Catalunya: El Parlament en el laberinto

David Companyon

14/01/2018

Es conocida la leyenda del laberinto de Creta, formaba parte del palacio de Cnosos y era de una sofisticación tal que salir era una odisea. Minos, el rey de Creta,  hizo encerrar en él al Minotauro, que era calmado periódicamente con sacrificios humanos provenientes de la ciudad de Atenas, que al perder la guerra contra el rey Minos, se le impuso como tributo el envío, cada nueve años, de siete doncellas y siete muchachos en la flor de la vida, su destino era ser devorados por el Minotauro. Cuando debía cumplirse por tercera vez tan humillante obligación, el príncipe ateniense  se hizo designar como uno de los siete jóvenes, con el propósito de dar muerte al Minotauro y liberar a los atenienses de la humillación. Ariadna, hija de Minos, se enamoró de él y le enseñó el sencillo ardid: ir desenrollando un hilo a medida que avanzara por el laberinto para poder salir más tarde. Teseo mató al Minotauro, volvió siguiendo el hilo y huyó de Creta con Ariadna.

Permítame el lector esta referencia al Laberinto de Creta, al hilo de Ariadna y al Minotauro (que toma cierta semejanza con el artículo 155) como alegoría para reflejar la situación en la que se adentra la constitución del Parlament de Catalunya y la formación del nuevo gobierno tras las elecciones del 21 de diciembre pasado, convocadas por Rajoy mediante un decreto a partir de la aplicación del artículo 155 (a mi juicio abusiva e inconstitucional, pues un decreto no puede modificar una ley orgánica como el Estatut que es el que regula la disolución del Parlament, el gobierno o la convocatoria de elecciones) con la maquinaria judicial ya a pleno rendimiento y con los líderes independentistas en prisión o en Bruselas y acusados de rebelión y sedición.

El 21D entre el espejo y la realidad

Para analizar la sesión de constitución del Parlament de Catalunya, el próximo miércoles, es necesario hacer alguna consideración sobre las elecciones del 21-D. La primera es la participación, superior al 82%, la mayor nunca registrada en Catalunya y son un espejo de la situación del país, un espejo refleja la realidad, aunque la realidad es mucho más compleja que la imagen que vemos reflejada en forma de votos y diputados.

¿Qué nos muestra ese espejo laberíntico? Que, a pesar de esas circunstancias excepcionales, sigue habiendo una mayoría absoluta de diputados y diputadas independentistas, pero también que no hay una mayoría social independentista abrumadora, como algunos pensaban tras la gran movilización que supuso el referéndum del 1 de octubre. El independentismo ha vuelto a ganar en escaños (70 en lugar de los 72 de hace dos años) pero sin llegar al 50% de los votos (47'5).

Ciudadanos fue la fuerza más votada en votos y en escaños, se ha convertido en primera fuerza política con el 25'3% de los votos y 36 escaños pero sin poder gobernar junto a los otros dos partidos del 155 (PP y PSC-PSOE) han sumado tan sólo el 43'3% de los votos y 57 escaños. Pero los partidos que apoyaban la aplicación del 155 constataron, pese a la extraordinaria participación, que esa “mayoría silenciosa” a la que apelaban y que si iba a votar ganaría las elecciones resulta que no era tal mayoría.

Si la fuerza de la campaña de C’s era su mensaje simple: “Si quieres que se acabe el procés, vota Arrimadas”, en el lema iban incluidos un montón de valores no sólo contra la independencia, también contra las élites que han dirigido el procés, olvidando la insufrible situación de desigualdad social. La buena campaña de su candidata y la imagen desgastada del bipartidismo de PSC-PSOE y sobretodo de un PP con hedor a corrupción hizo el resto. El mismo molde era usado por JxCat: “Si quieres que vuelva Puigdemont, vota la lista de Puigdemont”, en él iba incluido el voto contra las élites del Estado Español, cada vez más autoritario, el recuerdo del 1 de octubre y las cargas policiales, la manifestación de Bruselas y la resistencia contra un 155 que arrasa las instituciones de autogobierno y encarcela a los dirigentes independentistas.

