De la dictadura democrática a la dictadura del proletariado: El debate en el Partido Bolchevique sobre las Tesis de abril de Lenin

Kevin Murphy

Daniel Gaido

10/11/2017

El documento “Las tareas del proletariado en la revolución actual“ fue leído por Lenin ante una audiencia atónita de delegados bolcheviques y mencheviques a los soviets el 4 de abril de 1917.1 También conocido como las “Tesis de abril“, este documento representa una ruptura fundamental con la perspectiva estratégica de lo que Lenin llamó el “viejo bolchevismo”, ruptura derivada de la experiencia de la revolución de 1905 y sintetizada en la fórmula “dictadura democrática del proletariado y del campesinado”.2 Las “Tesis de abril”, por lo tanto, jugaron un papel fundamental en la determinación del carácter socialista de la revolución rusa, asegurando su supervivencia más allá de su primera etapa inestable de poder dual. También dieron lugar a un furioso debate en las filas del Partido Bolchevique, que documentaremos en el presente artículo, pero para ello debemos analizar primero la dinámica de clase de la revolución rusa y los debates sobre la teoría de la revolución permanente a la que ésta dio origen desde la revolución de 1905.

La revolución rusa de 1905 y la perspectiva estratégica del “viejo bolchevismo”

La revolución rusa de 1905 fue una lección viva de dialéctica: creó los primeros soviets en un país donde la servidumbre había sido abolida apenas medio siglo antes y donde, por lo tanto, la transición del feudalismo al capitalismo apenas había sido completada, y forzó a un autócrata a conceder libertades democráticas mediante una huelga general política en octubre de 1905. Esta combinación de rasgos democrático‐burgueses y obrero‐socialistas dio lugar a un debate internacional sobre la teoría de la revolución permanente. En su artículo “La revolución rusa” del 20 de diciembre de 1905, Rosa Luxemburgo, una participante en los acontecimientos revolucionarios (fue encarcelada en Varsovia por su papel en la revolución polaca), escribió lo siguiente sobre el carácter dual de la revolución rusa:

La revolución actual en nuestro país, así como en el resto del reino zarista, tiene un carácter dual. Por sus objetivos inmediatos, es una revolución burguesa. Su objetivo es la introducción de la libertad política en el Estado zarista, la república y el orden parlamentario que, con el dominio del capital sobre el trabajo asalariado, no son más que una forma avanzada del Estado burgués, una forma de dominio de clase de la burguesía sobre el proletariado. Pero en Rusia y en Polonia esta revolución burguesa no fue llevada a cabo por la burguesía, como lo fue antes en Alemania y Francia, sino por la clase obrera, y además por una clase obrera que está en alto grado consciente de sus intereses de clase; una clase obrera que no ha conquistado la libertad política para la burguesía sino que, por el contrario, tiene como objetivo facilitar su propia lucha contra la burguesía con el objetivo de acelerar el triunfo del socialismo. Por esa razón, la revolución actual es al mismo tiempo una revolución obrera. Por lo tanto, la lucha contra el absolutismo en esta revolución debe ir de la mano con la lucha contra el capital, contra la explotación. (Luxemburgo, 1905: 556; citado en Day y Gaido, 2009: 521‐522)

En otras palabras, Luxemburgo argumentó que lo que estaba ocurriendo en Rusia era una doble revolución que simultáneamente completaría la serie de las revoluciones burguesas y comenzaría un nuevo ciclo de revoluciones proletarias que conducirían al triunfo internacional del socialismo. El carácter dual de la revolución permanente en términos de completar un proyecto histórico y comenzar otro es un concepto que debemos retener para comprender los debates que las tesis de abril de Lenin suscitaron en el Partido Bolchevique en 1917.

El estallido de la revolución de 1905 encontró al Partido Obrero Social Demócrata de Rusia (POSDR) dividido en dos tendencias principales —no, sin embargo, por su programa (ambas alas del partido aceptaban el programa aprobado por el congreso de 1903 en el que tuvo lugar la escisión) sino por lo que Lenin llamó el “oportunismo en problemas de organización“ de los mencheviques (Lenin, 1904: 407). Ambas tendencias inicialmente aceptaron el análisis de la próxima revolución como una revolución burguesa democrática— una revolución burguesa en la que sin embargo (a diferencia de la revolución burguesa modelo, la revolución francesa de fines del siglo XVIII) la clase obrera aparecería como sujeto revolucionario consciente, organizado en un Partido separado que lucharía por sus propios objetivos de clase.

Sólo después de la revolución rusa de 1905 la división entre bolcheviques y mencheviques, que inicialmente giró en torno a cuestiones organizativas, adquirió una base programática. Mientras que los mencheviques se aferraron a la idea de que el futuro de la revolución democrática dependía de una alianza entre el proletariado y la burguesía, para Lenin el objetivo de la revolución era crear las mejores condiciones posibles para el desarrollo del capitalismo, y su problema central era la cuestión agraria. Pero por miedo a la lucha de masas, los capitalistas (que en medio de una revolución supuesta‐ mente burguesa habían organizado un lock‐out patronal contra los trabajadores en huelga después de que el Soviet de San Petersburgo introdujera la jornada de ocho horas) estaban dispuestos a llegar a un compromiso con los terratenientes y el zar, que daría lugar a un lento y doloroso desarrollo del capitalismo ruso según el modelo prusiano.

Lenin argumentaba que la revolución rusa sólo podía triunfar por medio de una alianza entre el proletariado y el campesinado y que, por lo tanto, se vería obligada a hacer incursiones más serias en la propiedad privada que las revoluciones burguesas clásicas. Estas dos clases, al tomar el poder, establecerían una “dictadura democrática”3 conjunta y proclamarían la república, la jornada laboral de ocho horas y la reforma agraria más radical (incluyendo la nacionalización de la tierra, una reforma compatible con el capitalismo), lo que permitirá a Rusia embarcarse en lo que Lenin llamó “la vía norteamericana de desarrollo burgués” (Lenin, 1915c). Lenin esperaba que la nacionalización de la tierra liberara a los campesinos de la explotación de los terratenientes pero, hasta que no triunfara una revolución socialista en Occidente, la revolución rusa no llevaría a cabo una nacionalización a gran escala de todos los medios de producción.

Por ejemplo, al comentar la Resolución del Tercer Congreso del POSDR sobre un Gobierno Revolucionario Provisional, Lenin argumentó que al fijar como tarea del gobierno provisional revolucionario la aplicación del programa mínimo, la resolución descarta las absurdas ideas semianarquistas de realizar en seguida el programa máximo y de conquistar el poder para llevar a cabo la revolución socialista. El grado de desarrollo económico de Rusia (condición objetiva) y el grado de conciencia y organización de las grandes masas del proletariado (condición subjetiva, indisolublemente ligada a la anterior), hacen imposible la inmediata y absoluta liberación de la clase obrera. (Lenin, 1905a: 24)

En la atmósfera estimulante de la época, Lenin ocasionalmente hizo otras declaraciones que iban más allá de ese esquema. Por ejemplo, en septiembre de 1905, comentó: “de la revolución democrática comenzaremos a pasar en seguida, y precisamente en la medida de nuestras fuerzas, de las fuerzas del proletariado con conciencia de clase y organizado, a la revolución socialista. Somos partidarios de la revolución ininterrumpida. No nos quedaremos a mitad de camino.“ (Lenin, 1905b: 232). Pero tales comentarios eran arrebatos de entusiasmo que contradecían las declaraciones oficiales de la política bolchevique, tal como fue desarrollada en los escritos posteriores de Lenin. A lo sumo, Lenin estaba dispuesto a admitir que la revolución rusa podría adquirir un carácter socialista tras el estallido de las revoluciones socialistas en Occidente.

En ese momento, ciertas tendencias, tanto dentro de la socialdemocracia rusa como de la Segunda Internacional, ya comenzaron a ir más allá del análisis de Lenin y a plantear la perspectiva de que la revolución rusa emprendiera un proceso de revolución permanente, combinando tareas democráticas y socialistas, una perspectiva que Lenin adoptó sólo en abril de 1917. Esta tendencia política encontró su expresión programática más elaborada en el libro Resultados y perspectivas escrito por León Trotsky a comienzos de 1906. Por lo tanto Lenin adoptó una posición intermedia entre Plejánov y Trotsky, basada en la idea de que la clase obrera no podía imponer su programa al campesinado en el gobierno revolucionario conjunto de ambas clases debido al carácter abrumadoramente campesino de la sociedad rusa.4 Ese fue el punto de vista estratégico de lo que Lenin llamó en 1917 el “viejo bolchevismo”, una estrategia a la que sus oponentes dentro del Partido Bolchevique adherían, pero que el propio Lenin corrigió a la luz de los resultados de la revolución rusa de febrero de 1917.

La revolución de febrero, el régimen de doble poder y los bolcheviques de Petrogrado

Después de la revolución de febrero,5 que dio lugar a la abdicación del zar Nicolás II, los soviets, bajo la dirección de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios, cedieron el poder a un Gobierno Provisional burgués, no elegido, embarcado en la continuación de la guerra imperialista y en el aplazamiento de la reforma agraria hasta la elección de la Asamblea Constituyente —cuya fecha de elección fue a su vez pospuesta indefinidamente—. Sin embargo, esos mismos soviets habían ordenado la elección de comités de soldados en el ejército y les habían dado instrucciones de desobedecer las órdenes de los oficiales que se opusieran a los decretos emitidos por el Soviet de Diputados de Trabajadores y de Soldados,6 dando así lugar a la estructura inestable del poder dual, signada por crisis gubernamentales regulares.

Basándose en la experiencia de 1905, los bolcheviques —y todos los partidos políticos— habían presupuesto una prolongada lucha contra el zarismo. El Soviet de San Petersburgo de 1905 se había creado después de ocho meses de revolución y esta experiencia había determinado la posición de Lenin. En 1905, Lenin tuvo que librar una batalla para superar el sectarismo de muchos miembros del Partido Bolchevique hacia los Soviets, argumentando que representaban “el embrión de un gobierno provisional revolucionario”. Sin embargo, esta formulación no fue resaltada después de 1905. La única mención de los Soviets por Lenin durante la guerra aparece en una crítica al Comité de Petersburgo por levantar prematuramente el eslogan de crear Soviets durante la ola de huelgas de finales del verano de 1915. Para Lenin, “los Soviets de diputados obreros y otras instituciones análogas deben ser considerados como los órganos de la insurrección, como los órganos del poder revolucionario” y la demanda de su creación debía plantearse “en relación con el desarrollo de la huelga política de masas y la insurrección” (Lenin, 1915a: 33).

El ritmo vertiginoso de los acontecimientos durante la revolución de febrero volvió rápidamente obsoletas a las fórmulas del “viejo bolchevismo”. En un manifiesto publicado el 27 de febrero, los bolcheviques de Petrogrado exigieron la creación de un Gobierno Revolucionario Provisional de acuerdo con el viejo postulado bolchevique, sin prever la nueva realidad del régimen de doble poder.7 La nota dominante entre los bolcheviques en la capital era, pues, de confusión. Tomado por sorpresa por las acciones de las mujeres trabajadoras que iniciaron la revolución, llamando a la creación de comités revolucionarios bajo la dirección de los bolcheviques en momentos en que el eslogan de recrear el Soviet estaba siendo abrazado por las masas, el Buró Ruso del Comité Central del POSDR(b), encabezado por Alexander Shliapnikov, Peter Zalutsky y Vyacheslav Molotov, fue a remolque de los acontecimientos (Hasegawa, 2017: 322). El primer llama‐ do bolchevique a la creación del Soviet, para ser convocado en la estación Finlandia en Víborg, fue emitido por los miembros del partido en el barrio obrero de Víborg, también el 27 de febrero. Sin embargo, ésta fue una respuesta tardía e infructuosa a la iniciativa menchevique para que el Soviet se reuniera en la sede de la Duma, el Palacio Táuride, ese mismo día. (Hasegawa, 2017: 332‐333).

