Argentina: 2x1

Inés Bruzzi

Ángela Urondo Raboy

14/05/2017

El fallo de la Corte Suprema de Justicia reduciendo la condena de los responsables de los crimenes de lesa humanidad ha encontrado un rechazo del 87% de la sociedad argéntina, según los sondeos de opinión. Detrás de ese consenso está a la espera un debate demasiado tiempo aplazado sobre cual es el peor problema que enfrentamos - por un buen tiempo - si el retorno de los militares, o que los represores salgan en libertad, o la continuidad y profundización del extractivismo y de las políticas económicas de los 90 con otro disfraz. Los derechos humanos de los 70 se van a defender, pero el problema son los derechos humanos de hoy y de mañana.

Por ejemplo, el fallo sobre el caso Simón, de 2013, que abrió las puertas a este último fallo. “Tal vez me equivoqué”, dice el juez Eugenio Zaffaroni, al justificar su voto. También se equivocó cuando fue juez penal de las dictaduras de Onganía y de Videla, o cuando rechazaba los habeas corpus que presentaban los familiares de desaparecidos, o cuando participó en la redacción del Código de Justicia militar, a pedido de los dictadores. En el caso Simón se advertía un vació jurídico, que el Congreso llenó con una ley votada por unanimidad y promulgada de urgencia la semana pasada.

Ese debate debe servir para hacerse cargo también de 3.700 víctimas durante estos últimos años (entre, desaparecidos, muertos por gatillo fácil y reprimidos en protestas sociales). Sin mencionar a César Milani, que ahora está preso por crímenes de lesa humanidad, al que le otorgaron el presupuesto para inteligencia interna más elevado desde 1983. Y que cuando lo investigaron por enriquecimiento ilícito declaró el "Nabo" Barreiro - asesino y torturador con condena firme - para decir que él le había prestado la plata a Milani, como íntimo amigo, sin que figurara ni un cheque ni un documento que avale la operación.

Abierta la caja de Pandora, hay que ajustar cuentas con todos los sapos y todas las culebras. SP

 

Una semana agitada

Ines Bruzzi

                                                       “Más allá, la injusticia no puede continuar sino provocando gritos o actos de rebelión, o ambos” Frederick Douglass, 1849)

Es frecuente que en nuestro país haya días agitados, semanas complejas y meses agotadores. Pero en este caso, desde el tres al diez de mayo, todo fue muy intenso. Comenzó con el fallo de la  Suprema Corte de Justicia a favor del 2x1, es decir reducir la condena de los responsables por crímenes de lesa humanidad. Esa reducción se aplicó con Luis Muiña, condenado a 13 años de prisión por secuestro y asesinato de dos detenidos ilegalmente en el centro de detención clandestino ubicado en el Hospital Posadas. No habían pasado 48 horas del fallo cuando cinco represores solicitaron el mismo beneficio. Uno de ellos fue el obstreta de la ESMA, Jorge Luis Magnacco, condenado por el robo de menores. Hasta ahora las Abuelas han podido encontrar 122 nietos que recuperaron su identidad. Faltan 300 nietos más. La alegría colectiva que produce el anuncio de un nieto recuperado es difícil de narrar.

En medio de esta vorágine nos preguntamos: ¿el fallo de la Corte fue inesperado? Los acontecimientos se pueden entender por una serie de indicios: las medidas que toma el gobierno,  las declaraciones hechas por sus integrantes, las notas de los diarios, los programas de televisión y de radio ya sean partidarios o críticos al gobierno. Es difícil para los pueblos ir uniendo cada frase, cada gesto, cada palabra para no verse sorprendidos en este caso por el 2x1, aunque algunas de las declaraciones desde que asumiera la presidencia Macri provocaran malestar en amplios sectores del pueblo argentino. Vamos a enumerar algunas.

El que era ministro de Cultura, Darío Lopérfido, dijo una y otra vez que no eran 30000 los desaparecidos. Esa aseveración no fue aceptada por una parte significativa de la población. A cada lugar que iba el ministro había gente que lo confrontaba. Hasta que le dijeron que se fuese o él presentó la renuncia, por iniciativa propia. No lo sabemos.

El gobierno nacional decidió mover el feriado del 24 de marzo, que recuerda el día del último golpe militar. Es decir que el feriado del 24 que este año fue un viernes se lo pasaba al lunes. ¿Qué significaba ese cambio?   No era por una cuestión práctica. Desde el 2005,  por decreto presidencial de Néstor Kichner se estableció que el 24 era feriado e inamovible. Macri tuvo que dar marcha atrás con su medida por las protestas que provocó.   