Hay otros datos interesante en ese espejo: Una mayoría clara contraria a la aplicación del artículo 155: Junts per Catalunya, ERC, Catalunya en Comú-Podem (CatECP) y la CUP, suman 78 escaños, doce puntos y 21 escaños más que Cs, PSC y PP. Esta mayoría contra el 155 está compuesta por fuerzas soberanistas, aquellas que proclaman que Catalunya es una nación y tiene el derecho a decidir su relación con el Estado mediante un referéndum de autodeterminación, y en esa mayoría, las izquierdas (ERC, CatECP i CUP) tienen más votos y escaños que JxCat: 44 frente a 34. Un frente democrático contra el 155 debería existir y actuar y las izquierdas deberían estar dispuestas a liderarlo.

Hay quién prefiere hacer, sobre todo desde una parte de la izquierda refractaria a la llamada “cuestión nacional”, una lectura que consiste en decir que ha ganado la derecha neoliberal (C’s y JxCat) y que junto al PP tiene la “verdadera” mayoría absoluta 74 escaños frente a 61, autoflagelándose del retroceso de la izquierda alternativa en las elecciones –especialmente de CatECP (3 escaños) y la CUP (6 escaños), teniendo en cuenta que la campaña era mucho más favorable a la CUP que no a CatECP.

Goethe en Fausto escribía: “la teoría es gris, pero verde es el arbol de la vida” o en palabras de Josep Ramoneda, en un artículo reciente: “¿Alguien se puede creer seriamente que el 47% de electores que votan partidos independentistas son conservadores, abducidos por fantasías del pasado, clases medias que se mecen en el clientelismo, educadas en el odio en los españoles? O que el 43% que vota los partidos llamados constitucionalistas son unos inadaptados, reactivos en todo lo que sea catalán, llenos de españolismo e incapaces de entender la tierra donde viven?”.

Situar el conflicto que vive Catalunya en un eje único “derecha-izquierda” y decir que la cuestión nacional sólo sirve para desdibujar a la izquierda nos lleva a salir de una “zona de confort” y no entender esa realidad tan compleja que el espejo no puede reflejar y, que en todo caso no va a determinar los próximos pasos en la constitución del Parlament y de la Generalitat.

El 21D nos deja unas lecciones sobre las que reflexionar en la nueva etapa:

a) La independencia, objetivo legítimo de más de dos millones de catalanes, no será pasado mañana y menos por la vía unilateral, no por unilateral sino porque no cuenta con una mayoría social capaz de imponerla (no entro aquí en cómo de nefastamente se gestionó). Hoy en día sólo hay una vía unilateral: la que impone el Estado Español negándose a cualquier diálogo y pacto con la mayoría de las fuerzas políticas catalanas que quieren resolver democráticamente el conflicto mediante un referéndum acordado y vinculante.

b) También que una amplia mayoría del pueblo catalán rechaza la suspensión del autogobierno perpetrada a través de la aplicación del artículo 155 de la Constitución y de que haya líderes políticos y sociales en prisión o en Bruselas (mientras Urdangarín o políticos corruptos paseándose por las calles pese a tener sentencias condenatorias).

c) La aritmética parlamentaria nos dice que existen tres mayorías, pero unas pueden operar y otras no: la independentista, la soberanista contra el 155 y la de derechas. Las dos primeras son operativas y la segunda suma ocho diputados más que la primera. En las dos primeras hay más votos y diputados de izquierdas. La tercera no puede transitarse simplemente porque sus componentes (C’s, JxCat y PP) se autoexcluyen.
 
