El derecho al retorno, la masacre de Gaza y el regocijo israelí. Dossier

Haidar Eid

Gideon Levy

Amira Hass

Chloe Demoulin

Richard Falk

18/05/2018

Por qué me manifesté el 14 de mayo cerca de la valla israelí en Gaza

Haidar Eid

He participado en la Gran Marcha del Retorno en Gaza dos a tres veces a la semana desde que comenzó el 30 de Marzo. Me hace sentir más cerca de mi pueblo de Zarnouqa, que una vez estuvo cerca de lo que solía ser la ciudad palestina de al-Ramla. Las milicias israelíes limpiaron étnica la zona en 1948, expulsando a decenas de miles de palestinos, incluyendo a mis padres.

La Gran Marcha del Retorno  es el comienzo de nuestro largo camino hacia la libertad para acabar con esta injusticia desde 1948.

Nos manifestamos por tres razones. Primero, queremos que se aplique la Resolución 194 de la ONU, que pide el retorno de todos los refugiados palestinos a sus tierras. Segundo, queremos que el cerco genocida impuesto a Gaza por el Israel del apartheid se levante. Tercero, nos negamos a aceptar la decisión de trasladar la embajada de Estados Unidos a la Jerusalén ocupada. 

Nosotros, los manifestantes, pertenecemos a todos los sectores de la sociedad civil y a todo el espectro de las organizaciones políticas palestinas. Y a pesar de lo que la propaganda sionista (hasbara) podría hacer creer, no fue Hamas quien "ordenó" que nos manifestáramos.

El Comité Nacional de la Marcha tiene representantes de todas las organizaciones políticas palestinas, incluyendo Fatah, el Frente Popular para la Liberación de Palestina, el Frente Democrático para la Liberación de Palestina, y la Iniciativa Nacional, entre otros.

El 14 de mayo, yo era uno de las decenas de miles de habitantes de Gaza que decidieron ir a la valla oriental protegida por los francotiradores israelíes.

"Hoy será un gran día en la historia de Palestina. Un día que recordarán para siempre todos los palestinos, árabes y amante de la libertad!”, escribí en mi muro de Facebook justo antes de salir de casa ese día para ir en coche con mis tres amigos - un académico, un vendedor y un activista - para unirnos a la marcha.

Había decenas de miles de personas allí con nosotros - hombres, mujeres y niños, familias enteras  de todos los ámbitos de la vida. 

Estas miles de personas, caminando sin armas hacia la valla para exigir su derecho a regresar, preocupan a Israel. Su gobierno dio instrucciones a los soldados de disparar contra cualquier civil que trate de “traspasar” la valla.

Los disparos comenzaron ya a las nueve de la mañana. Vi a mujeres, niños, discapacitados, jóvenes y ancianos ser tiroteados, a pesar de que no estaban tratando de “traspasar” la valla. Un joven, cuyo rostro nunca olvidaré, recibió un disparo en el abdomen y nunca llegó al hospital.

Una mujer joven, cuyo rostro estaba cubierto con una kefiya palestina, recibió un disparo en el cuello, pero sobrevivió. Al final del día, habíamos perdido 60 personas y más de 2.700 resultaron heridas.

Las muertes más desgarradoras fueron las de un bebé de ocho meses de edad, Laila El-Ghandour, y la de Fadi Abu Saleh, un amputado que había perdido sus piernas a causa de una mina israelí. Dos de los 60 mártires eran hermanos. 

Y también recibí la noticia del martirio de mi amigo Ahmed al-Udini, que deja una hija de 3 años de edad. Era un estudiante y activista de izquierda que después de su graduación se unió al grupo en Gaza del movimiento Boicot, Desinversión y Sanciones (BDS) y trabajó como presentador en la estación de radio Al-Shaab. No era un "amenaza terrorista", como Israel pretende hacer creer.

Nos preparamos para enterrarles, a él y al resto de los muertos, sabiendo que hemos sido abandonados. La amarga realidad es que estamos solos, asediado, en estado de sitio, y nadie nos quiere, incluso quienes se supone que son nuestros hermanos.

Durante seis semanas, nos hemos enfrentado a la embestida de uno de los ejércitos más fuertes del mundo, que posee cientos de ojivas nucleares, más de 150.000 soldados en servicio activo, carros de combate Merkava, aviones F-16, helicópteros de ataque Apache, cañoneras y drones.

