“Ciclos y epiciclos, orbe dentro de orbe”: la ciencia en Paraíso perdido de John Milton

Ed Simon

09/05/2018

Paraíso perdido (1674) es un consumado ejemplo de literatura científica. En él, John Milton remeda eficazmente los debates que motivaron la Nueva Ciencia de su época, y el resultado es un poema que es “científico” no sólo porque su contenido en ocasiones se refiera a la naturaleza, sino también porque su retórica imita al emergente método científico. Y gran parte de esto, sostengo, se debe a Galileo, el hombre a quien Milton describió como “el artista toscano del vidrio óptico”.

Para los lectores que recuerden a Milton a medias de algún curso universitario de introducción, puede que esta sea una afirmación sorprendente. Pese a que el poeta aún genera toneladas de artículos en revistas, tesis doctorales y libros académicos, cuando el público general piensa en él, a menudo lo piensa como a un adusto poeta puritano escribiendo adusta poesía puritana (y se asume que “puritano” es incluso una denominación apropiada para él). Pero de hecho, su mejor obra representa, entre otras cosas, cómo opera el debate científico.

Lejos de verse a sí mismos en los antípodas de la filosofía natural, muchos puritanos abrazaron la ciencia empírica como una aplicación práctica de su concepción religiosa. Y mientras el reduccionismo simplista que ve la revolución científica como un producto directo de la Reforma ha sido matizado por la subsiguiente historiografía, es cierto aún que muchos puritanos de la época de Milton celebraron el floreciente método científico como una extensión de su propia teología.

Considere al científico y filósofo Francis Bacon, escribiendo medio siglo antes que Paraíso perdido. Aunque no un puritano per se, fue un resuelto protestante que se apropió del lenguaje de la Reforma en su defensa de la naciente ciencia. O examine la carrera del teólogo norteamericano Jonathan Edwards, que escribió un siglo después de Milton y es recordado sobre todo por ser el autor del condenatorio sermón “Sinners in the Hands of an Angry God” [“Pecadores en manos de un Dios enfurecido”] (1741). El historiador George Marsden escribe en Jonathan Edwards: A Life (2003) que el predicador estuvo “profundamente influido por Isaac Newton” y que como “muchos hombres de su tiempo, Edwards estaba determinado a saber sobre todo y cómo todo ello encajaba en el universo de Dios”. Si el puritanismo tiene una atracción innata hacia cierta variedad de positivismo científico, y si Milton es el más celebrado de los poetas puritanos, sería razonable que ese entusiasmo científico estuviera presente en Paraíso perdido.

El poema, una narración épica de 10.000 versos sobre la Caída del hombre y los “caminos de Dios”, es el primer y mejor ejemplo de un género literario desatendido: la epopeya científica. ¿Cuál es la poética de la ciencia, y qué es una epopeya científica? Este es un poema que no sólo tematiza asuntos científicos sino que también reproduce un espíritu de escepticismo racional. Hay, sorprendentemente, pocos textos que hagan esto: que como tema, se sirvan del dramatismo del descubrimiento científico y de la cosmovisión que hace posible ese progreso.

Los versos competentes del químico premio Nobel Roald Hoffmann, cuentan como un ejemplo: “Essential amino acids, dexterously/synthesised, are a mix of mirror/image forms” [“Aminoácidos esenciales, diestramente/sintetizados, son una mezcla de estados/de imágenes reflejadas”]. A comienzos del siglo XIX, Erasmus Darwin prefiguró en verso científico las teorías de la evolución mediante selección natural de su nieto Charles, escribiendo:

 

Organic life beneath the shoreless waves

Was born and nurs’d in ocean’s pearly caves;

First forms minute, unseen by spheric glass …

These, as successive generations bloom,

New powers acquire and larger limbs assume.

 

[Vida orgánica tras las olas ilimitadas

Nació y creció en oceánicas cuevas perladas;

Primas formas ínfimas, ocultas a lentes esféricas …

Estas, al florecer generaciones siguientes

Adquieren nuevos poderes y partes crecientes]

Para un poeta que plausiblemente escribió bajo la moda de la epopeya científica, la declaración de Walt Whitman “¡Hurra por la ciencia positiva!” debe ser tomada literalmente, como he discutido en otro lugar. Antiguos poemas como Metamorfosis de Ovidio y el atomista De Rerum Natura de Lucrecio, se preocupan por las transformaciones físicas y el funcionamiento del mundo, pero fueron escritas en un contexto cultural sin verdadera ciencia.

