Chile: El nuevo aliento del movimiento feminista

Macarena Segovia

Belén Roca Urrutia

22/05/2018

El mayo feminista que prendió la mecha del movimiento en las calles

Macarena Segovia

Durante la jornada de este miércoles 16 de mayo, las estudiantes salieron de las aulas de la academia a la calle, se impregnó a las nuevas generaciones, y es un hecho que no parará. Ante este estallido, la institucionalidad se niega a ver la profundidad de la demanda, una que va más allá del Gobierno, de lo que no hizo la oposición, y del mismo Estado. Esta jornada marcó un punto de no retorno, una avalancha de gritos, euforia y furia morada, rosa y roja que no se detendrá hasta recorrer cada ámbito de la sociedad. Son estas jóvenes la punta de lanza para el cambio que se aproxima.

 “Educación no sexista para que dejen de matarnos”, reza un cartel que lleva una niña de unos 13 años. Ella, al igual que 170 mil estudiantes más, salieron a la calle, durante la fría mañana de este 16 de mayo de 2018, para exigir una educación no sexista. Una educación revolucionaria y disidente, que rompa los márgenes del patriarcado, “del maltrato que hemos sufrido durante décadas, que sufrió mi madre, mi abuela y todas las mujeres de mi familia”, explica la niña, que es primera vez que protagoniza un estallido social.

Más de 40 asambleas feministas-estudiantiles convocaron a la primera marcha por una educación no sexista, protagonizada y liderada solo por mujeres. La orden fue clara, los hombres podían acompañar, pero debían hacerlo en un rol secundario. Y así lo hicieron, llevaron lienzos, se encargaron de los circuitos de seguridad, pero no tomaron ninguna vocería, no dieron ninguna cuña. Las protagonistas eran ellas.

A las 11:00 horas comenzaron a llegar los grupos de cada colegio y universidad, no pudieron asistir todas, muchas debieron quedarse cuidando las tomas que se han desarrollado durante las últimas tres semanas. Un movimiento que surgió a partir de casos de abuso y acoso por parte de profesores a estudiantes, pero que ya ha escalado al punto de poner en jaque al sistema educativo en su totalidad.

“Estamos pidiendo derechos mínimos. Estamos pidiendo que no se nos violente en nuestros espacios educativos, en las calles, para llegar tranquilas a nuestras casas, el pueblo necesita que el Estado y el Gobierno se haga cargo de lo que estamos exigiendo”, señala la vocera de Aces y alumna del Liceo Experimental Manuel de Salas, Amanda-Luna Cea.

“Estamos cansadas de ser violentadas, de la revictimización (...) esto no solo se resuelve a partir de protocolos, necesitamos transformar el modelo educativo para que desde niñas se nos deje de violentar”, recalcó la vicepresidenta de la FEUC y vocera de la Confech, Araceli Farías.

Las demandas van desde lo estructural para refundar la visión de la educación y formar a las niñas y los niños con una perspectiva no sexista, hasta exigir dispensadores de condones para mujeres y hombres en los liceos. Desde la exigencia de que dejen de violentarlas con frases machistas al interior de las aulas, hasta que sus compañeros y profesores cesen de abusar de ellas en los espacios universitarios, sí, así de crudo. “Es que nos dejen de denostar por nuestra condición de mujer”, manifiesta una escolar a una pareja de abuelos que van en la marcha junto a ellas, con un cartel que reza: “Las queremos vivas”.

Mientras avanzaban los manifestantes, los cánticos y gritos de la marcha inundaron los vacíos. No hubo espacio para silencios, “la idea es gritar, para que nos escuchen fuerte, ya fueron muchos años de estar calladas”, expresó una de las agitadoras, que en una mano llevaba el megáfono, mientras no paraba de mover su otro brazo para ir ordenando a las manifestantes.

“Dónde estaban cuando nos mataban”, “alerta, alerta, alerta machista, que todo el territorio se vuelva feminista”, resonaban las consignas entre los edificios que colindan con la Alameda. Mientras los carteles rezaban “Somos las nietas de las brujas que no pudiste matar”.