Cuando Israel no nos mata con sus francotiradores o nos bombardea, hace todo lo que puede para asegurarse de que vivimos en condiciones infrahumanas en estado de sitio en Gaza. Obtenemos electricidad sólo 4 horas al día, el 95 por ciento de nuestra agua no es potable, y nuestra enfermos graves agonizan mientras esperan durante meses un permiso para recibir tratamiento en Cisjordania.

Mientras nuestros hospitales, ya sin recursos por el sitio, luchan para tratar a los 12.000 heridos desde el 30 de marzo, algunos regímenes árabes y una UE cómplice no hacen absolutamente nada, salvo publicar declaraciones tímidas. En realidad, han defraudado a los palestinos desde hace años, y hasta la fecha, las actitudes oficiales internacionales son una combinación de cobardía e hipocresía.

La comunidad internacional, la ONU, la UE, y los líderes árabes han permanecido en gran medida en silencio sobre las atrocidades cometidas por el Israel del apartheid. En su lugar, nos piden permanecer en silencio en Gaza, el mayor campo de concentración al aire libre del mundo, con el fin de no incomodar a los ocupantes israelíes.

Se espera que nos comportemos como “siervos palestinos", al igual que los esclavos domésticos que estaban agradecidos a sus amos blancos y que estaban satisfechos de comer las sobras de sus mesas. Estamos obligados a aceptar nuestra muerte lenta y a no mostrar ninguna forma de resistencia, a admitir que si recibimos un tiro es por nuestra culpa.

Mientras enterramos a nuestros muertos, sabemos que sólo tenemos una opción viable. Esa opción no implica esperar a que se reúnan el Consejo de Seguridad, la UE o la Liga Árabe.

Esa opción es "poder del pueblo", la única fuerza capaz de enfrentarse con la ocupación militar israelí. Hemos optado luchar por la dignidad, un giro después de años de auto-engaño que nos hacia asumir la esclavitud bajo el ocupante como un hecho consumado.

El resultado de esta decisión de la sociedad civil palestina y de todas las fuerzas políticas es la Gran Marcha del Retorno.

La única vía que nos queda es seguir la misma estrategia que la lucha en Sudáfrica. Se trata de movilizar a las masas sobre el terreno en lugar de hacer lobby ante los gobiernos indiferentes de todo el mundo.

¿Qué ayuda podían esperar los sudafricanos de Margaret Thatcher o Ronald Reagan? Fueron los sudafricanos comunes y corrientes y los ciudadanos comprometidos del mundo los que condenaron y resistieron los crímenes cometidos por el sistema de apartheid.

Nuestra principal ventaja como palestinos en esta lucha desigual es lo que el difunto Edward Said llama "la autoridad moral." Nuestra victoria al final será el resultado inevitable de nuestra firmeza, de no vacilar a pesar de la sensación de que nos hemos quedado solos.

https://www.aljazeera.com/indepth/opinion/march-return-14may-gaza-israeli-fence-180516124449284.html

Los 60 muertos de Gaza y el fin de la conciencia israelí

Gideon Levy

En la noche de la masacre de palestinos, Zion se regocijó con la embajada de EEUU y Eurovisión. Es difícil pensar en una degeneración moral más atroz.

¿Cuando llegará el momento en el que la matanza de palestinos  le importará a la derecha? ¿Cuando llegará el momento en el que la matanza de civiles conmueva, al menos, a la izquierda y el centro? Si el asesinato de 60 personas no es suficiente, ¿quizás lo consigan 600? ¿O 6.000?

¿Cuándo llegará el momento en el que aparezca una pizca de sentimientos humanos, aunque sólo sea por un momento, hacia los palestinos? ¿Simpatía? ¿En qué momento alguien dirá ¡basta!, y sugerirá compasión, sin ser tachado de excéntrico o enemigo de Israel?

¿Cuándo llegará el momento en el que alguien admita que el verdugo tiene, después de todo, alguna responsabilidad de la matanza, no sólo el sacrificado, que por supuesto es responsable de su propia masacre?

A nadie importan las sesenta personas muertas, ¿tal vez si fueran 600? ¿O 6.000? ¿Encontrará Israel excusas y justificaciones también entonces? ¿Se echará la culpa a las personas asesinadas y a quienes les “denviaron” incluso entonces, sin una palabra de crítica, mea culpa, dolor, pena o arrepentimiento?

El lunes, cuando el número de muertos se disparó de manera alarmante, Jerusalén celebraba la nueva embajada de EEUU y Tel Aviv se felicitaba del triunfo en Eurovisión, como si nunca más se volviera a repetir un momento así. El cerebro israelí ha sido lavado de forma irrevocable, su corazón sellado para siempre. La vida de un palestino ya no vale nada.

