los libros de historia. En 1928 los nazis consiguieron sólo el 2,6%, pero en 1930 crecieron hasta el 18,3%. En 1932 - en gran medida debido a la Depresión - se habían convertido en el partido más fuerte, con más del 30%. Es conocido lo que ocurrió después. Los acontecimientos pueden precipitarse rápidamente.

Los nazis se apoyaron en en la insatisfacción, la indignación y el antisemitismo, dirigiendo la ira popular contra los judíos en lugar de contra los verdaderos culpables, millonarios como Krupps o el Deutsche Bank. Del mismo modo, la AfD está desviando la indignación de la gente, no ya usualmente contra los judíos, sino contra los musulmanes, los “islamistas” y los inmigrantes. Están obsesionados con estos “extraños” supuestamente mimados a expensas de los “buenos alemanes” que trabajan, y culpan a Angela Merkel y sus socios de la coalición, los socialdemócratas - a pesar de que ambos partidos han apresuradamente retrocedido en lo que respecta a estas cuestiones y defendido cada vez más restricciones y deportaciones. Pero nunca lo suficientemente rápido para la AfD, que utiliza las mismas tácticas de antaño, hasta el momento con un éxito demasiado parecido. Más de un millón de votantes de la CDU y casi medio millón de votantes del SPD han transferido su voto el domingo a la AfD.

Hay muchos otros ejemplos en otras partes de Europa, sino en casi todos los continentes. El chivo expiatorio en EEUU son tradicionalmente los afroamericanos, pero también los latinos, y ahora - como en Europa - los musulmanes, los “islamistas” y los inmigrantes. Los intentos para contrarrestar esas tácticas con contra-campañas de miedo y odio contra los rusos, los coreanos del norte o los iraníes solamente empeoran las cosas - y es mucho más peligroso, cuando se trata de países con un enorme poder militar y armas nucleares. Sin embargo, las similitudes son alarmantes. Y en Europa, Alemania, con la excepción de las armas nucleares, es el país más fuerte.

¿No había otras alternativas mejores que la AfD para los oponentes a “mantener el rumbo”? Los Demócratas Libres, un grupo de educados mandarines con lazos casi exclusivamente con las grandes empresas, han sido capaces de lograr una fuerte recuperación cuando les amenazaba el colapso, con un satisfactorio 10,7 por ciento, pero no gracias a sus consignas sin sentido o su inteligente líder sin principios, sino porque no habían participado en la coalición de gobierno.

Tampoco lo fueron los Verdes y Die Linke (La Izquierda). A diferencia de los dos principales partidos, ambos mejoraron sus resultados en comparación con 2013 - pero sólo un 0,5% los Verdes y el 0,6% La Izquierda, lo que es mejor que perder votos, pero han sido dos grandes decepciones. Los Verdes, con su tendencia a proyectar una imagen cada vez más próspera, intelectual y profesional, no ofrecieron ninguna ruptura significativa con el sistema.

La Izquierda, a pesar de las continuas críticas de los medios de comunicación, deberían haber tenido una gran ventaja. Se opusieron a la impopular coalición nacional y defendió un programa combativo en muchos temas: la retirada de las tropas alemanas de lugares de conflicto, contra la exportación de armas a zonas de conflicto (o en general), salarios mínimos más altos, pensiones dignas y anticipadas, una auténtica presión fiscal sobre los millonarios y multimillonarios que despluman a las alemanes y al mundo.

Luchó algunos buenos combates y, al hacerlo, presionó a otros partidos positivamente, por temor a que La izquierda rentabilizase votos a costa de su electorado. Pero también participó en gobiernos de coalición en dos estados de Alemania del Este y Berlín (incluso dirigiendo el de Turingia). Trató en vano de sumarse a otros dos. En cada caso domesticó sus reivindicaciones, evitó agitar las aguas, al menos no demasiado, para que no se cuestionase su “respetabilidad” y pudiera salir del rincón de los“desobedientes” donde esta castigada normalmente. En muy pocas ocasiones pasaron de las palabras a la movilización en la calle, apoyando claramente y de manera decidida a los huelguistas y a la gente amenazada por los grandes despidos, o los desahucios a manos de ricos constructores: en otras palabras, alentando un verdadero desafío al enfermizo status quo, incluso rompiendo las reglas de vez en cuando, no con consignas revolucionarias salvajes o escaparates rotos y contenedores de basura quemados, sino mediante una creciente resistencia popular que ofrezca perspectivas creíbles de futuro, a corto y largo plazo. Cuando esta no existe o no es creíble, especialmente en el este de Alemania, la gente indignada o preocupada identificó a Die Linke como un partido más del sistema. A veces, a nivel local o incluso de estado, encajaba demasiado bien en esta imagen. La ausencia casi total de candidatos de la clase obrera en su lista jugó un papel. Un programa de acción real es la única respuesta creíble a la amenaza de los racistas y los fascistas. A su favor, que se opuso al odio a los inmigrantes a pesar de que esto le costó muchos votos de protesta anteriores: 400.000 votantes transfirieron su lealtad de Die Linke a la AfD.

Un consuelo; en Berlín, donde participa en la coalición de gobierno local, La Izquierda obtuvo buenos resultados, sobre todo en el este de Berlín, donde fueron reelegidos cuatro candidatos directamente y acercándose más que nunca en otros dos distritos, mientras que los grupos de izquierda militantes en Berlin Occidentales ganaron más votos que en sus fortalezas tradicionales de Berlín Oriental.

A nivel nacional se vislumbran dramáticos acontecimientos. Dado que el SPD se niega a renovar su desgraciada coalición con el doble partido de Merkel, esta se verá forzada, para alcanzar una mayoría de escaños en el Bundestag, a formar una coalición con el FDP y unos Verdes divididos y vacilantes. Ambos partidos se detestan de todo corazón, mientras que muchos afiliados de base de los Verdes se oponen a un acuerdo tanto con Merkel como con el FDP. ¿Podrán los tres partidos unirse y formar una llamada “coalición Jamaica” - dados los colores de la bandera de ese país, negro (CDU-CSU), amarillo (FDP) y verde (Die Grünen)? Si no es así, ¿entonces qué? Dado que nadie se aliará con la AfD de extrema derecha - aún no, en cualquier caso - no hay una solución visible, o tal vez viable.

La pregunta más importante, por encima de todo, es evidente: ¿será posible hacer retroceder la amenaza de un partido que arrastra ecos de un pasado horrible y esta lleno de admiradores nostálgicos, que cada vez más abiertamente quieren reencarnarse, y están dispuestos a emplear cualquier método para lograr imponer sus pesadillas? Y ¿se podrán, como parte de la derrota de esta amenaza, repeler estos peligros que amenazan la paz del mundo?
 

es un escritor y publicista germano-norteamericano residente en Berlín desde 1952, cuando desertó del ejército norteamericano de ocupación en Viena y se exiló a la República Democrática Alemana. Su autobiografía está considerada como uno de los grandes testimonios políticos de la segunda mitad del siglo XX: Crossing the River. University of Massachusetts Press, Amherst, Boston, 2003. En 2006 publicó un importante libro sobre la Guerra Civil española: Madrid, du Wunderbare. Ein Amerikaner blättert in der Geschichte des Spanienkrieges. GNN-Verlag, Schkeuditz, 2006.
Fuente:
https://www.counterpunch.org/2017/09/25/merkel-clobbered-german-far-right-rising/
Traducción:
Enrique García