Economía cubana. Dossier

VVAA

04/01/2017

 

La economía cubana 2016-2017. Valoración preliminar (I)

José Luis Rodríguez

 

El año que concluye ha sido muy duro para nuestro país.

Sufrimos la irreparable pérdida de nuestro Comandante en Jefe, el líder histórico de la Revolución cubana, sin lugar a dudas el discípulo más brillante de José Martí y cuya obra sentó las bases para continuar la lucha por la independencia y el desarrollo en todos nosotros.

En medio de esa dolorosa situación, el país debió enfrentar en el 2016 enormes desafíos para evitar que circunstancias externas, ajenas a nuestros esfuerzos, terminaran imponiéndose, haciéndonos retroceder en el camino de la creación de condiciones para un desarrollo sostenible.

No se trata –y es indispensable que lo aclaremos- de que ahora vayamos a retornar a los días más duros del Período especial.

Aunque nuestros enemigos se deleitan hoy ensañándose con nuestras dificultades, Cuba en estos momentos está en mejores condiciones de enfrentar los retos, sobreponerse a los obstáculos y vencerlos.

Nadie puede afirmar que ha sido fácil, ni que se valoraron en toda su magnitud la complejidad de las tareas a enfrentar, ni que no se cometieran errores. Pero tampoco nadie puede honestamente desconocer el tremendo esfuerzo que ha realizado nuestro pueblo –con su gobierno y el Partido al frente- para avanzar –paso a paso- en la actualización del modelo económico socialista cubano.

Tal vez no se han explicado en la medida adecuada las increíblemente complicadas tareas que supone el proceso de desarrollo para Cuba, que no son iguales a las de otros países, ni enfrentan las mismas circunstancias. Fue recientemente un amigo –el presidente de Ecuador-, en la difícil coyuntura de la desaparición física de Fidel, el que nos recordaba que: “Evaluar el éxito o el fracaso del modelo económico cubano, haciendo abstracción de un bloqueo criminal de más de 50 años, es pura hipocresía (…) Cualquier país capitalista de América Latina colapsaría a los pocos meses de un bloqueo similar”.[1]

Desde luego, que no es ese nuestro único problema, pero no es posible que se haga un análisis serio de nuestras dificultades y se ignore el bloqueo, cuyo costo acumulado hasta este año se ubicaba en 125 873 millones de dólares y que permanece sin cambios esenciales hasta el presente.[2]

Sin embargo, hubo más. En octubre del 2016 nos azotó el huracán Matthew, que causó destrozos enormes en la provincia de Guantánamo y que –aunque no existe aún una cifra oficial que cuantifique el total de los daños-, un reporte parcial situaba los mismos en 1 484 millones de pesos, con unas 38 000 viviendas afectadas, serios daños en la infraestructura vial, eléctrica y de comunicaciones y graves afectaciones en la producción de coco y cacao, entre otras negativas consecuencias.[3]

Finalmente, Cuba tuvo que enfrentar serias dificultades con sus ingresos en divisas y con el suministro de combustible, a partir –especialmente- de los problemas que ha enfrentado la economía venezolana, que se ubica como nuestro principal socio comercial externo.

Pasemos ahora a examinar con más detalle la evolución económica del país a partir del entorno exterior al que hemos debido enfrentarnos.

II

La información disponible en estos momentos tiene un carácter preliminar y resultó limitada –especialmente en lo relativo al año 2016- en las palabras del Ministro de Economía y Planificación a la Asamblea Nacional del Poder Popular del pasado 27 de diciembre.[4] Considerando esto, se utilizaran otros estimados de CEPAL[5] y de la consultora británica Economist Intelligence Unit (EIU)[6] para dar una idea de lo acontecido este año, en espera de poder disponer de informaciones oficiales definitivas.

Tomando en cuenta el nivel de apertura de la economía cubana –estimado en torno al 46% del PIB- y el peso que tiene el sector externo en la economía nacional, podemos calcular su desempeño a partir de las siguientes valoraciones.

En cuanto a las exportaciones de bienes y servicios, ya desde el pasado año se registró una disminución del 30,6% en el total de los bienes, afectados por la caída en los precios y también por la reducción de los volúmenes exportados de un grupo de productos.[7] Para el 2016 se estima nuevamente una disminución en las exportaciones de bienes y también de servicios, estimada en 16,3%.[8]

En el caso del níquel –primer producto de exportación del país- los precios promedio del año mostraron una recaída a nivel del mercado mundial, que totalizó con un decrecimiento del -14,4% durante este año. Tampoco se han modificado las tendencias a notables fluctuaciones a mediano y largo plazo. En efecto, según el Banco Mundial, el precio promedio de la TM de níquel será de 10 679 USD entre 2017 y 2021, un 10,6% por encima del promedio previsto para este año, pero muy por debajo del precio logrado entre 2013 y 2015, que fue 14 596 USD.[9] Adicionalmente estos ingresos se han visto afectados por una producción estimada de solo 56 000 toneladas este año por dificultades en una de las plantas productoras.[10]

El azúcar presenta un panorama similar. El precio promedio anual ha aumentado este año coyunturalmente un 40,2%, alcanzando 18,20 centavos por libra en 2016 frente a 12,98 en 2015, pero el mismo tiende a estabilizarse en el período 2017-2021 en torno a 15,79 centavos.[11] También cabe apuntar que la zafra del 2016 ha sido mala, con una producción que solo cumplió el plan al 80% con fuertes afectaciones por el bajo rendimiento agroindustrial producto de la combinación de lluvia y sequía que ha estado presente en el país. De este modo, de una zafra estimada en 1 millón 924 mil TM en el 2015, la actual puede estimarse que estuvo en el entorno de 1,5 millones solamente.