Si 60 perros callejeros fueran asesinados a tiros en un día por soldados de las FDI, todo el país estallaría en protesta. Los verdugos de los perros serían llevados a juicio, la nación de Israel ofrecería oraciones por las víctimas, tendría lugar un funeral en Yizkor por los perros sacrificados por Israel.

Pero en la noche del masacre de los palestinos, Zion se alegró llena de júbilo: tenemos embajada y Eurovisión. Es difícil pensar en una degeneración moral más atroz. Tampoco es difícil imaginar el escenario inverso: 60 israelíes mueren en un día y la multitud celebra la embajada en Ramallah y se regocija en un concierto en El Bireh para animar al ganador de la versión árabe de “Nace una estrella”, mientras los presentadores y entrevistados en televisión se ríen en las transmisiones en vivo. ¡Oh, esos animales palestinos!, ¡oh, esos monstruos!

La víspera de este lunes negro me encontré sentado en uno de los estudios de televisión al lado de un derechista risueño. Risueño no es el término correcto, porque se reía a carcajadas. Se reía así del asesinato en masa, y encontró aún más divertido que alguien se horrorizase de ello. Israel Hayom se inició con la bendición “Shehejeianu” en su titular principal sobre otro asunto, sin darse cuenta de la tétrica ironía. Yedioth Ahronoth llevó a cabo una discusión erudita sobre si los líderes de Hamas deben ser eliminados ya o no, quién está a favor de su asesinato y quién está en contra. Imagínense una discusión así en un periódico palestino: ¿quién esta a favor de asesinar a Gadi Eizenkot y quién en contra?.

La verdad es que Israel está bien preparado para masacrar a cientos y miles, y para expulsar a decenas de miles de personas. Nada lo detendrá. Este es el final de su conciencia, el pavoneo de la moralidad ha terminado. Los acontecimientos de los últimos días lo han demostrado sin lugar a dudas. Se han asentado las vias, la infraestructura para el horror se ha fundido. Decenas de años de lavado de cerebro, demonización y deshumanización han dado sus frutos. La alianza entre los políticos y los medios para suprimir la realidad y negarla, ha tenido éxito. Israel está preparado para cometer horrores. Nadie se interpondrá ya en su camino. Ni desde dentro ni desde fuera.

Además de la charlatanería habitual, el mundo de la era Trump no moverá un dedo, incluso si Gaza se convierte, Dios no lo quiera, en una Ruanda. Incluso entonces nuestros observadores y analistas repetirán que las FDI han logrado sus objetivos, que las FDI han demostrado su moderación, que es el ejército más moral del mundo  y “¿Qué haría usted en su lugar?”

El jefe del estado mayor sería coronado hombre del año, él, el bueno, el moderado y la oposición tuitearía sus aplausos. En la plaza del pueblo se celebraría la victoria del cantante de “izquierda”, a nadie se le ocurriría cancelar la fiesta, o por lo menos dedicar un momento a los muertos.

Ya estamos ahí. Ese momento ha llegado. Ruanda ya está en Gaza e Israel está de fiesta. Dos millones de seres humanos han sido ya encarcelados, y su destino no le importa a nadie. Las imágenes que aparecen de vez en cuando de niños y padres sin electricidad y sin agua, de personas discapacitadas asesinadas a tiros y de amputados de piernas, todos hijos de refugiados del desastre de 1948 que hicimos caer sobre sus cabezas.

¿Qué tiene que ver con nosotros? Es culpa de Hamas. Sesenta personas muertas en un día, y ni una pizca de tristeza en Israel. A partir de ahora, ya no habrá nunca.

https://www.haaretz.com/opinion/.premium-60-dead-in-gaza-and-the-end-of-israeli-conscience-1.6095178

No es Hamas, son decenas de miles de personas dispuestas a morir

Amira Hass

La caracterización del ejército israelí de las manifestaciones minimiza su gravedad, y sin querer convierte a Hamas en una organización política responsable y sofisticada.

“Estamos encantados de que nuestros hermanos de Hamas hermanos hayan comprendido por fin que la vida correcta es la lucha popular, sin armas,” han repetido los representantes de Fatah en varias ocasiones últimamente en relación con la Marcha del retorno en la Franja. El presidente palestino , Mahmoud Abbas, dijo algo similar durante su intervención en el Consejo Nacional Palestino la semana pasada.

