Catalunya: La situación sigue abierta

Joan Font

03/03/2018

La situación en Catalunya sigue siendo compleja. La represión desencadenada con la aplicación del artículo 155 descabezando las organizaciones políticas o cívicas del independentismo, según palabras de la vicepresidenta Soraya, con detenciones, imputaciones o exilios de las cúpulas de estas organizaciones, no ha conseguido destruir o debilitar significativamente al movimiento independentista. Al mismo tiempo, este movimiento no ha sido capaz de hacer respetar los resultados del referéndum del 1 de octubre frente a la intervención del conjunto de los instrumentos del Estado español. A pesar de un cierto desconcierto por la aceptación por parte de los altos cargos de la Generalitat de la aplicación del artículo 155, el movimiento ha sido capaz de paralizar el país en el paro general del 8 de noviembre, y de conseguir la mayoría absoluta en el Parlamento surgido de las elecciones impuestas con la aplicación del 155 el pasado 21 de diciembre.  

Nada pues está aún decidido. Dos meses después de las elecciones convocadas en Catalunya a través de la aplicación del artículo 155 de la Constitución por el gobierno Rajoy, conviene seguir reflexionando sobre la situación aún abierta en Catalunya.

El ascenso de Ciudadanos

Una primera cuestión puede ser analizar el crecimiento del voto a Ciudadanos, una formación política que no resulta fácil de caracterizar. Para algunos analistas, incluso desde filas de izquierda, se trataría de un partido de centro, asimilable al partido de Macron en Francia, mientras otros lo caracterizan como una marca blanca del PP o incluso como una nueva versión de la Falange. Seguro que es un partido con muchos interrogantes i claroscuros, y con cierta complejidad. En todo caso, al menos en Catalunya el espacio político que ocupa puede ser similar a partidos como Alternativa por Alemania, los partidos por la libertad de Austria o Chequia, el Frente Nacional de Francia o la Forza Italia de Berlusconi.

El voto a Ciudadanos recoge un cierto sentimiento de miedo entre capas determinadas de la población. Por ejemplo, entre personas de origen latinoamericano que disponen de doble nacionalidad se ha creado el temor infundado a perder la nacionalidad española y, como diría Rajoy, también la europea. También se han extendido falsos rumores sobre las pérdidas de empleos o la exclusión de la lengua castellana en el espacio público en caso de una Catalunya independiente, rumores multiplicados por la mayoría de los medios de comunicación.

El espacio político de Ciudadanos ha sido capaz de recoger estas sensaciones entre sectores de clase trabajadora de origen en las diferentes oleadas de inmigración, pero también en sectores de profesionales liberales o del alto funcionariado estatal, que también temen perder privilegios, al menos en el terreno lingüístico. No por casualidad el tema estrella de Ciudadanos es la defensa de la primacía o la exclusividad del castellano en el espacio público, junto con el rechazo, con cierta carga demagógica a algunos privilegios de la clase política. La anti-política es uno de los trazos comunes en la nueva extrema derecha populista en auge en Europa. Con estos mimbres, Ciudadanos ha conseguido laminar el espacio electoral del Partido Popular en Catalunya, convertido en una fuerza testimonial en el Parlamento catalán y, a la vez, penetrar profundamente en el terreno que había dominado el Partido Socialista o incluso Iniciativa per Catalunya.

De todos modos, Ciudadanos aún no ha sido capaz de consolidar i estructurar socialmente este espacio electoral.

El independentismo resiste

En el otro lado, las fuerzas políticas independentistas han conseguido resistir electoralmente en primera instancia el ataque de la aplicación del artículo 155 de la Constitución por parte del gobierno de España y el poder judicial del Estado. Junts per Catalunya en primer lugar, ERC y la CUP mantienen la mayoría absoluta en el nuevo parlamento de Catalunya.

Pero esta resistencia electoral incluye cambios importantes en las distintas fuerzas. Así, Junts per Catalunya, la candidatura provida por el presidente Puigdemont desde su exilio en Bruselas ha conseguido colocarse en primer lugar entre las fuerzas independentistas. Se trata de una candidatura que se ha construido alrededor de la figura de Puigdemont, sin demasiada intervención de su partido, el PDCat, heredero de la antigua CDC de Pujol y Mas.

