El Premio Nóbel de Economía que llama a la desobediencia civil. Entrevista

George Akerloff

06/11/2005

  

"Yo creo que este es el peor gobierno que han tenido los EEUU en sus más de 200 años de historia. Ha emprendido acciones de todo punto irresponsables no solo en política exterior y en política económica, sino también en política social y ambiental. Esto no es política gubernamental normal. Es hora de que la gente se comprometa y practique la desobediencia civil"

George Akerloff (*) concedió esta entrevista el 29 de julio de 2003 a Matthias Streitz para el semanario alemán Der Spiegel. A pesar de los más de dos años transcurridos, la entrevista no ha perdido un ápice de actualidad. Su lúcida crítica de la política económica de la Administración Bush se ha revelado entretanto como profética. De aquí la oportunidad de su traducción castellana en el boletín electrónico de SinPermiso. SP.

SPIEGEL ONLINE: Professor Akerloff, de acuerdo con proyecciones oficiales recientes, el déficit federal de los EEUU alcanzará los 455 mil millones de dólares en este año fiscal. Es el déficit más grande de la historia, pero de acuerdo con el director de Presupuesto del Presidente, todavía es manejable. ¿Está Vd. de acuerdo?
George A. Akerloff: A largo plazo, un déficit de esa magnitud es inmanejable. Estamos llegando a un momento, que empezará hacia 2010, en el que la generación de los baby boomers se irá jubilando. Eso pondrá en serios aprietos a servicios como Medicare, Medicaid y la Seguridad Social. Deberíamos estar ya ahorrando
SPIEGEL ONLINE: Sería, pues, más bien necesario disponer de un presupuesto con superávit....
Akerlof: Probablemente eso resultaría imposible en la actual situación. Tenemos los gastos de la Guerra de Irak, que considero una irresponsabilidad. Pero hay también una recesión y un deseo de revigorizar la economía a través de estímulos fiscales, lo que no es ilegítimo. Ese es el motivo de que sea necesario un déficit a corto plazo, pero no desde luego el tipo de déficit que tenemos ahora.
SPIEGEL ONLINE: ¿Porque no ha sido creado por inversiones, sino, en gran medida, por recortes fiscales?
Akerlof: Un beneficio fiscal a corto plazo para los pobres sería actualmente un estímulo razonable. Porque ese dinero sería con toda seguridad gastado. Pero el déficit actual y previsible es mucho menos estimulador de lo que podría ser. Nuestra Administración está sencillamente tirando el dinero. En primer lugar deberíamos tener un estímulo fiscal claramente orientado a invertir la actual tendencia bajista. Pero ese déficit va a continuar en el futuro, como es de prever que continúen indefinidamente el grueso de los recortes fiscales. La Administración estará en números rojos hasta donde alcanzan hoy a ver nuestros ojos, y esos aspectos duraderos pesan más que los efectos estimuladores a corto plazo.
SPIEGEL ONLINE: Y en segundo lugar, Vd. está en desacuerdo con que esos recortes fiscales sean para los americanos más ricos. El GOP [centro propagandístico del partido republicano] argumenta que esa gente lo merece porque trabajan más duro...
Akerlof: Los ricos no necesitan el dinero, y son mucho menos propensos a gastarlo; lo usarán sobre todo para aumentar sus ahorros. Recuerde que a las familias más ricas les ha ido extraordinariamente bien en los EEUU en los últimos veinte años, mientras que a los pobres les ha ido más bien mal. De manera que los efectos redistributivos de la política fiscal de esta Administración están yendo exactamente en la dirección contraria de la que sería necesaria. Lo peor y más indefendible de esos recortes fiscales son los recortes en la fiscalidad de los dividendos de los accionistas: es una ayuda inmensa para la gente muy, muy rica.
SPIEGEL ONLINE: El Presidente dice que la reforma de la fiscalidad de los dividendos viene en ayuda del Mercado de valores, y contribuye así al crecimiento de la economía globalmente considerada.
Akerlof: Eso es totalmente irrealista. Las fórmulas normalmente aceptadas de los modelos de crecimiento sugieren que ese efecto será extremadamente pequeño. De hecho, la Oficina del Congreso para el Presupuesto (CBO) ha llegado a conclusiones parecidas. De modo que, incluso un enfoque tan cercano a las posiciones del Presidente como el de la CBO encuentra que ese argumento es simplemente incorrecto.
SPIEGEL ONLINE: Al hacer campaña en favor de un recorte fiscal todavía mayor, el Señor Bush prometió a comienzos de este año que lograría crear con eso un millón cuatrocientos mil puestos de trabajo. ¿Es razonable esperarlo?
Akerlof: El recorte fiscal tendrá algún impacto positivo en la creación de puestos de trabajo, aunque, como ya tuve ocasión de decir, hay mucho más ruido que nueces aquí. Lo que hay seguro son consecuencias muy negativas a largo plazo. Al hablar del presupuesto, la Administración, del modo más irrealista, ha dejado de tomar en cuenta un gran número de factores importantes. En marzo de 2003, la CBO estimó que el superávit para la próxima década alcanzaría probablemente el billón de dólares. Pero esa proyección presupone, entre otras cosas objetables, que el gasto hasta 2013 será constante en términos de dólares reales. Nunca ha habido tal. Y con los presentes recortes fiscales, una estimación realista esperaría un déficit que supere los 6 billones.
SPIEGEL ONLINE: ¿El Gobierno, pues, no hace bien los números?
Akerlof: Hay una razón sistémica que lo explica. El Gobierno no está diciendo la verdad al pueblo americano. Las Administraciones del pasado, desde los tiempos de Alexander Hamilton, han desarrollado por regla general políticas presupuestarias responsables. Lo que tenemos aquí es una especie de saqueo.
SPIEGEL ONLINE: Si así es, ¿por qué el Presidente sigue siendo popular?
Akerlof: Por alguna razón, el pueblo americano no ve todavía las terribles consecuencias de los presupuestos de nuestro Gobierno. Mi esperanza es que los votantes acaben percatándose de cuán irresponsable es esta política y respondan convenientemente a ella en las elecciones de 2004.
SPIEGEL ONLINE: ¿Y si eso no ocurriera?
Akerlof: Las generaciones futuras, e incluso la gente dentro de diez años, se enfrentarán a déficits públicos gigantescos, y a una enorme deuda gubernamental. Tenemos que elegir. Podemos convertirnos en algo parecido a un país muy pobre, amenazado por la bancarrota. O tenemos que cortar en serio con Medicare y la Seguridad Social. Así, el dinero que está yendo de manera abrumadora hacia los más ricos tendrá que ser pagado cortando los servicios que ahora se prestan a las personas mayores. Y la gente depende de esos servicios. Sólo a partir del 40% más rico s empieza a poder disponer de fracciones del ingreso para pagarse el retiro.
SPIEGEL ONLINE: ¿Hay alguna posibilidad de que el Gobierno, debido al alcance de los déficits presentes, sea más reacio a embarcarse en una nueva Guerra?
Akerlof: Tendrán, desde luego, que tomar en cuenta los niveles de déficit, y el gasto militar ya es muy elevado. Pero si desean de verdad hacer una guerra, no será ese un obstáculo mayor. Se empieza con la guerra, y luego se pregunta por el dinero. Un efecto más probable del déficit será éste: Si hay otra recesión, no seremos capaces de desarrollar estímulos de gasto fiscal a fin de mantener el pleno empleo. Hasta ahora, ha habido mucha confianza en el Gobierno americano. Los mercados sabían que si había déficit por cuenta corriente, sería devuelto. Este Gobierno ha dilapidado ese recurso.
SPIEGEL ONLINE: Cosa que, además, podría llevar a un aumento significativo de las tasas de interés. ¿No es cierto?