Cinismo y envidia. Cinismo porque la postura oficial de Fatah es que la lucha armada dirigida por Hamas ha perjudicado a la causa palestina en general y a la Franja de Gaza, en particular. Y envidia, porque la implicación, que las declaraciones del ejército israelí han reforzado, es que un llamamiento de Hamas es suficiente para que decenas de miles de manifestantes desarmados hagan frente a los francotiradores israelíes a lo largo de la frontera.

Por el contrario, las convocatorias de Fatah y la OLP en Cisjordania, incluida Jerusalén, no han agrupado más que a unos pocos miles de personas en las calles con algunas escaramuzas con la policía y el ejército. Sucedió de nuevo el lunes, cuando se inauguró la embajada de Estados Unidos en Jerusalén. El número de manifestantes palestinos en Gaza ha sido mucho mayor que en Cisjordania.

La decisión sobre la Marcha del Retorno fue adoptada conjuntamente por todos los grupos en Gaza, incluyendo Fatah. Pero el grupo más organizado - el que puede aportar la logística necesaria, equipar los “campamentos de retorno” (puntos de reunión y de actividad que se establecieron a unos cientos de metros de la frontera de Gaza), controlar la información, mantener el contacto con los manifestantes y declarar una huelga general en protesta por el traslado de la embajada de EEUU - es Hamas. Incluso un miembro de Fatah lo admitió con tristeza a Haaretz.

Esto no quiere decir que todos los manifestantes son partidarios de Hamas o simpatizantes del movimiento que obedecen sus órdenes. De ningún modo. Los manifestantes provienen de todos los sectores de la población, personas que se identifican políticamente y otras que no lo hacen.

“Quien tiene miedo se queda en casa, porque el ejército dispara a todos. Los locos son los que se acercan a la frontera, y pertenecen a todas las organizaciones o a ninguna de ellas”, dice un participante en la manifestación.

Las declaraciones del ejército a los periodistas, en el sentido de que se trata de una “marcha de Hamas”, minimizan la importancia de estos acontecimientos y el significado de que decenas de miles de habitantes de Gaza estén dispuestos a sufrir, mientras que, irónicamente, fortalece la posición de Hamas como una organización política responsable que sabe cómo cambiar las tácticas de su lucha, al mismo tiempo que quita importancia a su papel.

El lunes, tras la muerte de no menos de 53 residentes de Gaza a las 7 de la tarde, no había lugar para el cinismo o la envidia. Abbas declaró un período de luto y ordenó las banderas a media asta durante tres días, así como una huelga general el martes. Este es el mismo Abbas que estaba planeando una serie de sanciones económicas contra la Franja en otro intento de aplastar a Hamas.

Los residentes de la Franja de Gaza, con sus muertos y heridos, están influyendo en la política interna palestina, lo sepan o no, ya sea intencionadamente o no. Nadie se atrevería a imponer las sanciones ahora. El tiempo dirá si alguien va a llegar a la conclusión de que si Israel mata a tantos durante las manifestaciones desarmadas, quizá la vuelta a los ataques armados individuales, como venganza o como táctica, implicarían un menor número de víctimas palestinas.

En las primeras horas de la mañana del lunes, las excavadoras del ejército entraron en la Franja de Gaza y nivelaron los montículos de arena construidos por los palestinos para protegerles de los francotiradores, según los trabajadores del Centro Al Mezan para los Derechos Humanos.

Alrededor de las 6:30 de la mañana, el ejército israelí también disparó contra las tiendas de campaña en los “campamentos de retorno”, y varias de las tiendas de campaña se incendiaron. Algunas de las tiendas quemadas eran utilizadas por los equipos de primeros auxilios, informó Al Mezan.

El sitio web de noticias Samaa informó que los perros de la policía israelí fueron lanzados contra los campamentos de retorno y que el ejército rocío con agua “maloliente” la zona fronteriza. La convocatoria urgente de figuras de alto rango de Hamas en la Franja de Gaza para reunirse con la inteligencia egipcia en El Cairo se conoció incluso antes de que se informase de que los egipcios transmitieron una serie de mensajes amenazantes israelíes a Ismail Haniyeh y Khalil al-Hayya, adjunto del líder de Hamas en la Franja Gaza, Yahya Sinwar.

Todo el mundo en la Franja de Gaza sabe que los hospitales están saturados, muy por encima de su capacidad y que los equipos médicos son incapaces de tratar a todos los heridos. Al Mezan informó que una delegación médica que se suponía iba a llegar de Cisjordania sede había visto bloqueada por Israel.

