Bulgaria: Las elecciones presidenciales, entre el nacionalismo sistémico y el voto antisistema

Ivaylo Dinev

Stanislav Dodov

30/11/2016

El pasado 13 de noviembre tuvo lugar la segunda vuelta de las elecciones presidenciales en Bulgaria.  Con una abrumadora mayoría, el general Rumen Radev se convirtió en el quinto presidente electo de Bulgaria.  Como el resultado de las elecciones presidenciales se ha hecho ya público, aprovechamos esta oportunidad para analizar los supuestos políticos que los explican.

Hay múltiples maneras de interpretar los resultados electorales.  Primero, como una victoria de Rusia sobre la Unión Europea.  En segundo lugar, como un aumento del voto antisistéma (lo que generalmente se entiende como una reacción contra el GERB [2]).  Tercero, como un cambio en el equilibrio de fuerzas entre el PSB (Partido Socialista Búlgaro, neoliberal-ex-comunista [3]) y el GERB (Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria, partido de centroderecha que ha estado en el poder con pequeñas interrupciones desde 2009), es decir, como la revitalización del PSB después de al menos dos años de agonizar en público y el colapso del segundo gobierno, profundamente atrincherado, del GERB.

Nuestra tesis es de un cuarto tipo, que explicaremos más adelante.

Los resultados de las elecciones [4]

Aunque previamente desconocido en el escenario político, el candidato del PSB, el piloto y general de la fuerza aérea Rumen Radev (en la foto), ganó la segunda vuelta electoral con casi un 60%, dejando a Tsetska Tsacheva (en la foto), candidata del GERB, con un poco más del 36%.

Después de la primera vuelta, los resultados fueron los siguientes:

En tercer lugar, después de Radev y Tsatcheva (que obtuvieron también el primer y el segundo lugar en la primera vuelta), con casi el 15% de los votos, quedó el candidato de la coalición nacionalista ("Patriotas Unidos"), Krasimir Karakachanov.  El cuarto lugar, con más del 11%, correspondió a Veselin Mareshki, un autoproclamado empresario y patriota, candidato del Movimiento de Liberación Nacional por una República Pura y Sagrada. En quinto lugar, con menos del 7%, se situó Plamen Oresharski, candidato independiente, apoyado por el DPS [5],  que fue primer ministro en 2013-2014 en el gobierno de coalición PSB, DPS y ATAKA [6], y que dimitió tras las protestas anti-corrupción contra su gobierno.  El sexto lugar correspondió al candidato del Bloque Reformista, una coalición pro-UE y pro-mercado, compuesta por seis partidos liberales de derecha, que obtuvo menos del 6% de los votos;  su candidato, Traicho Traikov, ex-Ministro de Economía, apoya el ACTA y la extracción de gas con fractura hidráulica en Bulgaria.

El Referéndum Chalga

Aunque los medios de comunicación internacionales lo han ignorado, simultáneamente con las elecciones presidenciales, tuvo lugar un referéndum muy importante sobre la reforma del sistema electoral, conocido como el Referéndum Chalga.  En los últimos tres o cuatro años han tenido lugar varios referéndums como medio de legitimar a varios dirigentes políticos a través de un pretendido apoyo popular "directo".  La iniciativa de Chalga tiene su origen en el "Show de Slavi" -el programa de televisión con más éxito en Bulgaria desde la privatización de los medios.  El presentador y productor, Slavi Trifonov, es conocido por su popularización de la música folclórica búlgara con arreglos modernos.  Pero también por apelar a los sentimientos nacionalistas de su audiencia y por difundir regularmente mensajes abiertamente racistas, xenófobos y homofóbicos.

Las cuestiones planteadas en el Referéndum Chalga eran casi idénticas a las promovidas por el presidente Plevneliev hace casi tres años, dos de las cuales ya han sido rechazadas por el Parlamento. El referéndum del presidente Plevneliev preguntaba, 1) ¿Apoya la elección de algunos de los miembros del parlamento por voto mayoritario?;  2) ¿Apoya el voto obligatorio en las elecciones y la toma de decisiones mediante referéndums nacionales?; y 3) ¿Apoya el voto electrónico a distancia? Las preguntas de Trifonov, por el contrario, fueron las siguientes: 1) ¿Apoya la elección de los miembros del Parlamento a través de un sistema de votación mayoritario, con un sistema de dos vueltas de mayoría absoluta?  2) ¿Apoya la introducción del voto obligatorio en las elecciones y los referéndums nacionales?  y 3) ¿Apoya que la subvención estatal anual prevista para la financiación de los partidos políticos y coaliciones sea de 1 lev por voto real en las últimas elecciones parlamentarias? [Esta última propuesta habría reducido significativamente la subvención a los partidos.]

