Flores del mal

Horacio Verbitsky

28/05/2006

Dos coaliciones antagónicas quedaron delineadas esta semana. La ceremonia sadomasoquista de la Catedral sugiere que sólo Bergoglio puede conferir eficacia política a las insatisfacciones corporativas que se oponen al gobierno. Pero el conservador populista que conduce la Iglesia no lo hace en nombre del poder económico o militar sino invocando a los pobres y a los que tienen hambre y sed de justicia. Otro dato que refuerza la urgencia política de la redistribución de la riqueza.

En la última semana quedaron delineadas con claridad dos coaliciones sociales opuestas. Una se expresó el jueves, con toda su diversidad y contradicciones en la Plaza de Mayo. La otra, en las asambleas ruralistas que amenazan con paros y movilizaciones en defensa de lo que uno de sus dirigentes llamó con sinceridad “nuestra renta”; en los conciliábulos patronales en defensa de las leyes de precarización del trabajo desafiadas desde el Congreso por el diputado Héctor Recalde; en la movilización hostil contra el gobierno, la justicia y la prensa, organizada en la Plaza San Martín por los pocos defensores explícitos de la dictadura militar; en los 62 diputados que defendieron los títulos del subcomisario Luis Patti; y en las insidiosas palabras del cardenal Jorge Mario Bergoglio, quien aspira a santificar con sahumerios esas flores del mal. Sólo él puede conferir eficacia política a esa agregación inorgánica de insatisfacciones por la marcha del gobierno que acaba de comenzar su cuarto año.
Piel erizada
Todo esto implica que, aun cuando a veces aparezcan encubiertas por interpretaciones triviales, los debates de la política argentina por primera vez en muchos años giran en torno de cuestiones de fondo, que toman en cuenta los condicionamientos del pasado e interesan a la construcción del futuro. Lo mismo vale para las cuestiones de política exterior, en las que tanto la Argentina como Brasil y otros países de la región no están discutiendo abstracciones retóricas sino la ecuación energética que respalde el crecimiento de la economía. El acto del jueves no procuró lanzar la reelección, que sólo depende de la voluntad presidencial, sino exhibir en público la fuerza que el Poder Ejecutivo ha concentrado, para que tomen nota aquellos sectores de la coalición antagónica y, también, cada una de las partículas dispersas que integran la propia. Luego de las elecciones de octubre, en las que triplicó el caudal de la segunda minoría, Kirchner confirió una mayor coherencia a su gabinete. Gracias a ello, en el semestre transcurrido consiguió frenar la escalada inflacionaria que había escapado del control de Roberto Lavagna y amenazaba espiralizarse. La piel de los sectores económicos más concentrados se erizó, como consta en una extraordinaria nota periodística de Joaquín Morales Solá del domingo pasado, digna de ser coleccionada. Los hombres de negocios no tenían costumbre de que los poderes legales del Estado se emplearan en defensa del consumo popular y disimulan su fastidio con cuestionamientos a la pintoresca personalidad del fronterizo funcionario que se encarga del seguimiento de los precios y de las cadenas de valor que forman los costos. Igual que en la discusión sobre la vigencia de las leyes de precarización laboral que en los últimos tres lustros fracturaron y pauperizaron a la clase trabajadora, los que se discuten son intereses: en qué sentido se distribuyen puntos del ingreso nacional, si van a abultar las superganancias de muy pocos o alivian en algo la desigualdad cuyos efectos se vieron en el penoso estado de buena parte de los asistentes a la Plaza de Mayo.
Títulos
La nueva relación de fuerzas postelectoral también se puso en evidencia en el procedimiento por el cual la Cámara de Diputados rechazó los títulos del subcomisario Patti para integrarla. Tanto el Partido Justicialista como la UCR quedaron en absoluta minoría. Los dos tercios necesarios para cerrar la puerta del Congreso a Patti fueron reunidos por el Frente para la Victoria (111), con el auxilio de fuerzas menores y de motivaciones dispares: el ARI, que siempre fue intransigente contra el terrorismo de Estado y cuya cerrada oposición al gobierno no le ha hecho perder el sentido de las proporciones (13); el denominado Peronismo Federal, donde se agrupan compañeros de ruta de Patti oportunamente reconvertidos (12); el tercio disidente de la UCR que detrás de Margarita Stolbizer no aceptó sumirse en la indignidad (10); el Partido Socialista (4); las monobancadas del ceteaísta Claudio Lozano y del último diputado de izquierda, Carlos Tinnirello; y una miríada de grupos kirchneristas de distinto pelaje, como el Partido Nuevo cordobés (4) y la Convergencia de Miguel Bonasso. Contra lo que pretende el tumulto de quienes no se animan a reivindicar en forma abierta los métodos criminales de la dictadura, el Congreso respetó en forma escrupulosa los procedimientos necesarios para llegar a la decisión, sin negar la defensa a Patti.
No es cierto que nadie haya impugnado esa candidatura en el momento oportuno ante la justicia electoral. Lo hizo el CELS, pero la junta electoral bonaerense respondió que sus atribuciones alcanzaban al control de legalidad de los requisitos formales y no a la impugnación constitucional sobre la idoneidad moral del policía. Según el Tribunal Superior provincial, tal decisión es inapelable ante la justicia, de modo que la única instancia pertinente era el Congreso.
