Francia: Después de Hollande, ha llegado el tiempo de la responsabilidad para la izquierda

Roger Martelli

03/12/2016

La decisión de Hollande de no presentar su candidatura en las presidenciales implica un nuevo reparto de cartas en la izquierda, de la misma manera que ocurrió en la derecha con la designación de François Fillon. Tras tomar acta del fracaso de Hollande, es necesario que la izquierda recupere sus banderas y su dinámica propia.

Que la declaración de François Hollande no ha carecido de valor y dignidad es un hecho. Pero no oculta lo obvio desde hace tanto tiempo: la política del ejecutivo en estos más de cuatro años le han convertido en el presidente menos querido de la Quinta República.

Hombre hábil y tenaz, Hollande no ha dejado de utilizar todos los trucos para poder, al igual que todos sus predecesores, para defender el balance de su mandato. Ha utilizado a su favor las divisiones de la derecha, pero también los infortunios de la izquierda. Cuando Macron hizo pública su candidatura hace unos meses, incluso trató de aparecer como el más centrista a la izquierda, situándose entre su ex ministro y Jean-Luc Mélenchon.

Nada ha servido. Una tras otra, las encuestas, crueles, presagiaban una humillación. Durante meses, los franceses, cuando eran entrevistados, respondían que no querían una nueva versión de 2012. Nicolas Sarkozy fue el primero en morder el polvo; François Hollande se resigna a seguirle dos semanas más tarde.

La derecha ha mostrado el camino

El panorama político se ha clarificado. Sin embargo, es de una complejidad formidable. La derecha, sin embargo, ha mostrado a su manera el camino. Hace décadas que surgió la idea de que la derecha y la izquierda no son antagónicas en su elección de gobierno, que la martingala ganadora está más bien en el centro. La victoria, se pensaba, era para quién tenía la capacidad de desmovilizar al oponente, "mordiendo" en sus fronteras menos fieles.

Las primarias en 2016 han llevado esta lógica a los límites del absurdo. Una parte de la izquierda ha creído que, a falta de una movilización fuerte de la izquierda, lo mejor era influir en la elección del candidato de la derecha. Y hace unos días, Arnaud Montebourg ha hecho un llamamiento a los electores de derechas a participar en las primarias socialistas y votar para bloquear a ... Francois Hollande.

Pero la derecha ha decidido de manera espectacular dar la espalda a esas tentaciones. Frente al agitador Sarkozy, se pensaba que el "moderado" Juppé atraería a una parte de la izquierda contra Marine Le Pen. Los votantes de derechas se han movilizado en masa para decir que no quieren, efectivamente, un retorno de Nicolas Sarkozy, pero que si querían una derecha bien de derechas. Han elegido la versión francesa - trabajo, familia, identidad – de la "revolución conservadora" nacida en los Estados Unidos. Una mano de terciopelo en guante de hierro, como se ha dicho. La imagen es bienvenida.

La izquierda se encuentra por tanto ante una elección existencial. Parte de ella va a querer defender a capa y espada las políticas aplicadas desde 2012. ¿Manuel Valls se aprovechará de ello? Es probable, con o sin primarias. Otros optarán por una versión acentuada del tropismo centrista: Macron, con su aire de hijo ejemplar, dirigiéndose tanto a izquierda como a derecha, es para ello el candidato por excelencia.

¿Qué sector de la izquierda debe dar el tono?

Queda por encontrar la verdadera razón de la elección de la derecha: una izquierda que no presione sobre sus márgenes, sino que apoye su reconstrucción en la movilización de su núcleo más dinámico. En definitiva, ante una derecha muy a la derecha, solo una izquierda muy a la izquierda puede hacer frente al desafío. Pero si es así, ya no queda tiempo para ambigüedades. Una izquierda de la izquierda es una izquierda que rompa con más de tres décadas de pasos y grandes pasos a derecha. ¿Y cómo podemos encarnar esa izquierda en unos individuos que han llegado tan lejos, a los límites extremos que separan el realismo de la traición, la lógica de gobierno que han sumergido a la izquierda en el marasmo más completo?

En el sistema actual - y no habrá otro a corto plazo - Jean-Luc Mélenchon es el único a quién una parte significativa de la opinión pública cree capaz de una ruptura hacia la izquierda. En una izquierda desgarrada, no hay nada más urgente que especificar qué sector de la izquierda debe dar el tono contra una derecha radicalizada. Valls y Macron nos empujan más hacia la derecha; Montebourg o Hamon no nos llevan a ninguna parte. Sin embargo, la ampliación del espacio de la izquierda que comenzó en 2008, con el Frente de Izquierda, puede esta vez inclinar las cosas hacia la izquierda.

Pero la dinámica virtuosa de 2008-2012 aún no está desplegada por completo. La decisión de apoyar a Mélenchon de los militantes del PCF y de Ensemble!  sugieren que la combinación virtuosa está al alcance de la mano. Esto no quiere decir que esté ya en marcha. Para que tenga éxito es imprescindible repetir una vez más lo dicho: no es tiempo de rencores, basta de pulsos y de tragar serpientes.

Para que la unidad fragüe de verdad, cada uno tiene que poner de su parte. Sería una locura que, al final, no fuera así. Sólo importa una cosa: que Francia insumisa, comunistas, militantes de Ensemble!, individuos y fuerzas que sostuvieron el Frente de Izquierda, no sólo se yuxtapongan. La izquierda de la izquierda solo puede sostenerse reagrupada.

"Cuando sobre el maíz cae el granizo,

loco aquel que se hace el delicado,

loco aquel que solo piensa en sus cuitas,

en el corazón del combate común"

(Louis Aragon, La Rose et le Réséda)

historiador. Antiguo dirigente del PCF, actualmente co-preside la Fundación Copernico y es co-director de la revista Regards.
Fuente:
http://www.regards.fr/web/article/apres-hollande-l-heure-de-la-responsabilite-pour-la-gauche
Traducción:
G. Buster