Argentina: el senado intenta contener la marea verde. Dossier

Milagritos Contreras

Andrea D'Atri

Maristella Svampa

12/08/2018

¡Aquí nadie se rinde!

Milagritos Contreras

La historia juzgará por sí sola a quienes en el Senado votaron en contra de la legalización del aborto, llevando una vez más a las mujeres a la clandestinidad y el desamparo. Quedó a la vista que hay una marea imparable, rebelde y arrasadora, que no está dispuesta a ceder ningún derecho más. En la vigilia multitudinaria de Mendoza, EL OTRO dialogó con Alejandra Ciriza, Guadalupe Escolar y Fabiana Grasselli. Mujeres valientes, tres generaciones, una lucha feminista.

El Senado decidió llevarnos nuevamente a la clandestinidad, con 38 votos negativos, 31 afirmativos y 2 abstenciones. Escuchamos los disparates de Rodolfo Urtubey, Esteban Bullrich, José Mayans y Cristina López Valverde. Presenciamos sus redundancias sobre la ignorancia, lavándose las manos en la misma hipocresía de las y los que impidieron la ley, aquellos que priorizaron sus intereses económicos e individuales por sobre los del pueblo.

Aunque también pudimos emocionarnos con las palabras de Cristina Fernández de Kirchner y otros tantos senadores y senadoras que nos hicieron saber que no estaremos nunca más solas, que más temprano que tarde este proyecto será ley.

Aquí nadie se rinde. Han sido, hasta el momento, trece años de lucha de la “Campaña Nacional por el Derecho al Aborto Legal, Seguro y Gratuito”. Trece años de romper con estereotipos, estigmatizaciones, tabúes, múltiples violencias que, hasta no hace mucho, estaban sumamente naturalizadas.

Aquí nadie se rinde, porque más allá del resultado la marea verde, el movimiento feminista ganó las calles y ya estamos convencidas de que la única lucha que se pierde es la que se abandona.

Durante el miércoles, en diálogo con este diario, Alejandra Ciriza repasó los efectos que logró la instalación del debate en la opinión pública: “Esta discusión trajo consigo un efecto maravilloso. En primer lugar, el efecto en las muy jóvenes que pudieron darse cuenta que no están solas, porque hay generaciones y generaciones de luchadoras anteriores a ellas, que hemos sostenido la causa del derecho a decidir sobre nuestro propio cuerpo. Visibilizar algo como el aborto clandestino es fuerte para ellas, saber que esta problemática es un crimen de clase porque las que mueren son las más pobres. Es cierto que la clandestinidad siempre es dolorosa y estigmatizante, pero no es lo mismo la clandestinidad y la posibilidad de pagar un aborto seguro, de salir con tus capacidades reproductivas intactas, a un aborto que lesiona tu cuerpo o que te lleva a la muerte”.

Durante este año pudimos escuchar innumerables ocurrencias de sectores “pro vida” refiriéndose al feto o “niño por nacer”, como ellos lo mencionan. En este aspecto, la investigadora del Conicet fue muy crítica con quienes defienden el aborto clandestino:

“Hay una parte de la sociedad que no quiere escuchar, como es el caso de los fundamentalistas, que no hacen más que encubrir curas violadores de niños y niñas, a quienes hablarles es como hacerlo con una pared, porque son insensibles, recitan ‘en favor de la vida del feto astronauta’. El feto astronauta es algo que solo existe en su imaginación. Los fetos anidan en los úteros de las mujeres y personas gestantes, cuando pueden vivir fuera del útero son viables, ya no necesitan de las mujeres”.

“Creo que quienes dicen defender las dos vidas, no solamente no lo hacen sino que además son muy cínicos y cínicas, porque defienden la vida pero en abstracto, no están defendiendo la vida real, de aquellas mujeres que sufren daño, desprecio, incertidumbre. Estas personas son profundamente hipócritas, mentirosas y misóginas, y esto es nada más y nada menos que la Iglesia Católica, las iglesias evangélicas fundamentalistas, las fuerzas represivas del Estado”.

