Cuba: El pensamiento político de Juan Marinello

Alina Bárbara López Hernández

16/09/2017

Agradezco al profesor Raudiel Peña, coordinador del Programa Ágora, que me invitara a exponer mis criterios en un sitio web que se dedica al debate científico sobre Cuba y su actualidad, cuestión crucial para las ciencias sociales en la Isla. El texto que propongo es una versión sucinta de las principales cuestiones abordadas en el primer capítulo de mi libro El (des)conocido Juan Marinello. Estudio de su pensamiento político, Ediciones Matanzas, 2014.

En una parte considerable de la historia de las ideas del siglo XX, Juan Marinello ha sido una de las figuras más visibles en Cuba, sin embargo, muy poco decodificada a pesar de las apariencias, pues el estudio sistematizado de su pensamiento político en evolución hacia el marxismo fue relegado durante mucho tiempo. El planteamiento anterior no niega la existencia de sustanciosos trabajos sobre determinadas aristas del pensamiento político marinelliano, casi siempre en la vertiente de la relación política-cultura.

Me vinculé a este pensador cuando comencé la licenciatura en el Instituto Superior Pedagógico de Matanzas que lleva su nombre, hoy una facultad de la Universidad, y donde existía una cátedra para motivar a profesores y estudiantes a realizar investigaciones sobre él. Desde 1982 hasta la fecha le dediqué un trabajo de diploma, una tesis doctoral, un libro y numerosos ensayos y artículos.[1] A medida que maduraba intelectualmente, comprendí que debía indagar en la evolución de sus ideas políticas hacia el marxismo, rechazando la acuñada ilusión de homogeneidad ideo-política que se tenía sobre su pensamiento. Debí apartarme entonces de los estudios recurrentes en relación a Marinello y profundizar en ciertos aspectos de su paradójica evolución. Estas ideas se insertan en la necesaria revalorización contemporánea del pensamiento marxista en Cuba, a fin de distinguir identidades o rupturas con determinadas formas de recepcionar o producir este corpus teórico, de indiscutible presencia en la conformación ideológica nacional.

Algunas de las experiencias que logré en ese camino me gustaría compartirlas, ellas pudieran contribuir al debate, no solo sobre Juan Marinello, sino también respecto a otras investigaciones en el campo del pensamiento político cubano.

Qué fuentes permiten desarrollar la investigación

Al intentar evitar un grave error metodológico que cometen en ocasiones los historiadores de las ideas: interpretar las de la figura estudiada desde las aspiraciones e intereses del presente, traté de reconstruir el itinerario epocal de Juan Marinello. Para no incurrir en anacronismos debía comprender cómo evolucionaron sus ideas, y para ello era necesario estudiar su grupo social y generacional, el ambiente teórico e ideológico en que transcurrió su formación intelectual, las influencias culturales que recibió, las organizaciones, formales o informales y los proyectos editoriales que fundó, el activo rol de las redes intelectuales, cubanas y latinoamericanas, que permitieron un alto nivel de información y contrastación de opiniones, lo que se manifestó en las polémicas en que esta figura se involucró, muchas de ellas de gran valor en la formación de sus concepciones políticas.

Para lograr esa meta fue esencial la consulta minuciosa de la prensa, buscando desde las carteleras culturales hasta las reseñas de los libros que se publicaban —y leer los mismos cuando se hubieran conservado—, también conocer los planes de estudio en que se formaron profesionalmente, los manifiestos y artículos que generaron estos intelectuales. El desarrollo de sus ideas se pudo conocer a través de sus discursos en la esfera pública y mediante los espacios privados, para lo cual me apoyé en los epistolarios, publicados unos, dispersos en fondos manuscritos de instituciones o archivos personales, otros.

