Cambio de socios

Daniel Raventós

21/05/2006

 

Las Cortes del Reino de España votaron el 18 de mayo una reforma fiscal. Lo que se sabía al respecto desde hace algunas semanas no permitía ser demasiado optimista. Los aliados parlamentarios de izquierda hasta ahora del partido en el gobierno, es decir, Esquerra Republicana de Catalunya (ERC) e Izquierda Unida (IU), han sido substituidos en la negociación previa de la propuesta que se presentó  a las Cortes por dos partidos de centroderecha, el Partido Nacionalista Vasco y Convergencia i Unió. La ruptura en el gobierno catalán entre el Partit Socialista de Catalunya y ERC, ruptura que no solamente habrá regocijado a la derecha española (PP), sino seguramente tranquilizado también al grueso del PSOE fuera de la nación catalana, con alguna microscópica y heroica excepción, ha acelerado el acercamiento gubernamental a los partidos de derecha en temas que eran más difícilmente aceptables por parte de la izquierda. El de la reforma del Impuesto de la Renta de las Personas Físicas (IRPF) era uno de los temas más importantes. El resultado de ese glissement à droite era previsible. Hay quien de forma muy gráfica ha calificado esta operación como la “tercera reforma fiscal del Partido Popular”. Las dos reformas impositivas del PP –ofende a la inteligencia del lector el recordarlo— favorecieron a las rentas más altas. La presente reforma no supone solución alguna de continuidad con el esquema básico de las reformas tributarias de los gobiernos del PP.

En el Reino de España existen oficialmente 677.089 personas físicas que tienen un patrimonio superior a los150.000 euros (sin contar los bienes inmuebles): el 1,5% aproximadamente de toda la población. Según la última clasificación de las personas más ricachonas del mundo realizada por la revista Forbes, Amancio Ortega era el más acaudalado súbdito de la monarquía española, con una fortuna valorada en casi 15.000 millones de dólares, ocupando el puesto 23 mundial de tan privilegiada clasificación. Los Amancio Ortega y las grandes fortunas pueden estar tranquilos con el nuevo IRPF que pronto se aprobará en las Cortes. Tranquilos y contentos.

Los aspectos más importantes de esta esperada reforma del IRPF son los siguientes:

- El tipo máximo pasa del actual 45% al 43%.

- Se pasa de los cinco tramos actuales a cuatro.

- Se establece un tipo único del 18% (hasta ahora, era del 15%) para todas las variedades de ahorro: cuentas bancarias, fondos de inversión, etc.

- Se retocan algunos detalles de las desgravaciones por vivienda, pero se mantiene el 15% de deducción con un máximo de 9.015 euros anuales.

Se mantiene una diferencia importante entre la base especial y la general (es decir, no todos los euros tributan con el mismo criterio, puesto que dependiendo de su origen lo hacen en mayor o menor cuantía). Se rebaja el tipo máximo (es decir, el de las rentas más altas). Y poca cosa más.

Una de las grandes cualidades que según el gobierno tiene esta reforma es que el IRPF se simplifica. Se aduce como prueba: que se pasa de los mencionados cinco tramos actuales a los cuatro propuestos. Llamar simplificación al paso de cinco a cuatro tramos impositivos es una sandez. Lo que se gana en simplicidad por reducir un tramo es insignificante. Si se quiere hablar en serio de simplificación del IRPF, tendríamos que concretar otras muchas cosas que han sido ignoradas en esta reforma. Por ejemplo: una integración del sistema fiscal con el de la política social. Por ejemplo: una convergencia de los tipos impositivos del IRPF para cualquier renta sin que importe su origen, es decir, que se aplicase la misma tarifa tanto en la base general como en la base especial del impuesto, que es lo mismo que afirmar que se suprimiese la diferencia entre estas bases impositivas.

La reforma del IRPF votada el 18 de mayo se acompaña de la reducción del impuesto de sociedades. Ya en noviembre de 2005 se anunció que el gobierno del PSOE pensaba rebajar el impuesto de sociedades de las grandes empresas, es decir, las que facturan más de 8 millones de euros anuales: bajará del 35% al 30% (véase en SP: La competición fiscal, carrera hacia el abismo). Ahora se ha confirmado y se anuncia que los plazos para la reducción se abrevian.

Serán unos 4.500 millones de euros los que dejará de recaudar el estado con motivo de la reforma tributaria, tanto la que afecta al IRPF como al impuesto de sociedades a las grandes empresas (el ya mencionado recorte del 35% al 30%) y a las pequeñas y medianas empresas (que quedará reducido al 25%). Se continúa, pues, con la voluntaria pérdida de capacidad impositiva directa. Una vez que los ingresos patrimoniales de los estados europeos han disminuido de forma contundente en las últimas décadas con motivo de la privatización a la que fanáticamente se han adherido casi todos los gobiernos, los ingresos fiscales representan el 90% del total de los ingresos de dichos estados. A la vista de esta proporción, es trivial la inferencia que cualquier decremento de la recaudación impositiva directa solamente puede ser compensada por un incremento de la recaudación impositiva indirecta. Es decir, lo que ha ocurrido en los estados europeos en los últimos años.

Daniel Raventós es miembro del Comité de Redacción de SINPERMISO

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Fuente:
www.sinpermiso.info, 21 mayo 2006