En la primera sesión del Soviet de Petrogrado, celebrada el 27 de febrero, Shliapnikov argumentó que los dos representantes oficiales del Soviet en el Comité Provisional de la Duma Estatal, embrión del futuro Gobierno Provisional, Kerenski y Chjeidze, velarían por las actividades del Comité de la Duma para que ésta no “se comprometiera con los restos de zarismo a espaldas de la gente que había defendido la revolución”. Hasegawa señala que “en esta decisión se puede ver la génesis de la actitud básica del Soviet hacia el Comité de la Duma, y eventualmente hacia el Gobierno Provisional. La conclusión era que del Comité de la Duma surgiría un poder gubernamental, mientras que el Soviet se limitaría a ejercer presión sobre el Comité de la Duma para asegurarse que éste no se desviara del curso de acción previsto” (Hasegawa, 2017: 347).

El intento de aplicar las anticuadas fórmulas del “viejo bolchevismo” produjo gran confusión dentro de las organizaciones bolcheviques locales, muchas de los cuales apoyaron la nueva línea de Stalin y Kamenev. Por ejemplo, el periódico bolchevique de Járkov argumentó que “hasta que la democracia alemana tome el poder en sus manos, nuestro ejército debe ponerse de pie como una pared de acero armada de pies a cabeza contra el militarismo prusiano”, y el periódico bolchevique de Moscú escribió: “Hasta que no se haya logrado la paz, no arrojamos nuestras armas“ (Сидоров et al., 1957: 520 y 528). Actitudes similares fueron adoptadas por muchas organizaciones locales, como Krasnoiarsk y Járkov. Los bolcheviques de Bakú incluso se unieron al gobierno provisional local (Suny, 1972: 72‐75).

En el otro extremo del espectro bolchevique, el Comité de Distrito de Víborg, reunido el 1 de marzo, aprobó una resolución que pedía la formación inmediata de un gobierno revolucionario provisional de los trabajadores y soldados insurgentes, y la proclamación del Soviet de Petrogrado como gobierno revolucionario provisional. A esta iniciativa se opusieron tanto al Buró Ruso del Comité Central del POSDR(b) como el Comité de Petersburgo, alegando que el peligro más grave para la revolución era todavía la posibilidad de la restauración del zarismo y que, desde el punto de vista objetivo, el Gobierno Provisional estaba ayudando a los trabajadores a destruir el poder zarista. De esta manera, ambos órganos del Partido Bolchevique fueron incapaces de ofrecer una alternativa a la política del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado, dirigido por los mencheviques y socialistas revolucionarios (Hasegawa, 2017: 583‐584).8

El Gobierno Provisional y la Guerra

La cuestión que eclipsó todas las demás cuestiones en 1917 fue la guerra —para febrero de 1917 Rusia ya había acumulado más de un millón de muertos—. Un año antes del estallido de la revolución de febrero, Lenin ya había advertido contra el peligro del defensismo en caso de que estallara una revuelta contra el zar. En una colección de artículos titulada “La Internacional y la Guerra”, Martov había declarado que “si la crisis actual condujera a la victoria de una revolución democrática, de una república, el carácter de la guerra cambiaría radicalmente”. Para Lenin, esto era una “mentira desvergonzada”, porque Martov sabía que “una revolución democrática y una república significan una revolución democrático‐burguesa y una república democrático‐burguesa”. Lenin advirtió en diciembre de 1915 que el carácter de la guerra “entre las grandes potencias burguesas o imperialistas“ no cambiaría en lo más mínimo si “en una de estas potencias fuese barrida rápidamente el imperialismo militar‐absolutista y feudal”, porque “no por eso habría desaparecido el imperialismo puramente burgués, sino que se habría fortalecido“ (Lenin, 1915b: 68‐69). Pero esta advertencia profética fue ignorada. El cambio repentino de la autocracia zarista a una república democrática de facto convirtió a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios en defensistas.

El cambio político en Rusia fue recibido con alegría por la burguesía imperialista. El 20 de marzo de 1917, el presidente de los Estados Unidos, Woodrow Wilson (quien poco después, el 2 de abril, se presentó ante una sesión conjunta del Congreso para buscar una Declaración de Guerra contra Alemania a fin de que el mundo “se volviera seguro para la democracia”), llegó a la conclusión de que “la revolución contra la autocracia había tenido éxito”, y su administración expresó su entusiasmo apresurándose a ser el primer estado en reconocer al nuevo gobierno. En una reunión del gabinete el 23 de marzo, Wilson, un ex‐profesor de historia, dijo con una sonrisa que el Gobierno Provisional “debía ser bueno”, porque tenía a “un profesor” –Miliukov– “a la cabeza.” (Foglesong, 1991: 50).

Incluso el posterior derrocamiento de Miliukov en el primer gobierno de coalición, un producto de la crisis de abril (véase más adelante), no fue en absoluto mal recibido por las potencias imperialistas. El líder del partido kadete (demócratas constitucionalistas, el principal partido de la burguesía), Pavel Miliukov, el primer Ministro de Asuntos Exteriores del Gobierno Provisional, era un imperialista ruso que no sólo irritaba a las tropas rusas y, por lo tanto, debilitaba los esfuerzos militares de la Entente, sino que insistía en que Rusia consiguiera Constantinopla y los Estrechos del Bósforo y de los Dardanelos. Esto colocaba a Rusia en una posición en la que inevitablemente chocaría con los intereses británicos en el Mediterráneo y el Cercano Oriente, mientras que los dirigentes socialistas revolucionarios y mencheviques estaban mucho más dispuestos a ceder ante las demandas territoriales del imperialismo británico y francés. Ya el 10 de abril George Buchanan, el embajador británico en Rusia, había sondeado a Kerenski y Tereshchenko para determinar sus opiniones, encontrándolas eminentemente satisfactorias, y el socialista francés Albert Thomas, el primer Ministro de Armamento de la Tercera República Francesa durante la Primera Guerra Mundial, que había sido enviado a Rusia para hacer propaganda chovinista ente la clase obrera, ayudó a facilitar la salida del líder kadete (Radkey, 1958: 178). Al mismo tiempo, los potencias de Entente insistían en la inclusión de los kadetes en el gobierno, y por una buena razón: “Lo que buscaban era la protección de sus préstamos y un flujo continuo de carne de cañón hacia el Frente Oriental, propósitos que se podían lograr mejor manteniendo a los kadetes en los centros del poder” (Radkey, 1958: 470).

Esta connivencia con el imperialismo hacia inútiles todos los gestos destinados a infundir en el esfuerzo de la guerra de la Entente un espíritu democrático, tales como el “Manifiesto de paz” del Soviet (ver más abajo). Pero la marea chovinista no dejó de tener efecto en el Partido Bolchevique, como veremos de inmediato.

El Pravda de Stalin y Kamenev

A mediados de marzo, Kamenev, Stalin, y M.K. Muranov, se hicieron con el control del órgano central del Partido Bolchevique, Pravda. Comenzando con la edición del 14 de marzo, el órgano bolchevique giró bruscamente hacia la derecha (Rabinowitch, 1968: 36). Numerosos testigos contemporáneos confirman este viraje, incluyendo Shliapnikov:

El día de la aparición del primer número del “Pravda reformado“, el 14 de marzo, fue un día de triunfo para los defensistas. Todo el Palacio Táuride, desde los miembros del Comité de la Duma hasta el Comité Ejecutivo [del Soviet de Petrogrado], el corazón mismo de la democracia revolucionaria, resonaba con una noticia: la victoria de los bolcheviques moderados y razonables sobre los extremistas. En el Comité Ejecutivo mismo nos encontramos con sonrisas venenosas. Fue la primera y única vez que Pravda ganó el elogio de los “defensistas“ de la peor especie. En las fábricas, dicho número de Pravda [No. 8] produjo estupor entre los adherentes a nuestro partido y sus simpatizantes, y la satisfacción malévola de nuestros enemigos. En el Comité de Petersburgo, en el Buró del Comité Central y en la redacción de Pravda se recibieron muchas preguntas. ¿Qué estaba pasando? ¿Por qué nuestro periódico había abandonado la política bolchevique para seguir la de los defensistas? Pero el Comité de Petrogrado fue tomado por sorpresa, al igual que toda la organización, por el golpe de Estado, y se mostró profundamente disgustado, acusando al Buró del Comité Central. La indignación en los suburbios de los trabajadores era muy fuerte, y cuando los proletarios se enteraron de que tres ex‐editores de Pravda, recién llegados de Siberia, había tomado posesión del Buró del Comité Central, se exigió su expulsión del partido. (Шляпников, 1992: 451)9

El primer editorial de Pravda escrito por Kamenev después de la revolución de febrero, titulado “El Gobierno Provisional y la Socialdemocracia revolucionaria” y publicado en Pravda, fijó la línea de que los bolcheviques deberían tratar de “controlar” el Gobierno Provisional a través del Soviet en lugar de derrocarlo:

Y nosotros, los socialdemócratas revolucionarios, ni siquiera tenemos que decir que, en la medida en que el Gobierno Provisional realmente luche contra los restos del antiguo régimen, en tal medida recibirá el decidido apoyo del proletariado revolucionario. Siempre y en todas partes, donde el Gobierno Provisional, obediente a la democracia revolucionaria representada en los Soviets de los Diputados de Trabajadores y Soldados, enfrente a la reacción o a la contrarrevolución, el proletariado revolucionario debe estar dispuesto a apoyarlo. Pero este es un apoyo a la causa, no a las personas, un apoyo no a la composición del Gobierno Provisional, sino a las medidas objetivas y revolucionarias que éste se ve obligado a tomar y en la medida en que realmente las toma.

Por lo tanto, nuestro apoyo no debe en modo alguno aprisionarnos. Con la misma decisión con la que apoyamos la eliminación final del antiguo régimen y de la monarquía, la implementación de las libertades, etc., criticaremos y expondremos con toda firmeza cualquier incoherencia del Gobierno Provisional, cualquier desviación de la lucha resuelta, cualquier intento de atar las manos del pueblo o de apagar el furioso fuego revolucionario.

Hacemos un llamamiento a la democracia revolucionaria dirigida por el proletariado para ejercer el control más implacable sobre todas las acciones del poder, tanto en el centro como en las provincias... La consigna del momento sigue siendo: la organización de las fuerzas del proletariado, la consolidación de las fuerzas del proletariado, el campesinado y el ejército en los Soviets de Diputados, la desconfianza absoluta ante todas las promesas liberales, el control más estricto de la implementación de nuestras demandas, y un firme apoyo a cada medida que conduzca a la eliminación de todos los restos del régimen zarista‐terrateniente. (Каменев, 1917a)

Un ejemplo destacado de la nueva línea “defensista” mencionada por Shliapnikov es el artículo de Kamenev “Sin diplomacia secreta”, publicado en Pravda el 15 de marzo, donde entre otras cosas se lee:

Cuando un ejército se opone a otro ejército, la política más ridícula sería sugerir a uno de ellos que deponga las armas y se vaya a casa. Esta política no sería una política de paz, sino una política de esclavitud, una política que el pueblo libre rechazaría indignado. No, se mantendrá firme en su puesto, respondiendo a las balas con balas y a los obuses con obuses. Esto es inmutable.