Por otro lado, Paraíso perdido fue impreso por primera vez siete años después de la fundación de la Royal Society y veinte años antes de la publicación de los Principia de Newton, en medio de lo que el filosófo de la ciencia Thomas Kuhn llamó en 1962 un “cambio de paradigma”, y lo que nosotros conocemos como la primera revolución científica. Evidencias de esa revolución permean el poema, influencia que es atribuible a Galileo.

Milton viajó por Italia en 1638, cuando tenía treinta años, abandonando su natal Gran Bretaña al borde de la guerra civil, asegurando haber conocido al astrónomo, que estaba entonces bajo arresto domiciliario, aunque algunos historiadores dudan de que dicho suceso ocurriera de verdad. En cualquier caso, Galileo es el único personaje contemporáneo mencionado en Paraíso perdido, apareciendo en la visión divina de Rafael, un ángel que Dios envía a Adán y Eva para disuadirlos de la tentación:

… As when by night the Glass
Of Galileo, less assur’d, observes
Imagind Lands and Regions in the Moon

 

[... Así de noche el cristal

De Galileo observa, menos inconcuso

Países figurados y regiones en la Luna[1]]


En Paraíso perdido, Milton ofreció una nueva narración de esa temprana explicación de las formas naturales: el mito de la Creación. La narración de Milton daba cuenta largamente de una diversidad increíble de temas, abarcando desde historia antigua hasta geografía del Nuevo Mundo. Representa al arcángel Rafael en un diálogo intelectual con Adán en medio de las perfumadas arboledas del Edén. Rafael discute la historia de la creación, desde sus orígenes hasta su futuro, al tiempo que deja ambiguas algunas de las grandes preguntas de la cosmología. En el Libro 8, Milton escribe acerca de los movimientos de los cielos:

 

Whether the Sun predominant in Heav’n
Rise on the Earth, or the Earth rise on the Sun …
Solicit not thy thoughts with matters hid,
Leave them to God above …

 

[Ya el Sol predominante allá en el cielo

En la Tierra se levante, o en el Sol la tierra surja ...

No inquietes tu pensar con recónditas cuestiones:

Queden para Dios arriba …]


El dominio de Milton no se limitaba a “cosas que nadie ha intentado, sean en prosa o verso”, sino que también le interesaron los debates sobre filosofía natural. Los académicos del XVII no se ponían de acuerdo sobre qué modelo del sistema solar era más preciso, si el modelo ptolemaico geocéntrico o el copernicano heliocéntrico. Y aunque nosotros hace ya tiempo que resolvimos la cuestión en favor del segundo, bajo ningún concepto era cosa obvia cuando Milton estaba escribiendo. La tensión entre esos dos modelos del cosmos es una de las corrientes que fluye bajo Paraíso perdido.

En general, el protestantismo no estuvo más abierto a Copérnico que el catolicismo, y hay momentos en Paraíso perdido que parecen evidenciar fe en Ptolomeo. En el Libro 7, Milton escribe sobre de cómo


… Heav’n in all her Glorie shon, and rowld
Her motions, as the great first-Movers hand
First wheeld thir course; …

 

[... el cielo fulguró en inmensa gloria, y giró

Con el impulso que la mano del Primer Moviente

Imprimió a su curso]


Con este lenguaje distintivamente aristotélico referido a un “first-Mover” [“Primer moviente” o primer motor], y con el verbo “wheeled” [“imprimió” o empujó], Milton recuerda la compleja cosmología de Ptolomeo, con sus epiciclos sobre epiciclos. O considérese el verso en el Libro 10, donde Milton escribe respecto a cómo:


… The Sun
Had first his precept so to move, so shine,
As might affect the Earth with cold and heat

 

[... El Sol

Primero recibió precepto de brillar, moverse,

De manera que la Tierra con calor y frío la afectase]