El partido de Pujol, la vieja coalición de la derecha en Catalunya es la fuerza política que ha sufrido una mayor transformación mientras perdía peso social y fuerza electoral. Por una parte, el descubrimiento público de la corrupción de la familia Pujol inició un descredito de CiU, la coalición que ha gobernado Catalunya durante más de 35 años. El gobierno presidido por Mas inició su recorrido de la mano de un pacto con el PP como abanderado de una política de recortes sociales para enfrentar la crisis. Esto redujo considerablemente su apoyo entre sectores de las clases medias que sufrían en propia carne los recortes. A la vez, el PP incrementó una política recentralizadora que laminaba competencias de la Generalitat. Esto combinación produjo una primera aparición pública de un creciente movimiento independentista protagonizado por instituciones de la sociedad civil.

El gobierno Mas, sin posibilidades de continuar su pacto con el PP, intentó un viraje buscando cabalgar la movilización popular independentista. Al mismo tiempo se acercó a una renovada ERC, para reforzar sus lazos con un movimiento que le desbordaba día a día. También inició una refundación de una CDC amenazada por el descubrimiento de financiación ilegal del partido a través, entre otros mecanismos, del Palau de la Música.

Planteando el horizonte de una consulta sobre la independencia, el gobierno Mas convocó nuevas elecciones forzando a ERC a un acuerdo de legislatura. Sobre esta base, tuvo lugar la consulta del 9 de noviembre de 2014, que supuso un cierto exito, a pesar de las trabas establecidas por el gobierno español. De todos modos, todo y que el 9N se planteó como un evento meramente consultivo, el poder judicial inició acciones contra los miembros del gobierno que encabezaron la organización de la consulta.

Tras esto se produce la separación de Unió Democràtica de la coalición con CDC (un sector de Unió irá con ERC mientras que el sector oficial se presentará posteriormente con el PSC), la transformación de CDC en el PDCat y una lista electoral común de este con ERC con el compromiso de preparar la independencia. Esta lista es la conocida como Junts pel Si. Esta coalición necesitará el apoyo de la CUP para poder gobernar, y este apoyo tiene el precio de exigir la retirada de Mas. El gobierno que tiene el encargo de preparar el referéndum será presidido por Puigdemont.

Después del referéndum del 1 de octubre, de la declaración virtual de la independencia y de la aplicación del artículo 155, las elecciones del 21 de diciembre han difuminado al PDCat detrás de la lista de Puigdemont, hasta el punto que ninguno de sus dirigentes actuales dispone de acta de diputado.

Por otra parte, ERC que ha crecido electoralmente menos de lo esperado, parece querer asumir un cierto papel central, en el sentido de centro. Intenta asumir la realidad creada por la aplicación del artículo 155, iniciando desde aquí un retorno a la normalidad perdida, al mismo tiempo que sigue reivindicándose del referéndum del 1 de octubre. Busca crear un gobierno de la Generalitat en coalición con Junts per Catalunya que reinicie el camino truncado por la destitución del gobierno anterior, sin forzar las costuras creadas por las decisiones del gobierno español y de su Tribunal Constitucional. La permanencia en prisión de su presidente, Oriol Junqueras, y las amenazas judiciales contra la número dos del partido, Marta Rovira, parecen haber reducido la capacidad de iniciativa política de ERC.

El conglomerado político que supone la lista de Puigdemont, Junts per Catalunya, que recoge figuras neoliberales como Elsa Artadi, ex trabajadora del Fondo Monetario Internacional al lado de personas con sensibilidad socialdemócrata como Eduard Pujol (a pesar del apellido sin relación con la familia del ex presidente) provoca no solo un efecto de pinza sobre ERC, sino también la difuminación del PDCat como fuerza política.

Por su parte la CUP que ha visto reducida su representación parlamentaria, seguramente a causa del elevado nivel de atracción del legitimismo defendido por la candidatura de Puigdemont, intenta presionar a ERC y a Junts per Catalunya a emprender realmente el camino de construcción de una República catalana real con la apertura de un proceso constituyente abierto y popular.

Outsiders

El Partido Socialista de Catalunya ha conseguido pagar un escaso precio por su apoyo a la aplicación del artículo 155 por parte del gobierno Rajoy. La dirección del PSC ha abierto sus listas electorales a los restos del viejo partido democratacristiano y catalanista, Unió Democrática, a la vez que incorporaba miembros significativos de la llamada Societat Civil Catalana, una organización claramente españolista y próxima a la extrema derecha. Iceta pretendía situarse como una alternativa al independentismo, construyendo una amplia alianza a su alrededor. Pero la realidad social es dura, y únicamente ha conseguido mantener su situación parlamentaria.

