Cuatro retos para los activistas por un comercio justo

Walden Bello

11/07/2017

Discurso de Walden Bello para la inaguración del Foro sobre las Relaciones Comerciales entre la Unión Europea y América Latina, Bruselas, 28 de Junio 2017 (por Skype desde Tokio).

Me gustaría agradecer al Instituto Transnacional y los demás patrocinadores de la conferencia esta invitación a pronunciar el discurso de apertura. No estoy del todo seguro si soy la persona más adecuada, pero estoy encantado de estar con ustedes.

Me gustaría dedicar los próximos minutos a cuatro retos fundamentales que presenta el actual período a los activistas por un comercio justo.

En primer lugar es la sorprendente fuerza del neoliberalismo. La credibilidad del neoliberalismo, para la que la ideología del libre comercio es central, ha sido profundamente dañada por una sucesión de acontecimientos en las últimas dos décadas, entre los cuales están el colapso de la tercera ministerial de la Organización Mundial del Comercio en Seattle en 1999, la crisis financiera asiática de 1997-98, y la crisis financiera mundial de 2008 a 2009, cuyos efectos siguen pesando negativamente sobre la economía mundial. Todos ustedes recuerdan probablemente cuando a finales de 2008, creo, cuando la reina Isabel, después de escuchar las explicaciones sobre la crisis financiera global de un grupo de economistas ortodoxos en la London School of Economics preguntó: “¿Por qué nadie la vio venir ?” Ninguno de los atónitos economistas pudo responderla entonces, y lo último que oí es que la reina todavía espera una respuesta.

Lo que me parece sorprendente es que a pesar de la pérdida de credibilidad, y a pesar de Robert Lucas, el economista neoliberal más eminentes de nuestro tiempo, haya admitido que “todos los los economistas son keynesianos cuando están en la trinchera”, el neoliberalismo siga gobernando. Los economistas académicos siguen enseñándolo y los tecnócratas siguen prescribiéndolo. Los falsos supuestos de la teoría del libre comercio son la base de los acuerdos de libre comercio o acuerdos de asociación económica con los que las grandes potencias siguen dominando a los países en desarrollo. Para tomar prestada una imagen de las viejas películas del oeste, los delincuentes han disparado y dado muerte al ingeniero del tren, pero la mano de este último continúa apretando el acelerador, y el tren va cada vez más deprisa. Supongo que la moraleja es que siempre que haya intereses a los que sirva una ideología, como los intereses empresariales o de instituciones académicas que han invertido en ella, no basta con una sucesión de crisis devastadoras de credibilidad para acabar con el paradigma .

El segundo reto, relacionado con el primero, es la persistencia del modelo de industrialización orientada a la exportación. Este modelo de desarrollo mediante el comercio, es compartido tanto por neoliberales como no-neoliberales, con la diferencia de que los primeros creen que debería ser impuesto por las fuerzas del mercado y los segundos con la ayuda vigorosa del Estado. En los últimos años, el estancamiento de los hasta entonces centros dinámicos de la demanda global de Estados Unidos, Europa y los BRICS han convertido este modelo en obsoleto. Fue, de hecho, la inviabilidad de este modelo agotado de rápido crecimiento en las circunstancias mundiales actuales lo que ha empujado a la anterior dirección de la República Popular de China, la dirección de Hu Jintao-Wen Jiabao, a reorientar el país de un modelo exportador a una estrategia impulsada por la demanda interna a través de un programa masivo de estímulo de  585.000 millones de dólares. Fracasaron, y la razón de su fracaso es instructiva. Pasar de un crecimiento orientado a la exportación a otro de crecimiento impulsado por la demanda interna no es un simple problema de reorientación macroeconómica. De hecho, se ha consolidado un conjunto de poderosos intereses en torno a los bancos orientados a la exportación - bancos de estado, gobiernos locales y regionales que se habían beneficiado de la estrategia, las empresas estatales orientadas a la exportación, los inversores y extranjeros- y todos ellos han impedido que el modelo sea sustituido, incluso teniendo en cuenta su falta de idoneidad en este período de estancamiento global. Estas mismas luchas políticas tienen lugar en otros países en desarrollo, y en la mayoría de los casos, el resultado es el mismo: los lobbies pro-exportación están ganando, a pesar de que las condiciones globales que sustentan su estrategia se han agotado.