En el desfile del 9 de julio, celebrando el Bicentenario de la Independencia desfilaron entre otros, Aldo Rico, que encabezó un alzamiento militar durante la Semana Santa de 1987, contra el gobierno democrático de Raúl Alfonsín como reacción a los juicios que se iniciaron a las tres juntas militares. Recuerdo la concentración que hubo esos días de Semana Santa en apoyo al gobierno constitucional, más allá de nuestras posiciones políticas.  

También desfiló el teniente coronel Emilio Nanni, que había declarado años atrás que los derechos humanos en nuestro país estuvieron “siempre en manos de terroristas” y reinvindicó a los represores militares como “detenidos políticos”. ¿No son señales de hacia dónde se dirigía el gobierno macrista?

El 21 de febrero de este año vi un programa por Internet en el sitio de Infobae que se llamó “Las dos verdades de los 70”. Me había avisado un amigo.  Escuché las posturas de los cuatro invitados, dos militares y dos ex militantes, uno del ERP y otro de Montoneros. Al día siguiente le dije a mi amigo que el programa me había parecido la justificación de la represión de la última dictadura. No me sorprendió el fallo de la corte.  Me preocupó, nos preocupó a muchos. ¿Podríamos revertir esto? ¿Alguna vez el Poder Legislativo se opuso a una sentencia de la Corte Suprema? ¿Qué harían diputados y senadores?     

Si vamos un poco más hacia atrás en la Historia, a los dos años de haber sido elegido  Jefe de gobierno de la CABA, Mauricio Macri nombró como ministro de educación a Abel Posse. El nombre se lo acercó el actual jefe del gabinete de ministros.      

Posse cosechó un rechazo unánime luego de afirmar que estaban “ilegítimamente encarcelados los militares que lograron el cometido de aniquilar a la guerrilla en sólo diez meses”, que los ex detenidos-desaparecidos eran un “residuo de subversivos” y que los jóvenes están “drogados y estupidizados por el rock”. Macri trató de defenderlo diciendo que era un “intelectual provocador”. Pero no hubo caso, doce días después de su nombramiento, tuvo que renunciar. En  doce días de diciembre del 2009, hubo dos marchas de protesta contra Posse. 

Entonces vuelvo a preguntarme ¿Es tan llamativo el fallo de la Corte con dos nuevos supremos que primero Macri nombró por un Decreto de Necesidad y Urgencia (DNU) y que ellos aceptaron? Por el escándalo que provocó  en ese momento tuvieron que dar marcha atrás, con solo un pequeño paso y lograr el voto de los senadores para corroborarlos.

Volviendo a las declaraciones de Abel Posse, unos días antes de ser ministro de educación, en una entrevista recomendó  un libro cuyo título es Volver a matar. El contenido del libro no nos importa para esta nota. Pero el título sí,  en relación a esta escena.   Era el comienzo del segundo Juicio ESMA. Alfredo Astiz, se sentó en los últimos asientos reservados para los represores, con un libro que colocó sobre sus piernas. Cuando terminó la Audiencia se dio vuelta y  apoyó el título del libro sobre el vidrio que separa a la sala Amia, frente a los ojos de Adolfo Mango y de Adela Antokoletz. Volver a matar. Así recuerda Adolfo ese momento. Y  la mirada de Astiz.  El juicio duró un poco más de dos años. Estuve en Comodoro Py el día en que Astiz, como todos los represores, tuvo la posibilidad de hacer su declaración.  Dijo todo lo que quería, habló sobre la ilegitimidad del juicio, la ilegal Fiscalía, la ilegítima querella. Y siguió hablando, por mucho tiempo. Otras palabras que usó: colonialismo judicial, terrorismo judicial, falsos testigos, estado autoritario, festival de persecuciones, para terminar exigiendo que se respete la Constitución Nacional. Este juicio, dijo, no es justicia es linchamiento. Pero dos frases de Astiz merecen recordarse: “No somos delincuentes comunes…perdón, no somos delincuentes”, y un rato más tarde “No hemos delinquido desde hace 30 años”. Terminó  entregando al Presidente del Tribunal un ejemplar de la Constitución Nacional. Otro de los represores, el Tigre Acosta, en su declaración final en  2011, dijo entre otras cosas que si era necesario volvería a hacer todo lo que hizo. Ninguno de los militares juzgados manifestó arrepentimiento.   