Un soldado revolucionario y un oficial que derrocaron el yugo del zarismo no dejarán las trincheras para despejar su lugar a un soldado alemán o austríaco y a un oficial que aún no han encontrado el coraje para derrocar el yugo de su propio gobierno. ¡No debemos permitir ninguna desorganización de las fuerzas militares de la revolución! La guerra debe terminar de manera organizada, por un tratado entre los pueblos liberados, y no por la voluntad del vecino conquistador e imperialista. (Каменев, 1917b)

Siguiendo la línea de ejercer presión sobre el Gobierno Provisional, Kamenev sugirió que éste debería renunciar a las anexiones, lo que implicaba que un gobierno burgués podía de alguna manera dejar de ser imperialista:

Pero el pueblo liberado tiene el derecho de saber por qué está luchando, tiene el derecho de determinar sus propios objetivos y tareas en una guerra que no ha comenzado. Debe declarar abiertamente no sólo a sus amigos, sino también a sus enemigos, que no aspira a conquistas ni a anexiones de tierras extranjeras, y que ofrece a cada nacionalidad el derecho de decidir cómo organizar su destino. (Каменев, 1917b)

Y Kamenev cerró su artículo con estas palabras, sorprendentes en boca de un bolchevique:

Nuestra consigna no es la desorganización del ejército revolucionario y revolucionado, ni la frase vacía “Abajo la guerra”. Nuestra consigna es: ejercer presión sobre el Gobierno Provisional para obligarlo abiertamente, ante toda la democracia mundial, a intentar de inmediato convencer a todos los países beligerantes para que inicien de inmediato negociaciones sobre la manera de poner fin a la guerra mundial.

Hasta entonces, todo el mundo permanece en su puesto militar. Por lo tanto, acogiendo con agrado el ya mencionado llamamiento del Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados a los “Pueblos de todo el mundo”, vemos en él sólo el comienzo de una campaña amplia y decidida para el triunfo de la paz y el cese del derramamiento de sangre en el mundo. (Каменев 1917b)

De manera similar, en el artículo “Acerca de la guerra “, publicado en Pravda No 10 del 16 de marzo, Stalin rechazó “el mero eslogan ‘Abajo la guerra!’“ como “totalmente inadecuado“ y dio la bienvenida al “Llamamiento a los pueblos del mundo” elaborado por los líderes mencheviques y socialistas revolucionarios del Soviet de Petrogrado el 14 de marzo, con las siguientes palabras:

No podemos dejar de dar la bienvenida al manifiesto de ayer del Soviet de Diputados de Trabajadores y de Soldados en Petrogrado a los pueblos del mundo entero pidiéndoles que insten a sus propios gobiernos a detener la carnicería. Este manifiesto, si llega a las grandes masas, sin duda hará retornar a cientos y a miles de obreros al olvidado eslogan “¡Proletarios de todos los países, uníos!” (Сталин, 1917)

El Manifiesto también fue recibido calurosamente nada menos que por Pavel Miliukov, cuyo periódico declaró que “el manifiesto, aunque comienza con una nota típica de pacifismo, desarrolla una ideología esencialmente común a nosotros y a todos nuestros aliados” (Trotsky, 1937: 280).10

Estas posiciones contrastan fuertemente con las opiniones expresadas por Lenin, todavía exiliado en Suiza, en sus “Cartas desde lejos”, y por lo tanto no es sorprenden‐ te que Pravda publicara sólo una versión censurada de la primera de ellas. Los editores suprimieron un pasaje que castigaba “la vieja doctrina (que nada tiene de marxista)“, según la cual la revolución rusa sería burguesa, que había resultado en un “pacto” entre el partido obrero y los kadetes, en el “apoyo” a estos últimos por el primero, y que sólo había servido para “encubrir el complot tramado por los imperialistas anglo‐franceses con los Guchkov y los Miliukov dirigido a desplazar al ‘principal guerrero’, Nicolás Romanov, y remplazarlo por guerreros más enérgicos, frescos y más capaces.” (Lenin, 1917a: 301‐302).

Otros pasajes suprimidos incluían referencias explícitas a los mencheviques y a los socialistas revolucionarios como “acólitos” de los capitalistas, “socialpatriotas y social‐ chovinistas”, así como una denuncia a sus líderes Gvozdiev, Potresov, Chjenkeli, Kerenski y Chjeidze como “traidores a la clase obrera” (Lenin, 1917a: 209 y 305). Esto no es en absoluto sorprendente, ya que los bolcheviques estaban llevando adelante en aquel momento, bajo la dirección de Kamenev y Stalin, negociaciones de unidad con los mencheviques, como veremos de inmediato.11

La Conferencia del Partido Bolchevique de marzo de 1917 (28 de marzo 2 de abril)

La Conferencia Panrusa de los Soviets de Diputados de Trabajadores y Soldados se convocó a finales de marzo de 1917. Simultáneamente con esta Conferencia, el Buró del Comité Central lanzó una convocatoria de una Conferencia de Trabajadores del Partido de toda Rusia para el 28 de marzo, la primera celebrada después de la revolución de febrero. La agenda prevista para la Conferencia incluía como puntos cuatro y cinco la actitud hacia el Gobierno Provisional y la guerra. Dos días antes de la reunión, el 26 de marzo, Pravda No. 18 publicó las resoluciones del Buró del Comité Central del POSDR(b) “Acerca del Gobierno Provisional“ y “Acerca de la guerra y la paz“, las cuales constituyeron la base para las decisiones de la conferencia de marzo de los bolcheviques (Бурджалов, 1956: 47).

Los protocolos originales de los debates de las sesiones del 27 de marzo y del 28 de marzo, cuando se discutió la cuestión de la guerra, fueron destruidos durante las Jornadas de Julio en una incursión en el Palacio de Kshesinskaia, la sede del Comité Central Bolchevique. Pero los debates sobre el Gobierno Provisional fueron preservados, y arrojan mucha luz sobre las posiciones de Kamenev y Stalin.

Lenin no llegó a tiempo para la apertura de la conferencia bolchevique, y el partido estuvo profundamente dividido sobre cuestiones fundamentales tales como la actitud ante el Gobierno Provisional, la guerra y la unidad con los mencheviques. Mientras un pequeño grupo (Sevryuk, Voitinsky, B. Avilov), que pronto se uniría a los mencheviques, pidió apoyar al Gobierno Provisional, Molotov y otros participantes en la conferencia caracterizaron al Gobierno Provisional como el centro de las fuerzas contrarrevolucionarias y propusieron no otorgarle ninguna confianza. Kamenev y Stalin desempeñaron el papel de diplomáticos, intentando conciliar ambos puntos de vista.

En su informe “Acerca de la actitud ante el Gobierno Provisional”, Stalin repitió la idea de Kamenev de que el Soviet debía ejercer “control” sobre el Gobierno Provisional:

El poder se ha dividido entre dos órganos, ninguno de los cuales posee pleno poder. Hay y debe haber fricción y lucha entre ellos. Los papeles se han dividido. El Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados ha tomado de hecho la iniciativa de efectuar transformaciones revolucionarias. El Soviet de Diputados de Obreros y Soldados es el líder revolucionario del pueblo insurreccional; un órgano de control sobre el Gobierno Provisional. Por otra parte, el Gobierno Provisional ha tomado de hecho el papel de fortificador de las conquistas del pueblo revolucionario. El Soviet de Diputados Obreros y Soldados moviliza las fuerzas y ejerce el control, mientras que el Gobierno Provisional, de manera vacilante y confusa, asume el papel de fortificador de esas conquistas que el pueblo que ya ha hecho en la práctica... En la medida en que el Gobierno Provisional fortifica los pasos de la revolución, debemos apoyarlo; pero en la medida en que es contrarrevolucionario, el apoyo al Gobierno Provisional es impermisible. (Trotsky, 2004: 259).

Todas las resoluciones propuestas coincidían en que el Gobierno Provisional era el órgano de la burguesía rusa y del imperialismo de la Entente, y en que los soviets eran “embriones del poder revolucionario”, como lo afirmaba el proyecto de resolución del Buró del Comité Central del POSDR(b) sobre el Gobierno Provisional, escrito por Kamenev, pero diferían en su determinación de la política a seguir por el Partido y por los Soviets hacia el Gobierno Provisional. El proyecto de resolución de Kamenev argumentaba que “incluso en el momento actual estos Soviets deben ejercer el control más decisivo sobre todas las acciones del Gobierno Provisional y sus agentes tanto en el centro como en las provincias”. (Trotsky, 2004: 260)

Después de que Stalin expresara sus reservas sobre el proyecto de resolución del Buró del Comité Central, afirmando que estaba “más bien de acuerdo con la resolución del Soviet de Diputados de Trabajadores y Soldados de Krasnoyarsk”, una resolución de compromiso fue redactada y aprobada por la Conferencia, a la cual las minutas se refieren como la “resolución de Kamenev y Stalin”, en la que se llamaba “a la democracia revolucionaria... a ejercer un control vigilante sobre las actividades del Gobierno Provisional en el centro y en las provincias, instándolo a la lucha más enérgica para la liquidación completa del antiguo régimen” (Trotsky, 2004: 319).

Sobre la cuestión crucial de la unidad propuesta con los mencheviques, Zalutsky advirtió en la sesión del 1 de abril que existían desacuerdos con los mencheviques sobre la actitud ante la guerra y sobre la evaluación del papel de las fuerzas capitalistas en la revolución, afirmando que “si ahora los ignoramos, de todas maneras dentro de una semana tendremos una división. Es imposible unirse sobre la base de un símbolo superficial como lo es Zimmerwald‐Kienthal” (Trotsky, 2004: 135).

Haciendo caso omiso de esas advertencias, Stalin argumentó que “la unificación es posible sobre la base de la línea de Zimmerwald‐Kienthal”, aunque poco después el líder Socialista Revolucionario Víctor Chernov, un participante en la conferencia de Zimmerwald, se uniría al Gobierno Provisional como Ministro de Agricultura. Stalin continuó argumentando que no había que “adelantarse y anticipar los desacuerdos. No hay vida partidaria sin desacuerdos. Sobreviviremos a los desacuerdos triviales dentro del partido.... Tendremos un partido único con los que están de acuerdo con Zimmerwald y Kienthal, es decir, con los que están en contra del defensismo revolucionario” (Trotsky, 2004: 212). La moción de Stalin fue adoptada por una mayoría de todos los votos contra uno.

Las resoluciones adoptadas por la Conferencia de toda Rusia de Trabajadores del Partido y presentadas por Kamenev en nombre de los bolcheviques al Consejo Panruso de los Soviets describían a la guerra como una guerra imperialista, pero añadían una cláusula tomada de los artículos de Kamenev —la inadmisibilidad de la desorganización del ejército y la necesidad de conservar su poder—. La resolución sobre el Gobierno Provisional, a su vez, era tan parecida a la resolución del Comité Ejecutivo del Soviet de Petrogrado dirigido por los socialistas revolucionarios y los mencheviques que Kamenev, en su discurso ante el Consejo Panruso de los Soviets, declaró: “En nombre de los delegados bolcheviques de nuestra Conferencia, me complace decir que, gracias a los cambios introducidos en el texto original de la resolución propuesta por el Comité Ejecutivo, estamos retirando una resolución separada y votaremos a favor de la resolución del Comité Ejecutivo.”12

La creciente aprehensión y alarma de Lenin ante las posiciones desarrolladas por Kamenev y Stalin son evidentes en su correspondencia de aquel entonces. En una carta a Hanecki enviada desde Zurich a Estocolmo y fechada el 30 de marzo, Lenin escribió:

No puede haber ninguna confianza en Chjeidze y compañía, o Sujanov, Steklov y otros por el estilo. ¡Ningún acercamiento con otros partidos, ninguno de ellos! ¡Ni una sombra de confianza o apoyo al gobierno de Guchkov‐Miliukov y Co.! La propaganda más irreconciliable del internacionalismo y de la lucha contra el chovinismo republicano y el socialchovinismo en todas partes, tanto en la prensa como en el seno del Soviet de Diputados Obreros. La organización de nuestro partido: esto es lo esencial. Kamenev debe darse cuenta de que tiene una responsabilidad histórica mundial. (Lenin, 1917b: 312‐313)

La descripción de Alexander Rabinowitch del trasfondo a las Tesis de Abril sigue siendo la más exacta: “Sólo en el contexto de la moderación y de la distensión que prevalecían entre los bolcheviques en este momento se puede entender el efecto explosivo del programa inequívoco propuesto por Lenin” (Rabinowitch, 1968: 38).