Explica las estaciones, no basándose en la inclinación del eje de la Tierra, sino en la distancia respecto a un sol que gira en torno a ella. Parecería que Milton ha rechazado con firmeza las nuevas teorías que situaban al Sol en el centro del sistema solar. Mas en el Libro 8, Rafael dice que Dios se ríe de las “pintorescas opiniones” de especialistas, quienes:


… model Heav’n
And calculate the Starrs, how they will weild
The mightie frame, how build, unbuild, contrive
To save appeerances, how gird the Sphear
With Centric and Eccentric scribl’d o’re,
Cycle and Epicycle, Orb in Orb.

 

[... modelen este cielo

Y calculen las estrellas: cómo explicarán

La forma poderosa, cómo montarán, desmontarán,

Fantasearán por no rendirse, y fajarán la esfera

Emborronándola de ciclos y epiciclos,

Céntricos y excéntricos, orbe dentro de orbe]


Fuera de contexto histórico, podría ser fácil leer esto como una condena de la filosofía natural, pero lo que está siendo parodiado son las crecientes complejidades barrocas de la cosmología ptolemaica.

Los defensores del statu quo tuvieron que lidiar largamente con las discrepancias empíricas que hacían a las teorías de Ptolomeo cada vez más difíciles de defender. Asuntos como el movimiento retrógrado de Marte, a través del cual ese planeta parecía moverse en el cielo hacia delante y hacia atrás a lo largo del año, sólo podía ser explicado si se hipotetizaba un complejo sistema de “epiciclos” orbitales. Con el tiempo, para “salvar las apariencias” el modelo ptolemaico se convierte en un revoltijo engorroso; uno que, parafraseando a Milton, había sido montado, desmontado y fantaseado. El copernicanismo, por otro lado, explicaba tales fenómenos más parsimoniosamente. ¿Pero por qué la contradicción en Paraíso perdido, cuya física parece tan decididamente conservadora en un sentido, al tiempo que se burla de los cimientos mismos de esa física?

Hay una razón para esta equivocación astronómica. Milton deseaba elaborar algo que fuese eterno y pudiera sobrevivir visiones cambiantes. La preocupación de Milton fue glorificar a Dios como uno quien: “The swiftness of those Circles attribute, / Though numberless, to his Omnipotence” [“La rapidez de tales giros atribúyela, / Si bien incalculable, a su omnipotencia”]. Paraíso perdido puede ser un poema que usa esos “Circles” [“giros” o círculos] como un ejemplo, pero el poema no va sobre ellos, trata de la grandeza de Dios. Aventurar una opinión sobre si Copérnico o Ptolomeo estaban en lo cierto era escribir un poema que potencialmente podría estar equivocado en el futuro, y Milton no podía arriesgarse a ello. En el proceso, sin embargo, fue capaz de representar cómo funciona el debate científico en contraste con la censura absoluta de la ortodoxia religiosa. Admitiendo que el conocimiento científico es capaz de cambiar, Milton provee un preciso retrato del método humilde y cuidadoso, en el que uno debe estar siempre atento a la potencial enmienda de ese conocimiento. Paraíso perdido se deleita en estas ambigüedades y proporciona una representación de ello.


[1] N. del. T.: Para la traducción castellana de los versos de Milton seguimos la versión de Bel Atreides, que conserva el número original de versos y es más literal que otras. De ella se ha dicho también que es menos lírica, pero es sin duda la más útil para nuestro propósito no poético. Cf. John Milton, Paraíso perdido, edición bilingüe, introducción y notas de Bel Atreides, Barcelona: Galaxia Gutenberg, 2005.

 

Es editor de “The Marginalia Review of Books”, perteneciente a “The Los Angeles Review of Books”. Es doctor en inglés por la Universidad de Leigh, en Pensilvania. Su colección de ensayos “America and Other Fictions: On Radical Faith and Post-Religion” será publicada por Zero Books en diciembre de 2018.
Fuente:
https://aeon.co/ideas/cycle-and-epicycle-orb-in-orb-the-science-of-paradise-lost
Traducción:
David Guerrero
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