¿Cómo podemos asegurar la supervivencia en una nueva era de tensión nuclear?

Michael T. Klare

05/08/2017

Se acabó la era de la amnesia. Si necesitábamos una llamada de atención, la prueba del misil balístico intercontinental de Corea del Norte no deja resquicios para la duda.

Si alguna vez hemos necesitado una llamada de atención, la prueba de Corea del Norte de un misil balístico intercontinental (ICBM) el 4 de julio nos la ha proporcionado clamorosamente: la era de la amnesia nuclear ha terminado. Desde el final de la Guerra Fría, hemos vivido sin el temor de una crisis exterior que pudiese derivar en una guerra termonuclear. Como sólo los Estados Unidos reclamaban la condición de superpotencia, había pocas restricciones para el despliegue y uso de las fuerzas militares de Estados Unidos en todo el mundo. Ahora, sin embargo, no uno, sino tres poderes-Rusia, China y Corea del Norte- con armas nucleares han establecido límites explícitos para el ejercicio del poder estadounidense en el exterior, y cualquier intento por parte de Washington de ir más allá de esos límites corre el riesgo de provocar un enfrentamiento militar con verdadero riesgo de una escalada nuclear. Más que nunca, necesitamos un liderazgo experimentado, sensato en Washington para gestionar las múltiples crisis que surgen en el exterior, a partir de la amenaza nuclear de Corea del Norte. Pero tenemos a Donald Trump, por lo que la situación es incomparablemente peor de lo que sería con otro presidente.

Incluso sin la presencia de Trump en la Casa Blanca, este sería un momento extremadamente peligroso. Después de un largo periodo en el que el uso de las armas nucleares parecía inconcebible, hemos entrado en una era de discordia global en la que es cada vez más plausible. Ello es así por una serie de razones, como se verá más adelante, pero la toma de posesión de Trump como presidente de EE UU y comandante en jefe ha hecho que la situación sea mucho más peligrosa. No sólo le falta experiencia en asuntos internacionales y militares, sino que ha demostrado ser una persona rencorosa, mal intencionada, que tiende caprichosamente a la amenaza del empleo de la fuerza, es decir, cualidades poco deseables en un momento en el que se necesita una persona muy responsable para dirigirnos a través de una crisis potencialmente apocalíptica. De manera alarmante, es evidente que vamos a hacer frente a una serie de estas crisis en los próximos meses.

La amenaza de Corea del Norte es tan grave porque es evidente que Kim Jong-un, el líder supremo de Corea del Norte, está intentando desarrollar cuanto antes misiles balísticos capaces de transportar ojivas nucleares al corazón de Estados Unidos. No lo ha logrado aún, pero la prueba de misiles del 4 de julio ha demostrado que Pyongyang se aproxima cada vez más a este objetivo. Esto significa que a Trump, que se ha comprometido a impedir que Corea del Norte adquiera esa capacidad, se le agota el tiempo. Dadas las múltiples condiciones [ 1 ] que Trump ha establecido para reunirse con Kim -la única forma segura de frenar el programa de armas de Corea del Norte sin una guerra- parece que nos acercamos cada vez más a un ataque militar de Estados Unidos que bien podría resultar en una escalada nuclear.

Sin embargo, la península de Corea no es el único lugar en el que un enfrentamiento militar podría conducir a un resultado de este tipo. En la región del Báltico, las fuerzas estadounidenses están desplegadas cerca de las fuerzas rusas, mientras que buques y aviones de ambos países a menudo operan en el mismo y limitado espacio aéreo y marítimo, facilitando accidentes y malentendidos. Y en el Mar del Sur de China, los buques de guerra estadounidenses patrullan las costas de unas islas que reclama China y que ha fortificado con misiles anti-buques y otras armas. Cuando las relaciones entre estas potencias eran relativamente amigables, un incidente menor, digamos una colisión entre aviones o barcos de cada país, normalmente terminaba con rápidas llamadas telefónicas entre los principales dirigentes involucrados, seguidas de medidas de distensión. Pero en estos tiempos tan tensos, dado que ninguno de los principales responsables en Moscú, Pekín o Washington aparentemente es capaz de dar marcha atrás, este tipo de incidentes podrían fácilmente provocar una demostración de fuerza unilateral, seguida por una rápida escalada.

