Elogio de la democracia

Rodrigo Amírola

07/04/2018

No tengo tiempo. Geografías de la precariedad

Jorge Moruno

Akal 2018

En la mitología griega, en el principio del mundo sólo existía el Vacío, al que los griegos llamaron Caos. Esto es, una gran inmensidad vacua y oscura, en la que nada podía aparece. Posteriormente, surgieron de forma sucesiva la Tierra (Gea) y el Cielo (Urano), ya que éste fue un producto de aquélla. La única actividad original de Urano era la sexual, penetrando permanentemente a Gea y engendrando nuevas criaturas, que no podían vivir y desarrollarse porque no había ningún espacio entre ellos, entre el plano de la tierra y el del cielo. Una de esas criaturas fue el Tiempo (Cronos), quien, no por casualidad, trazó una alianza con Gea, su madre, para castrar a Urano, su padre; separando así la tierra del cielo y abriendo un nuevo espacio para la sucesión de las generaciones en el devenir de los días y las noches. Cronos, el más joven y audaz de los hijos de Gea y Urano, conseguirá convertirse en el rey de los dioses y el mundo, entre otras cosas, devorando a sus propios hijos con el objetivo de evitar correr el mismo destino que su padre. Finalmente, lo inevitable tuvo lugar: una nueva alianza maternofilial, esta vez, entre Rea y Zeus permitió a través de una estratagema y una larga guerra desbancar a Cronos, el Tiempo, de su soberanía temporal y establecer un nuevo orden, justo y sustentado por sus iguales (el resto de los dioses).

No tengo tiempo, el último artefacto político e intelectual de Jorge Moruno Danzi, parte de dos lecciones, que aún podemos aprender de los griegos: la primera lección consiste en que el tiempo es una de las cuestiones políticas por antonomasia (baste recordar que Cronos es el primer político de la “historia” griega) y la segunda es que las diferentes sociedades históricas lo experimentan de forma particular. El autor se vale de la experiencia del tiempo en nuestras sociedades actuales como hilo conductor para una serie de “reflexiones pensadas a la carrera”, que abarcan desde el capitalismo contemporáneo en su fase neoliberal hasta la reivindicación de una política del común, que no puede siquiera plantearse sin la emancipación económica, pasando por la necesidad del feminismo y del ecologismo como paradigmas, desde los cuales plantear una crítica radical a la economía política de la precariedad. Como decíamos anteriormente, el tiempo ha sido experimentado de forma diferente en diferentes sociedades históricas, pues su uso y disfrute dependen fundamentalmente del modo de organizar política y económicamente una sociedad. Así como el célebre historiador de la Edad Media, Jacques Le Goff, mostró las transformaciones económicas, sociales, técnicas e institucionales que propiciaron una transición desde el tiempo eclesiástico al tiempo empresarial, que comenzó con la introducción de ese sistema de medición y división del tiempo en las ciudades flamencas del siglo XIV; Moruno trata en su ensayo de iluminar las “novedades” del capitalismo financiarizado y que lleva ya adelante su colonización de las distintas esferas de la vida incluso a través de la simulación: la extensión de la precariedad como condición existencial y la aparición de condiciones de servidumbre y de formas de explotación ya olvidadas, la economía de plataformas y sus armazones ideológicos como el coaching, el mindfullness o el discurso del emprendedor, que conquistan incluso el propio yo de los sujetos. En definitiva, nos muestra cómo el neoliberalismo no es solo un sistema de dominación, sino una auténtica forma de vida, que moldea a los individuos, que sufren, son heridos y se resisten a él, y las paradojas existenciales y políticas que todo ello implica.

Así este ensayo, como otros publicados recientemente en España de forma sintomática por autores de su misma generación como Remedios Zafra (El entusiasmo) o Alberto Santamaría (En los límites de lo posible), tiene una doble virtud en su análisis del capitalismo en su actual fase neoliberal: de un lado, lo observan y analizan no de manera meramente negativa, es decir, como un sistema de dominación externo a sujetos previamente constituidos, sino que se hacen cargo de los efectos que esa conexión entre el sujeto y el modelo económico y político tiene y, de otro, tratan de enfrentarlo políticamente de maneras productivas, conectándose con la mejor tradición del panfleto político y llamando a la acción transformadora.

En ese sentido, Moruno insiste en tres ideas políticas que me parecen decisivas: en primer lugar, la necesidad de aprender del enemigo y analizar las formas en las que éste ha cooptado y reelaborado ideológicamente en su favor creencias, deseos, facultades y energías humanas profundas como, por ejemplo, ocurre con el emprendimiento, esto es, la libertad de emprender proyectos en solitario o de manera común con autonomía y suficiencia. De manera indiscutible, bajo las condiciones económicas y sociales actuales el discurso del emprendedor es una ideología justificativa del orden existente y resulta radicalmente falsa por la imposibilidad de emprender proyectos viables para la mayoría de la gente, pero es políticamente efectivo porque ha conseguido de manera exitosa capturar esos deseos y aspiraciones básicas.

En segundo lugar, y derivado de lo anterior, aunque el pleno empleo fuese un objetivo ambicioso y radical políticamente durante buena parte del siglo XX; hoy, en la época de la precariedad generalizada y la demolición del empleo como organizador de la vida individual y colectiva de nuestras sociedades, y la automatización y la digitalización de las economías avanzadas es un horizonte irrealista y poco efectivo a la hora de movilizar y canalizar las energías sociales presentes. De este modo, recupera la sencilla y aún provocadora propuesta de una renta básica universal, que garantice la existencia material a toda la población y, entonces sí, le permita desarrollar sus proyectos de vida. No hay que olvidar que cada vez desde más ideologías y lugares insospechados se está defendiendo la radical idea de una renta básica para todos los individuos, independientemente de su situación laboral – recuérdense las polémicas declaraciones del fundador de Facebook, Mark Zuckerberg. Lo importante - destaca el autor - , no es la medida de política económica en sí, sino el sentido de la misma y la cantidad de efectos políticos y económicos, que podrían desprenderse de ella. La emancipación económica no se puede desvincular del cambio político. Hay ya una batalla por el sentido de la renta básica: si ésta será la clave de bóveda de un nuevo Estado social y democrático, o si supondrá un paso más en el desmantelamiento de los derechos sociales y la atomización de nuestras sociedades.

En tercer lugar, la reivindicación de la antigua y potente idea de democracia, esto es, una política de la mayoría, de la gente común, que es capaz de organizar la sociedad y establecer un nuevo orden, lejos de la excepcionalidad neoliberal en la que nunca hay tiempo, en el que los tiempos de trabajo, de disfrute y de ocio sean distribuidos de forma más justa, razonable y vivible. Esto solo es posible si se mejoran las condiciones de vida de la mayoría de la población y ésta puede hacerse cargo de su destino.

Lejos de nuestros antepasados griegos, en lo que respecta a la creencia en dioses como Zeus o héroes prometeicos, que vayan a solucionarnos la papeleta, la gente común solamente puede confiar en sí misma y en la acción política transformadora para cambiar el injusto e irracional estado de cosas existente. Por ello, “No tengo tiempo” es, además de una inteligente y sugerente critica de la ideología del neoliberalismo, un elogio de la democracia.

licenciado en Filosofía por la UCM, cursó el posgrado de Análisis económico y político del capitalismo contemporáneo de la UB y fue coordinador de la Secretaría Política de Podemos hasta comienzos de 2017
Fuente:
www.sinpermiso.info, 8-4-18