Y es que esta segunda ola de feminismo, mucho más insurrecto, inorgánico y transversal, se dice heredero de aquellas que en los años 60 también rompieron cercos, aunque destacan que quieren ir más allá de la institucionalidad, más allá de la conquista del voto para las mujeres, ellas quieren “quemarlo todo”, quieren una nueva sociedad, una nueva educación no sexista, para “que no sigamos reproduciendo el patriarcado”, se lee en otro de los lienzos que inundaron la avenida principal de Santiago.

Carabineras

En paralelo, en el Congreso, ubicado en la ciudad de Valparaíso, los rectores de universidades del Estado, el ministro de Educación, Gerardo Varela, y una serie de senadores y senadoras, estaban reunidos explicando la situación que se estaba viviendo con las movilizaciones.

Es en este contexto que el ministro Varela, reconocido por tener una lengua afilada y una “verborrea incontenible”, señaló que el problema, que las manifestaciones, se debían a “pequeñas humillaciones” que se daban en la cotidianidad. Frase que despertó el enojo de las voceras que estaban en la marcha y, de paso, a parte importante del Gobierno, que tenía un despliegue especial para la jornada.

La ministra de la Mujer y la Equidad de Género, Isabel Plá, se refirió a la necesidad de avanzar en materia de género y en terminar con el acoso y el abuso a las mujeres. Mientras, algunos emisarios gobernamentales observaban de cerca y con cuidado la inédita marcha. Hasta el ministro de Bienes Nacionales, Felipe Ward, miró atónito el transitar de la protesta que pasaba delante de él.

Es por esta razón que la nueva salida de libreto del ministro sacó ronchas al interior de Chile Vamos –a pesar de que no habría sido ninguna sorpresa–, pues es justamente Varela el encargado de desactivar el conflicto, un panorama que se “ve lejano”, reconocen desde el oficialismo.

Mientras esto ocurría, en la marcha se empezó a sentir la tensión con Carabineros. Como solo se autorizó el recorrido desde Plaza Italia hasta Echaurren por la calzada sur de la Alameda, la marcha intentó en varias ocasiones pasar al lado norte.

Pero no se logró, Fuerzas Especiales de la policía uniformada estaban bloqueando cada pasadizo hacia la otra calzada, como tradicionalmente intentan hacerlo en las manifestaciones, pero esta vez fue muy diferente. La primera línea de cada una de las barreras estaba compuesta por carabineras, las cuales fueron interpeladas por las manifestantes. “Dónde estaban cuándo nos mataban”, empezaron a vociferar las estudiantes.

Furia encapuchada

A metros antes de llegar al escenario, un grupo de encapuchados –todos hombres– comenzó los enfrentamientos con Carabineros, en la ladera norte de la Alameda. Las dirigentas de la marcha optaron por ignorarlos y mantuvieron paso firme hasta el escenario, mientras el resto de las manifestantes siguieron con el rumbo definido.

Unos minutos después, irrumpió un grupo de universitarias. Una furia de capuchas rojas, a torso desnudo, arremetió contra los encapuchados y los persiguió, corriendo a toda velocidad, por el bandejón central de la Alameda, a la altura de Metro Los Héroes. Lograron sacarlos completamente de la marcha. Una intervención que fue aplaudida por todos los manifestantes.

Las capuchas rojas fueron una marca durante la manifestación. Estuvieron rondando toda la marcha y se desplegaron por toda la Alameda, pegando carteles que rezaban: “Mi abogado me dijo que me abusaron porque soy bonita”, “La PUC encubre violadores y los titula”, entre otros.

Eran más de 30 estudiantes del Campus Oriente de la Universidad Católica, el único que logró ser tomado durante el estallido del 2011. Las mismas encapuchadas que protagonizaron un acto histórico en el corazón de la Casa Central de la PUC.

