Francia: con Macron, la laicidad en peligro

Samy Johsua

13/04/2018

El discurso de Macron ante los obispos no se resume en una sola frase (“la dañada relación entre la Iglesia y el Estado”), que es efectivamente indignante. El conjunto del discurso es un cuestionamiento de la ley sobre la laicidad de 1905. ¡Atención peligro!

Todo el mundo ha comprendido la intencionalidad política del discurso de Macron en el Colegio de los Bernardinos, que busca completar el giro a  la "derecha" del macronismo, poniendo la alfombra roja a los pies de los identitarios tipo Wauquiez [dirigente de Los Republicanos]. Sin embargo, los argumentos utilizados van claramente más allá.

Los partidarios de Macron están indignados de que se subraye una sola frase de su discurso a la Conferencia Episcopal de Francia. En ella se afirma que, en nombre de todos como presidente:" ... compartimos una confusa sensación de que la relación entre la iglesia y el estado fue dañada, y es importante tanto para ustedes como para mi reconstruirla". Ciertamente, esta frase es de una excepcional gravedad, y volveremos a ella.

Pero la lectura del resto del discurso empeora las cosas en lugar de atenuarlas. ”... No renuncien a la República que tanto han ayudado a forjar", dijo a los obispos, despreciando toda verdad histórica. Porque el “ustedes" es la Iglesia Católica como tal, y no la parte de los católicos que han estado en el lado correcto en las ocasiones fundamentales. Cuando Macron cita estas ocasiones, "(la) resistencia de los 40, y de los Justos a la refundación de la República" no es sólo para mezclarlos con otros, a la inversa, “la Unión Sagrada en 1914," sino para atribuirlo a la institución como tal. Pero hubo que esperar a la encíclica de León XIII, Inter sollicitudines, en 1892 para que hubiera por fin, un siglo después del nacimiento de la República, una tímida asunción de sus principios. En cuanto a la actitud de la Iglesia en época de Pétain, ¿es necesario recordarla?

Curiosa miopía, más aún cuando Macron afirma que "las mismas asociaciones católicas y sacerdotes que acompañan a las familias monoparentales, divorciadas, homosexuales, familias que recurren al aborto, a la fertilización in vitro, a la procreación asistida médicamente". Cuando es así, tanto mejor. Pero cuando es la propia institución la que lo dice, ¿cómo creerla por un segundo? ¿Nos olvidamos de las condenas a los anticonceptivos y los preservativos en plena epidemia de SIDA? Macron utilizará además una fórmula más escandalosa, "familias homosexuales" (en lugar de "homoparentales"), como se debe definir una familia (es decir, los niños) por la elección sexual de sus padres. Sin hacer psicoanálisis de andar por casa, son evidentes los estragos ideológicos de este "café para todos" ...

Y aquí, es aquí, donde estaría la Iglesia Católica "real": "Oímos una voz que extrae su fuerza de la realidad y de su claridad de pensamiento cuando la razón dialoga con una concepción trascendente del hombre". ¿Claridad?, es mucho decir. ¿Quiénes se acuerdan de que Macron fue alumno de Ricoeur, y de la habilidad hermenéutica a la que el filósofo cristiano (protestante) tuvo que recurrir para intentar reconciliar una apariencia de pensamiento racional con la glosa bíblica? Pero ese es otro debate, es cierto.

La idea básica es, sin duda, repetir la idea una y otra vez, de las "raíces cristianas de Francia", con fórmulas cinceladas, como la siguiente: " ... la savia Católica debe aún y siempre contribuir a hacer vivir nuestra nación". Raíces que, obviamente, se extienden a Europa, con esta otra fórmula: "... no renuncien a esta Europa cuya razón de ser han alimentado”.

Y ahora de vuelta a la frase que ha impactado a los espíritus, y con razón. La relación entre la Iglesia y el Estado fue dañada. ¿Cuándo? Por quién? ¿Cómo? Y ¿”relación"? ¿Entre Iglesia y Estado? Además, ¿no intenta la Ley de 1905 romper explícitamente ese tipo de "relaciones"? En el artículo 2, ¿no se dice que "la República no reconoce, no paga o subvenciona ningún culto"? Y de nuevo, entre estos cultos, Macron establece una jerarquía afirmando, de forma asombrosa para un Presidente de la República francesa al que se exige prudencia en la materia: "Por razones tanto biográficas, personales e intelectuales, tengo una alta opinión de los católicos". ¿No de los musulmanes o de los judíos? ¿Y no de los incrédulos, incapaces de tener su propia "visión trascendente del hombre"? ¿No declaró ya Sarkozy en 2007: "El maestro no puede sustituir jamás al cura o al pastor"? No hay Moral sin Dios, ¿no es así? ¿No era esa la vieja melodía reaccionaria? Vemos el riesgo, mortal. Con la recuperación de la "relación" entre la Iglesia Católica y el Estado, es toda la vieja basura la que sube a la superficie.

Macron pretende que este es un debate acerca de la naturaleza de la laicidad. Dice: "Considero que la laicidad no tiene desde luego por función negar lo espiritual en nombre de lo temporal, ni de arrancar de raíz lo sagrado en nuestras sociedades que alimenta a muchos de nuestros conciudadanos”. No, efectivamente. Además, la Ley de 1905 establece en su primer artículo que "la República garantiza la libertad de conciencia. Se garantiza la libertad de culto". No se puede pretender "garantizar la libertad" y transformar el Estado en un arma contra la libertad. Y concluye que esa libertad no se limita a la esfera privada. El debate público, político, ideológico se hace con todas las escuelas de pensamiento, incluidas las más reaccionarias de la Iglesia Católica (por lo que sería mejor hablar de combate más que de debate). Y por otro lado, asimismo, en alianza con los sectores católicos progresistas, que siempre han existido, por suerte. Al igual que en otras religiones. "Hemos recibido la carga de la herencia del hombre y del mundo", dijo Macron. Mil perdones, "nosotros" no tenemos ninguna herencia común, más allá de ríos de sangre, con los carniceros de la Comuna. Y si los tenemos con los cristianos "portadores de maletas” del FLN durante la guerra de Argelia. ¿Es tan difícil de entender?

Pero la garantía de la libertad de conciencia es precisamente la separación entre Iglesia y Estado. Que se cuestione es algo demasiado serio y es una amenaza mortal para la paz civil entre los ciudadanos de diferentes opciones. Se trata de una vuelta al siglo pasado. Es evidente, más allá de los tropismo específicos de Macron y su paso por los jesuitas, otra lógica profunda de la cosa. El capitalismo, es realmente un sistema "inmoral". Y lo mismo ocurre con el neoliberalismo, con la opción de la competencia de todos contra todos. Hacer aceptable tal amoralidad a golpe de agua bendita es lo que hacen, por ejemplo, los sectores reaccionarios estadounidenses. Y es lo que echan de menos en Francia debido a nuestra historia. Pero precisamente: cuestionar los fundamentos de la Ley de 1905 para lograrlo sería encender un fuego que nadie sabe lo que puede llevarse por delante.

Veterano militante de la izquierda revolucionaria francesa, es profesor emérito de ciencias de la educación de la Universidad de la Provenza.
Fuente:
https://blogs.mediapart.fr/samy-johsua/blog/110418/macron-laicite-danger
Traducción:
Enrique García