En lo referido a las exportaciones de derivados del petróleo el precio del marcador WTI del 2016 promedió 43,26 USD por barril y solo se pronostica que aumente a 55,18 entre el 2017 y el 2021, para un incremento de un 27,6%. Al respecto vale la pena recordar que en el plan del 2016 se planeó exportar 558 mil TM de derivados por valor de 228 millones de dólares, mientras que en el 2014 se vendieron 532 mil TM por valor de 734 millones, es decir, en dos años los ingresos por la exportación de derivados descendió un 68,9% para volúmenes aproximadamente similares.[12]

En cuanto a la exportación de servicios en lo referido al turismo, el número de visitantes creció un 13% durante el 2016, cifra superior al 5% planificado y estableciendo un record de más de 4 millones de turistas. Este incremento resulta positivo en términos de ingresos brutos, cuyo crecimiento se estimó en un 15% durante el primer semestre del año[13] y que puede estar en torno a los tres mil millones de dólares en el 2016. El turismo se destaca así como el sector de mejor desempeño y de mayor impacto positivo durante el presente año.

En cuanto al valor total de la exportación de servicios –incluyendo el turismo y la exportación de servicios de fuerza de trabajo calificada- estimados de EIU pronostican un descenso en el saldo neto de las mismas en torno al 11,1% en relación al pasado año y del 23,3% en comparación con el año 2013, considerado el de mayores ingresos netos. Este descenso representa en términos absolutos 1 170 millones menos en 2015/16 y 2 845 millones menos entre 2013 y 2016.[14] En esta reducción estimada se calcula que esté presente una contracción en los ingresos por servicios que se brindan a Venezuela, producto de la situación económica del país. Igualmente se perfila la reducción prevista de los contratos que existen con el gobierno de Brasil, dada la política del gobierno de Temer en el gigante suramericano.

En lo referido a la importación de bienes, se estima que las mismas decrecieron -10,4% en el 2015 y el plan de 2016 suponía un incremento de 6,9%. Sin embargo, a partir de los ajustes aprobados por la ANPP del 8 de julio de este año, se pronosticó una disminución de -3,3%[15] y otros estimados del EIU calculan una caída del 9%.

La importación de alimentos –ya al cierre del primer semestre- se benefició por una ganancia a partir de la disminución de los precios en 218,7 millones de pesos, lo que permitió incluso cubrir un incremento en importación de alimentos dejados de producir en el país por 111,6 millones. Finalmente la importación de alimentos del 2016 fue de 1 668 millones de pesos,[16] cifra que se estima un 14% inferior a la prevista originalmente.

En lo relativo a la importación de combustibles, si bien los precios de compra resultaron inferiores al año anterior, hubo una disminución en la entrega por parte de PDVSA, motivada por las difíciles condiciones que atraviesa la economía venezolana.[17] En este sentido sobre un plan de consumo de combustibles de 8 221 600 TM para este año, se acordó en la ANPP del 8 de julio reducirlo a 7 862 070 TM, lo cual representa una disminución de 369 530 TM equivalente al 4,4% del total. Por su parte la generación de electricidad se redujo de un plan de 15 310 GWH a 14 523, para una rebaja de 786,68 GWH, equivalente al 6% del consumo previsto.[18]

A lo anterior se suma que la producción petrolera nacional continuó su tendencia a la reducción alcanzando solo 3 millones 690 mil TM en el 2016 a partir del agotamiento de un grupo de pozos. Al respecto se logro firmar un acuerdo con la firma rusa Rosneft para incrementar la recuperación de los campos de petróleo de Varadero.[19]

De igual modo, analistas internacionales señalaron que el país gestiona la compra de combustible en otros países para compensar parcialmente el déficit de suministro venezolano.

El ajuste implementado en el mes de julio supuso la rebaja de los gastos en divisas del país, la no ejecución de nuevos créditos para cubrir totalmente el desbalance y el ajuste en la asignación de portadores energéticos. Como premisas para reducir el impacto de la rebaja se decidió no afectar el consumo de electricidad de la población –que representa alrededor del 56-58% del total- y garantizar los servicios vitales a la misma, así como asegurar el equilibrio financiero interno.

Otro aspecto de importancia estratégica que logró cumplirse en el 2016 fue el pago de la deuda externa que -según lo planificado- alcanzaría 5 299 millones de dólares.[20] Este esfuerzo resulta vital, por cuanto deviene requisito indispensable para la obtención de nuevos créditos en mejores condiciones y facilita la inversión extranjera directa (IED).

Por su parte, la IED mostró solo discretos avances en el año que concluye.[21]En efecto, desde la aprobación de la nueva Ley de Inversión Extranjera en marzo del 2014 hasta noviembre del 2016, se firmaron 83 nuevos acuerdos; de ellos 14 son reinversiones, 15 se ubicaron en la Zona Especial de Desarrollo el Mariel (ZEDM) –que ya cuenta con 19 usuarios de 9 países, con una inversión total de 923,3 millones de dólares- y 54 se distribuyeron por el resto del país. El monto de las inversiones más recientes alcanzó unos 1 300 millones de dólares, lo que representa unos 488 millones cada 12 meses, de una necesidad registrada entre 2 000 y 2 500 millones cada año.

También en la Feria Internacional de La Habana se presentó la tercera Cartera de Oportunidad de Negocios contentiva de 395 proyectos de inversión -120 de ellos nuevos- por un valor estimado de 9 500 millones de dólares.

Sobre este resultado, el presidente Raúl Castro manifestó “Reconozco que no estamos satisfechos en esta esfera y que han sido frecuentes las dilaciones excesivas del proceso negociador. Es preciso superar de una vez y por siempre la mentalidad obsoleta llena de prejuicios contra la inversión foránea.”[22]

Por último cabe apuntar que estimados de diversos autores apuntan a un incremento de las remesas que entraron al país en el 2016, las que se ubican en un entorno de entre 2 000 y 2 500 millones de dólares en el año. También debe tomarse en cuenta que alrededor del 50% de esa cifra se calcula que constituye capital de trabajo del sector privado y cooperativo en nuestras condiciones.[23]

Corresponde ahora examinar el impacto del entorno exterior en el desempeño económico de Cuba durante el 2016.

