Dos crónicas francesas

Rossana Rossanda

13/05/2018

Macron, el americano 

Gran clamor mediático en Francia por la visita de Emmanuel Macron al presidente de los Estados Unidos. Se han derrochado exquisiteces. 

Los dos, Donald y Emmanuel, tenían necesidad de una imagen renovada, pero el balance político del presidente francés parece modesto. Han aparecido sobre todo disensiones a propósito de Oriente Medio, y en particular de Irán: Macron fue mucho más templado de lo que ha sido su huésped norteamericano, que ha alzado incluso su voz contra los dañinos persas. “Hemos inundado Oriente Medio de miles de millones de dólares sin conseguir nada a cambio: ¡ahora cambia la música!”. Macron ha tratado de compensar la violencia de Trump, proponiendo una renovación del  acuerdo firmado en su momento por Obama, pero Trump no ha cedido: el vencimiento del viejo acuerdo se verifica el 12 del mes próximo [mayo]. Ese día dará a conocer Trump su parecer.

Ni siquiera en el problema de los aranceles sobre el acero y aluminio exportados por Francia se ha dejado conmover, pero esto resulta secundario respecto a las ambiciones de Macron de desempeñar un papel internacional como representante de los estados europeos. Efectivamente, es más él quien tiene necesidad del amigo americano que a la inversa: Trump tiene aire de estar estupendamente solo, mientras que Macron se encuentra en una situación difícil en su propio país.  

La huelga de los ferroviarios no decae, aunque a los usuarios les resulte muy difícil de sobrellevar: los ferroviarios se han apuntado un tanto negándose a continuar el diálogo de sordos con la ministra de trnasportes, Elisabeth Bornet. Han interrumpido las negociaciones con ella, pidiendo tratar directamente con el primer ministro, Edouard Philippe, y tras algún desplante, lo han conseguido: el encuentro entre los trss sindicatos y Philippe tendrá lugar el 7 de mayo. Están en juego no sólo los destinos de la SNCF y en particular su ingente deuda sino también el estatus especial de los ferroviarios, que el gobierno trata de cambiar: efectivamente era distinta la situación laboral cuando los maquinistas tenían que cargar la locomotora con carbón en medio de la suciedad y de un calor asfixiante, sin embargo, la jubilación anticipada en relación a otras categorías y las ventajas salariales no son “privilegios” a los que resulte fácil renunciar. La huelga que cambia cada diez días y dura 48 horas cada vez  no decae y hasta hoy es apoyada por una opinión pública que sigue queriendo a sus cheminots. No sólo, sino que la compañía aérea Air France se ha sumado a la agitación de la SNCF, aunque sea sin el ritmo intermitente de la movilización de los ferroviarios. También algunas universidades se han insertado en el movimiento: nada semejante, sin embargo, a las muchas reevocaciones del 68.

En esta situación, a Macron le beneficia presumir de ser el primer representante de un país europeo que ha invitado Trump, no sin desenrrollar la alfombra roja y todos los honores del ceremonial. Las dos consortes, Brigitte y Melania, han tenido también su parte: mientras los hombres se ocupaban de política, es decir, de las cosas serias, ellas, vestidas de blanco, visitaban una exposición de Cézanne, o bien (Melania) se ocupaban del menú y de la decoración de la mesa para la noche. Naturalmente, la prensa de los Estados Unidos le ha dado al acontecimiento menor relevancia que la francesa, que no nos ha escatimado nada de los tres días de visita. 

Sbilanciamoci.info, 26 de abril de 2018

Primero de mayo en París 

Emmanuel Macron y su gobierno se encuentran en dificultades. Ha descuidado, con la habitual arrogancia, la gran manifestación sindical del 1 de mayo, yéndose en cambio a  Sidney, en Australia, para firmar diversos contratos comerciales. Él o el gobierno estaban al corriente de que los “black bloc” de diversos países  habían decidido descomponer el Primero de Mayo de los sindicatos, y acudieron estos a París por la noche y la mañana temprano, situándose en un punto neurálgico del recorrido del cortejo sindical: el puente de Austerlitz.

Allí pudieron vestirse y enmascararse con calma, y aprovisionarse además de una buena dosis de cócteles molotov; cuando las “fuerzas del orden” se dieron cuenta (con retraso, como ha reconocido el prefecto de París, que no es un lince), los del “black bloc” ya habían logrado adueñarse de los grandes bulevares que están al lado, arrasando una treintena de tiendas, además de algunos automóviles, y levantando barricadas, bien que  frágiles, con contenedores, con los cuales han encendido una serie de fuegos no peligrosos, pero sí de gran efecto. La policía había recibido como consigna no atacar primero y el resultado es que ha desplazado mal sus fuerzas: mientras que los del black bloc eran, se dice, 1.200, la policía era más numerosa, y también los gendarmes. 

El cortejo sindical ha tenido que darse la vuelta y la manifestación se ha visto arrastrada. A las seis de la tarde había acabado todo, en medio del estruendo de una prensa agitada como si estuviéramos en vísperar de  una revolución. Cerca de un centenar de personas acabaron detenidas. El gobierno se vio atacado, bien por su incapacidad para intervenir a tiempo como para impedir los numerosos daños. 

También Mélenchon ha perdido la ocasión de callarse, denunciando “un ataque de extrema derecha”. Al gobierno no le queda más que tranquilizar a los parisinos asegurando que el sábado próximo estará más atento. 

Sbilanciamoci.info, 2 de mayo de 2018

Miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
Sbilanciamoci.info
Traducción:
Lucas Antón
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