La llegada de Lenin a Petrogrado (3 de abril)

Tales eran las opiniones que prevalecían entre los líderes bolcheviques en Petrogrado cuando, el 3 de abril, Lenin llegó a la estación de Finlandia, en el corazón del distrito industrial de Víborg. Según el testimonio de Sujanov, frente a una multitud de obreros y soldados:

Lenin se burló de la política de “paz” del Soviet: no, las Comisiones de “Enlace” [entre el Gobierno Provisional y el Soviet] nunca liquidarían una guerra mundial. En general, la democracia soviética, dirigida por Tsereteli, Chjeidze y Steklov, habiendo adoptado el punto de vista del “defensismo revolucionario”, era impotente para hacer cualquier cosa por una paz general...

El Manifiesto del Soviet se jactaba ante Europa de los éxitos que había logrado; hablaba de la “fuerza revolucionaria de la democracia”, de la “libertad política total”. Pero, ¿qué clase de fuerza era ésta, cuando la burguesía imperialista estaba a la cabeza del país? ¿Qué clase de libertad política, cuando no se publicaban los documentos diplomáticos secretos? ¡Qué clase de libertad de expresión, cuando todos los medios de impresión estaban en manos de la burguesía y custodiados por un gobierno burgués!...

El Soviet “revolucionario‐defensista”, dirigido por oportunistas y socialpatriotas, sólo podía ser un instrumento de la burguesía. Para que sirviera como un instrumento de la revolución socialista mundial, todavía debía ser conquistado y hecho proletario en lugar de pequeño‐burgués. La fuerza bolchevique era inadecuada para eso ahora. Bueno, ¿y qué? Aprenderían a ser una minoría, a iluminar, a explicar, a persuadir. . .

Pero, ¿con qué metas, con qué programa? ...

“No necesitamos una república parlamentaria, no necesitamos uno democracia burguesa, no necesitamos ningún gobierno excepto los Soviets de Diputados Obreros, Soldados y Campesinos“. (Sukhanov, 1955: Vol. I, 281‐282)

Tres días antes, agregaba Sujanov, el editor de Pravda había estado feliz de votar por un frente único con Tsereteli y todos los “populistas”. Cuando Sujanov le preguntó a Kamenev qué pensaba de los argumentos de Lenin, “simplemente se encogió de hombros diciendo: ‘¡Espera, espera!’” (Sukhanov, 1955: Vol. I, 285).

El testimonio de Sujanov es confirmado por el del marinero bolchevique Fiodor Raskolnikov, quien, en sus memorias sobre Kronstadt y Petrogrado en 1917, recuerda su encuentro con Lenin y Kamenev en el compartimiento de tren del primero con las siguientes palabras:

El camarada Kamenev nos introdujo en él y, después de intercambiar un firme apretón de manos, todos nosotros, rodeando a Lenin, entramos en su carruaje. Apenas entró en el compartimiento y se sentó, Vladimir Ilich se volvió hacia el camarada Kamenev. “¿Qué es lo que has estado escribiendo en Pravda? Hemos visto varios números y realmente te hemos maldecido...” oímos a Ilich decir en su tono de reproche paternal, en el que nunca había nada ofensivo. (Raskolnikov, 1982: 71)

Después de su discurso en la estación Finlandia y de varias arengas en la calle desde el capó de su automóvil, Lenin fue llevado a la mansión Kshesinskaia, antigua propiedad de una famosa bailarina, la amante del zar M. F. Kshesinskaia y entonces sede de los bolcheviques en la capital. Raskolnikov informa que,

Cuando la lista de oradores se agotó, Ilich inmediatamente volvió a la vida, se puso de pie y comenzó a trabajar. Lenin atacó resueltamente la táctica que los líderes del Partido y compañeros individuales habían estado siguiendo antes de su regreso. Cáusticamente ridiculizó la famosa fórmula de apoyo al Gobierno Provisional “en la medida en que...”13, y levantó la consigna “Ningún apoyo al gobierno de los capitalistas”, al mismo tiempo llamando al Partido a luchar por la toma del poder por los Soviets, por una revolución socialista.

Usando algunos ejemplos destacados, el camarada Lenin demostró brillantemente toda la falsedad de la política del Gobierno Provisional, la contradicción evidente entre sus promesas y sus acciones, entre las palabras y los hechos, haciendo hincapié en que era nuestro deber exponer implacablemente sus pretensiones y su conducta contra-revolucionaria y antidemocrática. El discurso del camarada Lenin duró casi una hora. El público lo siguió atentamente, con una atención intensa. Los trabajadores más responsables del partido estaban presentes allí, pero incluso para ellos lo que Ilich dijo constituyó una verdadera revelación. Se habían cruzado un “Rubicón” entre las tácticas de ayer y las del presente.

El camarada Lenin planteó clara y nítidamente la pregunta: “¿Qué hay que hacer?” y nos alejó de nuestra antigua posición de semi‐reconocimiento y semi‐apoyo al Gobierno Provisional, instándonos a adoptar una política de no reconocimiento y de lucha irreconciliable.

El triunfo del poder soviético, que muchos veían como algo en la distancia nebulosa de un futuro más o menos indefinido, fue colocado por el camarada Lenin en el plano de una conquista urgente‐ mente necesaria de la revolución, que debía alcanzarse en un plazo muy corto. Este discurso fue histórico en el sentido más amplio. El camarada Lenin expuso en él por primera vez su programa político, que formuló al día siguiente en las famosas tesis del 4 de abril. Este discurso produjo una revolución completa en el pensamiento de los líderes del partido, y sentó las bases para todo el trabajo posterior de los bolcheviques. No fue por casualidad que las tácticas de nuestro partido no siguieron una línea recta, sino que después del regreso de Lenin dieron un giro brusco a la izquierda. (Raskolnikov, 1982: 76‐77)

Las “Tesis de abril” de Lenin (47 de abril)

Al día siguiente, el 4 de abril, Lenin presentó sus célebres “Tesis de abril” ante los delegados bolcheviques a la Conferencia Panrusa de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados, en uno de los pisos superiores del Palacio Táuride. Lenin apareció ante la conferencia después de que en realidad ésta hubiese terminado, es decir, después de que las resoluciones sobre el Gobierno Provisional y la guerra hubieran sido adoptadas y presentadas ante la Conferencia Panrusa de los Soviets; las sesiones de la Conferencia del Partido Bolchevique se prolongaron después de su llegada para oírlo.

En contraste con las posiciones de Kámenev y Stalin sobre la guerra, las tesis de Lenin, en realidad tituladas “Las tareas del proletariado en la presente revolución” y publica‐ das tres días más tarde en Pravda No 26 del 7 de abril, reafirmaban el repudio total de Lenin al de “defensismo revolucionario” y llamaban a la confraternización en el frente. Las tesis caracterizaban la situación como una transición entre la primera etapa burguesa de la revolución y la segunda etapa, durante la cual el poder pasaría a manos del proletariado. En lo que respecta al Gobierno Provisional, las tesis de Lenin rechazaban la fórmula de “control” del mismo por el Soviet defendida por Kamenev y Stalin, y llamaban en lugar de ello a un completo rechazo del Gobierno Provisional, al mismo tiempo descontando como absurda la posibilidad de reunificación con los mencheviques. La principal consigna bolchevique a partir de entonces sería la transferencia de todo el poder a los soviets, lo que resultaría en el armamento del pueblo, la abolición de la policía, el ejército y la burocracia estatal, la confiscación de todas las propiedades de los terratenientes, y la transferencia del control sobre la producción y distribución de los bienes a los trabajadores.

En sus propias observaciones sobre las Tesis de Abril ante los delegados bolcheviques a la Conferencia Panrusa de los Soviets de Diputados de Obreros y Soldados, Lenin advirtió: “Incluso nuestros bolcheviques muestran cierta confianza en el Gobierno. Esto se puede explicar solamente por la intoxicación de la revolución. Es la muerte del socialismo. Ustedes compañeros tienen una actitud de confianza ante el Gobierno. Si esto es así, nuestros caminos se separan. Prefiero permanecer en una minoría” (Lenin, 1917d: 437). Al comentar su tercera tesis (‘Ninguna apoyo al Gobierno Provisional’), en una clara referencia al artículo de Kamenev ‘Sin diplomacia secreta’, Lenin dijo: “Pravda demanda del Gobierno que debería renunciar a las anexiones. Pero demandar a un gobierno de capitalistas que renuncie a las anexiones no tiene sentido, es una burla atroz... Es hora de admitir nuestro error.” (Lenin, 1917d: 438) Y en una referencia igual‐ mente transparente a la bienvenida de Stalin, en su artículo ‘Sobre la guerra’, al “Manifiesto a la pueblos del mundo” del Soviet de Petrogrado, Lenin dijo: “el manifiesto del Soviet de Diputados Obreros no contiene una palabra con conciencia de clase. ¡Es pura cháchara! El palabrerío, la adulación del pueblo revolucionario, es algo que ha arruinado a todas las revoluciones. Todo el marxismo nos enseña a no caer en las frases revolucionarias, sobre todo en un momento en el que tienen la mayor aceptación” (Lenin, 1917d: 439).

Al comentar su décima tesis (‘La reconstrucción de la Internacional’), Lenin rechazó la posición de Stalin de que “la unificación es posible sobre la base de la línea de Zimmerwald‐Kienthal,” porque la mayoría de Zimmerwald era centrista, y la línea de demarcación con los revolucionarios pasaba por la izquierda de Zimmerwald: “el Centro prevaleció en Zimmerwald y Kienthal... Declaramos que hemos formado un ala izquierda y que hemos roto con el Centro... La tendencia de izquierda de Zimmerwald existe en todos los países del mundo. Las masas deben darse cuenta de que el socialismo se ha dividido en todo el mundo.” (Lenin, 1917d: 443)

Lenin finalizó su intervención advirtiendo que estaba dispuesto a dividir el Partido si las posiciones centristas prevalecían: “He oído que hay una tendencia hacia la unificación en Rusia, hacia la unidad con los defensistas. Esto es traición al socialismo. Creo que es mejor permanecer solo, como Liebknecht: uno contra ciento diez” (Lenin, 1917d: 443). En sus memorias de Lenin, Krupskaya delicadamente informa que “los compañeros estaban un poco sorprendidos en ese momento. Muchos de ellos pensaban que Ilich estaba presentando su posición de una manera demasiado abrupta, y que era demasiado pronto para hablar de una revolución socialista” (Krupskaia, 1970: 348).

En la planta baja una reunión de los mencheviques estaba en marcha. Se le pidió a Lenin dar un informe similar en una reunión conjunta de los delegados mencheviques y bolcheviques. Según el testimonio de uno de los miembros del Comité de Petrogrado, V. N. Zalezhsky: “Las tesis de Lenin produjeron la impresión de una bomba. En los debates subsiguientes, el menchevique Goldenberg declaró: ‘Durante muchos años el lugar de Bakunin en la revolución rusa estuvo vacante, Lenin acaba de ocuparlo.’ Ese día Lenin no encontró partidarios. En esa reunión, solamente Kollontai lo apoyó.“ (Залежский, 1923: 156).