A pesar de que los dos grupos de preguntas eran casi idénticos, las reacciones a los referendums fueron muy diferentes entre los creadores de opinión de la derecha [7]. Por ejemplo, Ognyan Minchev, sociólogo y politólogo, declaró lo siguiente en relación a la consulta propuesta por el presidente saliente Plévneliev:

La propuesta del referéndum llega en un momento en que la triple coalición gobernante [dirigida por el PSB entre mayo de 2013 y julio de 2014] quiere aplicar una ley electoral desarrollada a través de la experiencia, conocimiento y práctica de la compra de votos gitanos en barrios como Kyustendil y otros similares. A nadie debe extrañarle la reacción agresiva del circulo dominante y de la prensa a su servicio ante la propuesta del presidente Plevneliev”.

En respuesta a la actual consulta de Trifonov, Minchev ha cambiado por completo de opinión:

Dejando a un lado la cuestión de si es un signo de higiene cívica utilizar un programa de televisión de entretenimiento para propagar causas políticas, esencialmente la respuesta a las tres preguntas debe ser un decidido "No".  [...] Alguien podría preguntar: ¿por qué no votar “No” en el referéndum a las tres preguntas?  Porque al hacerlo, estaría legitimando el Referendum Chalga de unos catetos astutos que se hicieron un hueco en la televisión nacional.  Esa es la razón”.

El politólogo conservador Momchil Doitchev se refirió al referéndum del Trifinov en el mismo sentido:

El comunismo se acabó, pero su mentalidad permanece.  Especialmente en aquellos formados en esta mentalidad durante más de medio siglo y tres generaciones de "amplias masas populares".  El cadáver del comunismo está insepulto, pudriéndose al aire y ahora se ha convertido en un vampiro en el mausoleo de nuestra estúpida borrachera post-comunista.  La embriaguez de la libertad ha adormecido la razón, y el sueño de la razón ha dado luz a nuevos monstruos” [es decir, el nuevo referéndum].

Pareciera que la gente es capaz de elegir razonable y libremente sólo cuando las cuestiones las plantea una institución política de derechas (Presidente Plevneliev) y contra sus viejos enemigos nominales: PSB, DPS y ATAKA, que constituyeron el gobierno anterior.  Cuando unas preguntas prácticamente idénticas son planteadas por una figura popular como Trifonov, en un llamamiento a la unidad nacional democrática y contra el status quo (tal era la pretensión de su iniciativa, apoyada adicionalmente con un concierto-encuentro público en el centro de Sofía), la derecha conservadora y liberal responde con un discurso demófobo, de una dureza desconocida.  La condena más fuerte provino del candidato del Bloque Reformista, Traicho Traikov.  Después de sus débiles resultados en la primera vuelta de las elecciones, explícitamente llamó a quiénes no le votaron estúpidos e incapaces de tomar una decisión razonable (señalando explícitamente a los votantes de los principales partidos del anterior gobierno: PSB y DPS).

Teniendo en cuenta que las elecciones y el referéndum se celebraron al mismo tiempo, la importancia de este referéndum podría explicarse por: 1) la movilización popular en el proceso electoral [8];  2) la presentación del referéndum a favor o en contra del "sistema";  a favor del "status quo" o del "cambio";  3) la incitación demófoba del discurso de los círculos liberales y derechistas, que monopolizan los medios de comunicación y el activismo cívico;  y 4) el encuadramiento de toda idea de unidad y cambio en un marco nacionalista.

Al final, las tres propuestas en el referéndum fueron derrotadas por poco.

El voto "anti-sistema" y el nacionalismo sistémico

Como de costumbre, las elecciones establecieron una serie de líneas divisorias, de manera que  algunos sectores de la población pudieran ser atraídos y otros apartados.  Creemos que se han utilizado cuatro discursos en los debates políticos de las últimas semanas.

El más abstracto es el de la enemistad geopolítica - la orientación euroatlántica contra la euroasiática.  Se intensificó especialmente durante la segunda vuelta de las elecciones, cuando los dos candidatos, Radev del PSB y Tsatcheva del GERB, fueron descritos, respectivamente, como pro-ruso y pro-UE.  Esta división puede parecer incomprensible a muchos (incluyendo a nivel internacional), ya que Radev afirma que su objetivo es que Bulgaria sea un estado miembro de la UE en todos los sentidos.