Para comprender plenamente la naturaleza de la situación en que estamos es importante tener en cuenta las circunstancias que nos han traído hasta aquí. Al final de la Guerra Fría, no había ninguna potencia extranjera capaz de disputar la hegemonía global de Estados Unidos -no había una ‘competencia entre pares’, como dirían los estrategas- y por lo tanto ningún impedimento para un sostenido impulso de Estados Unidos para extender su poder e influencia en todo el mundo. Esto condujo a una serie de guerras costosas e infructuosas en última instancia en el gran Oriente Próximo y el suroeste de Asia, todos ellos destinados a asegurar el dominio de esa región vital, rica en recursos, por los Estados Unidos. También llevó (pero sin atraer mucha atención de los medios de comunicación) a la expansión de la OTAN hacia el este, hasta las mismas fronteras de Rusia, y al reforzamiento de las alianzas militares de Estados Unidos en Asia, creando una cadena de estados armados por EE UU que rodean a China (y se adentran en su espacio defensivo). Corea del Sur jugó un papel estratégico clave en este último esfuerzo como plataforma de la red de alianzas para contener a China y por constituir un contrapeso importante a Corea del Norte, un aliado de China y una amenaza autónoma para Corea del Sur y Japón.

Durante un tiempo, parecía que Washington podría avanzar en todos estos frentes sin encontrar una oposición significativa. Pero ese extraordinario momento de dominación como la única superpotencia -un momento que los expertos de Washington DC describen ebrios de emoción como “la nueva Roma”- no ha durado. Las fuerzas estadounidenses estaban bloqueadas en Irak y Afganistán, dañando gravemente la moral y la capacidad de lucha del ejército de Estados Unidos, y erosionando el apoyo de los votantes estadounidense a guerras terrestres prolongadas en el exterior. Al mismo tiempo, Vladimir Putin llevó a cabo la reforma y revitalización de las fuerzas armadas rusas, con la intención de restaurar la influencia de Moscú sobre sus antiguos dominios en el “extranjero cercano”. China también utilizó este momento para invertir gigantescos recursos en la modernización de sus fuerzas armadas, centrándose en particular en la expansión de sus capacidades aéreas, navales y de misiles, esenciales para cualquier confrontación con Estados Unidos y sus fuerzas aliadas en el Pacífico occidental. Ambos países, por otra parte, han tratado de mejorar la capacidad y fiabilidad de sus fuerzas nucleares, dispuestos a no conceder ninguna ventaja a Washington en este sector crítico.

Corea del Norte también ha utilizado este tiempo para reforzar sus capacidades convencionales y nucleares. Siempre con miedo de una invasión de los Estados Unidos y Corea del Sur, la dirección de Corea del Norte -primero bajo Kim Il-sung y después por su hijo Kim Jong-il, y ahora su nieto Kim Jong-un- se ha apoyado en un gran poder militar para asegurar su supervivencia. Ello ha implicado, entre otras cosas, el mantenimiento de un enorme ejército, en gran parte desplegado a lo largo de la zona desmilitarizada que separa a las dos Coreas; el desarrollo de armas químicas, biológicas y nucleares; el desarrollo de una amplia gama de misiles balísticos capaces de atacar bases y centros civiles en los países vecinos aliados de Estados Unidos; y el posicionamiento de miles de piezas de artillería apuntando a Seúl, la capital del Sur y su principal centro de población. Todos estos activos militares, según se cree, están estructurados de tal manera que cualquier ataque contra el Norte, o en el propio Kim, provocarían automáticamente la muerte y la destrucción generalizadas en Corea del Sur y posiblemente también en Japón.

Como resultado, hoy en día nos enfrentamos a una situación en la que el margen de maniobra militar de Estados Unidos, al menos en estos ámbitos en disputa, se ha visto limitado en gran medida. Cualquier reforzamiento del cerco de Estados Unidos sobre Rusia, China o Corea del Norte podría provocar una fuerte respuesta militar apoyada por fuerzas de represalia nuclear en cada caso. Los Estados Unidos puede contar con su superioridad en armamento convencional para superar las fuerzas comparables de sus oponentes en cualquier conflicto de este tipo, pero sus adversarios, muy consciente de esta ventaja, han buscado medios “asimétricos” de respuesta, incluyendo ataques cibernéticos, la guerra submarina y, en circunstancias extremas, ataques nucleares. Por lo que sabemos de la doctrina militar de Corea del Norte, la opción nuclear podría muy bien ser ejercida en las primeras fases de una confrontación, a la primera señal de una invasión de Estados Unidos; en virtud de la doctrina militar rusa, podría ser provocada por cualquier situación en la que los ejércitos rusos se enfrentan a una inminente derrota ante fuerzas convencionales superiores de la OTAN. El ejército de Estados Unidos, consciente de estos peligros, está desarrollando nuevos sistemas de armamento que le permitan una mayor flexibilidad para iniciar un enfrentamiento nuclear en un nivel más bajo de escalada.