Reacciones al programa de Lenin

Todas las tendencias políticas rusas de aquel momento, desde la extrema derecha hasta la extrema izquierda, reconocieron el cambio profundo en la posición de Lenin, y todas rechazaron su nuevo programa. En los primeros días de abril, bajo la dirección de Kamenev y Stalin, los bolcheviques habían estado entablando conversaciones de unidad con los mencheviques. El 6 de abril, Rabochaia Gazeta, el órgano central de los mencheviques, comentó:

Cuando Lenin, recién llegado del exilio, dio lectura a su informe en la conferencia para la unificación de los socialdemócratas, muchos de sus oyentes sintieron que comenzaba una tragedia real, genuina, la tragedia que se esconde en cada revolución, la tragedia de la transformación de la revolución en reacción. La revolución en desarrollo está siempre amenazada por el peligro no sólo desde la derecha, sino también desde la izquierda. La revolución puede luchar con éxito contra la reacción y desalojarla de su posición sólo en la medida en que es capaz de permanecer dentro de los límites que están predeterminados por la necesidad objetiva (el estado de las fuerzas productivas, el nivel de conciencia de las masas correspondiente al mismo, etc.). No se puede prestar mejor servicio a la reacción que haciendo caso omiso de esos límites e intentando violentarlos.

Lenin llegó a nosotros con el fin de prestar este servicio a la reacción. Después de su discurso, podemos decir que cada éxito significativo de Lenin será un éxito de la reacción, y que toda la lucha contra las aspiraciones contrarrevolucionarias y las intrigas será inútil hasta que no nos aseguremos nuestro flanco izquierdo, hasta que hagamos políticamente inofensiva, mediante un rechazo decisivo, la corriente que encabeza Lenin. . . .

Es imperativo, por la lucha activa y la propaganda, poner a la revolución a salvo de esta puñalada por la espalda que se está preparando contra ella. . . . Un peligro indudable amenaza a la revolución. Antes de que sea demasiado tarde, Lenin y sus seguidores deben recibir el rechazo más decisivo. (Kerensky y Browder, 1961: 1208)

En Delo Naroda, el órgano central de los socialistas revolucionarios, su líder Chernov esperaba hacer inofensivo a Lenin ridiculizando la histeria en la prensa popular y sugiriendo que los socialistas no debían “asustarse indebidamente por los excesos políticos de Lenin” (Kerensky y Browder, 1961: 1210)

Al día siguiente, el 7 de abril, las tesis de Lenin se imprimieron en Pravda. Sujanov informa sobre el aislamiento de Lenin en la dirección del Partido Bolchevique:

Alrededor de una semana después de su llegada [en realidad, cuatro días después] las famosas Tesis de Lenin fueron publicadas en Pravda, en forma de un artículo. Contenían un resumen de la nueva doctrina expuesta en sus discursos... Las Tesis fueron publicadas en nombre de Lenin solamente: ninguna organización bolchevique, ningún grupo o incluso individuo de su partido se le habían unido. Y los editores de Pravda por su parte, consideraron necesario hacer hincapié en el aislamiento de Lenin y en su independencia de él. (Sukhanov, 1955: Vol. I, 289)

La publicación de las “Tesis de abril” de Lenin en Pravda el 7 de abril, fue seguida al día siguiente por un artículo de Kamenev titulado “Nuestros desacuerdos”, en el que se desligó de ellas. Este breve documento es la contraparte centrista de las “Tesis de abril” y por lo tanto lo hemos incluido como apéndice al presente artículo; sólo señalaremos aquí que Kamenev rechazó el argumento de Lenin de que era “necesario crear un Partido nuevo, Comunista”, así como su creencia en la necesidad de la “transformación inmediata de esta revolución en una revolución socialista”. Kamenev también rechazó las críticas de Lenin a “la política de Pravda” tal como había sido “formulada en las resoluciones sobre el Gobierno Provisional y la guerra, redactadas por el Buró del Comité Central”, argumentando que el Partido Bolchevique continuaría con su línea de ejercer “control” sobre el Gobierno Provisional a través del Soviet hasta que la Conferencia de toda Rusia del Partido, que se celebraría del 24 al 19 de abril, determinara si esa línea debía ser modificada o no —colocando así oficialmente a Lenin en oposición a la mayoría de la dirección del partido—. (Каменев, 1917b)

Sin embargo, esa mayoría estaba erosionándose rápidamente: después de la intervención de Lenin en la Conferencia del Partido Bolchevique de marzo y de la publicación de las “Tesis de abril”, Stalin hizo un giro brusco a la izquierda, dejando a Kamenev en la estacada. A partir de entonces, Stalin aparecería como un leninista firme y Kamenev tendría que defender solo los puntos de vista que anteriormente ambos habían defendido juntos.

La Conferencia de la ciudad de Petrogrado del Partido Bolchevique (abril 1422)

En una reunión del Comité de San Petersburgo del Partido Bolchevique celebrada el 8 de abril, la mayoría de sus miembros votó en contra de las propuestas de Lenin. Pero Lenin no abandonó la lucha. En una carta enviada desde Petrogrado a J. S. Hanecki y Karl Radek en Estocolmo, el 12 de abril, escribió: “Esperamos enderezar completamente la línea de Pravda, que ha oscilado hacia el ‘kautskismo’” (Lenin, 1917e: 445). Se decidió trasladar la discusión a los barrios de la capital. Durante una semana los partidarios y detractores de las tesis de Lenin discutieron en los distritos, después de lo cual se convocó a una conferencia de los bolcheviques de Petrogrado, que se reunió del 14 al 22 de abril.

En su “Informe sobre la situación actual y la actitud hacia el Gobierno Provisional” del 14 de abril, Lenin llamó a efectuar una revisión de lo que llamó el “viejo” bolchevismo:

La situación es original porque ahora tenemos el doble poder.... El Soviet de diputados obreros y sol‐ dados es la realización de la dictadura del proletariado y de los soldados, entre estos últimos la mayoría son campesinos. Es por ello una dictadura del proletariado y del campesinado. Pero esta “dictadura” ha llegado —y aquí es precisamente donde se hace necesario revisar el “viejo” bolchevismo— a un acuerdo con la burguesía. La situación creada demuestra que la dictadura del proletariado y de los campesinos se ha entrelazado con el poder de la burguesía. Situación extraordinaria‐ mente original. Jamás ha habido una revolución en la que los representantes del proletariado y del campesinado revolucionario, a pesar de estar completamente armados, concertasen una alianza con la burguesía y que, teniendo el poder, lo cediesen a la burguesía.... A esto, los “viejos bolcheviques” refutan: “No, no está terminada pues no rige la dictadura del proletariado y del campesinado.” Pero el Soviet de diputados obreros y soldados es esa dictadura. (Lenin, 1917f: 66‐67)

La cuestión de clase que, según Lenin, había vuelto obsoleta a la antigua fórmula bolchevique, era lo que él llamaba el “entrelazamiento” de las formas estatales burguesas y proletarias. La coexistencia continuada de dos organizaciones estatales incompatibles y antagónicas inevitablemente allanaría el camino para el triunfo de la reacción; es por eso que Lenin se refirió a los Soviets como una nueva forma del Estado proletario des‐ cubierta por los obreros franceses en la Comuna de París, idea que más tarde desarrolló en su libro El estado y la revolución.

Preocupado por el hecho de que el eslogan “Ningún apoyo al Gobierno Provisional” pudiera interpretarse como un llamamiento para su derrocamiento inmediato, Lenin advirtió que el Gobierno Provisional sólo podría ser desechado después de que el Partido Bolchevique hubiera ganado la mayoría en los Soviets. “Mientras el gobierno provisional tiene el apoyo del Soviet de diputados obreros, no se puede ‘sencillamente’ derribarlo. Sólo se lo puede y se lo debe derribar conquistando la mayoría dentro de los Soviets” (Lenin, 1917: 70‐71). La audacia de esta perspectiva política se hace evidente cuando tomamos en cuenta que en el Primer Congreso Panruso de los Soviets de Diputados obreros y soldados, que se reunió en Petrogrado del 3 de junio al 24 de junio, había 1.090 delegados, de los cuales 533 eran mencheviques y socialistas revolucionarios y sólo 105 eran bolcheviques (el 9,64 por ciento). (Golder, 1927: 360‐361)

En su “Palabras de clausura del informe sobre la situación actual” Lenin atacó el concepto de “democracia revolucionaria”, porque ocultaba las contradicciones de clase entre el proletariado y la pequeña burguesía:

Hay que descartar el viejo bolchevismo. Es preciso delimitar las posiciones de la pequeña burguesía y el proletariado asalariado. Las frases hermosas sobre el pueblo revolucionario son propias de un hombre como Kerenski, pero no del proletariado revolucionario. No es gran mérito ser revolucionario, o aunque más no sea demócrata, ahora que Nicolás ha sido depuesto. La democracia revolucionaria no sirve para nada, no es más que una frase. Ella encubre los antagonismos de los intereses de clase en vez de ponerlo al descubierto. Un bolchevique debe abrir los ojos a los obreros y campesinos sobre la existencia de esos antagonismos y no ocultarlos. Si la guerra imperialista golpea económicamente al proletariado y los campesinos, estas clases deberán levantarse contra ella.... Un bolchevique debe distinguir entre proletariado y pequeña burguesía, y dejar a Kerenski frases como “democracia revolucionaria” y “pueblo revolucionario”. La democracia en Rusia es pro‐imperialista. (Lenin, 1917f: 74)

Según Lenin, la tarea era lograr la abolición del ejército permanente, la burocracia y la policía, y el armamento de todo el pueblo.14

En su intervención, Kamenev argumentó que la resolución de Lenin no proporcionaba directrices claras para el trabajo práctico. Existía, según Kamenev, “un acuerdo entre el Gobierno Provisional y el Soviet de Diputados Obreros”, que había resultado de “una cierta correlación de fuerzas” y que por ende no podía ser descartado de la noche a la mañana en ausencia de algo que lo reemplazase (РСДРП (большевиков), 1958: 35). Kamenev creía que la demanda inmediata debía ser el control del Gobierno Provisional por parte del Soviet: “Ya que no pedimos ahora el derrocamiento del Gobierno Provisional, debemos llamar ahora, como lo hemos hecho en nuestra resolución [en la Conferencia de marzo], a controlarlo”. (РСДРП (большевиков), 1958: 35)

Las resoluciones de Lenin y Kamenev sobre la actitud hacia el Gobierno Provisional fueron entonces leídas, y el borrador de Lenin fue finalmente aceptado después de algunas modificaciones menores. La diferencia fundamental con las llamadas anteriores de Kamenev y Stalin a “ejercer control” sobre el Gobierno Provisional estaba en las conclusiones, que llamaban a desarrollar una labor paciente “para asegurar que todo el poder del Estado pase a manos de los Soviets de diputados obreros y soldados o a otros órganos que expresen directamente la voluntad del pueblo”. (Lenin, 1917f: 79)

Comentando la resolución, Kamenev argumentó que la enumeración de los fracasos del Gobierno Provisional en política interior, tales como la falta de una convocatoria a la Asamblea Constituyente, era “superflua” y sugirió descartarla (РСДРП (большевиков), 1958: 5). Lenin respondió a los comentarios afirmando que Kamenev se estaba pasando “a la política de Chjeidze y Steklov,” es decir, de los mencheviques, agregando: “Naturalmente nadie dirá, si no lo decimos nosotros, que el Gobierno Provisional posterga la convocación de la Asamblea Constituyente.” Era necesario enumerar los fracasos del Gobierno Provisional porque “con una enumeración de ‘pecados’ proporcionamos pertrechos para la propaganda” contra el mismo. Para Lenin, “en momentos revolucionarios el control significa engaño,” porque “no puede haber control sin poder” (Lenin, 1917f: 77). Todos los esfuerzos debían por lo tanto estar dirigidos al pasaje del poder a los Soviets, y a la obtención de una mayoría en los mismos por parte del Partido Bolchevique.