Un tercer desafío tiene que ver con el hecho de que cuando tiene lugar un cambio importante en la política comercial, no es debido a la acción de los grupos progresistas, sino de los demagogos de la derecha . Creo que esto es evidente en el caso de los Estados Unidos. Trump ha sido quién ha acabado con la Asociación Trans-Pacífico que tanto habíamos críticado. Trump puede ser un demagogo y sus motivos puede ser oportunistas, pero fue él quien defendió una de las reivindicaciones centrales de los sindicatos de Estados Unidos, no los demócratas, lo que le ha permitido ganar a amplios sectores de la clase trabajadora blanca. En Europa, las clases trabajadoras se están orientando hacia los partidos de la derecha en números significativos, no sólo debido a una respuesta racistas contra la inmigración, sino porque ésta haciendo suya una retórica anti- globalización y anti-libre comercio. Al igual que en el caso de los demócratas en los EEUU, los socialdemócratas en Europa se identifican con la financiarización y el libre comercio, y esto es una razón central de su pérdida de credibilidad. Pero lo que quiero subrayar es que fuimos nosotros, la izquierda antisistema, la que inició y desarrolló la crítica de la globalización, el neoliberalismo y el libre comercio en las décadas de 1990 y el 2000. Pero por una serie de razones no hemos sido capaces de traducir nuestra política en un movimiento eficaz. La extrema derecha, por el contrario, de manera oportunista se ha apropiado de nuestro mensaje, reinventándose como anti-neoliberales que se oponen al neoliberalismo de centro-derecha, y ahora, están rentabilizando nuestros esfuerzos.

El reto final es elaborar un paradigma alternativo creíble . Mis dos primeros puntos hicieron hincapié en la fuerza de poderosos intereses en el mantenimiento del paradigma libre-cambista a pesar de su pérdida de credibilidad intelectual. Pero esto no es suficiente para explicar la permanencia de la poderosa influencia del neoliberalismo. Creo que nuestra incapacidad para pasar de una crítica del neoliberalismo a la creación de un modelo alternativo de gran alcance o de una narrativa similar a la que proporcionó el socialismo a tantas clases marginadas, pueblos y naciones del siglo XX es parte del problema. Como he dicho en varias ocasiones, los bloques teóricos para la construcción de un modelo económico alternativo están ahí, es el producto del trabajo de tantos progresistas en los últimos 50 años. Estos incluyen los importantes trabajos en torno al desarrollo sostenible, el decrecimiento y la desglobalización. La tarea consiste en integrarlos no sólo en un modelo intelectualmente coherente, sino en un relato inspirador que combine la visión, la teoría, el programa y la acción, y que se apoye firmemente en los valores de la justicia y la igualdad.

Por supuesto, será un camino largo y difícil, pero no sólo debemos estar convencidos de su necesidad, sino confiar en que es posible desarrollar una alternativa que agrupe a la mayoría de la gente tras nosotros. Las ideas importan. No suelo citar la Biblia, pero creo que el dicho de Proverbios es muy relevante: “Sin visión, el pueblo perece.”

Estos son, en mi opinión, algunos de los principales desafíos que enfrentamos como activistas por un comercio justo. No podemos dejar el campo a un neoliberalismo que ha fracasado o a un extremismo que se ha apropiado de algunos de nuestros análisis y los ha combinado con unos valores horribles, reaccionarios. No hay ninguna garantía de un futuro progresista. Tenemos que trabajar para conseguirlo, y lo haremos.

Walden Bello es un politólogo filipino que trabaja como director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública en la Universidad de Filipinas y es investigador asociado del Transnational Institute.
Fuente:
https://focusweb.org/content/four-challenges-global-trade-activists
Traducción:
G. Buster