“Hoy (por el miércoles) no se ganó en el Congreso, pero sí en la sociedad. Nosotras no dejaremos las calles, porque la despenalización social del aborto ya es un hecho. No faltará mucho tiempo para que sea ley”, remarcó Ciriza.

La “Revolución de las hijas”, las pibas de los secundarios que optaron por no callar más y militar por el derecho a decidir sobre sus propios cuerpos. En diálogo con EL OTRO, Guadalupe Escolar, estudiante del Departamento de Aplicación Docente de la UNCuyo, nos cuenta la batalla que dieron las escuelas para sumarse a la marea verde:

“Luego de distintas formas de organización que fuimos encontrando para ser parte de la lucha por la legalización del aborto, junto a compañeras y compañeros de mi colegio secundario, logramos conformar la organización ‘Empoderades’ dentro del DAD. Nos fuimos contactando con otras escuelas secundarias con quienes encontramos coincidencias en nuestras luchas, logramos crear centros de estudiantes y realizar pintaderas colegiales”.

“Hoy somos parte de este espacio: el DAD, el Magisterio, la Escuela de Comercio Martín Zapata, la Normal y Bellas Artes. Fue en la vigilia que se realizó en Plaza Independencia, mientras se definía en Diputados el voto por el proyecto, donde nos dimos cuenta que teníamos que militar fuertemente la legalización del aborto. Los secundarios también tenemos voz, no son solamente las personas adultas las que pueden decidir ni las que están actuando”.

Al igual que muchas otras pibas de escuelas secundarias, Guadalupe da testimonio del hostigamiento que ha sufrido por parte de sectores religiosos: “Toda mi familia es católica. Me ha pasado ir un día a la casa de mi tía y que me saquen el pañuelo de la mochila porque ellos no piensan como yo. Entonces eso habla de la enorme persecución que hay desde esta postura ‘de las dos vidas’ hacia quienes tenemos otra visión de la vida. Cuando la Iglesia Católica es homofóbica, cómplice de curas violadores y de la dictadura militar. Además no hay que olvidar que se han opuesto a la independencia del país, a la reforma educativa, al matrimonio igualitario y a la reforma universitaria. Es muy hipócrita”.

El clima en una manifestación feminista no es solo esperanzador, también fortalece y conmueve. Es lo que refleja, sin dudas, esta joven militante al comentar cómo ha logrado romper con esquemas y estructuras patriarcales: “Estando en una manifestación feminista, como esta o cualquier otra, sentís que es algo más grande que vos y que estás aportando algo a la sociedad, sin necesidad de ir a pelearla en una guerra, porque te mueve el corazón, el compromiso con las otras. También te traspasa por el cuerpo el amor de todas las que hoy estamos poniendo los ovarios y el corazón en este momento histórico. Pero al mismo tiempo lográs identificar muchos micromachismos que antes era muy difícil desnaturalizar porque no tenías las herramientas para hacerlo”.

Fabiana Grasselli también conversó con EL OTRO. La licenciada en Letras e investigadora del Conicet resaltó la lucha del feminismo popular en nuestro país, al que consideró como un espejo para muchas naciones latinoamericanas y de otras latitudes:

“Sin dudas Argentina está siendo mirada por toda América Latina. En las últimas 48 horas nos han llegado saludos de solidaridad de Honduras, Ecuador, Colombia, Uruguay, Brasil, México, también de países europeos como Francia, España, de todas partes del mundo”.

“Es una lucha histórica, por supuesto el movimiento ‘Ni Una Menos’ es protagonista de esta lucha, nuestra marea verde ha revolucionado todos los ámbitos sociales, y ha entendido que no se trata de mendigar derechos sino de conquistarlos. Que no quepan dudas que esta pelea la vamos a dar hasta las últimas consecuencias. Hoy se le cayó la careta a varios legisladores y eso lo vamos a tener muy presente”.