Todo el mundo sabe que las personas heridas que han sido operadas son dadas de alta demasiado pronto y que hay escasez de medicamentos esenciales para los heridos, incluidos antibióticos. Incluso cuando hay medicinas, muchos de los heridos no pueden pagar ni siquiera el mínimo requerido para obtenerlas, y regresan a los pocos días al médico con una infección. Todo esto se basa en informes de fuentes médicas internacionales.

Todas las señales, las advertencias, las numerosas muertes de las últimas semanas y los informes inquietantes de los hospitales no han disuadido a decenas de miles de manifestantes el lunes. El derecho al retorno y la oposición a la reubicación de la Embajada de Estados Unidos a Jerusalén son objetivos o razones dignas, aceptables para todos.

Pero no hasta el punto de que las masas de Cisjordania y los residentes de Jerusalén Este se unan a sus hermanos de la Franja de Gaza. Allí, el objetivo prioritario por el que manifestarse es obvio y el más fácil de poner en práctica de inmediato: que los habitantes de Gaza recuperen su libertad de movimiento y su derecho a conectarse con el mundo exterior, especialmente con su propia gente más allá del alambre de púas que les rodea. Esta es una exigencia de la gente de a pie, y no una cuestión de Hamas, ya que tanto los dirigentes como sus miembros comunes y corrientes saben muy bien que una vez que entran en el cruce de Erez entre Israel y la Franja, serán detenidos.

https://www.haaretz.com/middle-east-news/palestinians/.premium-t...za-protests-hamas-march-understates-their-significance-1.6091833

Tras la matanza de Gaza, reflujo de la movilización palestina

Chloe Demoulin

La movilización ha sido menor de lo esperado este mayo 15 para la Nakba, así como el número de muertos. Al menos dos manifestantes murieron de Gaza a manos del ejército israelí, y docenas de palestinos han resultado heridos en Cisjordania durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad israelíes.

Decenas de miles de personas se reunieron el martes en Gaza para asistir al funeral de los sesenta palestinos que murieron el lunes por los disparos del ejército israelí. Por la mañana, según los medios de comunicación palestinos, Hamas había desmontado las tiendas de campaña que durante semanas había levantado a lo largo de la frontera con Israel y pidió a los civiles parar la movilización.

Por la tarde, algunos grupos de manifestantes todavía se acercaron a la valla de seguridad (alrededor de 400, según el ejército israelí, cien veces menos que el lunes) para encender neumáticos o desafiar a los soldados apostados a lo largo de la frontera. Al menos dos de ellos fueron asesinados por francotiradores del ejército israelí. Según este último, ocho miembros de Hamas, armados con granadas y de tenazas de alambre, fueron muertos a tiros mientras trataban de cruzar la frontera al norte del enclave.

Después del baño de sangre del lunes 14 de mayo, y a pesar del llamamiento a la huelga general, la movilización también ha sido limitada en Cisjordania. Entre 700 y 1.300 palestinos se manifestaron en varios lugares, con algunos lanzamientos de piedras y cócteles molotov contra las fuerzas de seguridad israelíes, que respondieron. Al menos 20 palestinos resultaron heridos con munición real durante los enfrentamientos con el ejército israelí. Han tenido lugar enfrentamientos al norte de Ramallah, cerca de la valla de seguridad que protege el asentamiento israelí de Beit El (tan caro al embajador de Estados Unidos en Israel, David Friedman), en Hebrón y Belén.

El lunes, las autoridades palestinas habían convocado manifestaciones de masas en toda Cisjordania en dirección a la frontera con Israel. En Ramallah, sólo unos pocos miles de palestinos se reunieron en la plaza Yasser Arafat, algunos con las llaves de sus casas expropiadas en las manos para reclamar el "derecho de retorno" de los refugiados expulsados en 1948. Los manifestantes también quemaron una bandera estadounidense para protestar contra la transferencia de la Embajada de los Estados Unidos a Jerusalén. Sin embargo, a primera hora de la tarde, cuando se inició la ceremonia de apertura, sólo 1.800 palestinos convergieron cerca del puesto de control de Qalandia, al noroeste de la ciudad. Durante los enfrentamientos entre manifestantes y el ejército israelí, algunos palestinos han resultado heridos. Nada en comparación con el baño de la sangre de la víspera en Gaza.

