Francia: Pulso social a Macron

Hubert Huertas, Dan Israel

07/04/2018

Los peligros del clima de tensión al que se enfrenta Macron

Hubert Huertas

Esta semana será clave para el futuro del mandato de Emmanuel Macron. La compañía de ferrocarril (SNCF), Air France, Carrefour, las universidades... los bloqueos se multiplican en Francia. Para el poder, todos ellos tienen su origen en un miedo irracional al « mundo nuevo ». En la práctica, lo que amenaza al presidente es más bien el desgaste del viejo discurso sobre la austeridad.

La « convergencia de luchas », como lo denominan los sindicalistas, no llega necesariamente del lado esperado. En estos tiempos, se veía venir, bastaba con echar un vistazo al retrovisor de la historia social, como si los acontecimientos de antaño, sobre todo de Mayo del 68 del que se cumplen 50 años, pudiesen reproducirse medio siglo después. Pero lo que ven nuestros ojos no es una repetición, sino el eventual culmen de una larga secuencia.

Existen pocas posibilidades de que el movimiento del 22 de marzo de 1968 se reproduzca, con exactitud, en las universidades actuales; que las huelgas de 1955 se repitan veintitrés años más tarde; que el espíritu del « no » al referéndum sobre la Constitución Europea venga a soplar sobre la Francia de Emmanuel Macron.

Sin embargo, sí ocurre algo imprevisto. Una corriente que logra unir a sectores hasta la fecha divididos, incluso antagónicos. Los empleados de una empresa pública [de ferrocarril], la SNCF; de una empresa privatizada desde 1999, Air France y del primer empleador privado de Francia, Carrefour, manifiestan una idéntica reivindicación detrás de las diversas reclamaciones. Sus conflictos tienen como nexo común la misma impaciencia e igual rechazo. Se oponen a los efectos de las políticas vigentes, como inevitables, desde hace cuarenta años, que se justifican por razones económicas.

  • Funcionarios « parásitos »

El 28 de agosto de 1980, en la universidad de verano de los jóvenes socialdemócratas, a Raymond Barre se le escapaba una palabra que iba a permanecer en las memorias. Una expresión que escandalizó, en aquel entonces, y enfadó, al presidente Giscard d’Estaing, preocupado por sus efectos en vísperas de las presidenciales de 1981. El primer ministro calificó a los funcionarios de « pudientes ».

Tres meses después, Ronald Reagan resultaba elegido presidente de Estados Unidos y se sumaba a la cruzada liberal de Margaret Thatcher, que se ponía al frente del Gobierno británico el 4 de mayo de 1979. En esta corriente que decretaba que « el Estado no es la solución a nuestros problemas, es el problema », la frase de Barre ya no iba a ser objeto de polémicas, al contrario una especie de palabra del evangelio. El evangelio según Milton Friedman, papa del liberalismo.

En los discursos de una derecha cada vez menos acomplejada y cada vez más dominante en el plano electoral, el funcionario había dejado de ser un agente al servicio del público, para convertirse en una especie de parásito. Y una buena parte de lo que dependía del Estado, industria, bancos, servicios e, incluso, la moneda, se había « rendido a lo privado », con fama de más eficaz y menos engullidor de impuestos.

Una ideología aplicada en Francia desde 1986, por el Gobierno de Chirac con las privatizaciones de Edouard Balladur, y que después se desarrolló, a velocidades variables, con independencia de quién estuviese en el poder. Y todo ello, al son de una musiquilla que repite incansablemente que « Francia es imposible de reformar », las « reformas liberales » se han encadenado a una cadencia irresistible.

Llegado al poder con un programa que prometía superar « a los viejos partidos de la derecha y de la izquierda », el joven Emmanuel Macron ha arrancado esta máquina cuadragenaria. Sus proyectos de « reformas » se suceden a un tal ritmo que descontrola a los observadores más atentos.

La reforma de la SNCF, por decreto en lo esencial, se incluye en esta especie de frenesí, que se impone como el resto, en aras de la adaptación al mundo moderno, de la lucha contra los déficits o de la promesa de un mundo mejor en el que los parados sean menos numerosos y el trabajo más abundante porque es más flexible.

Ese discurso es el que hoy se discute o indigna porque se emplea hasta la extenuación. Repetido hasta el infinito desde hace cuatro décadas, como Grial de la razón y de la eficacia, ha dado lugar a desigualdades vertiginosas entre los más ricos y la masa de los otros, y lleva a una precarización galopante, así como al debilitamiento de las seguridades colectivas que permiten a los ciudadanos vivir y criar a sus hijos con un mínimo de tranquilidad.

  • Los « que se esconden » se unen a « los que madrugan »

Habría que estar ciego para no percibir en los movimientos sociales de abril más que el último estertor de los ferroviarios que defienden su estatus laboral. Su vigor renovado alerta al Elíseo. El martes 3 de abril, el 77% de los conductores fueron a la huelga. Las estadísticas de participación son inéditas. Sólo el 12% de los trenes de alta velocidad circularon. El 13% de los intercities.  El 6% de los trenes regionales exprés. Lo nunca visto.

Pero el « nunca visto » que se percibe detrás de este movimiento de rechazo es la famosa « convergencia ». Con la SNCF, empresa nacionalizada en 1938, otras dos grandes compañías se han visto sacudidas estos días por importantes conflictos. Air France, nacionalizada en 1999, y Carrefour con el 50% de los huelguistas y más de 300 tiendas afectadas. Carrefour, 20.000 empleados, que no son funcionarios, pero que ya no aguantan que su paga de beneficios pase de 610 a 57 euros, mientras los accionistas se reparten 356 millones de dividendos.