“No hemos perdido nada, porque esta situación del aborto no era ni siquiera pronunciable y logramos sacarla del closet, pudimos instalar la discusión en el espacio público, desde una perspectiva de despenalización, no culpabilización y desdramatización. Se trata de una situación de injusticia que ya no es tolerable en un estado democrático”, cerró Grasselli.

http://www.elotro.com.ar/aqui-nadie-se-rinde/

El Senado votó en contra de la marea verde que ganó las calles

Andrea D’Atri

Con 38 votos en contra, 31 a favor y 2 abstenciones, el Senado rechazó el proyecto de legalización del aborto que ya había obtenido media sanción en Diputados.

En una sesión escandalosa de más de 16 horas, el reaccionario Senado terminó votando en contra de millones de mujeres que ya habían conseguido arrancar la media sanción del aborto legal en Diputados, hace casi dos meses.

Ya en ese entonces, alertábamos que para "la batalla del Senado" había que redoblar la lucha; ese recinto es territorio de los gobernadores de Cambiemos, el PJ y los partidos provinciales, que actúan como verdaderos señores feudales. Y como en la Edad Media, son fieles amigos del oscurantismo clerical.

La Iglesia que sufrió el revés de la media sanción, no escatimó en artilugios, negociaciones y presiones, con amenazas incluidas, para evitar que la marea verde que colmó las calles obtuviera un triunfo contundente. Con las millonarias partidas presupuestarias que obtiene del Estado, la Iglesia no dudó en organizar una verdadera operación misógina, patriarcal y antiderechos para conseguir que el aborto siguiera siendo clandestino.

La marea verde fue claramente mayoritaria en las calles. Aunque el vallado policial haya querido –otra vez- mostrar una plaza dividida por mitades, la convocatoria de los pañuelos verdes y naranjas superó por lejos a la de los defensores del aborto clandestino.

La primera conclusión que este movimiento de mujeres en las calles hoy ya ha sacado, sin dudas, es que si queremos avanzar en nuestros derechos, tenemos que pelear por la separación de la Iglesia del Estado, tal como se cantaba en las calles y los bares de los alrededores del Congreso.

Pero la Iglesia no actuó sobre el vacío. Todos los partidos tradicionales que sostienen este putrefacto régimen social y político tienen sus alianzas con el Vaticano. Todos aportaron sus votos contra las mujeres, desde Cambiemos hasta el PJ, incluyendo el Frente para la Victoria que se había comprometido a votar unánimamente a favor del aborto legal y le dio el tiro de gracia al proyecto de ley, con la panquequeada de los últimos días de la senadora García Larraburu.

Las mujeres, nada le debemos a esta casta de políticos al servicio de los intereses de los poderosos. Todo lo que ganamos lo conquistamos con nuestra lucha. Hemos llegado hasta aquí sin el apoyo, y a veces con el boicot abierto, de los dirigentes de nuestros sindicatos y organizaciones. Pero hicimos paros y movilizaciones, porque sabemos que nunca conseguimos nada sin luchar.

La "batalla del Senado" era difícil. Se demostró que no podemos depositar expectativas en las maniobras y el lobby parlamentario, que nuestro destino no vamos a dejarlo en manos de expertos negociadores ni mucho menos al fortuito cálculo de probabilidades. Nuestra fuerza radica sólo en nuestra organización. Por eso, vamos a redoblar nuestras fuerzas, organizándonos nuevamente en cada escuela, en cada facultad, en cada oficina, en cada taller, hospital, empresa, barrio. Vamos a seguir movilizándonos por nuestro derecho al aborto seguro y gratuito. Porque ya logramos que sea legítimo y, tarde o temprano, vamos a imponerles que finalmente, lo hagan ley.

http://www.laizquierdadiario.com/El-Senado-voto-en-contra-de-la-marea-ve...