La constitución de la Mesa del Parlament

El próximo miércoles está convocada la sesión constitutiva del Parlament de Catalunya. Una sesión convocada bajo el 155 (por un señor que tiene el mismo nombre que otro que aparece en los papeles de Bárcenas: M. Rajoy) con un único punto en el orden del día: la elección de la Mesa del Parlament que consta de tres votaciones: la presidencia, las dos vicepresidencias y las cuatro secretarías. En total se escogen siete diputados o diputadas para ser integrantes de la Mesa. Se pueden presentar todos los diputados y diputadas.

Una vez constituido, el president o presidenta del Parlament, dentro de los diez días siguientes, una vez consultados los grupos parlamentarios, debe proponer un candidato o candidata a la presidencia de la Generalitat que es elegido si obtiene la mayoría absoluta en primera votación o mayoría simple en segunda votación (que obligatoriamente debe ser diputado o diputada -a diferencia del Parlamento español-). Si no obtiene la investidura, se abre un periodo, de cómo máximo dos meses desde la primera votación, para que un candidato o candidata sea elegido. Si transcurridos dos meses nadie es elegido, la legislatura queda automáticamente disuelta y se convocan elecciones de manera inmediata.

Los resultados electorales implican una Mesa compuesta por dos miembros de C’s, dos de JxCat, dos de ERC i uno del PSC. Para que en la Mesa entraran CatECP o la CUP es necesario que JxCat o ERC renunciaran a uno de sus puestos. Ello implica, lógicamente un acuerdo político y todo acuerdo político define qué tipo de legislatura tendremos por delante  con que mayorías, con que hilo de Ariadna, transitar por el laberinto para matar al Minotauro… y claro, también designar quién sería Teseo.

Los Comuns ya han dicho que no investirían a Puigdemont, pero no es lo mismo votar en contra que abstenerse, este “matiz” es importante debido a que difícilmente los diputados en prisión podrán asistir tras el último auto del juez Llarena.

Pero antes de escoger President de la Generalitat, los y las diputadas deberá responder a quién ocupa la Presidencia del Parlament (que es quien convoca la sesión de investidura a President/a de la Generalitat, ya no lo hará M. Rajoy), la vicepresidencia primera o segunda, o cada una de las cuatro secretarías y eso depende de los acuerdos o de la ausencia de ellos. Pero un acuerdo sobre la Presidencia del Parlament (quien la ostenta es la segunda autoridad de Catalunya) lleva implícito (especialmente en el caso de gobiernos de coalición) un acuerdo sobre quién preside la Generalitat, quién será el/la conseller en cap (lo que sería un primer ministro), cuántos consellers de cada partido, qué carteras llevará cada partido, etc. Si no hay un acuerdo sobre el todo, no lo hay sobre la parte. Ya nos adentramos en el laberinto.

¿Qué pasa si no hay ningún acuerdo? Para la elección de la Presidencia, cada diputado/da tiene que escribir un solo nombre en la papeleta, y sale elegido quien obtiene la mayoría absoluta. Si no se alcanza esta mayoría, se debe repetir la elección entre los dos diputados que se hayan acercado más a la mayoría, y sale elegido quien obtiene mayor número de votos. En caso de empate, se debe repetir la elección, y si persiste después de cuatro votaciones, se considera elegido el candidato/ta del grupo parlamentario con más diputados. Es decir, si JxCat y ERC no llegan a ningún acuerdo y se votan a sí mismos… la Presidencia sería para el candidato de Ciudadanos, Espejo Saavedra.

Podemos descartarlo al 99,99%, también porque no llegar a ningún acuerdo significa de facto tener todos los números para repetir elecciones y, en las circunstancias actuales, una repetición sólo significaría poner en riesgo lo que ya se tiene: una mayoría independentista y eso sólo beneficiaría a los partidarios del 155 (además de prorrogar su aplicación hasta las siguientes elecciones).

Lo que hasta ahora sabemos es que de 7 miembros de la Mesa, cuatro pueden ser de JxCat y ERC, es decir una Mesa con mayoría independentista.