Fuente de satisfacción para muchos analistas políticos y funcionarios israelíes, esta desconexión entre Gaza y el resto de los territorios palestinos no es nueva. En tres ocasiones, primero durante la instalación de detectores de metales por parte de Israel en la entrada de la Explanada de las Mezquita en julio de 2017, segundo en el momento del anuncio de Donald Trump en diciembre de 2017 y tercero el pasado 30 de marzo, cuando comenzó la "Gran Marcha del Retorno" en Gaza, los comentaristas predijeron una explosión de violencia e incluso el inicio de una "tercera intifada". Pero nada de esto ha sucedido, al menos en Cisjordania.

Entrevistados por Mediapart en diciembre pasado, muchos jóvenes palestinos de Jerusalén Este, indignados por el reconocimiento de Estados Unidos de la ciudad como capital de Israel, afirmaban estar “dispuestos a morir" para defender su "dignidad". Pero algunos también decían que no veían el interés de ir a manifestarse, con el riesgo de "ir a la cárcel" y hacer daño a sus familias. La prueba de que no todos sueñan con ser "mártires" o correr el mismo destino que Ahed Tamimi, la adolescente de 17 años actualmente en prisión que se ha convertido en un icono de la resistencia palestina por abofetear a soldados israelíes.

En Jerusalén Este y Cisjordania, un sentimiento parece dominar: el derramamiento de sangre ya no conmueve a la comunidad internacional. Más allá de las condenas de boquilla incluyendo las de Emmanuel Macron en lunes por la noche, los líderes de la comunidad internacional parecen incapaces de actuar. Desde ayer, los Estados Unidos han bloqueado la adopción de una declaración del Consejo de Seguridad de la ONU que condenaba los acontecimientos de Gaza y pedía una investigación independiente. La única iniciativa tangible, pero que desde luego se queda corta ante el desafío, es la retirada de sus embajadores en Israel de Sudáfrica y Turquía.

¿Significa esto que la indiferencia del mundo y la ocupación de plomo israelí han logrado reducir a la apatía a los palestinos? "Si esto está tranquilo y no hay más posibilidades de ataques terroristas, es porque los comandantes y los ingenieros de Hamas en Judea y Samaria [Cisjordania] han sido todos ejecutados o encarcelados por el ejército israelí. Los palestinos se indignan en las redes sociales pero saben qué esperar", comentó fríamente un reservistas del ejército israelí entrevistado por Mediapart al comienzo de las movilizaciones en Gaza hace seis semanas.

En Cisjordania, los Acuerdos de Oslo y los puntos de control han dificultado los desplazamientos y las movilizaciones de masas.  A veces la policía palestina prohibe o frena las concentraciones para evitar cualquier desbordamiento. En el frente económico, la situación no es más brillante, pero no es tan dramática como en Gaza. Un ejemplo: los empleados de la Autoridad Palestina en Gaza no han recibido sus salarios en abril, mientras que los que viven en Cisjordania han sido pagados normalmente.

Tras el fracaso de la reconciliación entre Fatah y Hamas, la falta de unidad política y la desconfianza de los palestinos en sus líderes también contribuyen a la inercia. Tres semanas antes del inicio de la "Marcha del Retorno" en Gaza, fue lanzado un cohete contra el convoy del primer ministro y del jefe de la inteligencia de la Autoridad Palestina en la franja costera. Un ataque fallido, del que el presidente Mahmoud Abbas acusó a Hamas. Desde entonces, Fatah ha tenido cuidado en no alentar a los palestinos a salir a las calles de Cisjordania para apoyar las protestas en Gaza, no fuesen a reforzar la influencia del grupo islamista.

En el lado israelí, lo mas chocante es menos la falta de movilización como la indiferencia. El lunes por la noche, mientras se producían las condenas de la comunidad internacional después de la masacre ocurrida ese día en Gaza, más de 50.000 israelíes se concentraban en el centro de Tel Aviv, en la plaza Yitzhak Rabin. No para mostrar su desacuerdo con unas ordenes de combate israelíes consideradas desproporcionadas. Sino para asistir a un concierto gratuito de la ganadora de Eurovisión, Netta Barzilai. Algo surrealista, horas después de la gran inauguración formal de la Embajada de Estados Unidos en Jerusalén.

Los israelíes, mayoritariamente, aceptan la narrativa del gobierno israelí y adoptan sus elementos de lenguaje. Se afirma que Hamas es plenamente responsable de la "masacre" por haber "arrojado" a miles de palestinos, entre ellos mujeres y niños, contra la frontera con Israel. También están convencidos de que todos los palestinos muertos el lunes eran militantes de Hamas, armados y organizados. Y que Israel no podía correr el riesgo de dejar que se acercasen a la valla de separación, a menos de 200 metros de la que viven civiles israelíes.