Por eso,  la convocatoria del Episcopado argentino llamando a una reconciliación es un gran disparate. No hay posibilidad alguna de reconciliación en nuestro país. Como dice Héctor Schmucler “ es inagotable la necesidad de saber cómo murió cada uno y, por eso, la incertidumbre no tiene consuelo” ( Pensamiento de los Confines, n.3, Págs. 9-12  

A pesar de estos pesares, que se vienen confrontando desde hace 40 años, la semana terminó con un soplo de aire fresco.  Los organismos de derechos humanos dieron sus comunicados rechazando el fallo, hablaron con diputados y senadores, gobernadores e intendentes. Convocaron a una concentración en Plaza de Mayo para el miércoles diez de mayo. Los legisladores rechazaron la decisión de la Corte. Jueces y fiscales declararon inconstitucional el 2x1.

La sociedad civil también participó:  al finalizar las funciones teatrales, los actores leyeron su adhesión a concurrir a la Plaza que ha sido escenario de tantos acontecimientos de nuestra historia. Fueron aplaudidos por la mayoría del público.  En la Feria del Libro suspendieron todas las actividades programadas para la hora de la convocatoria.  El martes, en el curso que dicto en el Centro Cultural Rojas, que depende de la Universidad de Buenos Aires, una alumna escribió en el pizarrón “Miércoles. Plaza de Mayo, 18 hs”. Al finalizar la clase lo dijo en voz alta y fue  aplaudida por una parte de sus compañeros. Así debe haber pasado en muchos lugares de nuestro país.     

Eran tantas las mujeres y los hombres, todos con sus pañuelos blancos en el cuello, que nos dirigíamos al mismo lugar esta tarde, que llegar a la concentración no fue fácil. Muchos de los que estuvimos ahí vivimos bajo la dictadura. Pero estaba repleto de jóvenes que nacieron después de esa época. Algo sorprendente hemos logrado como sociedad. Pudimos transmitir la memoria de la historia ya no tan reciente por la acción de los organismos de derechos humanos, la búsqueda de justicia, el rechazo a la venganza y  el encuentro con las políticas públicas que se han implementado en años anteriores a la llegada del macrismo al gobierno. El lugar protagónico lo siguen teniendo las Madres y las Abuelas de Plaza de Mayo. Por eso cantamos una y otra vez “Madres de la Plaza, el pueblo las abraza”.  Y todos agitamos el pañuelo blanco, después de tantos años de marchas. Puedo repetir que se coló este miércoles un soplo de aire fresco. El próximo capítulo no lo conocemos, pero lo enfrentamos con mayor esperanza.

www.sinpermiso.info, 12 de mayo 2017

 

Compensen el terror, los años perdidos

Ángela Urondo Raboy

En esta ciudad, en el día de la fecha, el Tribunal Oral en lo Federal Criminal, en forma definitiva falla: Condenando a la pena de prisión perpetua e inhabilitación absoluta y perpetua por ser coautores mediatos penalmente responsables de los delitos de privación abusiva de la libertad agravada por mediar violencia y amenaza, imposición de tormentos agravada por la condición de detenido político de la víctima, homicidio calificado por alevosía por el concurso premeditado de dos o más personas y con el fin de procurar impunidad, y homicidio calificado por alevosía en perjuicio de las víctimas. Delitos tipificados en el Código Penal y en concurso real, calificándolos como de Lesa Humanidad y cometidos en el contexto de delito internacional de Genocidio. Ordenando que los condenados cumplan las penas impuestas en los establecimientos dependientes del Servicio Penitenciario Federal que resulten adecuados a sus condiciones de salud, a cuyo fin deberán tener en consideración las pericias e informes médicos obrantes. Por tanto se revoca la excarcelación o eximición de prisión o prisión domiciliaria que gozaron durante el proceso y se dispone su inmediata detención en los establecimientos que correspondan, se hacen efectivos los traslados dispuestos. El juicio ha concluido en esta instancia. Todas las partes quedan notificadas. 

Obediencia Debida, Punto Final e Indulto son los precedentes históricos del fallo que emitió la Suprema Corte de Injusticia, para la aplicación de la Ley del 2 x 1 que permite liberar a los condenados por crímenes de Lesa Humanidad. Un nuevo mecanismo que intenta consagrar la impunidad en democracia.

Si bien genocidio viene con impunidad y a veces parecen lo mismo, hay que diferenciar: el genocidio es un cúmulo de crímenes irreparables, cuyo daño es permanente. La impunidad es un daño aparte, que sin embargo tiene una cura: la Justicia. 

Cuando le quitan remedio el herido –al pueblo herido–, despierta un dolor remitente que revive la pena causada por el principal de los daños, el irreversible.

No existe 2×1 para esta pena nuestra.

Salgan a hablar, rompan al medio el pacto de silencio militar. Que digan donde están los desaparecidos. Queremos a nuestros padres vivos. Devuelvan la mitad de lo robado. Compensen el terror, los años perdidos. Pongan en libertad hoy mismo a los nietos que tienen escondidos. Basta de burla, de cinismo y de políticas de olvido. Basta de negar a los 30 mil. No hay que reconciliarse con lo que hace daño. La posibilidad de que sea genocida el vecino es una tortura. La verdad completa se llama terrorismo de Estado y es delito el negacionismo.