Las capuchas rojas se manifestaron, gritaron y vociferaron el acoso y abuso sexual que se vive día a día en la cuna del conservadurismo del país, a torso descubierto, o “pechuga suelta” –como una de ellas lo reconoce–, en el denominado “patio del cura” de la Universidad Católica, que tiene una estatua de Juan Pablo Segundo de tamaño real.

Allí, justo desde ese epicentro conservador, se prendió la mecha feminista, una mecha que hoy tiene a 25 carreras paralizadas y movilizadas, entre ellas, las facultades de Derecho e Ingeniería, las dos más grandes de la UC. “Y más conservadoras”, como recalca una de las manifestantes.

A quemar todo

Llegando al escenario se escuchaba la voz de la humorista Natalia Valdebenito: “Hoy es un día histórico, chiquillas”, decía a los primeros estudiantes que llegaron al fin de la manifestación. “De aquí nada nos para”, continuó arengando a las miles de estudiantes que comenzaron a agolparse en el bandejón de la Alameda.

“Se sentía esa emoción, esa que te cala los huesos”, reconoce una de las voceras. Emoción que se vio reflejada en cada una de las palabras que dedicaron a los manifestantes que las escuchaban atentas.

Es común el ritual, terminadas las marchas, hay algunos artistas, suena música de fondo, un escenario alto y los dirigentes dicen sus discursos. Pero esta vez fue diferente, había una sensación distinta en el aire, los carabineros estaban lejos del escenario y miraban desde la distancia el desenlace de la marcha.

Las “compañeras”, como se llaman entre ellas, esperaban atentas las palabras de las voceras, universitarias y secundarias. Por primera vez, en una marcha estudiantil, solo había mujeres en ese escenario, ni siquiera permitieron que subieran los gráficos para tomar imágenes desde arriba, la postal de ese momento debía ser protagonizada por ellas.

Las críticas al Gobierno no tardaron en llegar. Y los dardos no solo apuntaron al ministro Varela y sus deslenguadas frases, sino que también a la ministra de la Mujer, Isabel Plá, y al jefe de la cartera de Salud, Emilio Santelices.

La vocera de la ACES recordó que la ministra Plá está “abiertamente en contra del aborto” y sacó a relucir el protocolo de objeción de conciencia impulsado por Santelices, “las mujeres vamos a seguir abortando con o sin protocolo, con o sin leyes”, exclamó la secundaria, que terminó su intervención a voz quebrada y gritando a todo pulmón: “Vamos a dejar la cagá, cabras… vamos a quemarlo todo”.

“Estoy muy emocionada (...) somos miles, estamos a nivel nacional y nada nos detiene hoy día, ni los machitos de izquierda ni de derecha”, así comenzó su discurso la vocera de la Coordinadora Feminista Universitaria, Amanda Mitrovich. Con la voz entrecortada, enfatizó que no se extendería porque estaban “reprimiendo a nuestras compañeras” que estaban al final de la marcha.

La misma dirigenta que no dudó en dejar a un lado a un canal de TV en vivo, cuando vio que el zorrillo se acercaba a un grupo de estudiantes, e intentó frenar la situación. “Este es un llamado a que nos organicemos desde la asamblea, desde la amistad y desde la sororidad. Un llamado a que nos tomemos nuestras universidades, nuestros colegios, hagamos cortes de calle (...) organicémonos y tomémonos Chile y hasta La Moneda, por el feminismo total”, remató la vocera.

Terminada la ronda de discursos, se dio paso a la ronda de gases lacrimógenos. Los carros lanzagases y lanzaguas de Carabineros comenzaron a cercar los costados del escenario. En paralelo, las estudiantes iniciaron el retorno a sus universidades y colegios. “Estuvo bacán”, exclamó una secundaria de no más de 13 años, que estaba sentada en la cuneta de la intersección entre calle Sucre y Echaurren. “Sí, estuvo cuática la cosa”, respondió su compañera que se retiraba de su cuello un pañuelo lila, “así respiro mejor”.