Lo primero que se ha debatido es que tipo de mayoría iba a tener la Mesa. Las negociaciones, contactos son digámoslo así, informales y lo que se dice en una reunión se desmiente en otra, lo mismo que lo que se filtra a la prensa es siempre interesado y de parte. Vayamos a los hechos. JxCat ha ofrecido formalmente uno de sus dos puestos en la Mesa a la CUP, que esta acepta siempre que se concrete una “legislatura republicana”.

ERC ha insinuado lo mismo, aunque no formalmente, a CatComú, a la formación de Xavier Domènech también les han llegado ofertas desde Ciudadanos (y del PSC), incluso para presidir la Mesa, siempre que vote Arrimadas para Presidenta de la Generalitat. El bloque del 155 cuenta con que los ochos diputados independentistas no puedan acudir al Parlament y ello altere el resultado de las elecciones a su favor, para ello necesitan los votos de CatECP. La portavoz de los “comuns” ya lo ha descartado de plano, con la consiguiente rabieta de Albert Rivera.

Se concreten o no las “ofertas” a la CUP y a CatECP, entre ambas propuestas hay todo un mundo: JxCat quiere que la Mesa refleje una mayoría independentista nítida (y que de paso interprete el Reglamento favorablemente a su propuesta de votación telemática o por sustitución de su candidato a la Generalitat, Carles Puigdemont), mientras que la de ERC -si concreta la propuesta que hizo a los Comuns- optaría porque la Mesa reflejase la mayoría, más amplia, de diputados soberanistas contra el 155, los Comuns esperan si se concreta per ya han dicho que no será a cambio ni de forzar el reglamento de manera que Puigdemont (aunque no lo votasen en el Pleno) pudiese optar a la investidura por vía telemática o por delegación.

Para la Presidencia del Parlament suenan muchos nombres, especialmente de ERC puesto que todo indica que la presidencia de la Generalitat será para JxCat como fuerza más votada de la mayoría independentista. Suenan Ernest Maragall, Raül Romeva y Antoni Castellà. Curiosamente ninguno de ellos procedentes de ERC (el primero proviene del PSC, el segundo de ICV y el tercero de la extinta Unió de Duran Lleida). Parece que quien tiene más posibilidades es Ernest Maragall, hermano del expresident de la Generalitat con el tripartito de izquierdas, Pasqual Maragall.

Carme Forcadell ya ha despejado una de las incógnitas: no se presentará a la reelección. Será la primera vez que una persona que ha ejercido la Presidencia continúe como diputada “rasa”. Forcadell ha justificado su decisión alegando que quien ejerza el cargo debe estar libre de procesos judiciales. También quien aparecía como recambio de Forcadell, Carles Mundó, conseller de ERC, que estuvo en la cárcel y encausado en el Tribunal Supremo, ha decidido no recoger la acta.

Es en la Presidencia y la Mesa sobre la que recae la interpretación del Reglamento y que Puigdemont pueda ser elegido o no. Los letrados del Parlament asesoran a la Mesa, pero es esta la que decide y el nudo gordiano reside ahí. JxCat ha dicho que Puigdemont volverá sólo como President. Para ello es imprescindible que la Mesa adecue la votación a la estrategia de Puigdemont: restituir del gobierno legítimo.

Es obvio también que el Estado utilizará todos sus resortes para evitarlo a toda costa. No en vano las primeras querellas cayeron sobre la Mesa mucho antes de las jornadas de octubre. Como apuntábamos más arriba, el juez Llarena ya ha rechazado la petición de Junqueras de ser trasladado a una prisión catalana para poder acudir a los plenos del Parlament y ha “delegado” en el Parlament (es decir en la Mesa) cómo se puede delegar el voto estando en prisión o Bruselas (algo que el Reglamento no contempla).