La segunda dicotomía, que pasó desapercibida y no encontró eco en el debate público, es la de la elite contra la gente común (como los ejemplos citados en el contexto del referéndum de Trifonov).  Es una vieja narrativa, procedente sobre todo de los liberales de derecha búlgaros, que afirma que todo error político es el resultado del carácter atrasado, provincial, comunal, estúpido, etc. de la gente  Efectivamente, la demófobia tendenciosa de la derecha elitista alimentó en buena medida el voto de protesta y determinó el resultado de las elecciones.

Sin embargo, la principal confrontación discursiva, utilizada de manera inescrupulosa por todos los partidos y que se impuso a cualquier otro aspecto, fue la del voto sistémico contra el voto antisistema, del status quo frente al cambio, etc. Alcanzó el absurdo cuando los principales candidatos se declararon todos contrarios a la clase política corrupta.

La definición de lo que significa ser anti-sistema varía según los programas políticos, pero la narrativa nacionalista y conservadora permaneció incontestable, lo que demuestra que el nacionalismo sigue siendo asumido de manera más o menos consciente por la población (convirtiéndolo en sistémico).  De hecho, el nacionalismo parece ser una condición previa a cualquier declaración contra el status quo.  A diferencia de las recientes elecciones en Estados Unidos, esta narrativa no se encarnó en Bulgaria en un tema concreto, sino que fue apoyada abiertamente, pero de manera diferente, por prácticamente todos los candidatos y partidos.

Por ejemplo, en un vídeo de la campaña oficial, Rumen Radev, aparecía rodeado de banderas y fortalezas que recordaban que somos herederos de la gran Bulgaria medieval, cuando el país era rico y próspero (¡¿?!).  Durante una reunión con votantes declaró que la mayoría de los emigrantes en la frontera son emigrantes económicos y muy pocos de ellos huyen de la guerra de Siria.  Radev defiende limitar el número de refugiados al mínimo, y trasladar los centros de refugiados fuera de las ciudades.  Además, a pesar de que no tenía mandato para hacerlo, durante una conferencia de prensa después de la primera vuelta de las elecciones, apoyó la introducción de la enseñanza religiosa en las escuelas, ya que, según dijo, la Iglesia Ortodoxa es parte esencial de la identidad nacional búlgara. Por su parte, Tsacheva provocó un escándalo al afirmar que el interés nacional está por encima de los derechos humanos.  También está a favor de la creación de distritos segregados de refugiados.  El candidato de la coalición nacionalista "Patriotas Unidos ", Krasimir Karakachanov y el del Bloque Reformista (pro-EU y pro-mercado), Traicho Traikov, están de acuerdo en que la utilización de medidas represivas es una forma legítima de hacer frente a los emigrantes en la frontera, dado que los servicios de seguridad no tienen manera de saber quiénes  de ellos son terroristas y  cuales emigrantes económicos. El candidato del "Movimiento de Liberación Nacional para una República Pura y Sagrada",  Veselin Mareshki, dijo después de la primera vuelta que apoyaría al candidato que tuviera menos “votos gitanos”.

En ausencia de una fuerza progresista significativa, los discursos demófobos y nacionalistas parecen funcionar como dos inspiradores públicos, opuestos pero interdependientes. Cuanto más ataca a la gente común la derecha elitista, que controla la narrativa liberal pro-UE y pro-mercado en los medios de comunicación, por todos los males pasados, presentes y futuros en la vida política, con más fuerza abrazan los otros candidatos el nacionalismo, convertido en una agenda anti-neoliberal.  Esta lucha sin fin abre un vacío cada vez mayor de despolitización, cuyo resultado aún es incierto. Pero la situación política actual en el país es producto de este vacío.

Sin lugar a dudas, Radev ganó con el apoyo del voto nacionalista: el 64% de los votos para Karakachanov y el 50% de los de Mareshki le apoyaron en la segunda vuelta.  Pero después de semanas tormentosas de campaña electoral y a pesar de las crecientes predicciones de crisis política, este trasvase de votos nacionalistas no es suficiente para explicar la situación actual.

Al analizar los resultados, no podemos dejar de notar algunas contradicciones.  ¿Por qué sólo el 20% de los que votaron a Tsacheva no son partidarios abiertos del GERB?  ¿Por qué Radev lidera en todos los grupos de edad?  ¿Por qué obtuvo el apoyo del 31% de los que votaron por Traikov (el candidato anticomunista)?  ¿Por qué atrajo alrededor de 200.000 votos del DPS, que no corresponden a los búlgaros étnicos a los que dirige su discurso político?

Interregno

La clave para entender la situación es reconocer la ferviente explotación de la idea de cambio y las posibilidades para conseguirlo.  De hecho, pudiera ser el punto de partida para el surgimiento de una fuerza progresista significativa, a condición de que logre superar el vacío antes mencionado.