En esta búsqueda pude constatar que en Marinello se presentan con toda intención, no solo dos canales diferentes para abordar los problemas relativos al arte y la política, sino incluso dos estilos. Las fuentes bibliográficas no permiten sistematizar sus concepciones políticas con la suficiente profundidad, pues estas se manifestaron fundamentalmente a través de fuentes periódicas, documentales y epistolares. Es evidente que para él, las reflexiones de naturaleza política, el activismo político, tuvieron en el periodismo un vehículo idóneo de expresión, más adecuado a la inmediatez de esas preocupaciones y a la necesidad de dirigirlas a un público de diversos niveles intelectuales. Esto determina que las personas interesadas en realizar investigaciones sobre su pensamiento deban consultar numerosísimos periódicos y revistas de la época dispersos en instituciones cubanas, con el consiguiente esfuerzo y tiempo, y a pesar del concienzudo trabajo de bibliógrafas como María Luisa Antuña y Josefina García-Carranza,[2] todavía es posible descubrir artículos de Marinello que no aparecen consignados en su minuciosa bibliografía.[3]

Por su parte, las cartas tienden a develar ese sentido de época que suele desaparecer con rapidez: ambientes, conflictos, aspiraciones individuales y de grupos, que caracterizaron tales períodos. El estilo analítico de Marinello se manifestaba en sus epístolas, si un asunto le interesaba se expandía y abundaba en detalles, razonaba, contradecía. Su correspondencia de varias décadas con Manuel Navarro Luna y con el escritor José Antonio Ramos, los ubica entre los interlocutores que son esenciales para estudiar el proceso de evolución del pensamiento político de Marinello. Muchas de estas cartas tuvieron carácter público al aparecer en la prensa como parte de notorias polémicas.

Respecto a la fecha de publicación de las fuentes consultadas, suscribo el criterio de que los documentos escritos en el momento en que se desarrollan los acontecimientos proporcionan las pruebas más confiables, de ahí la prioridad que deben tener las fuentes que se generan en el período objeto de estudio. Es comprobable que cuando pasan muchos años del acontecer que se analiza, las personas suelen olvidar ciertos aspectos, reinterpretar otros, o justificar determinadas formas de reaccionar en el pasado; así pasa también con sus contemporáneos al valorarlos. Si contrastamos entrevistas realizadas en la vejez a figuras históricas, con su visión y fuentes del período de juventud, apreciaremos casi siempre contradicciones, tanto al juzgarse a sí mismos como a hechos con los que se vincularon.

Cómo estructurar la investigación

El estudio de la evolución del pensamiento político de Juan Marinello fue una empresa compleja, pues se pretendió reproducir una lógica de pensamiento que si bien este no se propuso explicitar, puede establecerse por el investigador al demostrar cuáles fueron las fuentes de las cuales se nutrió y cómo elabora una concepción auténtica y original, lo que se puede estudiar a través de la dispersa obra y las reflexiones de esta figura entre 1918 y  los años treinta.

La intención de ese estudio no fue cronológica, lo que interesaba era un enfoque lógico del proceso evolutivo del pensamiento de Marinello, ir descubriendo su relación con las transformaciones históricas de la sociedad cubana, con las influencias teóricas que recibió, con las polémicas tan habituales en el medio intelectual en que se desarrolló, y con la capacidad de superación ideológica que evidenciara. La lógica de su pensamiento político logró ser develada en los grandes conflictos o problemáticas en los que se aprecian elementos de continuidad y/o ruptura, ya sea que demuestren la capacidad de superación teórica e ideológica a través de una praxis político-social, o que esta superación no se manifieste en su totalidad.

La propuesta que realicé para el estudio del pensamiento político de Marinello, al no advertirse en su obra una estructuración explícita desde el punto de vista teórico, partió, primero, de identificar aquellas concepciones en las que se evidencian grandes transformaciones, ya que reflejan la dinámica de las problemáticas sociopolíticas nacionales. Posteriormente, intenté demostrar de qué manera evolucionan esas concepciones a partir de los cambios que sufren determinados conceptos, hasta llegar a conformar los núcleos básicos del pensamiento político de Juan Marinello. Los núcleos básicos, concretados en conceptos, me sirvieron de horizonte teórico para explicar históricamente la maduración del pensamiento político de este intelectual en el proceso de evolución hacia el marxismo.