Con el auto quedan meridianamente claras tres cosas que condicionan y mucho la legislatura: Que los encarcelados (Junqueras, Forn i Sánchez) no podrán acudir al Parlament presencialmente y que el motivo no es por lo que hicieron, sino por lo que puedan votar (una nueva prueba del carácter político de su detención). Se les niega el derecho a estar presentes en la investidura y representar a quienes les han votado, se les aplica un derecho penal que va más allá de la ley antiterrorista algo que no se negó ni al miembro de ETA, Yoldi, cuando se le permitió ir a la cámara vasca a presentarse a candidato a Lehendakari como diputado de Herri Batasuna.

La Mesa deberá, pues, tomar decisiones de gran transcendencia en pocos días. Si no son del agrado de los partidos del 155, deberán también responder a las diversas reconsideraciones que harán en la Junta de Portavoces y todo ello irá inmediatamente al Tribunal Constitucional para que dicte la suspensión de la sesión o incluso suspender la votación de investidura durante la sesión para evitar que en ningún caso Puigdemont vuelva a ser elegido y pueda nombrar gobierno que sería también suspendido: Un nuevo escándalo político y jurídico.

El hilo que lleva hacia el gobierno

En las declaraciones públicas los argumentos más radicales corresponden a JxCat y no a ERC. La retórica de JxCat cada vez es más parecida a la de la CUP: “Hacer República es elegir a Puigdemont. O Puigdemont o repetición de elecciones. Nunca eligiremos a Junqueras, sería como acatar el 155, etc”. Una nueva versión del relato “procesista” en la que la fórmula siempre pasa porqué el candidato es el de Convergencia o el PDeCAT. Su negativa a investir Junqueras y preferir nuevas elecciones lo deja claro y ERC parece presa del relato “legitimista” que la “lista del President” se ha apropiado en exclusiva.

JxCat es un artefacto básicamente compuesto por tres partes y no homogéneas entre sí: el pinyol (núcleo) de Puigdemont, los pocos diputados con carnet del PDeCAT y en medio un conglomerado de diputados y diputadas que se comprometieron con una idea-fuerza: restituir al govern legítim. Un todo o nada que ha dejado perplejo al propio Artur Mas que ha ido clamando por radios y televisiones por un gobierno estable, presidido por el PDeCAT, que se articule sobre una mayoría independentista que ahora depende mucho menos de la CUP, pero lo que hemos conocido esta semana es la dimisión del propio  Artur Mas como presidente del PDeCat en las vísperas de la sentencia del Cas Palau en el que Convergència y él, como máximo responsable, posiblemente reciban una condena de órdago. Es muy posible que Mas se haya adelantado y así no haya de asumir responsabilidades políticas, pero también en su discurso dejó entrever las discrepancias sobre el rumbo que tomaba JxCat.

Cierto que JxCat no se parece mucho al PDeCAT con el que Artur Mas quiso refundar CDC para blanquearla de los casos de corrupción del 4%. Se parece más bien a una opa al PDeCAT, el tiempo dirá si hostil o no, de momento ninguno de sus dirigentes estará en el Parlament, pero es la manera en la que el PDeCAT ha encontrado para seguir ostentando la hegemonía institucional y así aislar a  ERC a la que se la tachó de claudicar ante el 155 cuando hizo un asomo de autocrítica en las semanas posteriores al 27 de octubre, incluso a Joan Tardà, a pesar de que tenían a Junqueras en la cárcel.

Pero el hilo de Puigdemont hacia el gobierno es muy débil más allá del discurso “legitimista” y necesita que ERC se postre a sus planes, al menos de momento. ¿Tendremos nuevas “astucias” como el gobierno técnico que proponía Mas-Colell con un/a President/a en forma de conseller en cap i un President legítimo, aunque no escogido por el Parlament, en Bruselas?