(Continuará)

 

Notas

[1] Ver el discurso del presidente del Ecuador, Rafael Correa, en las honras fúnebres del Comandante Fidel Castro, La Habana, 29 de noviembre de 2016 en www.granma.cu

[2] Ver Informe de Cuba Sobre la Resolución 70/5 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, La Habana , junio de 2016 en www.cubavsbloqueo.cu

[3] Ver PNUD Respuesta al huracán Matthew Cuba. Reporte de situación Nº 18 de la Oficina de la Coordinadora Residente, noviembre 4 de 2016 en www.onu.org.cu

[4] Ver Intervención de Ricardo Cabrisas Ruiz, vicepresidente del Consejo de Ministros y ministro de Economía y Planificación ante la ANPP, periódico Granma, diciembre 28 de 2016. Toda la información económica oficial de este trabajo se encuentra en este material, salvo que se indique otra cosa.

[5] Ver CEPAL (2016) “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2016” Santiago de Chile, diciembre de 2016 en www.repositorio.cepal.org

[6] Ver Economist Intelligence Unit (EIU) (2016) “Country Report Cuba December 23th 2016” en www.eiu.com

[7] Ver ONEI (2016) “Anuario Estadístico de Cuba 2015” en www.onei.cu

[8] Ver EIU (2016).

[9] Ver World Bank (2016) “Commodities Price Forecast” October 2016 en www.pubdocs.worldbank.org. La fluctuación de los precios del níquel han sido enormes en los últimos 20 años, de un mínimo de 3 723 USD/TM en 1998 a 54 150 USD en mayo de 2007.

[10] Ver Reuters (2016) “Cuba sees nickel output steady at 56 000 tons; low prices bite-Reuters” June 14 2016 en www.reuters.com

[11] Ver World Bank (2016).

[12] Ver Murillo (2015) “Intervención de Marino Murillo en la ANPP el 29 de diciembre de 2015” Transmisión por el canal de TV Cubavisión el 30 de diciembre de 2015.

[13] Ver CEPAL 2016.

[14] Ver EIU (2016).

[15] Se pasaría de un plan original de 14 416 millones de pesos a 13 038 millones. Cálculos basados en ONEI (2016) “Anuario Estadístico de Cuba 2015” en www.onei.cu y Murillo (2015) y (2016) “Intervención de Marino Murillo J. en el VII Período Ordinario de Sesiones de la ANPP el 8 de julio del 2016” Transmisión por el canal de TV Cubavisión el 9 de julio de 2016.

[16] Ver Cabrisas (2016).

[17] Una información de la agencia REUTERS, plantea que –según fuentes de PDVSA- la reducción en la entrega a Cuba de portadores energéticos –incluyendo crudo y derivados- durante el primer semestre del 2016 se calcula en un 19,5%. Ver REUTERS (2016a) “Venezuela reduce un 40% el envío de barriles de petróleo a Cuba” Caracas, julio 8 de 2016 en www.reuters.com

[18] Ver Murillo (2016).

[19]Ver Cubasi (2016) “Rosneft y la cubana CUPET aumentarán la producción de crudo en Varadero” diciembre 21 del 2016 en www.cubasi.cu

[20] Ver Murillo (2015).

[21] Ver Cubasi (2016a) “Inversiones en Cuba expanden sus proyecciones”, noviembre 14 del 2016 en www.cubasi.cu

[22] Ver Raúl Castro “Fidel se marchó invicto, pero su espíritu de lucha permanecerá en la conciencia de todos los revolucionarios” Discurso pronunciado en la ANPP el 27 de diciembre de 2016 en periódico Granma, 28 de diciembre de 2016.

[23] Sobre el tema puede verse el estudio de Manuel Orozco y Katrin Hansing “Remittance Recipients and the Present and Future of Micro-Entrepreneurship Activities in Cuba” en Cuba in Transition 21, ASCE, Washington DC, 2011.

http://www.cubadebate.cu/opinion/2017/01/01/la-economia-cubana-2016-2017...

 

La recesión cubana y el estreno de los bonos públicos

Pável Vidal

Los datos macroeconómicos de cierre del año proporcionados por el gobierno cubano confirman las proyecciones de que Cuba entraría en una recesión como resultado del shock venezolano.

La producción de bienes y servicios en 2016 cayó  0,9 por ciento. Esta es la primera recesión económica desde el año 1993, en que el producto interno bruto (PIB) se hundió  15 por ciento tras la desaparición de la Unión Soviética.

Desde finales de 2014, tras la dramática caída del precio del petróleo y la consecuente crisis de la economía venezolana, la recesión cubana era altamente probable, si además sumamos una respuesta de la política económica cubana insuficiente ante la magnitud del shock que se avecinaba.

Las relaciones con Venezuela están formadas bajo acuerdos muy singulares entre ambos gobiernos, con precios y facilidades financieras que se alejan de las prácticas más habituales en el comercio internacional.

Por tanto, no se trata simplemente de buscar nuevos mercados para el comercio que ya no se puede realizar con Venezuela, sino que hay que hacerlo de una manera diferente e impulsando nuevos sectores económicos, dado que parece bastante improbable alguien más reciba los médicos cubanos y nos venda petróleo bajo las mismas condiciones.

Por eso era tan importante comenzar cuanto antes la diversificación de las relaciones internacionales y la liberalización de las capacidades internas en búsqueda de un incremento de la productividad y mayor eficiencia en la producción nacional. La atracción a gran escala de inversión extranjera, la devaluación de la tasa de cambio oficial y la convergencia monetaria, una reforma más profunda de la empresa estatal y la ampliación de los espacios al sector privado y las cooperativas, eran algunos de los pasos que parecían factibles y coherentes con las reformas ya iniciadas.

¿Por qué no se dieron algunos o todos estos pasos? Pueden esgrimirse múltiples explicaciones.