En la actualidad, el único cambio significativo es la dimisión del gobierno tras el anuncio de los resultados electorales.  Así se prometió cuando, en octubre, el primer ministro Borisov advirtió que si el candidato del GERB perdía las elecciones, presentaría la dimisión de todo el gobierno (que, por cierto, justificó como una manera de acatar la "voluntad del pueblo").  Actualmente se ha iniciado el proceso para el nombramiento de un nuevo gobierno interino, en consultas entre el nuevo y los anteriores presidentes.  Y se espera que las nuevas elecciones parlamentarias se celebren a principios de abril.

La renuncia del gobierno, según han interpretado los medios de comunicación, refuerza la narrativa política dominante en dos aspectos.  Primero, ayuda a crear la impresión de que, al ser por su propia culpa, Borissov estaba gestionando mal el sistema neoliberal,  pero que este es intachable.  El gobierno anterior es juzgado principalmente por algunas políticas mal implementadas y por corrupción (mal uso de los fondos europeos, reformas legales aplazadas, una controvertida reforma electoral, etc.) y no por las consecuencias negativas de las políticas neoliberales en el ámbito social y económico (reforma importante de la educación, nuevas medidas de austeridad en el sector sanitario, etc.).  En otras palabras, Borissov es condenado por todas las políticas neoliberales que no aplicó, no por los efectos de las que si implementó.

En segundo lugar, confunde las razones del atractivo popular de Radev, que no es reducible al nacionalismo.  Aparte de su forma pasiva o activa de alentar el nacionalismo y más allá de su demofobia sin precedentes, el mayor defecto de los políticos de derechas (desde los "patriotas" a la derecha elitista del Bloque Reformista, pasando por el GERB) reside en algo mucho más importante: en su incapacidad intrínseca de ver y hablar del sufrimiento social (y mucho menos combatirlo con políticas adecuadas).  Radev, de una manera muy similar a Trump en los Estados Unidos, defendió la dignidad del búlgaro común y esto es algo que permaneció en gran medida inadvertido en el discurso de los medios de comunicación durante la campaña electoral.  Esta es la razón por la que paso desapercibido otro hecho extraño (por lo menos para nosotros): que esta retórica electoral tenía su origen en el candidato del PSB - un partido que ha introducido el impuesto único y que ha apoyado la privatización en masa de los años 90.  Tan extraño como cuando esas declaraciones en apoyo al ciudadano medio las hace un multimillonario como Trump [9].

Aunque los medios de comunicación búlgaros no quieren reconocerlo, una parte muy significativa de la población está cansada de las medidas de austeridad en el ámbito social, cree que pierde influencia en la vida política y tiene que soportar las idas y venidas continuas de las luchas inter-oligárquicas en esos mismos medios de comunicación.  Todo ello fue reconocido abiertamente (señal de la despolitización de la vida política) por uno de los principales medios de comunicación de la derecha, Economedia, un día después de las elecciones.

En este contexto, Radev afirmó que él es uno de nosotros y que va a trabajar por la dignidad de todos.  Era un militar desconocido, respaldado por uno de los principales partidos que cuando llegan las elecciones tradicionalmente expresa su preocupación por la justicia social. Además de esta preocupación -que casi nunca se extiende a las elecciones pasadas- Radev desplegó para movilizar a los búlgaros una retórica nacionalista, un profundo temor a los "extranjeros" y la degeneración nacional, condenó tratados como TTIP y CETA, mantuvo una posición distante, pero en última instancia leal hacia la UE, y expresó un odio abierto hacia la mayoría gobernante. Frente a él apareció una mujer (Tsatcheva) con experiencia política y conocida por los electores, que se presentó como la representante del status quo.

Todo esto se tradujo en el siguiente "discurso de campaña”: "Borisov era arrogante , subestimó al enemigo, y encima propuso una candidata que nunca podía ganar". La distinción entre apoyar al "sistema" y estar en contra del sistema, tan celosamente presente pocos días antes de las elecciones, simplemente se desmoronó en el discurso partidario, parlamentario y geopolítico.

En el clima post-electoral de Bulgaria creemos que es crucial prestar atención a cómo se discute la crisis resultante, ya que debemos identificarla y analizarla correctamente antes de que podamos encontrar soluciones.  En nuestra opinión, esta es la clave de los acontecimientos de las últimas semanas: si el apoyo a Radev fue un voto de castigo contra el GERB, también fue un voto contra el gobierno neoliberal, que causó estragos en el país durante casi siete años.  A partir de esta dicotomía se produjo la polarización a favor o en contra del "sistema", a favor del "status quo" o por el "cambio".  Puede ser útil que los círculos progresistas reflexionen sobre esta explicación de la situación política actual.