 

El derecho al aborto y las voces de las mujeres

Maristella Svampa

La aprobación de la ley en favor de la legalización del aborto, que ya cuenta con media sanción y será debatida el próximo 8 de agosto en el Senado, significaría un gran paso adelante en términos de ciudadanía, y ello en varios sentidos. En primer lugar, porque dada la gravedad del tema, propone entender el aborto como un problema de salud pública, razón por la cual busca garantizar las condiciones apropiadas de acceso al mismo. No sólo descriminaliza la interrupción voluntaria del embarazo; también la legaliza, recolocando al Estado en un rol central en materia de salud. Asimismo revela una gran preocupación por los efectos que el aborto clandestino tiene en términos de ampliación de las desigualdades sociales.  Los riesgos de daño irreparable o de muerte que éstos conllevan en una situación de clandestinidad se incrementan en los sectores más pobres, inscribiendo de modo dramático las inequidades de clase sobre los cuerpos de las mujeres jóvenes, muchas de ellas casi niñas. En segundo lugar, la nueva ley abriría a un panorama diferente respecto de los derechos de las mujeres, de su dignidad, de la libertad de decidir sobre nuestros cuerpos, dejando atrás el paradigma jurídico de la mujer tutelada, incluso infantilizada bajo el modelo patriarcal de sociedad, hoy ampliamente cuestionado.

Es cierto que el debate en favor de la ley por la interrupción voluntaria del embarazo nos ha enriquecido como sociedad, eliminando tabúes, deconstruyendo prejuicios fuertemente arraigados y permitiendo examinar, a la luz de una rica argumentación en materia de derechos, ética y también de  realidades, los dogmatismos y naturalizaciones que existen sobre el tema.  Pero además de mostrar lo mejor de la sociedad argentina, en el camino al Senado, el debate ha visibilizado también lo peor.

Aunque no quisiera detenerme mucho en ello, urge decir que los sectores ultraclericales y ultraconservadores de nuestro país deberán indagar sobre el alcance de su intolerancia, sobre esa suerte de imperialismo moral que han venido ejerciendo de modo sistemático en las últimas semanas, a través de la abierta presión sobre los y las legisladores nacionales, además de las interpretaciones forzadas, lesivas e incluso desquiciadas –como comparar el derecho al aborto con el nazismo, con una dictadura, o hablar de modo falaz e irresponsable sobre los preservativos, entre otras cosas- para oponerse a este proyecto de ley. Esos mismos sectores que hoy se oponen al derecho a interrumpir voluntariamente el embarazo son los que se opusieron a otras leyes socialmente muy relevantes: la ley del divorcio, la ley de la patria potestad compartida, la ley de educación sexual, la de acceso a los anticonceptivos, el matrimonio igualitario. Todas leyes que constituyen una afirmación clara de la separación entre Iglesia y Estado, y que –al igual que esta ley- buscaban traducir en el ámbito legal e institucional los cambios en la subjetividad individual y colectiva, abriendo vías de transformación y resolución de necesidades largamente postergadas. 