Porque no hay claridad o convencimiento de hacia dónde dirigir el modelo económico cubano. Porque las fuerzas de resistencia a los cambios han ganado por ahora la partida. Porque las necesidades de tantos cambios sobrepasan la capacidad institucional y técnica para administrarlos todos al mismo tiempo. Porque el embargo estadounidense sigue impidiendo la llegada de inversionistas extranjeros institucionales. Porque de verdad se cree que una reforma muy lenta y haciendo experimentos es la única vía efectiva. Y seguramente se podrían añadir algunas otras explicaciones.

Por la razón que sea, el resultado final es que las reformas han perdido velocidad en vez de apresurarse, y transcurridos 10 años, no hay resultados muy alentadores cuando se examina la productividad, el salario medio o un sector específico como la agricultura.

Los anuncios de nuevas transformaciones son cada vez más dilatados. Cuba parece vivir en una dimensión del tiempo diferente, es como si un año de Cuba equivale a un mes en el resto del planeta.

Sin embargo, el espacio en el que opera la economía no está aislado, compite con otros destinos para los capitales internacionales, se rezaga tecnológicamente, pierde peso relativo en la región, y sufre los ciclos de los mercados internacionales y las crisis de sus principales aliados económicos.

Las perspectivas para 2017 y el rol de los bonos públicos

Para el año 2017 el gobierno planifica una mejoría en la situación de la economía, algo que es contrario a las proyecciones que habíamos efectuados.  El gobierno planifica un aumento de dos por ciento del PIB.

Este aumento del PIB para 2017 está sustentado en dos factores esenciales. Uno, la esperanza que mejore la situación de la economía venezolana tras los últimos aumentos del precio del barril de petróleo; y dos, el gobierno cubano pone en práctica una política fiscal expansiva anticíclica.

En su discurso en la Asamblea Nacional el 27 de diciembre,  el ministro de Economía y Planificación, Ricardo Cabrisas, plantea que: “Las proyecciones de los portadores energéticos para el venidero año permiten respaldar niveles similares a los del 2016…”

Muy probablemente esta perspectiva tiene como punto de partida el incremento que ha presentado el precio del barril de petróleo durante los últimos tres trimestres y algunas proyecciones internacionales que lo sitúan en mayores niveles para el año 2017, lo cual favorece el desempeño de la economía venezolana y abre la posibilidad de que se estabilizarán los envíos de petróleos a la isla y los pagos de los servicios médicos cubanos.

Por otra parte, se proyecta un incremento del gasto público y del déficit fiscal para respaldar el aumento del PIB. Se proyecta un aumento de 11 por ciento en los gastos fiscales, pero que no podrá ser cubierto por los ingresos fiscales, por lo que generará un “hueco fiscal” de 11.500 millones de pesos en el año 2017, lo que representa un valor equivalente a 12 por ciento del PIB.

En términos porcentuales es el déficit fiscal más alto desde 1993; en valores más que duplica el déficit del año 1993 que fue de 5.000 millones de pesos.

Es propicio que después de años de austeridad fiscal el gobierno decida expandir el gasto público para amortiguar el efecto recesivo de la crisis venezolana. Es válido aplicar una política fiscal expansiva en momentos de caída del PIB.

También es atinado financiar el déficit fiscal con emisión de bonos públicos, lo cuales comprarán los bancos estatales cubanos. Este es un nuevo instrumento que desde hace dos años viene estrenando el Ministerio de Finanzas y Precios con vistas a evitar la monetización (impresión de nuevo dinero) como mecanismo de financiación del déficit fiscal.

Tal mecanismo de financiación fiscal tiende a acercarse a las prácticas internacionales, y tiene como principal ventaja que evita un incremento de la cantidad primaria de dinero, con lo cual reduce las presiones inflacionarias.

¿Dónde están los riesgos de la política fiscal expansiva y la emisión de bonos?

Primero, el déficit fiscal puede crecer en épocas de crisis, pero no debe hacerlo de manera desmesurada ni mantenerse alto indefinidamente. Está bien aplicar una política fiscal anticíclica, pero tener un hueco fiscal de 12 por ciento del PIB en 2017 trae dudas sobre la sostenibilidad financiera de todo el mecanismo de financiación que se está poniendo en práctica. Para tener un punto de comparación, se espera que los países conserven, en promedio de varios años, un déficit fiscal menor de tres por ciento del PIB.

Se debe tomar en cuenta que los propios inversionistas extranjeros, prestamistas y proveedores internacionales, serán los primeros que estarán mirando este indicador de equilibrio fiscal. A nivel internacional este es uno de los principales indicadores que se toman en cuenta para evaluar la prudencia de la política económica y que define el riesgo financiero del país.

Segundo, la emisión de bonos públicos reduce los efectos inflacionarios pero no los elimina del todo. Expandir el gasto fiscal en 11.500 millones de pesos por encima de los ingresos sí puede presionar al aumento de los precios dada la ampliación desproporcionada que está activando en la demanda de bienes y servicios.

Tercero, Cuba no cuenta con una regla fiscal que organice y ponga límites al equilibrio fiscal de largo plazo (como tienen otros países en la región), sino que depende de la discrecionalidad del gobierno cada año. Es decir, no sabemos qué va a suceder con los déficits fiscales en el futuro. No tenemos seguridad de que los bonos que se están emitiendo y los próximos que se emitirán serán manejados adecuadamente con el fin de garantizar la sostenibilidad de todo el mecanismo.

Se debe tomar en cuenta que los bancos están empleando los ahorros de las familias para comprar los bonos públicos, por tanto, el gobierno tiene la responsabilidad de obtener ingresos fiscales futuros y equilibrar las cuentas públicas para cumplir sus compromisos con los bancos y, en última instancia, con los ahorradores.

Para tener una idea de la magnitud del déficit y de la emisión resultante de bonos públicos, observemos que en el año 2015 el ahorro de las familias en los bancos sumaba 23.680 millones de pesos cubanos.

Por ende, el déficit fiscal presupuestado para el año 2017 equivale a 48 por ciento del valor de las cuentas de ahorros de las familias. Los bancos, ciertamente tienen también depósitos de las empresas y su propio capital. Aun así, esta proporción de 48 por ciento llama la atención sobre el poco espacio de financiación que a futuro tendría el MFP para soportar elevados déficits fiscales.