Si ignora a aquellos que celebran la victoria de Radev como la de una voz auténticamente democrática a favor de un cambio real, la izquierda búlgara, que no participó una vez más en las elecciones, tiene dos opciones.  Puede quedar atrapada en las fronteras nacionales y asistir en pánico a la consolidación del espíritu fascista, o puede discernir el potencial crítico y popular de la situación y tratar de movilizar el descontento de la gente en una dirección verdaderamente democrática.  Esta movilización podría tener lugar junto a la izquierda en Occidente, que también siente esa necesidad después de la victoria de Trump.

Notas:

 [1] Cabe señalar que las funciones del Presidente de Bulgaria son representativas, electorales, militares y de veto, así como de arbitraje.  La institución no tiene poder legislativo.

 [2] Ciudadanos para el Desarrollo Europeo de Bulgaria (GERB) es un partido formado alrededor de Boyko Borissov, antiguo guardaespaldas del ex líder comunista Todor Zhivkov, ex secretario del Ministerio del Interior en el gobierno del exrey Simeon Koburggotsky, ex alcalde de Sofía y primer ministro en dos gobiernos búlgaros.  Bajo el gobierno del GERB, se aplicaron las políticas neoliberales más duras, con el apoyo de prácticamente todo el espectro político. 

 [3] El Partido Socialista Búlgaro (PSB) es considerado el principal heredero del partido comunista búlgaro (BKP) que gobernó antes de 1989.  El PSB, junto con el Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS) y el nacionalista ATAKA formaron la coalición del anterior gobierno búlgaro de mayo de 2013 a julio de 2014. El entonces primer ministro y reciente candidato presidencial Plamen Oresharski presentó la dimisión del gobierno después de las protestas populares.  En una coalición de gobierno anterior, entre 2005 y 2009, el partido introdujo el impuesto único más bajo de la UE.  El PSB alardea regularmente en público de sus conexiones con Moscú, colabora con los círculos oligárquicos, y es el representante de los nostálgicos del anterior régimen.

[4] Datos de la Comisión Electoral Central.

[5] El Movimiento por los Derechos y las Libertades (DPS) es un partido creado  en los albores de la transición búlgara (en 1990) con el objetivo de proteger los derechos y los intereses de las minorías étnicas del país.  A lo largo de varios años el DPS logró convertirse en uno de los mayores partidos de Bulgaria, con una orientación liberal y una estructura influyente y disciplinada a nivel nacional.  Incluso hoy hay innumerables acusaciones de malversación contra el fundador y ex líder del partido, Ahmed Dogan.

[6] Partido nacionalista famoso por sus mensajes populistas y conexiones con Rusia.  Fundado en 2005 por Volen Siderov - periodista y presentador de televisión, ex-miembro del primer partido democrático después de los cambios (Unión de las Fuerzas Democráticas) y ex redactor jefe del periódico Demokratsia.

[7] Lo que advertimos gracias a un post de Facebook de Zhana Tsoneva.

[8] La participación electoral alcanzó un nuevo récord, y por primera vez la participación en las elecciones presidenciales fue mayor que en las últimas elecciones parlamentarias.  Por supuesto, hay que tener en cuenta que el voto obligatorio se introdujo por primera vez en estas elecciones. Todavía hay que analizar la relación entre voto obligatorio y el descontento popular, y qué tipo de tendencias operan en el proceso.

[9] En este sentido, es interesante la asociación que Mareshki hace entre las elecciones presidenciales en Bulgaria y las elecciones en los EE.UU. en una entrevista para Dnevnik : “En estos momentos no tenemos las opciones de la gran democracia - los EEUU.  Después de todo, allí la gente pudo elegir entre candidatos sistémicos y anti-sistémicos. En Bulgaria, las autoridades lograron privarnos de esa opción.  Esta es la razón por la cual, en este momento, la opción es entre el GERB y el PSB-DPS.  No es una elección real entre candidatos presidenciales.  Sino entre como gobierna el GERB o el tándem PSB-DPS”.

poeta y antropólogo. Durante 2013-2014, fue uno de los líderes informales del movimiento de protesta estudiantil en Bulgaria.
estudia Filosofía y Pedagogía. Es redactor de la revista electrónica dVERSIA. net
Fuente:
http://www.criticatac.ro/lefteast/the-presidential-elections-in-bulgaria-between-systemic-nationalism-and-the-anti-systemic-vote/
Traducción:
Enrique García