Las concepciones fundamentales identificadas en el pensamiento político de Marinello fueron:

Concepción acerca del desarrollo de la sociedad: En este sentido fueron núcleos básicos su idea de nación y las transformaciones que tuvo este concepto. Los conceptos de reforma y revolución fueron apreciados como vías propuestas por Marinello a situaciones determinadas del desarrollo social.

Concepción acerca de la estructura política de la sociedad: incluí aquí la evolución de sus ideas respecto al Estado, la división de poderes, los partidos políticos y el papel de las organizaciones sociales en las transformaciones políticas.

Percepción de los actores sociales: En este aspecto se manifestaron la evolución de sus ideas respecto al surgimiento de las clases sociales, el rol de las mismas en la sociedad, las fuerzas motrices en los procesos revolucionarios, la relación entre líderes y pueblo o el papel de las personalidades en la historia.

La relación arte-política: El contenido que se expresa en esta problemática es el del papel del intelectual ante las cuestiones sociales, especialmente, ante la cuestión de la revolución Esta última ha sido la arista del pensamiento de Marinello más estudiada por otros investigadores.

Cómo periodizar.

Las investigaciones que se ubican en el campo de la Historia del Pensamiento, comprendido como disciplina filosófica, deben dirigir su interés fundamental más a los esquemas de la actividad humana fijados idealmente por el hombre y no tanto a la propia actividad real, que sería el contenido sobre el que trabajaría la Historia; de lo contrario, en lugar de enfocarse en el pensamiento lo harán en la biografía del pensador. Hasta donde indagué, existen tres autores que proponen periodizaciones para el estudio de Juan Marinello:

Ana Suárez aprecia una etapa formativa entre 1923-1938 (desde la Protesta de los Trece, hasta que ocupa la presidencia del partido Unión Revolucionaria); una etapa de madurez entre 1939-1962 (años en que se desempeña como presidente del partido de los comunistas cubanos); y una etapa de plenitud: 1962-1977 (que dedicó, según sus propias palabras, “a realizar bien la previsión de muchos años”).[4]

Pedro Cubas, en su estudio de la evolución de una concepción sobre la cultura en Marinello, propone la siguiente periodización: 1922-1926 (período preliminar de orientación hacia la búsqueda de lo verdaderamente nacional en la cultura de Cuba); 1927-1930 (período en que se desempeñó como editor de la Revista de Avance, uno de los estandartes de la vanguardia cultural cubana). Cubas explica que uno de los aspectos que, a su juicio, marcan la diferencia entre ambas etapas es el abandono de la poesía por el ensayo.[5]

Rigoberto Pupo es el otro autor que establece una periodización: hasta principios de los años veinte (etapa de formación intelectual); la segunda etapa comprende el período denominado por Marinello “década crítica”, 1920-1930, y los primeros años subsiguientes, hasta 1933-1934, (se conforma y radicaliza su pensamiento revolucionario); la tercera etapa se extiende desde 1934 hasta 1959 (mayor profundización en la realidad nacional y en el pensamiento martiano); y la cuarta etapa, 1959-1976, (“resume una vida, una idea y una cultura”).[6]

Al hacer un balance de esas propuestas, pude verificar que a pesar de sus diferencias coincidían en dos aspectos: primaba en ellas un enfoque biográfico o bibliográfico, externo a la lógica evolutiva del pensamiento y más bien referido a hechos en los que participó Marinello, cargos o responsabilidades que tuvo, o evolución del carácter de su obra literaria y cultural; y, en segundo lugar, no le conferían gran importancia a la etapa estudiantil en el proceso de formación política de esta figura.