Calidad institucional
La forma en que el Poder Legislativo ejerció esa facultad mejora la meneada calidad institucional. En cambio no la deteriora el relevo de la presidencia de una comisión de la diputada María Alarcón, disidente con la política del gobierno en cuyas listas fue electa y que está recorriendo el país en son de guerra. La legisladora conserva su banca y su derecho a oponerse y cambiar de partido, pero no se entiende por qué debería mantenerse en un cargo que se elige en función del caudal representativo de cada bloque. La regla de la mayoría no es la única que cuenta, pero si se quiere hablar de democracia sólo se puede prescindir de ella en casos excepcionales, como el de Patti. Dentro de pocos días se recordará, en José León Suárez y en la ex penitenciaría porteña de la calle Las Heras, el medio siglo transcurrido desde uno de los actos emblemáticos cometidos por los defensores de la calidad institucional con prescindencia de la voluntad popular. El próximo jueves la Confederación de Asociaciones Rurales de Buenos Aires y La Pampa (CARBAP) debía evaluar la convocatoria a un paro ganadero, con tractorazos y cortes de rutas y puentes. La movilización de la Plaza de Mayo puso en escena la nueva relación de fuerzas con la que esos sectores deberían contar. En la última asamblea preparatoria en La Pampa los ganaderos protestaron con una caravana de 4x4 contra la prohibición de exportar mientras no estuviera asegurado el abastecimiento interno a un precio razonable, pero también contra las retenciones. Un gremialista patronal llamó resentido a Kirchner, otro dijo que “nuestro esfuerzo sirve para que ellos compren votos” (sic) y el presidente de CARTEZ, Néstor Roulet, fue tan elocuente como los industriales que secaron sus lágrimas en el hombro de Morales Solá: “Se están quedando con nuestra renta”, dijo, lo cual constituye una contradicción insoluble.
Pese a la ingenua visión de algunos ambientalistas que no advierten que la oligarquía sigue constituyendo el núcleo central articulador del poder económico en el país, el reclamo contra las retenciones indica que ese sector no es de ninguna manera ajeno a la devastadora producción sojera, que paga una alícuota superior a la de la carne. Por el contrario, la expansión de la supersoja y sus altos precios internacionales explican la liquidación de vientres que ha estancado el crecimiento del stock ganadero. El 40 por ciento de la producción ganadera bonaerense es generado por 1.250 propietarios de parcelas de más de 2.500 hectáreas, que ocupan el 32 por ciento de la superficie agropecuaria provincial. Entre ellos apenas 53 propietarios poseen 2 millones 359 mil hectáreas, es decir casi el 9 por ciento de toda la tierra provincial. Por poder real y por historia, ese sector que también participa en la producción agroindustrial, es el que más capacidad y voluntad posee de sostener una confrontación política con un gobierno como el de Kirchner. Es también el que mejor sabe leer los signos de debilidad o fortaleza del antagonista. Apenas 24 horas después de la concentración sus dirigentes aceptaron el levantamiento parcial de la veda exportadora, y postergaron cualquier referencia a las retenciones.
Puesta en escena
El acto en la Plaza de Mayo puso en escena la nueva relación de fuerzas, pero no eximirá al gobierno de emplear esa fuerza para vencer los enconos que han comenzado a manifestarse con mayor virulencia cuanto más evidente se hace que carecen, como de costumbre en la historia argentina, de una expresión electoral viable. El carácter pacífico de la concentración (que medios poco propensos al oficialismo han considerado la más numerosa desde 1983) fue tan llamativo como la multiplicidad de afluentes que desaguaron en la Plaza, lo cual descalifica la pretensión de reducir lo ocurrido a una expresión clásica del viejo peronismo. El encuadramiento tan dispar de las distintas columnas es lo que confiere libertad a Kirchner, único punto en el que confluyen esas adhesiones, de motivos, método y sinceridad bien diferenciados. Que el presidente haya decidido hacerse acompañar en el palco sólo por los artistas invitados y por representantes de las Abuelas y una de las fracciones de las Madres de Plaza de Mayo, indica hasta qué punto ha llegado en su emancipación de aquel lastre partidario. El otro sector de Madres, las fundadoras, adhirió a la convocatoria, pero prefirió permanecer en la Plaza, donde a las 15.30 hicieron su ronda tradicional. El activismo político de Estela Carlotto y Hebe Bonafini no transcurre sin conflictos entre los organismos defensores de los derechos humanos.