El espacio de los comunes, configurado en esta ocasión alrededor de la figura de Domènech y con el apoyo explícito de la alcaldesa Colau y de la dirección estatal de Podemos, no ha superado los magros resultados electorales de su antecesor CSQP. Estos resultados no son ajenos el papel extremadamente crítico con el proceso independentista del parlamentario hasta las últimas elecciones de esta coalición Joan Coscubiela apoyado por buena parte de un sector de dirigentes de la vieja Iniciativa per Catalunya. Situado en una confrontación tanto al movimiento independentista como al bloque favorable a la aplicación del artículo 155, su lema de ni DUI (Declaración Unilateral de Independencia) ni 155, dejando relegada sine die su demanda de un referéndum pactado con el Estado español, ha diluido sus logros anteriores en el terreno municipal y las elecciones al parlamento español.

Una parte de líderes de las izquierdas españolas, tanto del PSOE como de Podemos-IU, han acusado al movimiento independentista en Catalunya de haber despertado a la bestia españolista o fascista. Esta acusación, aparte de considerar culpables a las víctimas, olvida pensar que si la bestia puede despertar debe ser porque de alguna manera se ha mantenido viva, pero aletargada, mientras iba alimentándose y engordando con un discurso de desprecio a lo no español y de renovado nacionalismo españolista. 

Todo sigue

Pese a todo y a un elevado nivel de incertidumbre sobre el desarrollo próximo de la constitución de un nuevo gobierno de la Generalitat y, paralelamente, de instituciones más o menos republicanas alrededor del exilio de Puigdemont en Bruselas, el movimiento popular conserva un alto nivel de capacidad movilizadora.

La persistencia de acciones regulares y extendidas por todo el territorio de reivindicación de libertad para los presos políticos, prácticamente en todos los barrios y poblaciones del país día tras día, constituye una pequeña muestra de este nivel de resistencia. Quizá más significativa sea la movilización masiva de la cacerolada del pasado domingo 25 de febrero contra la visita del rey Felipe VI a Barcelona, así como el boicot realizado por la alcaldesa de la ciudad Ada Colau y por el presidente del parlamento, Roger Torrent, al acto protocolario de bienvenida al monarca Borbón. Esta movilización y estos boicots protocolarios son tan solo una expresión de una extendida sensibilidad social.

Tampoco sería bueno despreciar los efectos de la perplejidad que produce entre amplios sectores las estrategias de defensa de la mayoría de los imputados por la Audiencia Nacional o el Tribunal Supremo. Ello no hace sino confirmar que el movimiento independentista no es la creación de ningún líder no de ningún gobierno, sino realmente de un movimiento popular.

Existen dudas sobre si después del referéndum del 1 de octubre y la huelga general del día 3 del mismo mes existía una correlación de fuerzas favorable a la proclamación efectiva de la independencia. En la dirección del movimiento, entre los cargos del gobierno de la Generalitat y en el mismo presidente Puigdemont existieron tantas dudas que el día 10 de octubre prefirieron proclamar los resultados del referéndum y dejar para una posible negociación con el gobierno Rajoy la proclamación de la independencia.

El movimiento independentista, a pesar de un cierto desconcierto siguió presionando desde las calles. El gobierno español respondió a la demanda de negociación reforzando la represión judicial y policial contra la Generalitat. Finalmente, el 27 de octubre una sesión solemne del Parlamento catalán, protegido por miles de manifestantes, volvió a aprobar una resolución sobre la independencia, sin efectos prácticos o legales, para conocer a continuación su disolución por la vía del artículo 155.

El pasado viernes 2 de marzo, el presidente Puigdemont, en una entrevista desde Bruselas reconoció que quizá había sido un error no proclamar efectivamente la República catalana el pasado 10 de octubre. Seguramente no le falta parte de razón. Las correlaciones de fuerzas no son algo estable, muchas veces dependen de iniciativas más o menos audaces en momentos determinados. Ahora, meses después de este momento la situación no es exactamente idéntica.

Sin embargo, a pesar de las ilusiones extendidas por ciertos medios de comunicación, no existe ningún soufflé a deshinchar, sino un auténtico y sólido pastel multicolor y con multitud de sabores. Hoy las incertidumbres y las perplejidades, sumadas a la represión judicial y estatal, han creado una cierta pausa en un proceso que cabe considerar de revolución democrática. Habrá que ver como es capaz de recuperarse y quizá de confluir con diversas movilizaciones sociales como las de los pensionistas o la huelga feminista del próximo 8 de marzo. No estaría de más poder sumar solidaridades de las izquierdas de las Españas y de más allá.

militó y fue un dirigente de la Liga Comunista Revolucionaria. Ha sido redactor de diversas publicaciones como Combate o Demà. Actualmente participa en proyectos europeos sobre educación en la asociación DEMÀ y colabora en la candidatura municipal de CUP-PA en l’Hospitalet de Llobregat.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 4-3-18