Apuestas sobre el futuro de la economía política de Internet

Nicola Bruno

25/03/2007

Dos estudiosos americanos apuestan sobre el futuro de la red social, entre el mercado o el compartir. ¿Economía real o utopía solidaria? ¿La producción de contenidos para la red evoluciona hacia un mecanismo de mercado (“productores” más profesionales y finalmente retribuidos) o hacia una expansión de los mecanismos que permiten compartir gratuitamente?

En Estados Unidos se conoce como «Carr-Benkler wager» y es una apuesta que ha hecho camino en las páginas de un blog entre dos autorizados estudiosos de la escena digital. A diferencia de otros desafíos científicos más famosos – como los lanzados al son de millones de dólares por Stephen Hawking y Richard Feynman –, aquí no hay premios en liza  ni rompecabezas cosmológicos para resolver, sino algo más sencillo: Que sucederá en el 2011 con los contenidos generados por los usuarios, o bien con los textos, vídeos y fotografías publicados por puro espíritu de compartir en  sitios como  You Tube, Flickr, Digg y tantos otros ?

Por una parte está Nicholas Carr, editor puntero de la Harvard Business Review, según el cual, dentro de algunos años el actual ejército de beta tester y creadores de contenidos amateurs está destinado a profesionalizarse o como mínimo a ser retribuido. Por otra parte, Yochai Benkler, profesor de  Yale y autor del voluminoso ensayo The Wealth of Networks, convencido por el contrario de que predominarán las «commons-based peer production» [producción parigual basada en compartir en común], o sea aquellas prácticas típicas de Internet capaces de producir bienes informativos al margen de un sistema de precios.  Es decir, no se trata tan sólo de la oposición de dos aproximaciones teóricas diferentes, sino también de dos lecturas del cambio mutuamente excluyentes: ¿estamos asistiendo a la emergencia de un paradigma productivo basado en la economía de la donación, o se trata solo de la luna de miel de un modelo productivo dispuesto a reingresar en las lógicas de mercado habituales ?

Explotados y contentos

Como buen escéptico (el título de su obra más importante, Does It matter? [¿Importa?], es emblemático ), Nicholas Carr desarrolla con convicción su propia cruzada intelectual contra quienes, como Lawrence Lessig y Yochai Benkler, «quieren redefinir la web 2.0 para promover la ideología del comunitarismo digital », situándose «en el lado equivocado de la historia». Más que un empujón a la emancipación, dice Carr, en la base del Internet actual hay una situación evidente de explotación : «Una de las características fundamentales de la web 2.0 es la distribución de la producción en manos de muchos y la concentración del beneficio económico en manos de unos pocos. Es un sistema de aparcería, y los aparceros son felices porque sus intereses quedan satisfechos con la posibilidad de expresarse y socializarse, no con la monetización. Operan felizmente en una economía de la atención, mientras que los supervisores operan felizmente en una economía de caja». Un sistema voluntocrático y de felicidad asimétrica que por el momento ha dado sus frutos, no existiendo todavía plena conciencia del valor efectivo de esa fuerza de trabajo gratuita.  Pero ¿que sucede ahora que comienza a crecer entre los inversores el ansia de monetizar ? ¿Realmente continuarán los usuarios socializando, explotados y contentos, mientras el MySpace de turno se zampa él solo la tarta de los ingresos publicitarios ?

Hay buenas razones para suponer que, con la llegada de modelos de negocios más sabrosos, la era de la participación voluntaria llegará bruscamente a su fin. Aunque solo sea porque los usuarios podrían no contentarse ya únicamente con el mecanismo de la atención, y porque sería absolutamente legítima la pretensión de una distribución más equitativa de los beneficios. Como en cualquier buen sistema de aparcería. “Si la long tail es el principio organizativo de los media 2.0, ¿ por qué la distribución de los beneficios no debería seguir el mismo camino?”, se pregunta Scott Karp en Publishing 2.0. Basta mirar lo que está sucediendo en el alocado sector de los servicios de video-sharing, donde empiezan a abrirse camino las más variadas soluciones de micropagos con tal de atraer visitantes: se pasa de los modelos 50/50 (Revver) al pay-per-click (Metacafe), para llegar al forfait-premio (Break.com, TuoVideo.it). Tanto es así, que incluso el gigante You Tube parece tener la intención de moverse en esa dirección. Por añadidura, ha llegado recientemente de Italia Friend$,  plataforma de publicidad social, gracias a la cual los inscritos a la comunidad de Dada podrán monetizar los contenidos propios a través de Google AdSense. Ciertamente, en la mayoría de los casos se tratará tan solo de pequeñeces, pero no dejan de ser señales de una tendencia en acto que, en el 2011, podría inclinar la balnza del lado previsto por Nicholas Carr.

Generosos y contentos

Demasiado sencillo, dicen, sin embargo, los detractores de Carr: Internet nunca ha sido únicamente negocios o utilitarismo desenfrenado. Ya antes de la web 2.0, la red se había estructurado como una potente plataforma para la colaboración creativa y el compartir productivo: dos aspectos, subraya Lessig, difíciles de leer con las lentes del copyright o, añade Benkler, de la economía industrial. En muchos frentes, desde el software (Linux) al derecho de autor (Creative Commons), pasando por todos los recursos producidos y acumulados por los usuarios (remix video, feed rss, tag), florecen cada vez más “empresas” colectivas basadas en la generosidad y la cooperación. “Los seres humanos están animados por motivaciones muy diversas. Hay toda una gama de experiencias en las cuales la presencia de recompensas monetarias es inversamente proporcional a la presencia de recompensas socio-psicológicas”, explica Benkler rehabilitando comportamientos hasta ahora relegados únicamente a la esfera privada, pero dispuestos a entrar de nuevo con fuerza en los procesos económicos más avanzados, bajo el empuje de la organización en red. “Es demasiado simplista –continúa Benkler – pensar que ofreciendo dinero llegarán los mejores participantes y harán bien su trabajo, o al menos, mejor de como se hace en los procesos sociales paralelos”. No puede decirse en absoluto que pagando a sus autores Wikipedia funcionaría mejor. Más bien, la producción parigual descentralizada está demostrando ser el instrumento más eficaz para gestionar la complejidad y organizar la información. Y no se trata de maoísmo digital o de anarco-utopismo (dos de las acusaciones lanzadas por Carr), sino de modalidades productivas en las que se basan todas las redes digitales, en las cuales se pueden insertar además florecientes economías de mercado (como en el caso de IBM)

Así es que con los argumentos que se desarrollan tanto a favor de una como de otra posición, por ahora la apuesta sigue avanzando. Dando una ojeada a las primeras reacciones, un fabricante de libros daría a Carr por favorito. Pero habrá que esperar cuatro años para saber quien ha acertado. Siempre y cuando admitamos que haya algún vencedor entre el realismo demasiado escéptico de Carr y la utopía demasiado optimista de Benkler y Lessig.

Incola Bruno es un analista italiano que escribe regularmente en Il Manifesto.

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Maria Garriga

Fuente:
Il Manifesto, 18 marzo 2007
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