Akerlof: El déficit no tendrá grandes efectos sobre los tipos de interés a corto plazo. Los tipos son bastante bajos, y la Fed se las arreglará para mantenerlos más o menos así. A medio plazo, podría ser un serio problema. Cuando suban los tipos, la gigantesca deuda va a resultar mucho más lacerante.
SPIEGEL ONLINE: ¿Por qué la familia Bush parece especializarse en el aumento de los deficits? El segundo déficit más importante en términos absolutos, 290 mil millones de dólares, se dio con la presidencia de Bush padre.
Akerlof: Puede ser, pero Bush padre tuvo un gran acto de coraje cuando aumentó los impuestos. No siempre fue valiente, pero ese fue desde luego el mejor servicio público que prestó. Fue el primer paso para poner el déficit bajo control, lo que solo se logró durante los años de Clinton. Fue un factor importante en la derrota electoral de Bush.
SPIEGEL ONLINE: Parecería que la actual Administración ha conseguido politizarle a Vd. de un modo inaudito. En lo que llevamos de año ya ha firmado Vd., junto con otros académicos, dos declaraciones públicas de protesta. Una contra los recortes fiscales, y otra contra el lanzamiento unilateral de una guerra preventiva en Irak.
Akerlof: Yo creo que este es el peor gobierno que han tenido los EEUU en sus más de 200 años de historia. Ha emprendido acciones de todo punto irresponsables no solo en política exterior y en política económica, sino también en política social y ambiental. Esto no es política gubernamental normal. Es hora de que la gente se comprometa y practique la desobediencia civil.
SPIEGEL ONLINE: ¿De qué tipo?
Akerlof: No lo sé todavía. Pero creo que es hora de protestar. Y tanto como sea posible.
SPIEGEL ONLINE: ¿Está Vd. considerando la posibilidad de asesorar al Partido Demócrata, como hizo su colega Joseph Stiglitz?

tiglitz?

Akerlof: Como Vd. sabe, mi esposa estuvo en la anterior Administración [de Clinton], y lo hizo muy bien. Ella vale seguramente mucho más que yo para el servicio público. Pero cualquier cosa que se me pida desde una nueva Administración, la haré con gusto.
SPIEGEL ONLINE: Ha mencionado Vd. el término "desobediencia civil" hace un minuto. Este término lo hizo popular el escritor Henry D. Thoreau, que aconsejaba a la gente no pagar impuestos como medio de resistencia. Me imagino que Vd. no llamaría a eso.
Akerlof: No. Yo creo que lo que debemos hacer es pagar nuestros impuestos. De lo contrario, las cosas irían a peor.

Traducido para www.sinpermiso.info: Amaranta Süss

(*) George Akerloff fue Premio Nobel de Economía en 2001, junto con Joseph Stiglitz. Como Stiglitz, también Akerlof ha trabajado en los fascinantes problemas de las asimetrías informativas en la vida económica. En particular, sus investigaciones, deslumbrantemente originales, sobre los mercados de segunda mano y sobre el problema de la identidad (psicológica y sociológica) de los agentes económicos han llegado a transcender el pequeño círculo de los economistas matemáticos profesionales, para interesar al público culto en general. SP.

Fuente:
Der Spiegel, 29 julio 2003