Kamenev rechazó estas críticas e introdujo dos enmiendas a la parte final de la resolución:

1) La Conferencia hace un llamamiento a la democracia revolucionaria para que ejerza el control más vigilante sobre las acciones del Gobierno Provisional, tanto en el centro como en las provincias, conduciéndolo a la abolición más decisiva del antiguo régimen.
2) Llamando al más amplio y decisivo esclarecimiento del verdadero carácter de clase del Gobierno Provisional, la Conferencia al mismo tiempo advierte contra el eslogan desorganizador de “derribar al gobierno”, el cual puede frenar el largo trabajo de educación y organización de las masas, que es la tarea principal del Partido. (РСДРП (большевиков) 1958, p. 37)

Kamenev y el resto de los dirigentes bolcheviques no compartían la concepción de Rosa Luxemburg y de Trotsky sobre la revolución rusa como la última etapa en el ciclo de las revoluciones burguesas y el comienzo de un nuevo ciclo de revoluciones obreras contra la explotación capitalista. Lenin adoptó ese punto de vista en las Tesis de Abril. Esto es lo que subyace al debate sobre el “control”, que en realidad fue un debate sobre el carácter de clase y las perspectivas políticas de la revolución rusa.

Kamenev limitaba la revolución rusa a una revolución democrático‐burguesa, es decir, consideraba que el papel de los Soviets era ejercer presión sobre el Gobierno Provisional para que éste llevara a cabo el programa democrático hasta el final. Obviamente, esta política de colaboración de clases nunca habría podido conducir a una revolución socialista; por eso Lenin insistía en deshacerse del Gobierno Provisional y en transferir todo el poder a los Soviets.

Por otra parte, las enmiendas de Kamenev reflejaban las posturas más tarde asumidas por las corrientes centristas en toda Europa: mientras que en 1918‐19 Rosa Luxemburg y Karl Liebknecht lucharon por el gobierno de los soviets alemanes (Räte), y los social‐demócratas se esforzaron por desembarazarse de ellos y en reemplazarlos por un régimen de contrarrevolución democrática, los líderes centristas Rudolf Hilferding y Karl Kautsky en Alemania y Max Adler en Austria propusieron “combinar” la democracia burguesa con el sistema soviético, incluyendo a los Soviets obreros en la constitución. Como Trotsky señaló, esto “habría significado hacer de la guerra civil potencial o abierta una parte constitutiva del régimen estatal” (Trotsky 1937, p. 214).

Las enmiendas de Kamenev fueron rechazadas por 20 votos contra 6, con 9 abstenciones, mientras que la “Resolución sobre la actitud hacia el Gobierno Provisional” propuesta por Lenin fue aprobada por 33 votos contra 6, con 2 abstenciones.

El proyecto de resolución de Lenin sobre la actitud hacia los mencheviques y los socialistas revolucionarios desautorizaba la política anteriormente seguida por Kamenev y Stalin de buscar la unificación con los mencheviques, al “considerar absolutamente imposible la unión con los partidos que, en general, mantienen una política de apoyo al gobierno provisional, propugnan el defensismo revolucionario, etc., en vista de que estos partidos han pasado de la posición de clase proletaria a la posición de clase pequeño‐burguesa”. (Lenin, 1917f: 83)

Las “Cartas sobre táctica” de Lenin (27 de abril)

Entre el 8 y 13 de abril, Lenin escribió un folleto titulado Cartas sobre táctica, editado por los bolcheviques de Petrogrado en tres ediciones, todos los cuales llevaron las Tesis de abril como apéndice. La primera edición, sobre la cual se informó en el número 42 de Pravda, apareció el 27 de abril. En dicho folleto, Lenin señaló que la presentación de sus tesis ante los delegados a la Conferencia Panrusa de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados el 4 de abril, y ese mismo día en la reunión conjunta de delegados bolcheviques y mencheviques, había dado lugar “a diferencias de opinión entre los mismos bolcheviques y la Redacción de Pravda”, y que, por lo tanto, “llegamos a la conclusión de que sería conveniente discutir abiertamente nuestras diferencias, proporcionando así material para la Conferencia de toda Rusia de nuestro partido... que ha de reunirse el 20 de abril de 1917, en Petrogrado”. (Lenin, 1917f: 458)

En respuesta a los argumentos de Kamenev en su artículo “Nuestros desacuerdos” Lenin sostuvo que la cuestión de la “terminación” de la revolución democrático‐burguesa había sido incorrectamente postulada por Kamenev, porque la realidad había mostra‐ do “tanto el paso del poder a manos de la burguesía (una revolución democrático‐burguesa ‘consumada’ del tipo corriente), como la existencia, junto al gobierno legítimo, de un gobierno paralelo”, que representaba la “dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado”. Sin embargo, este “segundo gobierno” había “cedido él mismo el poder a la burguesía”, se había “encadenado él mismo al gobierno burgués.” Esto significaba que la vieja fórmula bolchevique se había vuelto obsoleta y debía ser descartada; Kamenev no veía esto y continuaba aferrándose a una consigna perimida. (Lenin, 1917f: 466)

En cuanto al argumento de Kamenev de que la Socialdemocracia debía “seguir sien‐ do el partido de las masas revolucionarias del proletariado hasta el final, y no convertir‐ se en un grupo de propagandistas comunistas” Lenin respondió que las “masas” habían sucumbido “a la locura del defensismo ‘revolucionario’”, y que precisamente en tales circunstancias era necesario para los revolucionarios “saber estar en minoría durante cierto tiempo contra la embriaguez ‘colectiva’” y “desembarazar la línea proletaria de la embriaguez ‘colectiva’ defensista y pequeñoburguesa”. (Lenin, 1917f: 470)

Kamenev acusó a Lenin de querer llevar a cabo la “transformación inmediata” de la revolución democrático‐burguesa en una revolución socialista. Una vez más, Lenin tuvo que insistir en que su táctica consistía en explicar pacientemente a las masas la necesidad de renovar el liderazgo de los Soviets con el fin de crear un estado obrero según el modelo de la Comuna de París en lugar de una república parlamentaria pseudo‐democrática:

El camarada Kámenev se ha excedido un tanto en su “impaciencia” y ha repetido el prejuicio burgués que achaca a la Comuna de París el haber querido implantar el socialismo “inmediatamente”. No es así. La Comuna, por desgracia, se demoró demasiado en implantar el socialismo. La verdadera esencia de la Comuna no está donde la suelen buscar los burgueses, sino en la creación de un tipo especial de Estado. !Y ese Estado ya ha surgido en Rusia: son los soviets de diputados obreros y sol‐ dados! (Lenin, 1917f: 468‐469).

Vemos que, en su análisis del régimen de doble poder, Lenin hacía hincapié en las similitudes entre los Soviets y la Comuna de París de 1871, el primer estado obrero de la historia. En su obra La guerra civil en Francia, Marx había sostenido que “la Comuna era, esencialmente, un gobierno de la clase obrera, fruto de la lucha de la clase productora contra la clase apropiadora, la forma política al fin descubierta para llevar a cabo dentro de ella la emancipación económica del trabajo” (Marx, 1966: 72). La Comuna de París no socializó los medios de producción; se limitó en el campo económico a la introducción de algunas reformas muy parciales, tales como la abolición del trabajo nocturno de los panaderos, la prohibición de las multas, la administración por las asociaciones de trabajadores de todos los talleres abandonados y fábricas cerradas, etc. Pero Marx destacó los cambios políticos introducidos por la Comuna, enumerando las características distintivas de un estado obrero (un estado en vías de desaparición como órgano de represión), en contraposición a un estado burgués: la sustitución del ejército permanente por la milicia, es decir, el armamento del pueblo, el gobierno a través de delegados con mandatos elegidos en asambleas, la abolición de la separación de poderes, la revocabilidad de los funcionarios públicos en todo momento, una remuneración acorde con el sueldo de un trabajador calificado, la elección y revocabilidad de los jueces, la educación gratuita en todos los niveles independiente de la injerencia de la iglesia y del Estado, etc. Marx pensaba que las medidas económicas socialistas surgirían naturalmente, a su debido tiempo, una vez que la clase obrera gobernara mediante dicha forma de estado, que era, por supuesto, incompatible con el Estado parlamentario burgués y antagónica a él —al mismo tiempo enfatizando que la “constitución de la clase obrera en partido político es indispensable para asegurar el triunfo de la revolución social y su fin último: la abolición de las clases” (Resolución del Congreso de La Haya sobre la Establecimiento de partidos de la clase obrera)—.

La crisis de abril y el primer gobierno de coalición (1821 de abril)

El eventual predominio de las concepciones de Lenin en las filas del Partido Bolchevique fue ayudado por el estallido de la crisis de abril y la consiguiente incorporación de los mencheviques y de los socialistas revolucionarios al gobierno provisional. El 18 de abril, el Ministro de Asuntos Exteriores, Miliukov, envió una nota a los gobiernos de la Entente afirmando que Rusia continuaría la guerra hasta su conclusión victoriosa. El Gobierno Provisional se comprometió de esta manera a cumplir con las obligaciones contraídas por el gobierno zarista en nombre de la burguesía. Manifestaciones masivas contra la guerra estallaron el 21 de abril y dieron lugar a la expulsión del Gobierno Provisional de los dos principales líderes burgueses, Miliukov y Alexander Guchkov del Partido “Octubrista”.

El Gobierno Provisional acto seguido invitó al Soviet de Petrogrado a ayudarlo a for‐ mar el primer gobierno de coalición con los partidos burgueses, una invitación que el Comité Ejecutivo del Soviet finalmente aceptó. El 22 de abril, cinco ministros “socialistas”, incluyendo al socialista revolucionario Victor Chernov y a los mencheviques Irakli Tsereteli y Mijail Skobelev, se unieron al socialista revolucionario Kerenski en el gobierno. El presidente del Gobierno y Ministro del Interior siguió siendo el príncipe Lvov, mientras que Kerenski fue nombrado Ministro de Guerra y Marina, Chernov, el ideólogo de los socialistas revolucionarios, se convirtió en Ministro de Agricultura, y Tsereteli fue nombrado Ministro de Correos y Telégrafos.

Para Lenin, el gobierno de coalición representaba un retorno al experimento con el ministerialismo, la primera aplicación práctica de los principios del revisionismo en 1899, cuando el diputado socialista francés Alexandre Millerand se unió al gobierno burgués de “defensa republicana” liderado por René Waldeck‐Rousseau (junto con el carnicero de la Comuna de París, General Gallifet) usando como excusa el juicio de Dreyfus.

En su libro ¿Qué hacer?, Lenin había ridiculizado las ilusiones de Millerand, argumentando que si la socialdemocracia era “simplemente un partido de reformas”, entonces “un socialista no sólo tiene derecho a entrar en un ministerio burgués, sino que incluso debe siempre aspirar a ello”. Si la democracia significaba la abolición de la dominación de clase, “¿por qué un ministro socialista no ha de encantar a todo el mundo burgués con discursos sobre la colaboración de las clases? ¿Por qué no ha de seguir en el ministerio aun después de que los asesinatos de obreros por los gendarmes han puesto de manifiesto por centésima y milésima vez el verdadero carácter de la colaboración democrática de las clases?” Y a cambio de “este infinito envilecimiento y autoflagelación del socialismo ante el mundo entero”, de “la corrupción de la conciencia socialista de las masas obreras —la única base que puede asegurarnos el triunfo”, a cambio de todo esto, los socialistas franceses solo habían obtenido “unos rimbombantes proyectos de miserables reformas; tan miserables, que se había logrado obtener más de los gobiernos burgueses!” (Lenin, 1902: 361).

La oposición de Lenin al experimento de coalición, del cual habría tres variantes antes del derrocamiento del Gobierno Provisional por la Revolución Bolchevique en octubre, estaba por lo tanto fijada de antemano. El nuevo gobierno incluía a 10 ministros de los partidos burgueses y a 6 ministros “socialistas”, de ahí la consigna bolchevique “Abajo los diez ministros capitalistas”.