La periodización que propuse pretendió asumir otra perspectiva basada en: 1) el enfoque propio de un estudio de Pensamiento, es decir, tomando como objetivo el desarrollo de los conceptos concretos que marcan una evolución ideológica; 2) la recuperación para el estudio de las posiciones de juventud, en que esta figura se manifestaba de una manera liberal y reformista; 3) y la percepción de las contradicciones en la asunción del marxismo como horizonte intelectual.

Esta periodización es la siguiente:

  • Período liberal-reformista (1918-1924).
  • Período anti-imperialista (1925-1933).
  • Período marxista (1934-1977).

No fue mi objetivo el análisis de toda la trayectoria de Marinello como marxista, la que puede a su vez ser periodizada, en ese empeño me encuentro actualmente. Solo me centré en el análisis de la recepción del marxismo en el pensador a partir de la comprensión que logra del carácter clasista de las transformaciones políticas que requería Cuba, lo que le permitió elaborar el concepto de revolución verdadera, que se convirtió en un pilar de su pensamiento político.

Sobre la actitud del investigador respecto al objeto de investigación

Al afrontar una pesquisa en el campo del pensamiento, el investigador puede ostentar la erudición o la apología, ambas actitudes son incorrectas y extremas. En el primer caso se trata de la acumulación de datos y elementos factuales sin una aportación teórica y sin toma de partido. En el segundo, muy frecuente entre nosotros, es la conocida tendencia a priorizar determinados hechos y evadir otros, sobre todo cuando se piensa que pueden ser contrarios a una postura ideológica vigente y resultan incómodos al análisis. Se comete entonces el error de intentar justificar, traducir, defender al pensador, como si este lo necesitara; olvidando de ese modo que el análisis de las figuras históricas debe ocurrir en armonía con su contexto de vida y obra, y que las ideas se estudian como procesos en movimiento, libres de enjuiciamientos morales y estereotipos.

El objeto debe ser visto en toda su complejidad, en sus interrelaciones, entramados y contradicciones, y no de la manera en que suelen verse las cosas cuando ubicamos mentalmente a las figuras históricas dentro de compartimentos estancos, con sus correspondientes etiquetas de liberales/conservadores, burgueses/proletarios, independentistas/anexionistas, marxistas/antimarxistas, etc. Hacerlo así equivale a un baile de máscaras, pues las clasificaciones estáticas, lejos de acercarnos a la realidad en sí nos alejan de ella, al confundir y tergiversar las ideas de un pensador en un momento específico, casi siempre al atribuirle intereses, puntos de vista y compromisos de nuestro tiempo.

Por ejemplo, en la evolución del pensamiento político de Marinello se manifestaron interesantes contrastes que solo es posible comprender haciendo un análisis de las influencias que habían marcado su formación y estudiando en detalle todasu producción intelectual y su accionar y no solo lo más conocido de ellas por su carácter progresista.

Vemos así que en el mismo período en que fue uno de los protagonistas de la Protesta de los Trece, de la Falange de Acción Cubana y editaba la revista Venezuela Libre, de carácter antimperialista; también desarrollaba una intensa actividad como miembro del Club Rotario de La Habana, del que fue secretario y vicepresidente y concebía un ideal político reformista. Por otra parte, la participación en un hecho como la mencionada Protesta de los Trece —de tanta trascendencia en esa década, pues como afirmara Marinello fue “el bautismo de dignidad” de su generación intelectual—, no nos aporta detalles concluyentes sobre las ideas políticas de esos jóvenes, que después se desplegarán en un abanico de ideologías. También ocurre así con el Grupo Minorista, del que Marinello fuera miembro y que, a pesar de su carácter progresista y de su manifiesto antimperialista de 1927, no tenía una filiación ideológica definida, y aportaría, en plazos más o menos breves a la política cubana, representantes de todas las tendencias: marxistas, antimperialistas liberales, machadistas y también grandes escritores y artistas que no militaron en ninguna de esas tendencias.