La jornada de este 16M evidencia que se prendió la mecha, el feminismo salió de las aulas, la academia, impregnó a las nuevas generaciones y no parará. Se acerca un estallido que la institucionalidad se niega a ver y que va más allá del Gobierno, de lo que no hizo la oposición, y del mismo Estado. Esta jornada marcó un punto de no retorno, una avalancha de capuchas, gritos, euforia y furia morada, rosa y roja que no se detendrá hasta recorrer cada ámbito de la sociedad y son estas niñas, las estudiantes, la punta de lanza para el cambio que se aproxima.

http://m.elmostrador.cl/noticias/pais/2018/05/16/el-mayo-feminista-que-prendio-la-mecha-del-movimiento-en-las-calles/

 

En la cresta de la ola: Los obstáculos íntimos de la marea feminista en Chile

Belén Roca Urrutia

A poco más de un mes de la primera toma en la Universidad Austral, la atención de todo el país está sobre el movimiento de mujeres en pos de frenar los abusos de poder, principalmente, en las instituciones de educación secundaria y superior. El Desconcierto siguió, durante cinco días, el proceso de movilización en la U. Alberto Hurtado, donde los debates en torno a las formas de relacionarse en condiciones de desigualdad jerárquica aún no llegan a puerto.

Protocolos, instrucción, heteronorma. Estas son algunas de las palabras claves con las que se ha intentado definir, desde los grande medios de comunicación, el momento actual del movimiento feminista en el país. El remezón causado por las acciones de mujeres organizadas en distintos frentes —liceos, universidades y la calle misma— instaló a la fuerza las discusiones sobre violencia y poder, desde los hombres hacia las mujeres, en la agenda pública. Autoridades políticas y académicas de distintos sectores se han pronunciado a favor del diálogo y manifestado la voluntad de resolver este problema histórico. Las voces desde las bases, en cambio, expresan rabia, confusión y desconfianza ante estos “gestos”. Para la mayoría, no hay palabras suficientes para describir las profundas consecuencias —cimentadas por años— del machismo en sus vidas.

En la Universidad Alberto Hurtado (UAH), dirigida por la orden religiosa de la Compañía de Jesús, la lucha por una normativa que proteja a sus estudiantes de abusos cometidos en contextos académicos y de esparcimiento no es nueva. Frente a la acumulación de las denuncias contra integrantes de la comunidad universitaria, la respuesta de la institución fue la firma de un compromiso contra la violencia sexual y de género, el pasado 27 de marzo, que contempla los siguientes principios: reparación a las víctimas, derecho al debido proceso, confidencialidad de quienes denuncian, sanciones a los agresores de acuerdo al reglamento de la UAH —proporcionales a la gravedad de la falta—, y el objetivo de tomar medidas preventivas y educativas contra la violencia de género. No obstante, desde la Secretaría de Género y Disidencia Sexual afirman que las denunciantes, a la fecha, no han tenido el acompañamiento psicológico y académico prometido por las autoridades: “Hoy deben convivir con sus abusadores y han tenido dificultades para que se reconozcan las agresiones en los distintos espacios de convivencia entre estudiantes”.

Con estos antecedentes, y luego de varios días de la suspensión de actividades regulares para reflexionar sobre estos temas, el miércoles 16 de mayo las alumnas, autoconvocadas más allá de las decisiones de la federación y la orgánica “de los hombres”, se toman la universidad para sumarse al resto de las movilizaciones en Chile y discutir las falencias de las medidas propuestas por la UAH para asegurar la integridad de sus estudiantes. El paso de los días ha sacado a la superficie, también, cuestionamientos íntimos, en cada una de las participantes en la movilización, sobre qué significa ser mujer en un mundo cuyas reglas no funcionan para ellas.