En resumen, el crecimiento proyectado de dos por ciento para el año 2017 en la economía cubana depende de una situación que sigue siendo incierta para la economía venezolana, a pesar del aumento del precio del petróleo. Además, viene acompañado de una política fiscal expansiva que de ser bien empleada puede ayudar a manejar la crisis, pero en caso contrario, tendría consecuencias desastrosas para la estabilidad monetaria y financiera del país.

La activación de una política fiscal anticíclica y la emisión de bonos públicos es acertada, pero parece exagerado un déficit fiscal que equivale a 12 por ciento del PIB y a 48 por ciento del ahorro de las familias en los bancos.

No habría posibilidades de repetir la expansión fiscal en el año 2018, más bien será indispensable realizar un ajuste fiscal que disminuya significativamente el déficit en los próximos años.

Por tanto, el gobierno solo está ganando un año de tiempo, en el cual deberá aplicar algunas de las reformas estructurales pendientes y necesarias para sacar en firme a la economía de la recesión.

http://www.ipsnoticias.net/2016/12/la-recesion-cubana-y-el-estreno-de-lo...

 

 

¿Puede crecer un 2 por ciento la economía cubana en 2017?

 

C Juan Triana Cordoví

Lo adelantó el propio presidente Raúl Castro en diciembre de 2015, y luego en la segunda sesión de la Asamblea Nacional, en junio de 2016: el año que acaba de terminar sería el peor del último lustro en cuanto al crecimiento de la economía. Finalmente, y ante los diputados, el Ministro de Economía, Ricardo Cabrisas, anunció el decrecimiento de un 0,9 por ciento del Producto Interno Bruto del país.

A pesar de que una parte de las condiciones y características de la economía nacional que provocaron ese decrecimiento no han cambiado sustancialmente, el gobierno cubano se ha planteado crecer un 2 por ciento en el año 2017.

Comparada con otros pronósticos, como el de la Comisión Económica para América Latina, esa expectativa es mucho más optimista.

Sobre 2016 queda poco por decir. Lo primero, fue importante el esfuerzo por evitar recortar los programas que benefician a toda la población en un contexto de restricciones materiales y financieras. Lo segundo, en medio de esas mismas condiciones se desplazaron notables cantidades de recursos para la recuperación de los guantanameros tras el paso del huracán Matthew.

Pero también habría que pensar que tampoco logramos aprovechar las oportunidades de forma eficiente y no alcanzamos a integrar en una sola fuerza dirigida al propósito del desarrollo, el crecimiento económico y el bienestar, a todos los agentes económicos.

De una parte, el sistema empresarial estatal socialista no logró el dinamismo necesario y las transformaciones iniciadas no han madurado lo suficiente como para dar mejores resultados. De otra, el esfuerzo desde el Estado en parte se diluye en destinos que no son los medios de producción fundamentales, entendidos según  la Conceptualización del Modelo Económico y Social como aquellos que juegan un “papel estratégico en el desarrollo económico y social, la vitalidad, sostenibilidad del país y la seguridad nacional[1] .

Procesos como la Inversión Extranjera Directa (IED), la expansión de las cooperativas, la creación y reconocimiento legal de las pequeños y medianas empresas, llevan una dosis de riesgo; pero tomar riesgos es una condición necesaria para tener éxito. Debemos incorporar el riesgo a nuestro ADN o, mejor dicho, debemos aprovechar el riesgo que ya tenemos incorporado a él y lograr conducirlo hacia los fines de mejora del país. No puede seguir prosperando la idea de que tomar riesgos está prohibido.

La incertidumbre sigue siendo una característica distintiva del crecimiento económico mundial. Mercados importantes para Cuba no parecen salir de las tensiones vividas en el año 2016. Nuestros dos principales socios comerciales tuvieron un año muy difícil. China experimentó en 2016 el peordesempeño económico en 25 años y se augura un 2017 de crecimiento más lento. Mientras América Latina experimentó nuevamente una contracción de su economía y países importantes para Cuba terminaron con números rojos.

Para 2017 el escenario económico internacional no parece augurar cambios demasiados positivos, aunque todo indica mejores perspectivas.

Se espera un crecimiento del 2,7 por ciento de la economía mundial y una tasa de crecimiento del comercio mundial entre el 1,8 por ciento y el 3 por ciento, junto con una mejora en los precios de los productos básicos del 8 por ciento. Seguirá siendo, sin embargo, un crecimiento con alta incertidumbre, marcado además por el primer año de un presidente en Estados Unidos de difícil previsión.

Aunque con probables mejoras, este no es un mundo fácil para un pequeño país con dificultades propias de un subdesarrollo no superado, y con un régimen de relaciones económicas perseguidas por la primera potencia capitalista del mundo. Es un archipiélago dependiente en energía y alimentos de la evolución de los precios mundiales. Pero es el mundo que tenemos, no podemos mudarnos, así que debemos saber encontrar la manera de vivir aquí y sacar provecho, incluso de esa situación tan difícil.

El plan de 2017 se ha puesto una meta alta: crecer en un 2 por ciento en condiciones de restricción financiera, con socios comerciales perdiendo recursos, mercados aún deprimidos para algunos de nuestros principales productos, con el deber ineludible de honrar los compromisos de la deuda renegociada y solucionar favorablemente los impagos a proveedores, con una reforma en el sector empresarial estatal (responsable de al menos el 80 por ciento del PIB y del 70 por ciento del empleo) que no acaba de dar los frutos esperados y, por si fuera poco, con el síndrome de la parálisis por análisis en las negociaciones con la Inversión Extranjera.

Deberá lidiar también con los prejuicios acumulados por décadas frente al sector no estatal, que ese mismo plan ha hecho responsable principal del crecimiento en un 13 por ciento de las circulación mercantil minorista.