El genocidio no fue guerra, ni lucha anti subversiva, como le quieren decir, fue un mecanismo de acción terrorista por parte del Estado, que apuntó contra todo el pueblo.

“Primero mataremos a todos los subversivos, luego mataremos a sus colaboradores, después a sus simpatizantes, enseguida a aquellos que permanecen indiferentes y finalmente, mataremos a los tímidos”, decía Ibérico Saint Jean, gobernador de facto de la provincia de Buenos Aires.

Por su lado, Jorge Rafael Videla, comandante en jefe de la Junta golpista expresaba: “El golpe le quitó legitimidad democrática a la guerra contra la subversión, aunque nos dio la posibilidad de extender esta guerra a los ambientes político, social, económico, internacional, etcétera, porque pudimos disponer también del poder político”.

Como señala Martín Gras, Catedrático y sobreviviente de la ESMA, “la palabra terrible acá es ‘etcétera’: Videla declara la guerra a un etcétera”.

El plan sistemático de saqueo y exterminio dejó a muchos cómplices bien acomodados. Las garantías de impunidad de la dictadura para cometer sus crímenes se extendieron luego en democracia. Así se constituyó una estructura bien amarrada al poder, con partícipes en diversos ámbitos de la sociedad y el Estado.

En el poder judicial encontramos funcionarios nombrados por la dictadura para justificar secuestros, pasar por alto las torturas, armar causas a los perseguidos y encajonar los hábeas corpus por los desaparecidos. No es la primera vez que vemos jueces que defienden sus propios intereses, porque están implicados.

Descubrir lo poco o mucho que sabemos, ha llevado años, vidas. Generaciones con el ojo abierto y la lupa, buscando pistas debajo de las baldosas. Con el duelo anudado a la garganta. Aprendimos a hablar y a escuchar con cuidado, atentos a los posibles cruzamientos de datos. Con un archivo en la mochila y una copia en la cabeza, de resguardo. A veces olvidamos los nombres de quienes saludamos a diario, para no soltar el de un fulano-de-tal que participó de un operativo de muerte, o de aquel compañero que tal vez pueda aportar algún dato. Avanzamos hacia la misma verdad. Confluimos.

A todos nos faltan los desaparecidos, incluso a los que no lo saben y a quienes no habían nacido.

Reconciliación, venganza, verdad completa, son algunos de los ejes discursivos ante los que debemos plantarnos en esta puja por el sentido de la palabra, para repudiar y combatir los eufemismos con los que se quieren enmascarar los pactos políticos de impunidad.

No se trata del pasado. El embate impunista impacta en la actualidad sobre todo el cuerpo social y da rienda suelta a las fuerzas represivas del presente, que ahora andan sin placa de identificación y sin patente, entran a tu escuela, te bajan del bondi y te dan vuelta la mochila. O quieren hacerte bajar la bandera, te llevan sin motivos por averiguación de antecedentes, por defender los derechos, por resistente, vienen a avallar tu cuadra como si hubiera un fugitivo, a atropellarte con el patrullero o a pegarte un tiro, aunque seas un niño bailando la murga en la puerta de su casa, cualquier hijo de vecino.

Asesinos. Retoños del mal, descendientes directos del odio y la impunidad.

Vuelvo a pensar en la mirada de los ojos malvados.

Conozco sus métodos. Los recuerdo, nadie me lo ha contado. Regresa la incertidumbre a interferir en los sueños, la pesadilla, el insomnio, el sabor amargo. Vuelve a latir en el cuerpo un sentimiento que creía pasado.

No tengo palabras para explicarles a mis hijos que los asesinos de sus abuelos pueden ser liberados.

El beneficio extraordinario para los genocidas es inaceptable. Renueva la rebelión contra lo injusto. La provocación nos saca una vez más a la calle a combatir el terror, con la experiencia de 40 años de lucha, con los dedos en Ve, con el puño en alto.

Vamos con las viejas, los pañuelos blancos, vamos con niños de la mano, con los sobrevivientes y con nuestros muertos presentes, para aprender a defender juntos lo que es de todos: el Estado de Derecho y sus garantías constitucionales, la dignidad: nuestros derechos humanos.

http://www.revistaanfibia.com/ensayo/compensen-terror-los-anos-perdidos/

Profesora de Historia.
Hija de desaparecidos. Escritora, dibujante, actriz. Es autora de "¿Quién te creés que sos?".
Fuente:
Varias