El discurso presidencial, algo esquemático y deshilvanado para la envergadura de la audiencia, no dio plena cuenta de algunas de las ideas que Kirchner ha venido exponiendo en reportajes y conversaciones privadas en los últimos tiempos. Su referencia al pluralismo y la participación en un nuevo espacio político de lo que sin mayor precisión llamó “los trabajadores, los empresarios, los intelectuales, todas las fuerzas libres de la sociedad”, implica en su propósito una toma de distancia de los partidos y su crisis. No lo dijo con la claridad que se hubiera requerido y es evidente que no ingresó en ese sentido al debate político nacional. A algunos no les interesa y prefieren esquematizarlo como un mero intento de cooptación de dirigentes, en oposición a una Concertación con partidos, que nunca estuvo en los planes ni en las palabas de Kirchner. Es obvio que la pluralidad a la que se refirió Kirchner se aplica al espacio que él lidera y no a la oposición, que enfrenta sus propios desafíos y alianzas.
Una constatación impactante desde el nivel de la calle fue la homogeneidad y el deterioro de los distintos contingentes, con independencia de los liderazgos locales con los que cada uno llegaba a la plaza. Una generación que no conoció el empleo ni la educación estables mostró junto con su empobrecimiento material, sus dificultades para participar en plenitud, testimonio de que la degradación que produjeron los gobiernos de los últimos treinta años se extiende a todos los campos y condiciona cualquier proyecto de cambio.
Guardián en guardia
El cardenal Bergoglio basó su homilía en las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña, según Mateo. Felices los que tienen alma de pobres, los mansos, los que lloran, los que tienen hambre y sed de justicia, los misericordiosos, los que tienen el corazón puro, los que trabajan por la paz, los que son perseguidos por practicar la justicia, los insultados y perseguidos, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos, dice el original. Pero a partir de allí, el presidente del Episcopado compuso un discurso político en que se evadió de ese compasivo texto evangélico para regodearse en cada uno de los reproches que la oposición dirige al presidente y a su gobierno. Implicó que Kirchner recurre a la propaganda y al juego de fuerzas para imponerse; que su poder y autoridad nacen de la manipulación, el amedrentamiento o la prepotencia; que se niega a la transitoriedad, a aceptarse como uno más del pueblo; que cultiva el hábito de polarizar y excluir. Según el psicólogo Bergoglio, Kirchner es intemperante y violento por inseguridad de sí mismo; sus miedos le estallarán en agresión, en omnipotencia e improvisación irresponsable; busca enemigos y culpables sólo afuera; practica la exclusión del contrario, la confrontación y el choque, inventa mundos contrapuestos y propone saltos al vacío desde equívocos vanguardismos.
También hace leña del árbol caído y consiente el abuso y la corrupción. Nada de eso forma parte de las bienaventuranzas bíblicas, como tampoco la hipótesis de que un presunto “permanente enfrentamiento nos deja rehenes de los imperios”. Esta última frase, propia de la guerra fría, no está tomada de los Evangelios sino del bagaje de Guardia de Hierro, la organización reaccionaria protegida por el ex almirante Massera, de la que Bergoglio formó parte.
Sado-masoquismo
El tono untuoso no hizo más que potenciar la agresividad de estos conceptos. Luego de la visita a la Iglesia de San Patricio para homenajear a los sacerdotes y seminaristas palotinos asesinados en 1976, el presidente supuso que Bergoglio ejercería con moderación el poder que la costumbre medieval del Te Deum confiere al jefe de la Iglesia, de retar en público una vez por año al gobernante electo por el pueblo, que espera obediente como un chico de colegio el tirón de orejas del maestro ciruela. Por respeto a la Iglesia y a sí mismo Kirchner no pidió conocer con antelación el texto del sermón y confió en los trascendidos que la Curia difundió a través de sus voceros oficiosos acerca del exclusivo contenido religioso que tendría. Llegado a ese punto, sólo restaba el control del daño que ensayaron algunos miembros del gabinete, que luego de oír la diatriba simularon que se trataba de un mensaje espiritual sin destinatario preciso, es decir la cómoda ficción que le permite a Bergoglio un activismo político confrontativo como no lo tuvieron ninguno de sus antecesores.
Mientras el presidente reflexionaba sobre la dudosa sagacidad de haberse prestado una vez más a ese anacrónico ritual, Aníbal Fernández sobreactuó que la lectura política del mensaje era obra de “mercenarios desinformadores”, la misma frase que usó Bergoglio para compararse con Jesucristo y defender su vidriosa conducta en los años de la dictadura. Fernández fue uno de los promotores de la asistencia presidencial a la ceremonia sado-masoquista oficiada por el cardenal. En este momento en que comienza a organizarse la resistencia corporativa al proceso de cambio que vive el país, el conservador populista Bergoglio se ofrece como aglutinador de sectores, pero no lo hace en nombre del poder económico y castrense sino invocando a los pobres, a los que lloran y tienen hambre y sed de justicia. Esto demuestra que una más justa distribución del ingreso (que con este esquema económico no ocurrirá por el mero transcurso del tiempo) es también un imperativo político en la pugna por el poder y la salvaguardia del sistema democrático.

Horacio Verbistky es un analista político, editorialista del diario argentino de izquierda Página 12.

Fuente:
Página 12, 28 mayo 2006