El "Estado de la Unión" y Trump

Paul Heideman

01/02/2018

El discurso del Estado de la Unión de Donald Trump ha conseguido la hazaña inusual de ser tan aburrido como aterrador. Con un estilo que proclamaba a gritos que había sido “escrito por el comité”, el discurso careció de las improvisaciones y originalidades que han animado la escena política estadounidense en los últimos años. En su lugar, fue un flujo incesante de historias de terror políticas. A lo largo del discurso, Trump hizo una promesa tras otra que auguran desarrollos verdaderamente aterradores en la política estadounidense.

Las más distópicas de estas propuestas son los “cuatro pilares” del plan de inmigración de Trump. Estas son, a grandes rasgos, una vía hacia la ciudadanía para los jóvenes indocumentados, un muro fronterizo, nuevas restricciones para el permiso de residencia, y reglas mucho más severas para la reunificación familiar. Además de estos pilares, Trump también se comprometió a contratar más agentes federales de inmigración, situando la cifra en diez mil agentes, un aumento del 50 por ciento del personal de la agencia.

Mientras que el primer pilar suena como una propuesta de compromiso para proteger a los “Dreamers”, que gozan de un amplio apoyo en los sondeos de opinión pública, el resto del plan se basaría en la implícita premisa de “inmigrante bueno / inmigrante malo” del primer pilar para imponer condiciones aún más duras a los inmigrantes que tratan de alcanzar o que ya viven en los EEUU. El muro de la frontera simplemente desviaría la migración a las zonas más desoladas y peligrosas de la frontera, ampliando el cementerio no oficial en el que se ha convertido la frontera con México desde que Bill Clinton comenzó la militarización de la frontera en la década de 1990. Las restrictivas reglas de reunificación familiar solo servirán para garantizar que los inmigrantes que llegan a los EEUU siguen estando más aislados socialmente, mientras que la expansión de la Migra haría crecer las filas de los cazadores de cuerpos que ya devastan comunidades en todo el país.

Trump se comprometió a complementar el terror interno con el terror externo. Exigió dedicar más dinero a los presupuestos militares, y, específicamente, se comprometió a “reconstruir” el arsenal nuclear del país. El actual arsenal de casi siete mil armas nucleares (lo suficiente como para destruir todas las ciudades del planeta más grandes que Edison, Nueva Jersey) es, al parecer, insuficiente, mientras que una mayor cantidad sin especificar sería por fin un medio eficaz de disuasión.

Trump también confirmó que estas nuevas armas nucleares apuntarían a Corea del Norte, a la que dedicó varios minutos para denunciar el régimen de Kim Jong-un. A pesar de que los recientes acontecimientos en la península de Corea han podido demostrar la disminución de la influencia estadounidense, Trump parece decidido a recuperar el papel dominante de EEUU mediante una creciente belicosidad, un plan que es probable que solo consiga hacer de las dos Coreas y del mundo un lugar más peligroso en general.

Tan aterradoras como la visión de Trump para el país fueron las señaladas ausencias en su discurso. Las andanadas anti-establishment que fueron una característica de su campaña electoral, así como de gran parte de su presidencia hasta ahora, han desaparecido, al menos en el discurso sobre el Estado de la Unión. Lejos de defender la agenda derechista y populista que le permitió destruir a sus oponentes en las primarias republicanas, Trump ha adoptado toda una serie de políticas que podrían defender cualquiera de ellos. A pesar de haber llegado a la Casa Blanca prometiendo“drenar el pantano”, Trump se revuelca ya en el lodo.

Las élites no han tardado en recompensar el nuevo aprecio de Trump por su programa. Conquistados por los recortes masivos de impuestos y la desregulación, los sectores empresariales y financieros están más que dispuestos a pasar por alto las torpezas de la guerra de Trump contra la inmigración o sus flirteos con la extrema derecha.

Lo que esto sugiere es que, salvo posibles desviaciones de este curso del propio Trump, es probable que la intensidad de la oposición de las élites a su presidencia se desvanecerá, y los intentos de presentarlo como alguien marginal a la corriente principal de la política estadounidense encontrarán cada vez menos eco. Todavía hay una oposición popular masiva a las políticas de Trump, provocadas por los ataques contra los inmigrantes hasta los regalos a los ricos, pasando por su discreta reactivación de medidas anti-LGBT. Pero los intentos de movilizar a ese electorado sobre la base de las violaciones de Trump de un supuesto consenso nacional seguirán cayendo en el vacío.

Doctor en estudios americanos de la Universidad de Rutgers, Newark y colaborador de la revista estadounidense de izquierdas Jacobin.
Fuente:
https://jacobinmag.com/2018/01/trump-state-of-the-union-address-immigration
Traducción:
Enrique García