Separatismo

Valerie Solanas, escritora estadounidense que frecuentaba la escena artística de Nueva York en la década del ’60, intentó asesinar a Andy Warhol con tres disparos el 3 de junio de 1968. El homicidio frustrado, motivado por una disputa entre ambos sobre el borrador de un guión cinematográfico, provocó que el Manifiesto SCUM, texto escrito por la autora en 1967, alcanzara notoriedad entre los círculos de la segunda ola del feminismo. En él, Solanas apunta que “ninguna revolución social genuina puede ser lograda por los machos, ya que los hombres de arriba quieren el statu quo y los de abajo quieren ser los hombres de arriba. (…) El macho sólo cambia cuando la tecnología lo fuerza, cuando no tiene opción, cuando la ‘sociedad’ alcanza el estado donde él tiene que morir o cambiar. Nosotros estamos en ese estado ahora; si las mujeres no ponen sus traseros en marcha rápido, todas nosotras también podemos morir”, sentando las bases de la corriente separatista que, hasta el día de hoy, genera divisiones entre las feministas en todo el planeta: ¿Qué hacer con los hombres? ¿Tienen derecho a voz en este escenario?

El día de la toma de la UAH, la activista travesti Claudia Rodríguez (50) fue invitada a un conversatorio en el marco de un ramo llamado “Género, diversidad y feminismo”, impartido por la profesora Leo Demichelis. Llegó a la sala de clases justo en el instante en que se realizaba la asamblea previa a la toma en un auditorio del mismo edificio. Durante su exposición, Rodríguez fue tajante: “Es pertinente explicitar nuestras biografías para hablar de haber ejercido la violencia. Cuando las feministas radicales nos dicen a las travestis: ”¡Ustedes no son mujeres!”, recojo el guante y sí. La experiencia de auto-defensa no la han tenido ni la tendrán las mujeres de mi familia. Mi hermana y mi mamá. En este momento es crucial establecer que la violencia que sufren las mujeres es algo que una travesti y ningún otro sujeto puede significar. Es una relación diferente con(tra) la masculinidad”.

Sin embargo, esta conciencia sobre el protagonismo de las mujeres en las movilizaciones no está extendida por igual entre las y los estudiantes de esta comunidad universitaria. Las asambleas por carrera reflejan el desorden sobre las perspectivas y horizontes políticos de esta “nueva ola” feminista. En la mañana, se llegó a un acuerdo entre las carreras que la toma sería levantada y sostenida sólo por mujeres, a partir del argumento sobre el cuidado de las instalaciones de la universidad y la desconfianza hacia los hombres en este asunto práctico. Las sospechas fueron confirmadas cuando a las 18:00, hora en que las primeras sillas se asomaban por la salida de la calle Erasmo Escala, se vio desde la vereda cómo un encapuchado aparece en el balcón de una de las salas del segundo piso, rompiendo una cámara de vigilancia y levantando los brazos con el objeto roto entre ellos. Al ser increpado por las estudiantes debido a sus acciones, él de inmediato alzó la voz: “¡Yo quiero que todo esto arda! ¡Esta hueá se les va a derrumbar igual sin los hombres! ¡Vengan a echarme!”.

Minutos después, fue expulsado de la toma. “¡Estos hueones, siempre picaos a choros!”, reclamó una encapuchada desde la puerta. Él, por su parte, se metió entre quienes miraban lo que ocurría y desapareció por Almirante Barroso hacia el norte.

En las asambleas posteriores a la ocupación de la UAH, la pregunta sobre el problema de los hombres, como algunas han decidido nombrar estas situaciones, no tiene respuestas. La forma en la que pueden participar en la movilización no es compartida entre todas. Algunas pretenden fijar horas y espacios restringidos para actividades que nutran el debate. Otras se declaran desprotegidas sin su presencia frente a amenazas de desalojo y otras agresiones externas. “Necesitamos a los hombres”, “Los queremos aquí dentro” versus “Podemos protegernos entre nosotras”, “La deconstrucción del otro lado no es algo que debemos seguir resolviendo por ellos”.