Esta descontextualización se manifiesta también en la afirmación de que Marinello fue marxista mucho antes de que ello ocurriera realmente.[7] Otra afirmación, en este caso no incorrecta sino parcializada, es el hecho de estudiar la recepción del marxismo en Marinello de manera muy esquemática y lineal, como una articulación exclusiva con el ideario martiano y evadiendo el examen de otras influencias, como el positivismo, que se aprecian nítidamente en sus concepciones políticas. El hecho de que se produjera en él la articulación de algunas ideas positivistas con posiciones martianas y marxistas, muestra la objetividad de un pensamiento que no podía desprenderse de una serie de aspectos que emanaban de la época en que se desarrolló. A veces de forma inconsciente, muchos pensadores cubanos asumían posturas propias del positivismo aun cuando ya esta corriente filosófica había sido superada en lo fundamental por el pensamiento de la época. El carácter sui géneris del positivismo latinoamericano, el hecho de que esta corriente respondió a la situación de dependencia y atraso de los países latinoamericanos con ideas de progreso y modernización explica, como ocurre en este caso, que en ocasiones pudieran encontrar cierta identificación con algunas aristas del marxismo.

Es importante destacar que muchos de esos planteamientos respecto a Marinello tuvieron su génesis, no como resultado de investigaciones estructuradas y con métodos adecuados al estudio de las ideas, sino que nacieron en opiniones de personas que compartieron su lucha política y contribuyeron a divulgar juicios que han sido aceptados de modo absoluto. Debo decir en este sentido que la utilización exclusiva de fuentes orales es uno de los vicios que debe evadir cualquier investigador, pero especialmente los que incursionan en el complejo campo de la historia de las ideas. Es necesario también el uso de fuentes primarias y el análisis de documentos que permitan la contrastación y la triangulación de la información.

Sin embargo, las fuentes pueden estar ante nosotros y no ser utilizadas con efectividad si el investigador no está imbuido de una mirada inquisitiva, audaz  y desprovista de las barreras mentales que la información generalizada durante tanto tiempo coloca como obstáculos.

Los científicos sociales tenemos el deber de ahondar, para nutrirnos de ellas, en las raíces de los procesos que cultural e históricamente explican nuestro presente, a veces tan confundidos y mistificados. Una nación como la cubana, que rinde culto al pasado, debe conocerlo bien para encontrar en él las claves que puedan garantizar un futuro construido desde sus propios proyectos históricos; en ese itinerario es esencial el estudio del pensamiento político en Cuba, sirvan estas experiencias para los jóvenes investigadores, ellos tendrán en sus manos el porvenir.

Notas:

[1] “Evolución del pensamiento político de Juan Marinello hacia el marxismo”, Trabajo de diploma en opción al título de licenciada en Educación en la Especialidad Marxismo-leninismo e Historia, ISP Juan Marinello, Matanzas, 1988; “Evolución del pensamiento político de Juan Marinello hacia el marxismo”, Tesis en opción al título de doctora en Ciencias Filosóficas, Universidad Central Marta Abreu, Santa Clara, 2008; “Crónica de un fracaso anunciado: los intelectuales de la República y el socialismo soviético”, Temas, no. 55 del 2008, pp. 163-174; Recepción del Marxismo en el pensamiento político de Juan Marinello”, Islas abr-jun 2009, no. 160, pp. 105-116; “Influencias teóricas y políticas que explican la postura de Juan Marinello ante la violencia”, Perfiles de la Cultura Cubana ISSN: 2075-6038; “La concepción de la Revolución Verdadera en el pensamiento político de Juan Marinello”, en (Caridad Massón Sena coordinadora): Comunismo, socialismo y nacionalismo en Cuba (1920-1958), Edición del Instituto Cubano de Investigación Cultural Juan Marinello, 2013; “La recepción de Martí en el pensamiento político de Juan Marinello”, Memorias del VIII Simposio Internacional sobre Educación y Cultura en Iberoamérica, Universidad de Ciencias Pedagógicas Juan Marinello, ISBN: 978-18-0532-4; “Con cristales de larga duración. Una mirada a la política cultural comunista anterior a 1959”, en Segundas lecturas: intelectualidad, política y cultura en la república burguesa, Ediciones Matanzas, 2013.