Alcanzar la meta del 2 por ciento será más difícil aún de lograr si todavía no hemos podido solucionar la distorsión monetaria y nuestros precios internos no reflejan en absoluto el gasto real de trabajo. Es lo que ocurre cuando se tiene una tasa de cambio oficial distorsionada y los precios internos son definidos en un alto por ciento de manera administrativa. Además, el propósito tendrá que alcanzarse dentro de los límites que impone la cultura de manejo monopólico de la economía, que impide el papel positivo de la competencia en la búsqueda de mayor eficiencia y en la promoción de la innovación.

No hay que ir a China para aprender cómo funciona la competencia en calidad de resorte impulsor de la innovación, solo hay que mirar hacia nuestro incipiente sector no estatal, en especial los restaurantesy las habitaciones en renta para el turismo.

Estas son otras tareas –algunas de largo plazo– de carácter estructural, con un previsible fuerte impacto en nuestra economía, con costos elevados en el corto plazo difíciles de asimilar cuando nuestra economía apenas crece y cuando no tenemos cómo acceder a fuentes de financiamiento que nos permitan amortiguar esos efectos. Es un gran reto que debemos ir asumiendo desde ya.

Las metas que ese plan propone están claramente expresadas, sin embargo, no solamente importa qué debemos hacer, sino también, cómo y a qué ritmo.

Pongamos de nuevo algunos ejemplos de sectores en los que se pueden tomar medidas para alcanzar el 2% de crecimiento deseado.

Habló el Presidente en su intervención el 27 de diciembre de la gran necesidad de apurar todo lo referido a la producción de energía con fuentes renovables. Pues bien, después de casi tres años de aprobado, todavía no ha generado un kilowatt el primer proyecto con inversión extranjera directa en esta rama.

Mientras nuestro país padece de un déficit de producción y oferta crónicos, la “vocación productiva y de servicios de muchas personas” permanece frustrada por el congelamiento en la aprobación de las cooperativas industriales y de servicios (eso de definirlas en negativo, como “no agrícolas” no es una forma favorable).

A esas cooperativas se les sigue considerando un experimento, se les sigue limitando a las mismas labores que los oficios aprobados para el trabajo por cuenta propia y se sigue marginando y prohibiendo que los profesionales puedan integrarse para ofrecer mejores productos y servicios.

Pasa en el área de la energía renovable también. Tenemos en los paquetes de cooperativas por aprobar propuestas de empresas cooperativas para contribuir a ese propósito, capaces de producir con costos mínimos calentadores solares de agua, biodigestores, pequeños sistemas de producción de energía eólica, todos producidos por ingenieros y técnicos cubanos, formados en nuestras universidades, decididos a vivir en Cuba y trabajar en Cuba. ¿Por qué no se les ha permitido emprender esa opción? ¿A que le tememos? ¿A que compitan con las empresas estatales? ¿Qué es preferible? ¿Ahorrarnos miles de toneladas de combustible fósil, tener un país más sustentable en términos medio ambientales gracias al esfuerzo “no estatal” pero cubano, o seguir gastando el poco dinero que tenemos en contaminar con petróleo nuestro país en nombre de la gestión estatal?

Si están definidos los ejes estratégicos que deben ser la base del plan de largo plazo, ¿por qué no actuar en consecuencia con ellos?

El otro ejemplo es también muy conocido: la inversión extranjera directa (IED) en general. El Ministro de Economía acaba de afirmar que “la inversión extranjera continúa siendo muy baja en su participación respecto a la inversión total, representando solo el 6,5 por ciento del Plan”. Eso significa que el volumen de IED, si consideramos la inversión ejecutada en el 2015 fue de 5 906,6 millones[2] y suponiendo que en el 2016 hallamos alcanzado los 7 000 millones, apenas alcanzará en 2017 unos 455 millones de dólares. Es un número muy alejado de los 2 500 millones que necesitamos.

¿Por qué no se han conseguido los otros 2045 millones de dólares? Esa cifra equivale casi a perder todo nuestro ingreso proveniente de la exportación de varios sectores. ¿Quién paga ese déficit? ¿Por qué seguir permitiendo que la cadena negociadora-aprobadora haga perder al país tantos recursos necesarios? ¿Qué debemos hacer para que no siga sucediendo? ¿Qué debemos cambiar?

Me permito por ahora una sola idea: seguimos concentrando las decisiones de aprobación en los organismos ramales, y dejamos fuera de esa potestad a gobiernos provinciales, a los cuales no se les deja aprobar ni siquiera pequeños proyectos que pueden generar beneficios económicos y sociales significativos a su escala.

Cuba sigue estando de moda, los que asistimos a la Feria Internacional de La Habana 2016 lo pudimos constatar. Sin embargo, podrían estarse acabando nuestros 15 minutos de fama. Tenemos que aprovechar mientras dure esta tremenda oportunidad.

El 2017 será un año difícil, pero sigo pensando que tenemos todo lo que hace falta para hacerlo un año de victorias en mundo convulso. Depende solo de nosotros mismos.

[1] Conceptualización del modelo Económico y Social Cubano. Numeral 125.

[2] Anuario Estadístico de Cuba 2015, ONEI, 2016.

http://oncubamagazine.com/columnas/puede-crecer-un-2-la-economia-cubana-...

 

 

El crecimiento económico en Cuba: ¿fallo de lanzamiento?

Un vehículo espacial solamente podrá ser colocado en órbita si cuenta con la energía suficiente para rebasar determinado nivel de velocidad. Según los especialistas, poner un objeto en una órbita baja (360 kilómetros sobre la Tierra) necesita un nivel de energía equivalente a 3,29 x 107 Joules por cada kilogramo de peso del artefacto[1]. Si se intentase proyectarlo al espacio con una energía menor, se produciría un “fallo de lanzamiento”.

Los símiles entre la Economía y otras ciencias deben ser tomados con reserva, pero pudieran ser útiles para ilustrar las interrelaciones de algunos procesos económicos, como por ejemplo, que la promoción del desarrollo no es indiferente al ritmo de crecimiento del Producto Interno Bruto (PIB).