De acuerdo con un informe publicado el martes, sólo 24 palestinos murieron el lunes han sido identificado por el ejército israelí como miembros de Hamas o de la Jihad Islámica. No se ha proporcionado información sobre el resto de las víctimas.

Por lo que se refiere a la clase política israelí, el líder laborista, Avi Gabai, que no ha condenado la transferencia de la Embajada de Estados Unidos y que incluso asistió a la ceremonia, ha utilizado un mensaje de Facebook para criticar al primer ministro Benjamin Netanyahu. "¿Cómo hemos llegado hasta aquí de nuevo? ¿A este nuevo episodio de violencia? ¿A estas decenas de muertos?" ha escrito, criticando al jefe del Estado judío por no actuar para mejorar la situación económica en Gaza.

El nuevo jefe de Meretz, Tamar Zandberg, cuyo partido, no obstante, ha denunciado el traslado de la embajada de Estados Unidos, también se ha limitado a señalar la responsabilidad de los "políticos" sin ni siquiera nombrar a Netanyahu por su nombre. Se ha negado a condenar la acción militar israelí en la frontera.

Sólo las asociaciones de defensa de los derechos humanos y algunos periodistas israelíes se atreven a plantear preguntas difíciles. “¿Qué está haciendo Israel para evitar el derramamiento de sangre antes de que suceda?" Se pregunta el experto militar de Haaretz, Amos Harel. "Casi nada", concluye. Durante varios meses, señala el periodista en un artículo publicado el lunes por la noche, las fuerzas de seguridad israelíes han advertido que "la infraestructura y la economía de Gaza" están en una "situación desesperada", que el desempleo está "a punto de estallar" y con el su cuota de frustración y rabia”. “Israel apenas ha movido un dedo para aliviar [esta] angustia" , lamenta.

Con el apoyo de la Casa Blanca, el gobierno de Netanyahu se mantiene imperturbable. El martes por la mañana, el Ministro de Justicia, Ayelet Shaked, afirmó que Israel no tenía miedo a la Corte Penal Internacional (CPI), ya que el ejército israelí había "actuado muy bien, de acuerdo con las reglas de combate y dentro de los límites de la justicia y la ley ". El día antes, Reporteros sin Fronteras (RSF) ha anunciado su denuncia ante el CPI "de la perpetuación de crímenes de guerra cometidos por el ejército israelí contra periodistas palestinos" desde el 30 de marzo, cuando comenzó la "Gran Marcha del Retorno.

https://www.mediapart.fr/journal/international/150518/au-lendemain-du-massacre-de-gaza-la-mobilisation-palestinienne-en-retrait

“Una matanza para decir a los palestinos: vuestra resistencia es imposible”. Entrevista

Richard Falk   

La brutalidad de la respuesta israelí a la Marcha del Regreso palestina de Gaza ha generado una indignación como no se veía desde hace tiempo. Centenares de manifestaciones en todo el mundo y condenas inusuales por parte de muchos gobiernos. La Liga Árabe ha despertado de su sopor y ha pedido una investigación internacional. El Consejo de Derechos Humanos de la ONU ha votado a favor de llevar a cabo una investigación. 

De ello hemos discutido con Richard Falk, profesor emérito de Derecho Internacional de la Universidad de Princeton y, entre 2008 y 2014, relator especial para las Naciones Unidas sobre la cuestión palestina [entrevistado por la periodista Chiara Cruciati para el diario italiano il manifesto]. 

En un artículo suyo, escrito después de la matanza de Gaza del lunes pasado, habla de un  «nuevo nivel de degradación moral, política y legal» israelí. ¿Un  “salto cualitativo” en el uso de la fuerza?

Estamos ante un nuevo nivel de lo que yo llamo alienación moral, visible en la normalización que supone matar a sangre fría a manifestantes desarmados, sin intentar siquiera utilizar métodos alternativos para asegurar las fronteras. Lo de Gaza tiene perfiles de matanza calculada, lo que confirman las declaraciones de los dirigentes israelíes. Parte del desarrollo de esta alienación moral proviene de la luz verde dada por la presidencia Trump: sea lo que fuere que quiera hacer Israel, puede hacerlo. Son dos las dimensiones de la matanza: la motivación interna israelí al afrontar la cuestión palestina y la tolerancia externa.

Habla usted de matanza calculada: ¿cuál es el objetivo político?

