EEUU: No va a salvarnos la urbanidad

Robert Kuttner

04/10/2018

Tom Friedman, columnista del New York Times, tribuno fiable de la creencia popular, se queja del ascenso de la obstrucción tribal de los republicanos en una columna titulada "La Guerra Civil norteamericana, 2ª Parte".

"¿Cómo pararla?" pregunta Friedman. "Reuniendo una mayoría de norteamericanos, que sean todavía de centroizquierda o de centroderecha, que vote sólo a legisladores que tengan el valor de pedir que se detenga".

Esto no solo resulta ingenuo sino extremadamente inverosímil. En teoría, se podría imaginar a un Jeff Flake que formara equipo con Chris Coons, y que se presentaran en una candidatura de urbanidad que se juramentase restaurar las normas de la democracia.

Es un problema, no obstante, que Flake, siendo senador republicano, haya votado a favor prácticamente de todas las medidas políticas que han sesgado el juego económico en contra de los norteamericanos del común, y que demócratas centristas como Coons (que votaron por el anteproyecto republicano para aguar la Ley Dodd-Frank [para el control de las instituciones financieras]) hicieran a menudo el papel de facilitadores.

Un segundo problema es que la urbanidad no es por sí misma una filosofía de gobierno. Resulta difícil imaginarse a un puñado de personas que votaran, aparte de Friedman, por una candidatura así, o que votaran sobre esa base por miembros de la Cámara de Representantes o del Senado.

Como reconoce hasta el mismo Friedman, los republican constituyen el origen de la falta de urbanidad. Los demócratas pueden devolvernos la urbanidad  —y la democracia — ganando a base de bien.

Un arrebato de creencia popular errada relacionado con ello sostiene que, puesto que la economía florece, sería un error que los demócratas hicieran campaña sobre problemas que atañen a la cartera. "Todos los indicadores económicos indican que las cosas van como un tiro en el país", ha escrito Chris Cillizza, de la CNN, en un artículo reciente. ”Sólo el 12%  de la gente afirma que la cuestión más importante a la que se enfrenta el país tenga que ver con algún aspecto de la economía".

Así pues, según este punto de vista, del que se hace eco una serie de especialistas en ciencias políticas y economistas, sería una locura que los demócratas recalcaran las cuestiones que atañen a la cartera. Me sorprende esto porque es algo profundamente equivocado.  

Puede que la economía vaya bien de media, pero para la mayoría de los grupos de renta (salvo para los que están en lo más alto), apenas si se ha recuperado el suelo perdido desde el derrumbe de 2008. Aun cuando la gente responda a preguntas superficiales de los encuestadores de que la economía no constituye la primera preocupación, la mayoría es dolorosamente consciente de que las reglas del juego se han vuelto violentamente en contra de las familias trabajadoras en varios de los últimos decenios.

Lejos quedan los días en que un solo sostenedor de la familia bastaba para permitirse un nivel de vida de clase media, cuando un salario seminal equivalía aproximadamente al pago mensual de la hipoteca en un hogar de un distrito escolar decente, cuando el empleo medio conllevaba buenas prestaciones sanitarias y pensiones, y se daba por hecho un puesto de trabajo para toda la vida, y cuando la gente joven sin padres acomodados podía asistir a la Universidad sin incurrir en deudas empobrecedoras. Si se hace una serie de preguntas distintas en las encuestas, la gente se muestra agudamente consciente de ello.

La opinión pública no es algo estático. Responde a un liderazgo, un relato, una definición. Del mismo modo que Donald Trump pudo poner en primer plano agravios raciales latentes, un progresista de entre los demócratas podría (y debe) dar voz a las frustraciones económicas latentes.

cofundador y codirector de la revista The American Prospect, es profesor de la Heller School de la Universidad Brandeis. Columnista de The Huffington Post, The Boston Globe y la edición internacional del New York Times, su último libro es “Debtor´s Prison: The Politics of Austerity Versus Possibility”.
Fuente:
The American Prospect, 3 de octubre de 2018
Traducción:
Lucas Antón
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