Teseo no sólo quería matar al Minotauro, quería salir con vida del laberinto. El hilo del 1 y del 3 de octubre fue una de las mayores demostraciones de desobediencia civil frente a un poder que utilizó una represión brutal para impedir una votación legítima. Decenas de miles defendieron las urnas y dos millones fueron a votar. ¿Cómo reprendemos ese hilo republicano sabiendo lo que ahora sabemos?  

Sin entrar cómo se puede plantear gobernar desde Bruselas, el órdago de investir a Puigdemont implica un enfrentamiento con el Estado, sí, pero ¿Sirve para derrotar al Minotauro, al 155? O permitirá al Estado prolongar su aplicación y que un partido el PP que es el más interesado en mantener la confrontación en los actuales términos siga gobernando las instituciones catalanas… con cuatro escaños. ¿Hasta cuándo?

¿Y todo esto sólo como un combate parlamentario, sin una movilización social que fuerce al Estado a retroceder?. Ya vimos lo que pasó el 27 de octubre, no falló el pueblo dispuesto a defender la República como lo hizo con el 1 de octubre, quienes la proclamaron marcharon sin arriar la bandera española, ni publicar un decreto.  En todas las combinaciones que puedan darse lo que determinará será si el movimiento social a favor del derecho a decidir y contra el 155 (en todas sus variables incluido el 135) avanza o retrocede, si el Estado da una nueva vuelta de tuerca al 155 o si el régimen 78 de muestras de debilidad para imponer sus medidas involutivas. La pugna entre PP y Ciudadanos también operará en la crisis y las izquierdas deberían saber aprovecharse de ello.

El miércoles tendremos resuelta alguna de las incógnitas de este principio de legislatura marcada por la espada de Damocles del 155, la intervención financiera de la Generalitat con el 135 y la Ley de Estabilidad Financiera que sigue atacando los recursos de la Comunidades Autónomas y por tanto exigiendo recortes en sanidad, educación…

Pero seguiremos teniendo las principales incógnitas sin resolver. ¿Cómo  hacer frente a la amenaza de recursos que bloqueen la presentación de Puigdemont? ¿Cómo forzar la vuelta de los exiliados? ¿Cómo acabar con los presos políticos? ¿Qué alternativas de gobierno? ¿Cuál será el programa de gobierno? ¿Qué objetivos tendrá ese gobierno, sobre qué alianzas visto el bloqueo a la vía unilateral?

Y más importante: ¿Cómo hacer políticas republicanas sin instituciones republicanas? ¿Cómo recuperar el normal funcionamiento de la Generalitat tras el 155 y con la gestión económica intervenida y con el presupuesto prorrogado? ¿Cómo utilizar el Govern para construir una mayoría social que supere la actual fractura política? ¿Cómo superar una visión identitaria del conflicto que sólo puede interesar a los partidarios del 155? ¿Cómo construir alianzas en el resto del Estado que debiliten a los partidarios de la recentralización y las políticas neoliberales para enlazar la situación catalana con la crisis del régimen del 78 (crisis fiscal central y autonómica, recortes democráticos…) y dar prioridad a las necesidades sociales?

Ello debería preocupar y mucho a las fuerzas de las izquierdas catalanas, pero también a las del resto del Estado. Los Comuns no deberían repetir el ejemplo de CSQEP sentándose en el sofá de la historia delante el televisor y criticar por las redes sociales lo que va pasando, como sucedió durante la fallida investidura de Artur Mas. Como escribió Gabriel Celaya “maldigo la poesía de quien no toma partido, partido hasta mancharse”. Hay que mancharse. Lo peor no es sacar ocho diputados, lo peor es no querer influir en una situación extremadamente compleja y en la que Catalunya necesita construir frentes amplios (internos y externos) para impugnar la deriva autoritaria del Estado, no es sólo contra Catalunya, sino contra toda posibilidad de cambio real y constituyente.

ex-diputado y miembro de la mesa del Parlament de Catalunya. Miembro de la Coordinadora Nacional de Catalunya en Comú.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 14 de enero 2018