Este fue el telón de fondo de las elecciones presidenciales de EE UU de 2016, en las que ambos candidatos trataron de dar una solución al callejón sin salida estratégico en el que Estados Unidos se encuentra actualmente con vagas promesas de restaurar la capacidad militar de Estados Unidos. Nunca sabremos cómo Hillary Clinton habría abordado la amenaza de Corea del Norte y estos otros retos, pero la respuesta de Trump hasta ahora ha consistido en bravatas, demostraciones de fuerza y amenazas apenas veladas. En el caso de Corea del Norte, Trump dijo en Polonia el 6 de julio  [ 2 ] : “Estamos reflexionando sobre algunas cosas bastante graves”. En ese mismo discurso, respaldó encarecidamente la defensa de la región del Báltico por la OTAN, a las puertas de Rusia. (Sin embargo, en su reunión con Putin, un día después, evitó en gran medida un lenguaje antagónico y trató de abrir la posibilidad de una mejora en las relaciones ruso-estadounidenses). En el caso de China y el Mar del Sur de China, Trump ordenó a un buque de guerra de EEUU vigilar de cerca una de esas islas fortificadas, lo que provocó una queja furiosa de Beijing [ 3 ]. ¿Que más? Cualquier uso adicional de fuerza militar corre el riesgo de una respuesta comparable de algún tipo desde el otro lado, y se podría comenzar una escalada de tensión.

¿Cómo podemos responder a todo esto? El primer paso es desterrar nuestra amnesia nuclear y asumir el hecho de que la posibilidad del uso de armas nucleares es, una vez más, una realidad cotidiana, ineludible. Muchos de nosotros recordamos cuando ésta era la situación habitual, y podemos recordar la enorme movilización popular en todo el mundo para evitar una guerra nuclear. Hay que reanudar ahora ese activismo. Los que no vivían en aquella tortuosa época tendrán que educarse sobre estas armas de destrucción masiva y las estrategias que rigen su uso. En la medida en que cobren fuerza distintas campañas, nuestro objetivo debe ser resistir la introducción de nuevas tecnologías nucleares que puedan incitar a la utilización temprana, acelerar la reducción de los arsenales nucleares existentes, y aspirar a la eliminación definitiva de todas las armas nucleares. En este sentido, cabe saludar la adopción, el 7 de julio, de un nuevo tratado de la ONU que prohíbe su adquisición, ensayo y uso.

Cuando se trata de nuestra situación inmediata en relación con Corea del Norte y los otros puntos de tensión identificados anteriormente, nuestra tarea más importante es advertir contra cualquier uso de la fuerza militar para resolver las tensiones y presionar a favor de una vía negociada. Debe quedar meridianamente claro - mediante cartas al editor, a nuestros representantes parlamentarios, y otras formas de comunicación que cualquier ataque militar contra Corea del Norte es casi seguro que provocaría víctimas civiles, especialmente coreanas, así como la muerte y lesiones a numerosos soldados y marineros estadounidenses estacionados en la región. Hay que insistir en que hay una alternativa viable alternativa: conversaciones directas con los dirigentes de Corea del Norte para alcanzar una solución pacífica, seguidas de medidas progresivas para detener y luego revertir el programa nuclear de Corea del Norte, combinado con una distensión paulatina con Corea del Sur y Estados Unidos. Aprendimos en su día a negociar con la Unión Soviética sobre el control de las armas nucleares en el apogeo de la Guerra Fría, y podemos aprender a hacer lo mismo con Corea del Norte, por mucho que no nos guste Kim Jong-un. Para eso se les paga a los presidentes y secretarios de Estado.

Con respecto a los otros puntos de tensión más importantes, una gestión prudente de las crisis y el repudio de las demostración de fuerza militar deben ser nuestras prioridades. Los líderes estadounidenses necesitan hablar con sus homólogos de Rusia y China sobre mecanismos para evitar una escalada involuntaria, por ejemplo mediante la elaboración de “protocolos” comunes que mantengan a aviones y buques de combate a una cierta distancia cuando se operan en espacios limitados. También pueden ser necesarias nuevas líneas directas de comunicación para hacer frente a cualquier crisis que surja en la región del Báltico o el Mar del Sur de China. Tal vez Trump puede plantear estas medidas en futuras conversaciones una vez que se vaya consolidando una relación más constructiva con Moscú, como espera, y en futuros encuentros con el presidente Xi Jinping de China. En última instancia, todas las partes en estos conflictos deben sentarse y adoptar un marco común para establecer límites a cualquier acción militar en esta nueva y problemática era.

Notas:
[ 1 ] http://edition.cnn.com/2017/05/01/politics/donald-trump-meet-north-korea...
[ 2 ] https://www.thenation.com/article/how-can-we-ensure-survival-in-a-new-er...
[ 3 ] http://edition.cnn.com/2017/05/24/politics/south-china-sea-us-mischief-r...
 

es profesor de estudios sobre paz y seguridad global en el Hampshire College y es el corresponsal para defensa de la revista estadounidense The Nation.
Fuente:
https://www.thenation.com/article/how-can-we-ensure-survival-in-a-new-era-of-nuclear-brinkmanship/
Traducción:
Enrique García