La “actualización” no ha sido capaz de producir el nivel de crecimiento económico que se necesita para colocar a Cuba en la senda del desarrollo. Los recientes datos oficiales de decrecimiento del PIB en -0,9 por ciento en 2016, y el pronóstico de crecimiento de 2 por ciento para 2017 [2], indican que cuando finalice el séptimo año de la “actualización” (2017), la tasa de crecimiento promedio anual del PIB solamente habría sido de 2,15 por ciento y que el crecimiento no habría alcanzado el 5 por ciento en ningún año de esa etapa.

La reciente encuesta de economistas “Cuba 2017” ha ubicado el eventual crecimiento para 2017 en un nivel promedio de 0,53 por ciento, una cifra menor que el estimado oficial. El 70 por ciento de los economistas encuestados situó el posible nivel de crecimiento del PIB para ese año en una franja de debilidad económica entre el -1 y el +2 por ciento. Por otra parte, la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) proyecta para 2017 un crecimiento de 0,9 por ciento, inferior al estimado oficial del gobierno cubano.[3] Es decir, parecen existir probabilidades de la prolongación de una tendencia de bajo dinamismo de la economía.

El crecimiento económico de la “actualización” estaría así por debajo del nivel de incremento del PIB de entre 5 y 7 porciento que se ha reconocido oficialmente como necesario para poder avanzar hacia el desarrollo nacional. Pudiéramos estar en presencia, entonces, de un típico caso de “fallo de lanzamiento” del desarrollo. Siete años (2011-2017) es un plazo, más que razonable, para juzgar si una estrategia económica se encuentra encarrilada o si no lo está.

La valoración de las perspectivas del desarrollo nacional no puede basarse en el examen de una “visión” construida principalmente sobre aspiraciones. Por el contrario, el examen de la marcha del proceso de desarrollo en Cuba y de las políticas económicas que la acompañan debe partir de un análisis concreto de las condiciones actuales. Ninguna “visión” puede pretender sustituir el lugar central que le corresponde al análisis social concreto en la evaluación del desarrollo.

EL DESPEGUE HACIA EL DESARROLLO: LA IMPORTANCIA DE LOS DATOS DE PARTIDA

¿Cuáles son esas condiciones actuales que deberían recibir una atención especial por parte de los analistas? En principio, serían varias, pero conviene hacer énfasis en la cuestión del crecimiento económico.

Dos breves comentarios se imponen antes de seguir abordando el tema. En primer lugar, que en el marco del proceso de desarrollo, el crecimiento económico no debe ser asumido como un fin, sino como un medio. En segundo lugar, que el crecimiento en sí mismo no es suficiente como medio de desarrollo. Muchas otras condiciones deben establecerse simultáneamente, incluyendo, por ejemplo, el establecimiento de estructuras socio-económicas y de instituciones políticas y estatales que garanticen una distribución lo más equitativa posible de los beneficios del crecimiento, y que sean capaces de asegurar la inclusión social y la justicia social.

No obstante, el crecimiento económico es importante pues expresaría la disponibilidad del excedente económico que serviría para ampliar el consumo de los hogares y para sostener la inversión que se necesita para transformar la base productiva del país. A mayor crecimiento económico, mayores son las posibilidades de mejorar el bienestar material de las personas, de sustentar los servicios públicos como la educación y la salud, de regenerar la infraestructura (puertos, comunicaciones, acueductos, etc.) y de ampliar y modernizar los medios de producción del país (fábricas, hoteles, maquinaria, etc.).

El insuficiente crecimiento del PIB desde 2011 y las bajas probabilidades de que esa tendencia cambie pronto es, por tanto, el primer dato crucial que debe ser tenido en cuenta en cualquier análisis sobre las posibilidades que pudiera ofrecerle la “actualización” al proceso de desarrollo nacional.

¿ALGUIEN DIJO “TIGRE” DEL CARIBE?

Usualmente, las conversaciones acerca del desarrollo en Cuba hacen referencia a experiencias como las de China y Vietnam, algo que probablemente pudiese tener utilidad para al análisis, pero también convendría no soslayar la experiencia de nuestros vecinos caribeños, particularmente cuando se toma en cuenta que en ocasiones se hacen referencias a Cuba como un potencial “tigre” económico del Caribe.

En ese sentido, un análisis comparado de datos sobre la realidad actual debería comenzar especialmente por aquellos países que en el Caribe han logrado niveles de PIB per cápita elevados –muchos más altos que los de China y Vietnam- como serían los casos de Barbados, y de Antigua y Barbuda.

Existe consenso acerca de que el PIB no es una medida precisa ni suficiente de la riqueza nacional. También se acepta que el crecimiento del PIB no es sinónimo automático de bienestar y de desarrollo. Sin embargo, determinadas formas de medir el PIB –como es el caso del PIB per cápita- son útiles para expresar el potencial productivo de un país, su capacidad para generar riqueza material por cada habitante. Obviamente, se trata de un promedio que no toma en cuenta la manera desigual en que el PIB es distribuido entre los habitantes de un país, pero aun así, el PIB per cápita es un indicador que es útil para medir –de forma aproximada y a mediano y largo plazo- el efecto de la transformación económica en las posibilidades de aumentar el bienestar de la sociedad.

Existen dos cifras que valdría la pena tomar en consideración: las veces que el PIB per cápita de esos países (Barbados y Antigua y Barbuda) es mayor que el de Cuba, y el tiempo que le tomaría a Cuba alcanzar el nivel de PIB per cápita de esos dos vecinos caribeños.