Las razones oficiales, Hamás y la seguridad de las fronteras, no son las verdaderas. Lo que quiere hacer Israel es convencer a los palestinos de que están empeñados en una resistencia imposible. Y enviar un mensaje a Irán y a los demás adversarios de la región: Israel no tiene límites en el uso de la fuerza, esta será la reacción contra quien sea. 

¿La legalidad internacional existe todavía?

Le reglas las tenemos, lo que falta es la voluntad política de aplicarlas. Hoy prevalecen los factores geopolíticos. La cuestión palestina es el ejemplo más evidente de este «veto geopolítico», que anula cualquier esfuerzo por hacer respetar la legalidad internacional y tomar medidas en caso de violaciones. A esto se añade otro elemento: Israel está probando a que vaya cundiendo la idea de que los palestinos han perdido la batalla de la solución político y que, por lo tanto, no tiene sentido recurrir a instrumentos políticos para protegerlos de las políticas israelíes. Israel quiere convencer al mundo de que este tipo de lucha carece ya de significado y de valor. La consecuencia es visible: el veto geopolítico protege a Israel y ata las manos de la ONU, incapaz de ofrecer protección. Así se debilita todo el sistema. 

¿Es, por tanto, un ejercicio fútil pensar en procedimientos legales para los crímenes cometidos por Israel?

El Derecho penal internacional ha sido siempre un sistema imperfecto, porque no se aplica a los estados que disfrutan de un cierto nivel de impunidad. Después de la Segunda Guerra Mundial, los tribunales de Nuremberg y de Tokyo juzgaron sólo los crímenes cometidos por los derrotados, no los cometidos por los vencedores: pienso en las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki. Esos crímenes no se persiguieron sino que se «legalizaron»: la bomba atómica se ha traducido en la proliferación de armas nucleares. La estructura del Derecho penal internacional se basa en un doble baremo que se expresa en el plano institucional en el poder de veto reconocido a los vencedores de la guerra, veto que les exime de la obligación de responder por sus acciones y que se extiende a los países amigos. 

Podemos preguntarnos de dónde se deriva la actual impunidad israelí: por una parte, de los países árabes preocupados por lo que perciben como amenaza iraní y que les mueve a normalizar relaciones con Israel; por otra, de la administración norteamericana que va pagando favores a los apoyos internos de la campaña de Trump. En este altar se sacrifica la visión de los judíos progresistas que quieren una solución política.

A menudo ha hablado usted de régimen de apartheid en los Territorios Ocupados, pero también dentro de Israel. Un sistema único: al palestino se le discrimina allá donde se encuentre (ya sea que viva en los Territorios o sea ciudadano israelí), el israelí disfruta de privilegios donde quiera que viva, lo mismo en Tel Aviv que en una colonia

El corazón del conflicto no está en la tierra sino los pueblos. Toda la idea de un Estado hebreo implica el vaciamiento de la Palestina histórica de los no hebreos. Pero a diferencia de Sudáfrica, Israel tiene también la intención de pasar por una democracia. El apartheid israelí, por lo tanto, no pasa por la negación de la ciudadanía a los palestinos que viven en el territorio del Estado, sino en una serie de leyes que distinguen entre quién es judío y quién no, del derecho al retorno hasta la propiedad de la tierra. A eso se suma el elemento de la fragmentación del pueblo palestino: el apartheid pasa por la división de los palestinos en territorios separados y por lo tanto con diversos estatus jurídicos. 

¿Ve un cambio positivo en el horizonte?

El último siglo ha demostrado que lo imposibles es a veces posible. Pienso en el final del apartheid en Sudáfrica o, más recientemente, en las primaveras árabes. Ahí las que han prevalecido no han sido las partes más fuertes sino las débiles. Después de la época colonial, una de las transformaciones a las que hemos asistido es la redefinición de las relaciones de fuerza: no siempre la fuerza militar triunfa sobre esa política. Pensemos en Vietnam. Los pueblos han aprendido que la resistencia popular puede suplir la inferioridad militar, porque tienen de su parte la superioridad moral y la capacidad de asumir las pérdidas en favor de un fin más alto, la autodeterminación.

il manifesto, 18 de mayo de 2018

es profesor asociado en la Universidad de Al-Aqsa en Gaza.
Es comentarista político del diario israelí Haaretz.
Corresponsal de Haaretz en los Territorios Ocupados palestinos.
Corresponsal de Mediapart en Jerusalén.
Profesor emérito de derecho internacional de la Universidad de Princeton.
Fuente:
Varias
Traducción:
Enrique García
Lucas Antón