Sororidad y educación afectiva

Mauricio Díaz (28) es profesor de lenguaje y comunicación, homosexual y activista en varios espacios feministas desde el año 2011, participó en el levantamiento de la primera secretaría de género estudiantil en la Facultad de Filosofía y Humanidades de la Universidad de Chile. Actualmente, coordina un ciclo de talleres de autoformación para profesores LGBTIQ+ cuyo fin es responder, de manera colectiva, a cuestiones sobre las implicancias de ser docente no-heterosexual en este país, las herramientas que deben manejar para resguardarse y proteger a los estudiantes de la violencia patriarcal y las discusiones que se están dando en el continente sobre diversidad y género en la escuela.

“Los contenidos curriculares y la administración de la disciplina en la escuela reproducen los roles de género que relegan a las mujeres al espacio privado, mientras que posicionan a los hombres en el espacio público”, señala Díaz. “Son los propios profesores los que reafirman ideas añejas sobre las competencias diferenciadas entre géneros en determinadas materias: los hombres son mejores en matemática, las mujeres son más capaces con lenguaje”. Además, como ex alumno del Instituto Nacional, que en estas semanas ha hecho noticia por el caso de una agresión sexual contra una funcionaria migrante por parte de un estudiante, cuenta que “en ese liceo, los profesores fomentan la violencia contra las mujeres, sean alumnas de otros emblemáticos, o colegas dentro del mismo espacio, con formas muy enrevesadas. Por el contrario, los malos tratos hacia los estudiantes no-heterosexuales del Nacional, como ocurrió en mi caso, eran mucho más explícitos. Así, el gesto de las estudiantes del Liceo 1 y del Carmela Carvajal de irrumpir en ese espacio para visibilizar tales violencias es muy positivo para obligarnos a todos a conversar estos problemas. El movimiento feminista nos está dando una lección en tanto se conciben, las mujeres, como una colectividad. El concepto de sororidad invita a otros grupos oprimidos a imitar este apañe y articularse desde todos los frentes contra el patriarcado”.

La sororidad es definida por la antropóloga mexicana Marcela Lagarde como “una dimensión ética, política y práctica del feminismo contemporáneo. Es una experiencia de las mujeres que conduce a la búsqueda de relaciones positivas y a la alianza existencial y política, cuerpo a cuerpo, subjetividad a subjetividad con otras mujeres, para contribuir con acciones específicas a la eliminación social de todas las formas de opresión y al apoyo mutuo para lograr el poderío genérico de todas y al empoderamiento vital de cada mujer”.

En la toma de la UAH, pese a las diferencias de opinión sobre el problema de los hombres, existe este cuidado de la una a la otra. El espacio, a diferencia de otras tomas, no se ha establecido como una utopía feminista donde todas se sientan a estudiar textos sobre teoría de género. Las conversaciones de estas movilizadas son viscerales. Los testimonios sobre episodios de violencia se mezclan entre las discusiones del petitorio. Mientras se contrastan los múltiples formatos de las agresiones de género, van rotando chocolates, snacks y latas de bebida. “Es inevitable que esto pase así”, dice una estudiante de sociología en la asamblea del cuarto día, “porque son años de aguantar el silencio que protege a estos hueones”.

“El Estado se tiene que hacer cargo de la incorporación de la educación no sexista tanto en las instituciones públicas como en las privadas; primarias, secundarias y universitarias”, dice Díaz. “Los profesores también compartimos esta responsabilidad política. No es posible que Gabriel Salazar, un docente que encubrió al agresor Leonardo León, sea invitado a un foro sobre educación y género por otros colegas”. Claudia Rodríguez, en su Facebook, escribe después del conversatorio: “La brutal pregunta del feminismo: ¿Quién quiere renunciar a sus privilegios?”.

http://www.eldesconcierto.cl/2018/05/21/en-la-cresta-de-la-ola-los-obstaculos-intimos-de-la-marea-feminista-en-chile/

 

periodista de la revista chilena El Mostrador.
activista feminista y periodista, colaboradora de la revista chilena El Desconcierto.
Fuente:
Varias