La Séptima Conferencia (de abril) de toda Rusia del Partido Bolchevique (2429 de abril)

En la Séptima Conferencia (de abril) de toda Rusia del POSDR(b), que se reunió en Petrogrado del 24 al 29 de abril, Lenin dio un informe sobre la situación actual. Kamenev, a su vez, dio un informe alternativo, en el cual la perspectiva de los “viejos bolcheviques” se reveló en su defensa de la “democracia revolucionaria”, otro término para el bloque obrero‐campesino que ahora encontraba, según Kamenev, su expresión en los Soviets. La nueva perspectiva de Lenin le llevó a rechazar enérgicamente el término, afirmando: “Nosotros rehusamos cuidadosamente las palabras ‘democracia revolucionaria’. Ante una agresión del gobierno, las podríamos usar, pero actualmente son altamente engañosas, ya que es muy difícil diferenciar las clases que se han confundido en este caos” (Lenin, 1917h: 174). La iniciativa para la unificación con los mencheviques se basaba en el supuesto de que ambos eran alas de la misma “democracia revolucionaria”. Pero ahora Lenin tenía como objetivo el socialismo, y por lo tanto consideraba la expresión como una concesión sin principios: “Actualmente toda la pequeña burguesía vacila y tratar de cubrir esta vacilación con la frase sobre la democracia revolucionaria; debemos oponer a esas vacilaciones una línea proletaria” (Lenin, 1917h: 175).

Lenin rechazó una vez más la posición de Kamenev, ahora defendida por los bolcheviques de Moscú, de que el Soviet debía “controlar” el Gobierno Provisional, repitiendo la idea de que “control sin el poder es una frase vacía.” Esta creencia era “una desviación de los principios básicos de la lucha de clases,” porque “para controlar hay que tener el poder” (Lenin, 1917h: 175).

Lenin presentó el proyecto de resolución sobre la guerra, que atacaba sin mencionar‐ lo a la posición de Kamenev, desarrollada en su artículo “Sin diplomacia secreta” (véase más arriba), según la cual el Gobierno Provisional debía renunciar a las anexiones. Declarando que “el nuevo gobierno prosigue la misma guerra imperialista, es decir, una guerra rapaz, de conquista”, y que por lo tanto ningún partido proletario podía “apoyar la guerra actual o al gobierno actual, o sus empréstitos”, la resolución enfatizaba que “tampoco merece confianza alguna la promesa de este gobierno de renunciar a las anexiones,” porque los capitalistas no podían “renunciar a las anexiones en esta guerra sin dejar de ser capitalistas, sin renunciar a los beneficios de los miles de millones invertidos en empréstitos, en concesiones, en industrias de guerra, etc.” (Lenin, 1917h: 177‐ 178).

Contra la acusación de Kamenev en “Nuestros desacuerdos” de que Lenin aspiraba a “convertir inmediatamente esta revolución en una revolución socialista,” Lenin respondió:

Ahora bien, ¿cuáles son las tareas del proletariado revolucionario? El defecto principal, el error principal de todos los argumentos de los socialistas es que este problema es planteado de una manera demasiado general, como el problema de la transición al socialismo, cuando lo que corresponde es hablar de los pasos y medidas concretas. Algunos han madurado ya, otros no. Estamos ahora en un momento de transición. Hemos promovido manifiestamente, formas nuevas, distintas a las de los Estados burgueses. Los soviets de diputados obreros y soldados son una forma de Estado que no existe ni ha existido nunca en ningún país. Esta forma representa el primer paso hacia el socialismo y es inevitable en los comienzos de la sociedad socialista. Este es un hecho de importancia decisiva. (Lenin, 1917h: 185).

Más que llevar a cabo un “tránsito directo al socialismo”, la tarea de los Soviets era “tomar el poder para dar los primeros pasos concretos hacia ese tránsito”, tales como la nacionalización de la tierra, de los bancos y de los monopolios, y sacar a Rusia de la guerra. Hasta qué punto este proceso llevaría en la dirección del socialismo dependía, en última instancia, de la propagación de la revolución: “El completo triunfo de estos pasos sólo es posible con la revolución mundial, si la revolución mata la guerra y si los obreros de todos los países apoyan la revolución” (Lenin, 1917h: 186‐187).

Al igual que en las conferencias anteriores, Kamenev, negando la necesidad de la revolución democrático‐burguesa de convertirse en una revolución socialista, propuso que la Conferencia debía limitarse a exigir el control del Soviet sobre el Gobierno Provisional. Kamenev empezó por lamentar el hecho de que “durante este mes y medio la línea de conducta de nuestro partido ha sufrido algunas variaciones muy significativas” y resumió su posición de la siguiente manera: “Estamos en contra del defensismo revolucionario y contra el Gobierno Provisional, pero al mismo tiempo estamos en contra de la destrucción inmediata del Gobierno Provisional y en contra de la transformación inmediata de la revolución democrático‐burguesa en socialista” (РСДРП (б), 1958: 79).

Lenin, por supuesto, no había llamado a una revolución socialista inmediata, sino a “explicar pacientemente” la situación a las masas. Sin embargo, Kamenev argumentó que “la consigna ‘¡Abajo el Gobierno Provisional’ puede desempeñar un papel desorganizador”, y que esto había sido demostrado por el hecho de que el Comité de Petrogrado la había interpretado como un llamado al “derrocamiento inmediato” del Gobierno Provisional (РСДРП (б), 1958: 79).

Pero más importantes que esta divergencia sobre las consignas eran las diferencias estratégicas. En su refutación de Lenin, Kamenev volvió a los principios básicos del marxismo: “Según las viejas tradiciones del marxismo, en primer lugar, se debe hacer un análisis de clase de lo que está sucediendo. En mi opinión, el camarada Lenin se equivoca cuando dice que la revolución democrático‐burguesa ha terminado. Creo que no terminó, y ésta es nuestra divergencia”. Lenin se equivocaba, según Kamenev, al argumentar que “la revolución democrático‐burguesa se convierte en una revolución socia‐ lista y que estamos ante esta transformación de la revolución democrático‐burguesa en una revolución socialista”. La revolución democrático‐burguesa, según Kamenev, “no ha terminado todavía, porque la gran masa de las tierras está todavía en manos de los terratenientes. Reconociendo que formalmente y de hecho la supervivencia clásica del feudalismo—la propiedad terrateniente—aún no se ha liquidado, debemos decir que esta estimación es prematura”. Dado que la revolución democrático‐burguesa aún no había terminado, era “demasiado pronto para decir que la democracia burguesa ha agotado todas sus posibilidades” y “sería el más grande engaño deducir de esta conclusión prematura que esta revolución no es democrática‐burguesa, que se acerca a la revolución socialista” (РСДРП (б), 1958: 80).

En línea con este rechazo de la teoría de la revolución permanente, Kamenev argumentó que los Soviets representaban

un bloque de fuerzas proletarias y pequeñoburguesas, que debe hacer frente a tareas democrático‐ burguesas sin terminar. Si la revolución democrático‐burguesa hubiera terminado, entonces este bloque no podría existir; no tendría tareas definidas delante de sí, y el proletariado debería librar una lucha revolucionaria contra el bloque pequeñoburgués. El trabajo conjunto en este momento sería completamente imposible. Si, por el contrario, reconocemos a los Soviets como centros de organización de las fuerzas, reconocemos al mismo tiempo que hay tareas que se pueden realizar mediante la unión de los trabajadores y de los campesinos. Por lo tanto, la revolución burguesa todavía no ha terminado, aún no se ha sobrevivido a sí misma. (РСДРП (б), 1958: 80‐81)

Puesto que los Soviets eran, según Kamenev, un bloque del proletariado y de la pequeña burguesía (la cual tenía una fuerte preponderancia numérica en el país), los bolcheviques debían “participar en este bloque” con la pequeña burguesía y “construir todas nuestras tácticas de modo tal que este bloque no se quiebre” (РСДРП (б), 1958: 81). Y puesto que la propaganda por el socialismo ahuyentaría a los campesinos y, en general, a la pequeña burguesía, de esta evaluación se deducía que los bolcheviques debían centrarse, en el futuro previsible, en objetivos puramente democrático‐burgueses.

Kamenev a continuación pasó a defender el concepto de “democracia revolucionaria” como la expresión del bloque obrero‐campesino en los Soviets:

Por lo tanto, si tenemos en cuenta toda esta situación específica —la existencia de las masas revolucionarias pequeñoburguesas, que van con el proletariado sólo una parte del camino— debemos construir nuestra táctica en consecuencia. Debemos decir que no sólo el Gobierno Provisional entrará inevitablemente en colisión con el proletariado como la clase con conciencia socialista, sino que la burguesía y el imperialismo entrarán en colisión con todo el bloque pequeñoburgués. Al camarada Lenin no le gustan las palabras “democracia revolucionaria”, ya que oscurecen la cara socialista del proletariado, pero, en esencia, hay que decir que este choque de la burguesía con toda la democracia revolucionaria es inevitable. (РСДРП (б), 1958: 82)

De esta perspectiva política se desprendía una evaluación completamente diferente de la crisis de abril. De acuerdo con Kamenev, “la crisis que está delante de nosotros, el comienzo de la cual vimos aquí en Petrogrado, es una crisis que indica un mayor des‐ arrollo de la revolución democrático‐burguesa” (РСДРП (б), 1958: 82).

Por último, Kamenev argumentó que el informe de Lenin sobre la situación actual era demasiado abstracto y que no esbozaba un conjunto de consignas para las tareas que el Partido debía enfrentar. “Debe haber medidas concretas activas mediante las cuales podamos atraer a las masas a nuestro lado”, dijo Kamenev, poniendo como ejemplo las medidas propuestas “por los compañeros de Moscú y por mí en el sentido de control sobre el Gobierno Provisional”. Lenin había “pronunciado una filípica apasionada contra este control”, argumentando que no podía haber control alguno sin tomar el poder, pero, de acuerdo con Kamenev, puesto que el Soviet tenía el mando real sobre las fuer‐ zas armadas, tenía el poder y podía ejercer control sobre el Gobierno Provisional. De todo esto se seguía, de acuerdo con Kamenev, “que el ejercicio de control es una necesidad, y que debe ser introducido en nuestra resolución” (РСДРП (б), 1958: 83‐84).

Para entonces, Stalin había cambiado de posición y ahora apoyaba a Lenin contra Kamenev, afirmando que el acuerdo entre el Gobierno Provisional y el Soviet no proporcionaba ningún control: “Después del discurso de Miliukov del 19 de abril, su naturaleza ilusoria se volvió especialmente clara”. Por lo tanto, Stalin propuso que la enmienda de Kamenev sobre el control no debía ser aprobada. (РСДРП (б), 1958: 101)

En su respuesta, Lenin estuvo de acuerdo con Kamenev que se habían producido en las filas de los bolcheviques “vacilaciones que nos han apartado de la política revolucionaria”, y que la consigna “Abajo el Gobierno Provisional” era una consigna aventurera que debía ser evitada, porque “ahora no puede derrocarse al gobierno”. Por eso el Partido había “lanzado la consigna de manifestaciones pacíficas”, pero “el Comité de Petrogrado viró un poquito más a la izquierda, lo cual en este caso es, evidentemente, un grave delito” (Lenin, 1917h: 188‐189).

El Gobierno Provisional debía ser derribado, “pero no ahora ni por la vía acostumbra‐ da. Estamos de acuerdo con el camarada Kamenev. Pero debemos explicar. Es sobre esta palabra que el camarada Kamenev cabalga. No obstante, es la única cosa que podemos hacer.” El Gobierno Provisional sería eventualmente derrocado cuando la mayoría de los obreros y soldados se diera cuenta de la imposibilidad de poner fin a la guerra y de realizar sus demandas más elementales mientras los Soviets apoyaran a dicho gobierno, y por lo tanto “lo que nosotros decimos es: ayudar a la revolución por medio de los soviets de diputados obreros y soldados.” Lenin advertía a los camaradas que sostenían que “el socialismo tiene que venir de otros países de industrias más desarrolladas”: “esto no es así. Nadie puede decir quién lo comenzará ni quién lo acabará. Eso no es marxismo, sino una parodia del marxismo.” Como resultado de la transferencia de todo el poder a los Soviets, Rusia experimentaría, según Lenin, un “período de transición entre el capitalismo y el socialismo” (Lenin, 1917j: 190).