[2] María Luisa Antuña y Josefina García-Carranza: Bibliografía de Juan Marinello. Editorial Orbe, Instituto Cubano del Libro, La Habana, 1975; y J. García- Carranza: Suplemento Bibliográfico de Juan Marinello, Biblioteca Nacional José Martí, 1983.

[3] Pude hallar  seis trabajos de Marinello publicados en la prensa que no aparecen consignados en su amplia Bibliografía, ni siquiera en el suplemento; así como otro que se ha atribuido erróneamente a él. Tres de esos trabajos aparecieron en La Nota Rotaria, revista del distrito veinticinco, que era al que pertenecían los clubes rotarios de Cuba y del que Marinello fuera parte hasta 1928, en que se decepciona de esa filosofía filantrópica. Esos trabajos son: “Principios Fundamentales del rotarismo”, en La Nota Rotaria, t. III, no. 29, febrero de 1925, pp. 7-8; “Palabras en homenaje al Dr. F. Cabrera Saavedra”, en La Nota Rotaria, t. III, no. 33, junio de 1925, p. 9; y “Discurso de Juan Marinello en la Sesión de homenaje a Machado del Club Rotario de La Habana”, en La Nota Rotaria, t. IV, no. 36, septiembre de 1925, pp. 6-8.

Los otros dos trabajos de Marinello aparecieron en la revista Política, gestada por él y por José Miguel Irisarri en medio de la lucha antimachadista. Comenzó a salir irregularmente en julio de 1931 y se mantuvo hasta inicios de 1932. De ella se conservan solo dos números, en el Instituto de Historia de Cuba, por lo que puede considerarse una rareza bibliográfica. Los textos encontrados en esa publicación fueron: una reseña crítica (“El dinero en la política [de] Lewinson”. Los libros, en Política, año 1, no. 1, julio de 1931, p. 10), y dos artículos (“El gobierno provisorio contra la Universidad [de] FEU Buenos Aires”, en Política, año 1, no. 1, julio de 1931, p. 11; y “La adhesión española”, en Política, año 1, no 1, julio de 1931, p. 6).

Por su parte, “Carta a John Dewey” en Política, año 2, no. 2, enero de 1932, que se  atribuye a Marinello en la Bibliografía de Antuña y García-Carranza, es en realidad una interesante carta anónima que hace valoraciones sobre la carta de Marinello a Dewey del año anterior.

[4] Ana Suárez Díaz: “Cada tiempo trae una faena…” (Selección de correspondencia de Juan Marinello Vidaurreta 1923-1940), Editorial José Martí, La Habana, 2004, pp. 9-10.

[5] Pedro Cubas: “Juan Marinello: pensamiento y acción al servicio de la cultura (1922-1930)” Informe de investigación, CIDCC Instituto de Investigación y Desarrollo de la Cultura Juan Marinello (Inédito), pp. 86-87.

[6] Rigoberto Pupo: Aprehensión martiana en Juan Marinello, Editorial Academia, La Habana, 1998, pp. 20-24.

[7]Angelina Rojas Blaquier: “Juan Marinello y el Partido Comunista de Cuba”, Cuadernos Cubanos de Historia 2, Instituto de Historia de Cuba, La Habana, 2003 p. 145; y Pablo Guadarrama: Marxismo y antimarxismo en América Latina, Universidad INCCA de Colombia, Bogotá, 1990, p. 117.

(Matanzas, 1965). Doctora en Ciencias. Profesora, ensayista y editora. Trabaja actualmente en Ediciones Matanzas. Es autora de textos sobre el pensamiento político y cultural republicano.
Fuente:
https://cubaposible.com/pensamiento-politico-juan-marinello/