Filipinas: ¿Un “gobierno revolucionario” de Duterte?

Walden Bello

01/01/2018

Un “gobierno revolucionario”, muy probablemente conduciría no a una estabilidad autoritaria, sino a una sucesión de golpes militares desestabilizadores. Este escenario, más que cualquier otra cosa, es lo que impide que el Presidente de luz verde a la facción RevGov.
 
Los llamamientos a la formación del llamado “gobierno revolucionario” (“RevGov”) han alarmado a muchos sectores de la ciudadanía.

La gente tiene motivos para estar preocupada porque las concentraciones y llamamientos presionan descaradamente para acabar con la Constitución y sustituirla por un régimen que sería una dictadura apenas velada que concentraría el poder en manos del presidente Duterte. Pero aun cuando hay tomar en serio esta amenaza y oponerse a ella, también hay que señalar que la propuesta de un “gobierno revolucionario” es un signo de confusión y de los desacuerdos en el seno de la coalición política que apoya al Presidente Rodrigo Duterte.

Agendas contradictorias en la coalición Duterte

La facción que presiona a favor del RevGov se encuentra enfrentada con la que prefiere cambiar el sistema político a través de una reforma controlada de una asamblea constituyente, y las dos, a su vez, se oponen a quienes prefieren mantener el status quo político y volcar sus esfuerzos en ganar las elecciones al Senado y la Cámara en 2019.

La campaña electoral ya ha comenzado para este último grupo, y la propuesta de un RevGov implicaría aplazar, si no abolir, el proceso electoral y los escaños en liza. Aunque unidos en su apoyo a Duterte, las distintas facciones discrepan sobre sus estrategias para perpetuar el Dutertismo.

Todas ellas luchan por influenciar a Duterte, y las concentraciones a favor del RevGov son una “demostración de fuerza” cara no solo a nosotros, los ciudadanos comunes, como a las otras facciones de la coalición Duterte y el mismo Duterte.

La mayor parte de las fuerzas políticas y de las élites que se han congregado alrededor de Duterte por razones de oportunismo preferirían desarrollar el programa autoritario de Duterte sin que afectase demasiado a los procesos electorales constitucionales a nivel local y nacional que les ayudan a legitimar su parcela de poder. Muchas de ellas dudan sobre la conveniencia de una reforma constitucional impredecible que puede erosionar su control del poder económico y político.

Lo que quieren es que Duterte utilice su autoritarismo para reforzar el status quo político y económico sin rupturas drásticas del orden político actual. No les importa que Duterte pisotee los derechos humanos de los pobres con sus ejecuciones extrajudiciales, pero les preocupa que limite su acceso a cargos políticos y su poder económico.

La facción RevGov

Muchos de los que abogan por un “gobierno revolucionario”, por el contrario, son partidarios frustrados de clase media, aventureros políticos, ex militares rebeldes y ex activistas que quieren una mayor participación en el poder político y económico monopolizado por los “oligarcas” que han “secuestrado” a Duterte.

Estas personas no buscan un cambio del sistema: simplemente quieren una parte del botín. Sin embargo, en contraste con las élites aliadas con Duterte, son conscientes de los peligros de erosión de la popularidad de Duterte entre las masas que votaron como consecuencia de su fracaso hasta el momento de aplicar medidas concretas que supongan una diferencia en sus vidas. Sin embargo, la ausencia de un programa de reforma social y económico en la agenda RevGov muestra que sus partidarios no tienen otra respuesta a las aspiraciones populares que la implantación de un orden autoritario.

Hasta ahora la coalición Duterte se ha mantenido unida por la confrontación común de las diferentes facciones contra los llamados “amarillos” o Dilawan y por su apoyo a la guerra de Duterte contra los pobres, disfrazada como una “guerra contra las drogas". Las concentraciones pro-RevGov revelan, sin embargo, que existen serias tensiones dentro de la coalición; tensiones que pueden estallar en un conflicto abierto muy pronto.

El dilema de Duterte

¿Qué piensa Duterte de todo esto? Cabe esperar que haga algunas alabanzas para el público a los partidarios del RevGov. Sabe, sin embargo, que la abolición de forma unilateral del orden constitucional actual también significaría la destrucción de su fuente de legitimidad como presidente ejecutivo, surgida del proceso constitucional de sucesión presidencial mediante elecciones nacionales.

Ello le expondría a los intentos para deponerlo de fuerzas que justificarían sus conspiraciones como esfuerzos para restablecer el orden constitucional, cualquiera que fuesen sus verdaderas intenciones. Es probable que Duterte esté especialmente preocupado por los militares, que no controla, aunque si la policía, porque oficiales ambiciosos, envidiosos de sus compañeros en el poder en Tailandia y Myanmar, aplaudirían la abolición de la Constitución para dar rienda suelta a sus propios proyectos de hacerse con el poder político.

Un “gobierno revolucionario”, muy probablemente conduciría no a una estabilidad autoritaria, sino a una sucesión de golpes militares desestabilizadores. Este escenario, más que cualquier otra cosa, es lo que impide que el Presidente de luz verde a la facción RevGov.

Contrarrevolución, no revolución

El reciente giro de los acontecimientos nos debe recordar que la coalición Duterte sigue siendo, en muchos sentidos, una alianza de conveniencia entre fuerzas dispares que tienen agendas propias y distintas a pesar de su apoyo común a la guerra de Duterte contra los pobres, los derechos humanos y el estado de derecho.

Es una muestra más de que no hay nada progresista en la agenda Duterte.

La retórica revolucionaria empleado por algunas fuerzas de la coalición Duterte simplemente enmascara su objetivo de hacerse con un pedazo más grande del pastel político y económico. La última de sus preocupaciones es un programa de transformación social, económica y política para lograr una mayor igualdad y justicia.

La llamada Revolución Duterte es, de hecho, una contrarrevolución y no la continuación de la gloriosa revolución de 1896 dirigida por Gat Andrés Bonifacio.

politólogo filipino que trabaja como director ejecutivo de Focus on the Global South, profesor de Sociología y Administración Pública en la Universidad de Filipinas y es investigador asociado del Transnational Institute.
Fuente:
https://www.rappler.com/thought-leaders/189970-revolutionary-government-duterte-force-weakness
Traducción:
Enrique García