Las propuestas de Lenin sobre el Gobierno Provisional y la guerra, así como sobre la transición de una revolución democrático‐burguesa a una revolución socialista (es decir, de una república parlamentaria burguesa a un gobierno de los Soviets), fueron final‐ mente aprobadas por la Conferencia de abril, pero Lenin no prevaleció en todas las cuestiones. Su propuesta de romper definitivamente con los centristas de la Segunda Internacional y de crear una nueva Internacional no recibió ningún apoyo. Por otra parte, el ala derecha del Partido logró introducir a cuatro de sus líderes, Kamenev, Noguin, V. P. Aliliutin, y G. F. Fedorov, al nuevo Comité Central elegido en la Conferencia de abril (los miembros restantes eran Lenin, Zinoviev, Sverdlov, Stalin, y T. I. Smilga), garantizando así la persistencia de la confusión sobre la revolución permanente y sobre el “viejo bolchevismo” a lo largo de 1917.15

Conclusión

La cuestión esencial que separaba a Lenin de Trotsky antes de 1917 era si los trabaja‐ dores o los campesinos impondrían su política en el gobierno revolucionario. La fórmula de Trotsky era “la dictadura del proletariado apoyada en el campesinado”, mientras que la fórmula de Lenin era “la dictadura democrática (es decir, no socialista) del proletariado y del campesinado.” Lenin cambió la estrategia del Partido Bolchevique de la dictadura democrática a la dictadura del proletariado en las Tesis de abril —esta fue su verdadera significación histórica—. Este rearme estratégico del Partido condujo a deba‐ tes dentro del Partido Bolchevique en abril de 1917, como lo hemos documentado en este artículo.

La nueva posición bolchevique fue claramente expresada por Lenin a finales de 1918: “en 1917, desde el mes de abril, mucho antes de la Revolución de Octubre, de que tomásemos el Poder, dijimos abiertamente y explicamos al pueblo que ahora la revolución no podía detenerse en esta etapa, pues el país había seguido adelante, el capitalismo había seguido avanzando, la ruina había alcanzado proporciones nunca vistas, lo cual habría de exigir (quiérase o no) que marchásemos hacia el socialismo“ (Lenin, 1918: 29).

A lo largo de abril de 1917 y hasta octubre, Lenin subrayó una y otra vez el significa‐ do de esta nueva estrategia, de la que derivó la política de “ningún apoyo al Gobierno Provisional” y “ningún apoyo a la guerra”. También enfatizó repetidamente que la política del viejo bolchevismo, al limitar la revolución a su etapa democrático‐burguesa, representaba ahora un obstáculo para la lucha de clases proletaria. Lenin afirmó, por ejemplo, en sus Cartas sobre táctica, en contra de Kamenev: “quien en el momento actual solo habla de ‘dictadura democrática revolucionaria del proletariado y el campesinado’ está atrasado, en consecuencia se ha pasado en realidad a la pequeña burguesía y está en contra de la lucha de clase proletaria, por lo que debería ser relegado al archivo de las antigüedades ‘bolcheviques’ prerrevolucionarias (se lo podría llamar archivo de ‘viejos bolcheviques’)” (Lenin, 1917: 460).

Viniendo desde diferentes perspectivas, Lenin y Trotsky llegaron a un acuerdo sobre prácticamente todos los grandes problemas a los que se enfrentaban los revolucionarios en 1917, incluyendo la actitud hacia la guerra, la reforma agraria, la introducción del control obrero de la producción, el poder soviético, y su oposición frontal a las políticas de los socialistas revolucionarios y los mencheviques. Dado que el Partido Bolchevique era una organización de masas con una membresía de un cuarto de millón a finales del verano, no es sorprendente que sobre varias cuestiones se desarrollaran tendencias divergentes. Muchas cuestiones de naturaleza aparentemente táctica estaban en realidad arraigadas en posiciones teóricamente divergentes sobre la naturaleza misma de la revolución, que casi desgarraron al partido entre febrero y abril. No es casualidad que, en su estudio seminal en dos volúmenes sobre los bolcheviques en 1917, Alexander Rabinowitch se refiera repetidamente a Kamenev como quien representaba las opiniones del bolchevismo “de derecha“ o “moderado”, que consideraba a Rusia “no prepara‐ da para una revolución socialista”, y cuya estrategia se contraponía a menudo con la de los bolcheviques de izquierda agrupados en torno a Lenin y Trotsky (Rabinowitch, 1976: 173). Incluso después de la Revolución de Octubre, “Kamenev y sus asociados estaban firmemente convencidos de que la única esperanza de defender y preservar los logros de la revolución y de lograr una pronta convocación de la Asamblea Constituyente y la conclusión de la paz radicaba en la creación de un amplio gobierno de coalición socia‐ lista, la cual había sido su posición desde el principio” (Rabinowitch, 1976: 309).

La convergencia política de Lenin y Trotsky contra esta tendencia conservadora dentro del bolchevismo fue por ende mucho más que una cuestión pasajera de abril de 1917. Por el contrario, revela la esencia misma de la revolución rusa: su carácter de clase, su perspectiva política y su significado histórico como la etapa final del ciclo de las revoluciones democrático‐burguesas y el comienzo de un ciclo mundial de revoluciones obreras contra la explotación capitalista.

Apéndice:
Kamenev: Nuestros desacuerdos [con la “Tesis de abril” de Lenin] Fuente: Pravda, No. 27, 8 [21] de abril de 1917, p. 4.

En el número de ayer de Pravda Lenin publicó sus “Tesis [de abril]”. Representan la opinión personal del camarada Lenin, y con su publicación, el camarada Lenin cumplió con el deber de toda figura pública responsable: presentar su comprensión de los acontecimientos actuales a la discusión de la democracia revolucionaria de Rusia. El cama‐ rada Lenin presentó sus argumentos en una forma muy concisa, pero lo hizo con este fin: comenzando con una caracterización de la guerra mundial, llegó a la conclusión de que era necesario crear un Partido nuevo, Comunista. En su informe, por lo tanto, era bastante natural que criticara no sólo la política de los líderes del Soviet de Diputados Obreros y Soldados, sino también la política de Pravda, tal como fue formulada en el momento de la [Primera] Conferencia Panrusa de los Soviets, [que se reunió en Petrogrado del 29 de marzo al 3 de abril] y tal como se expresó en los discursos de los delegados bolcheviques en dicho congreso. Esta política de Pravda fue formulada precisamente en las resoluciones sobre el Gobierno Provisional y la Guerra, redactadas por el Buró del Comité Central y adoptadas por los delegados bolcheviques a la Conferencia, leídas en la misma Conferencia [y publicadas en Pravda No. 18 el 26 de marzo].

De aquí en adelante, hasta la adopción de nuevas decisiones por el Comité Central y hasta las resoluciones [que serán adoptadas] por la Conferencia Panrusa del Partido [celebrada los días 24 y 29 de abril], estas resoluciones siguen siendo nuestra plataforma, que defenderemos tanto de la influencia corruptora del “defensismo revolucionario” como de la crítica del camarada Lenin.

En cuanto al esquema general del camarada Lenin, nos parece inaceptable, porque procede del reconocimiento de la revolución democrático‐burguesa como terminada y está destinado a convertir inmediatamente esta revolución en una revolución socialista. Las tácticas resultantes de dicha evaluación están profundamente en desacuerdo con las tácticas propuestas por los representantes de Pravda en la Conferencia Panrusa de los Soviets, tanto contra los líderes oficiales del Soviet y como contra los mencheviques que arrastran al Soviet a la derecha.

En una discusión amplia, esperamos defender nuestro propio punto de vista como el único posible para la socialdemocracia revolucionaria, porque quiere y debe seguir sien‐ do el partido de las masas revolucionarias del proletariado hasta el final, y no convertir‐ se en un grupo de propagandistas comunistas.

Kamenev (Каменев 1917b)

Notas

1 A partir de ahora todas las fechas corresponden al calendario juliano, que atrasaba 13 días en relación al calendario gregoriano.

2 Para una visión opuesta consultar Lih 2011.

3 “Tenemos una consigna nueva: la democrática dictadura revolucionaria del proletariado y los campesinos“ (Lenin, 1905a: 55).

4 La población rural ascendía al 82 por ciento de la población total según los resultados del censo de 1926 (Lewin, 2005: 41). Para la idea de que todos los participantes en el debate sobre la revolución permanente (cuyos documentos hemos traducido en Day y Gaido 2009), con excepción de Trotsky, abogaban por un oxímoron llamado “revolución democrática in Permanenz” ver Lih 2012.

5 La revolución de febrero estalló el 23 de febrero, según el calendario juliano, o el 8 de marzo (Día Internacional de la Mujer, la revolución comenzó como demostración de trabajadoras) de acuerdo con el calendario gregoriano.

6 El texto completo de la “Orden No 1 del Soviet de Petrogrado” aparece traducido al inglés en Boyd, 1968: 259‐ 260.

7 Para una versión en inglés del manifiesto bolchevique del 27 de febrero ver Ferro, 1972: 344‐345.

8 Para más detalles sobre las divisiones en el Partido Bolchevique en marzo de 1917 ver Longley 1972.

9 Este asombroso resumen de la crisis del Partido Bolchevique en marzo de 1917 es una de las razones por las cuales Stalin presionó a Shliapnikov en 1925 para reescribir su libro, originalmente publicado en 1923. Para una negación de que el pasaje del control de Pravda a manos de Stalin y Kamenev representó un giro brusco a la derecha ver Lih 2014.

10 Para una versión en inglés del “Llamamiento a los pueblos del mundo” del Soviet de Petrogrado, fuertemente criticado por Lenin como la fraseología vacía, ver Ferro, 1972: 353‐354.

11 Para una negación de que Kamenev y Stalin censuraron la primera “Carta desde lejos” de Lenin ver Lih, 2015.

12 Всероссийское совещание Советов рабочих и солдатских депутатов. Отчет Стенографический . М. ‐Л. 1927, стр. 187. [Conferencia Panrusa de los Soviets de Diputados Obreros y Soldados. Transcripción literal. Moscú‐ Leningrado 1927, p. 187.] Citado en Бурджалов, 1956: 47.

13 Una referencia al primer artículo editorial de Kamenev en Pravda, titulada “El Gobierno Provisional y la Socialdemocracia revolucionaria” y publicada en Pravda No 8 el 14 de marzo. Ver más arriba.

14 Las actas de la conferencia también indican claramente que Lenin no estaba familiarizado con el trabajo de Trotsky y que llegó a la teoría de la revolución permanente gradualmente, dando un rodeo, como lo demuestra la siguiente cita: “El trotskismo dice: ‘Sin zar, con un gobierno obrero’. Esto es erróneo. Una pequeña burguesía existe, no se la puede ignorar. Pero ella se compone de dos partes. La parte más pobre está con la clase obrera.” (Lenin, 1917g: 75; ver las observaciones similares en Lenin, 1917f: 190).

15 Sobre este tema ver Rabinowitch, 1968: 5, 36, 38‐42, 56‐59, y Rabinowitch, 1976: 159‐160, 173, 205‐206, 221‐222, 309‐310.

Referencias

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University of Massachusetts Boston
CONICET/Universidad Nacional de Córdoba
Fuente:
http://publicaciones.sociales.uba.ar/index.php/hicrhodus/article/view/2411/