Quisiera hacer hincapié en lo mejor que ha mostrado el debate sobre el aborto, ilustrado por el gran protagonismo de las mujeres, tanto dentro como fuera del Parlamento. Dentro del recinto fueron numerosas las especialistas mujeres que desfilaron por las audiencias e hicieron oír su voz, tanto en la cámara baja como la alta, para argumentar en favor de esta ley, desde reconocidas juristas, lúcidas filósofas, profesionales de la salud con amplia experiencia, valientes mujeres de Ongs defensoras de derechos, hasta escritoras e incluso exitosas actrices: todas ellas dieron cuenta de su compromiso cabal y sincero con la ampliación de derechos. Entre tantas otras y a riesgo de ser injusta en la selección, pudimos escuchar a una jurista de la talla de Mónica Pinto, ex decana de la Facultad de Derecho de la UBA, quien afirmó que la legislación internacional sobre derechos humanos “no es un obstáculo a la despenalización del aborto que propone la ley”, y cuestionó punto por punto las interpretaciones sesgadas en torno al tema; voces potentes como la de la filósofa y docente Diana Maffía quien sostuvo que “Hablar del derecho a la vida soslayando el derecho de las mujeres es transformarnos en instrumentos, en objetos, expulsarnos de la condición de humanidad. Y es además un gesto de mala conciencia política cuando ni siquiera se nos ha asegurado a las mujeres condiciones apropiadas de igualdad para sostener esa vida". También escuchamos a la  presidenta de la Ong Católicas por el derecho a decidir, la cordobesa María Teresa Bosio, quien cuestionó el mandato de maternidad forzada u obligatorio y citó, a 100 años de la reforma universitaria que nació el Córdoba, la célebre frase del manifiesto, “Desde hoy contamos para el país una vergüenza menos y una libertad más. Los dolores que quedan son las libertades que faltan”.

Fuera del recinto, en las calles, el debate sobre el aborto visibilizó la revolución de las mujeres. Esa gran ola que arrancó con el movimiento “Ni una menos” hace sólo tres años, que se manifestó abierta y masivamente, con la presencia de  tantas jóvenes, jovencísimas, el 8 de marzo pasado, y reapareció, fortalecida, convertida en una imparable marea verde, en junio pasado frente al Congreso Nacional, exigiendo el aborto legal, seguro y gratuito, muestra que lo que tenemos enfrente ya no es solamente un movimiento social; es algo más, es la sociedad en movimiento. Claro que en esta gran movilización convergieron dos olas: la primera, representada por aquellas mujeres y colectivos feministas que desde décadas vienen luchando por la ampliación de derechos, y que incluye una larga lista, parte de la cual fue citada por la diputada oficialista Silvia Lospennato en su conmovedora alocución en la cámara de Diputados; la segunda, ilustrada por la flamante vitalidad antipatriarcal de las jóvenes, jovencísimas de hoy, que a la lucha contra los femicidios y la violencia de género, sumaron el pañuelo verde.

La lucha por la legalización del aborto hizo que este movimiento se convirtiera en una nueva fuerza social, una revolución de alcances inesperados, donde las mujeres expresan una nueva solidaridad, un nuevo ethos, que une la defensa de derechos con la afirmación de la empatía; el reclamo por la autonomía de los cuerpos con la capacidad de comprensión mutua; la reivindicación de la emoción, la atención y el cuidado con la conciencia de la interdependencia. Estos son algunos de los valores del nuevo ethos feminista que hoy trae este movimiento de mujeres, convertido en sociedad en movimiento.

Nadie ignora que el conteo de votos es hoy adverso para la ley y que el debate en el Senado será durísimo. Pero una vez que los escenarios se abren, las dinámicas sociales y políticas adquieren un carácter recursivo. La ley del Matrimonio igualitario y la Ley nacional de Glaciares, ambas de 2010, también ingresaron perdiendo al Senado y finalmente, más allá del alineamiento de poderes (político, religioso, económico), fueran sancionadas. 

Mientras tanto, la marea verde en las calles llegó para quedarse. Y es nuevamente la sociedad en movimiento la que estará presente el 8 de agosto, atenta y multiplicada, exhortando a los y las legisladores, para que con su voto afirmativo honren el reclamo de las cientos de miles de mujeres en las calles; honren la representatividad que los inviste, tomen en sus manos esta gran oportunidad de hacer historia.

http://www.lavoz.com.ar/, 5 de agosto 2018

Periodista. Corresponsal de El Otro.
Activista feminista. Corresponsal de La Izquierda Diario.
Doctora en Sociología, investigadora y escritora.
Fuente:
Varias