En 2015, el PIB per cápita de Barbados, con 15,903.4 USD, era dos veces y media mayor que el de Cuba (6,458.9 USD), mientras que el de Antigua y Barbuda (13,863 USD) era 2 veces mayor, a pesar de que Barbados y Antigua y Barbuda tienen escalas muy pequeñas y cuentan con menores recursos humanos y materiales que Cuba.[4]

No se trata de que esos dos pequeños vecinos caribeños sean países desarrollados. No lo son. De hecho, tienen grandes vulnerabilidades económicas, sociales y medio-ambientales, y desde hace algún tiempo presentan dificultades para crecer económicamente. Debe tomarse nota, sin embargo, que, medidos por otro conocido indicador –el Índice de Desarrollo Humano de Naciones Unidas-, tanto Barbados (con el lugar 57 en el ranking del índice) como Antigua y Barbuda (con el lugar 58) tienen una mejor calificación que Cuba (con el lugar 67).[5]

De lo que se trata es que la existencia de países del área con niveles relativamente elevados de PIB per cápita, indica una trayectoria posible de crecimiento económico que plausiblemente pudiera ser repetida por Cuba. No se refiere a intentar replicar el modelo económico de esos países, sino a que existe la posibilidad en el Caribe de intentar avanzar hasta niveles similares en cuanto a la capacidad para crear riqueza por cada habitante. Es decir, para Cuba no debería ser inverosímil tratar de alcanzar los niveles de PIB per cápita de Barbados y de Antigua y Barbuda.

¿CARRERA CONTRA RELOJ?

Las discusiones sobre la estrategia de desarrollo de la “actualización” a veces parecen proyectar la imagen de que el tiempo no es una variable crítica para el proceso de desarrollo. Sin embargo, el tiempo es un componente crucial. No es cuestión de que sea posible forzar la marcha del desarrollo, sino que es problemático asumir que puede resolverse con mayores plazos lo que no es capaz de conseguirse mediante acciones más audaces en el marco de la estrategia de desarrollo.

La selección entre distintas variantes de ritmos de crecimiento del PIB per cápita puede decidir si generaciones enteras participan, o si se quedan fuera, de los beneficios del proceso de desarrollo.

Para no complicar mucho los cálculos, con la tasa de 2,15 por ciento de crecimiento promedio anual del PIB registrada hasta ahora por la “actualización”, le tomaría aproximadamente 33 años a Cuba poder duplicar su PIB, algo que lograría hacer en 2048, y que inclusive sería insuficiente para alcanzar los niveles actuales de PIB per cápita de Antigua y Barbuda, y mucho menos los de Barbados.[6]

Expresado de otro modo, si se mantienen las bajas tasas de crecimiento actuales, una parte considerable de los cubanos hoy mayores de 50 años, que representan el 34 por ciento de la población, no lograrían llegar al momento en que se alcanzarían en Cuba los niveles de PIB per cápita que ya habrían tenido desde un tercio de siglo antes Barbados y Antigua y Barbuda. Prácticamente nadie del grupo de personas que hoy son mayores de 65 años (14 por ciento de la población) alcanzaría a ver duplicado su PIB per cápita, si no logra superarse la baja tendencia actual de crecimiento económico del país.[7]

De manera alternativa, mayores tasas de crecimiento económico pudieran modificar radicalmente la posibilidad de incluir esa tercera parte de la población actual del país en los beneficios del proceso de desarrollo, algo que sería un hecho de naturaleza política y no un simple detalle técnico. Con una tasa del 5 por ciento de crecimiento económico anual, el plazo necesario para duplicar el PIB per cápita se reduciría considerablemente a 14 años (para el 2029), mientras que con una tasa de crecimiento promedio del 7 por ciento, el plazo se acorta aún mucho más a 10 años (para el 2025).

Este breve artículo no discute la manera en que pudieran materializarse esas diferentes trayectorias de crecimiento. El punto central sobre el que se ha deseado llamar la atención es la propia importancia de las tasas de crecimiento del PIB per cápita del país.

¿Cuál de las trayectorias sería preferible? Pudiera preguntársele a la gente, pero seguramente la línea roja (la tendencia actual) no entraría en las preferencias de muchos cubanos, con independencia de lo que pudieran pensar o aconsejar quienes postulan hoy una transformación pausada del modelo económico y social del país.

NOTAS:

[1] Reth, Allain. “Space Shuttle Launch: Equator vs. Mountains”, Wired, 7-7-2011, https://www.wired.com/2011/07/space-shuttle-launch-equator-vs-mountains/

[2] Datos informados por el Ministro de Economía y Planificación durante el octavo período ordinario de sesiones de la Asamblea Nacional del Poder Popular, 27 de diciembre de 2016. Ver, Oscar Figueredo Reinaldo y José Raúl Concepción. “Tras tenso 2016, Cuba aspira a crecer un dos por ciento en 2017”. Cubadebate. 27 de diciembre de 2016. http://www.cubadebate.cu/noticias/2016/12/27/tras-tenso-2016-cuba-aspira-a-crecer-un-dos-por-ciento-en-2017/#.WGOV62dSNaQ

[3] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL). “Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2016”. Sección “Cuba”.  14 de diciembre de 2016. http://repositorio.cepal.org/bitstream/handle/11362/40825/15/1601260BP_Cuba_es.pdf

[4] Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL), “CEPALSTAT Base de Datos”, http://interwp.cepal.org/sisgen/ConsultaIntegrada.asp?IdAplicacion=6&idTema=131&idIndicador=2206&idioma=e

[5] United Nations Development Program (UNDP). “Human Development Report 2015: Work for Human Development”, http://hdr.undp.org/sites/default/files/hdr_2015_statistical_annex.pdf

[6] Se ha empezado a contar desde 2015, la última fecha para la que se dispone de datos comparables de PIB per cápita para los tres países (Cuba, Barbados, y Antigua y Barbuda). Para facilitar el ejercicio, se ha asumido que los niveles de PIB per cápita de Barbados y de Antigua y Barbuda se mantendrían constantes en el tiempo. La simplificación del cálculo también incluye considerar como iguales las tasas de crecimiento del PIB total y del PIB per cápita de Cuba.

[7] ONEI. Anuario Estadístico de Cuba 2015. Tabla 3.2 Población residente por sexo, edades y relación de masculinidad, año 2015, http://www.one.cu/aec2015/03%20Poblacion.pdf

https://cubaposible.com/crecimiento-economico-cuba-fallo-lanzamiento/

Fuente:
Varios
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