En este mes de abril, a los « escondidos » oficiales, los del servicio público, objeto de burla o denuncia desde los 80, se les han unido los « apasionados », los « flexibles », los que « madrugan » del sector privado, ensalzados para culpabilizar a los primeros. Sus luchas no son las mismas, ni necesariamente comparten expectativas, pero sienten el mismo cansancio, las mismas dudas, los mismos enfados.

Aquí se encuentra implicado el presidente de la República, a título personal. Al haberse lanzado por completo en un proyecto « sobre todo liberal », mientras su programa presidencial prometía, por contraposición al de François Fillon, una dimensión « liberal y al mismo tiempo social », Emmanuel Macron ha corrido un riesgo, que se materializa en este mes de abril. Creía distinguirse de sus predecesores, pero repite el error de François Hollande y de Nicolas Sarkozy: haber dicho una cosa en campaña y hacer otra una vez en el poder.

Tres discursos que ya no funcionan

Desde su elección, Macron se ha lanzado en un triple discurso que podría volvérse en su contra, como un bumerán: el discurso sobre la reforma, como si fuese de cajón que « la reforma » estuviese unida al progreso; el discurso sobre los « déficits », como si fuese evidente que el umbral del 3% fuese la salida del purgatorio; y el discurso sobre los « privilegiados » (funcionarios o jubilados), como si la precarización de unos fuese a reforzar a los otros.

  • Discursos sobre la reforma: una vieja canción

Releyendo el discurso pronunciado en Le Havre por Nicolas Sarkozy, justo después de su elección, el 29 de mayo de 2007, uno siente cierto vértigo. Todo Emmanuel Macron ya está ahí, tanto en las palabras como en la estrategia, y en la economía.

La misma pretensión de encarnar un « nuevo mundo »: « Francia ha optado por el cambio. Ha optado por romper con los comportamientos, las modas de pensamiento, las ideas del pasado », proclamaba entonces el nuevo presidente, ya orgulloso de portar la idea de un « viejo mundo » abolido, e incluso, como Jack Lang en 1981, de un pasaje de las tinieblas a la luz.

La misma ambición para superar las divisiones: « Para mí, las convicciones y las competencias son más importantes que las etiquetas. Con esta mentalidad se formó el Gobierno ». ¿No os recuerda a nadie?

Incluso el mismo desprecio por las objeciones que sus elecciones políticas podrían plantear. Para Sarkozy cualquier crítica era « el regreso del pensamiento único », para Macron supone el « regreso del viejo mundo ».

Mismo voluntarismo: « No dejaré que nadie desnaturalice el proyecto que he llevado a lo largo de la campaña presidencial », decía el presidente de 2007, mientras que el de 2018 declaraba en televisión: « Hago lo que he dicho. Esto quizás sorprenda a algunos, contraríe a otros, quizás en mucho tiempo esto no había ocurrido ».

Y sobre todo la misma estrategia para imponer « todas las reformas al mismo tiempo ». Sarkozy, recién elegido, teorizaba así su blitzkrieg [guerra relámpago]: « Para acabar con las limitaciones, para desenredar los nudos, hay que golpear duro, hay que actuar sobre todos los frentes a la vez, hay que crear un efecto de entrenamiento, hace falta una masa crítica ». Diez años después, Emmanuel Macron toma medidas para golpear duro, golpear rápido (los decretazos) y en todos los frentes: reforma laboral, pensiones, Justicia, escuela, universidad, parados, formación, límites de velocidad, SNCF, privatizaciones, etc.

La « masa crítica » de Sarkozy se ha hecho tan crítica que se ha vuelto en su contra en pocos meses. Lo mismo da. En vez de sopesar las consecuencias, su sucesor le imita multiplicándose, como si la agitación garantizase su acción. Y como si la palabra « reformas », enarbolada como un talismán, pudiese servir de llave maestra después de haber abierto puertas que dan a otras puertas y así sucesivamente, durante cinco presidencias.

  • Discurso sobre los déficits: ¿partida vacía?

La lucha contra los déficits y el endeudamiento constituye uno de los ejes principales del discurso de Macron. Es, por ejemplo, la justificación de los sacrificios requeridos a comienzos del mandado a ciertos sectores de la población, como los pensionistas, en aras de la solidaridad. Esta exigencia de rigor presupuestario del mundo supuestamente « nuevo » se remonta, otra vez, a Raymond Barre y a las postrimerías de la crisis del petróleo. La idea de que los franceses « viven por encima de sus posibilidades » es, sin duda, el leit motiv que cualquier hombre o mujer nacidos a finales de los 70 han escuchado desde que tomaron su primer biberón.

Los meses posteriores a la elección de Emmanuel Macron le reservaron una serie de « buenas noticias » en el plano económico. Se recuperaba la senda del crecimiento, se estabilizaban las cifras del desempleo y el déficit caía por debajo del 3%. Motivo de orgullo para el nuevo Gobierno, de inmediato discutido por los fieles a François Hollande, que lo atribuyen a las políticas del expresidente.

Para los franceses, el problema no está ahí. Poco les importa saber de quién es el mérito de esta vuelta a los criterios de Maastricht. Se preguntan más bien de qué sirve esa felicidad estadística si se traduce en seguir con los sacrificios. ¿Para qué sirve comportarse mejor si es para ir a peor? Y, ¿cuándo van a percibir por fin los dividendos del rigor?

Esas son las cuestiones urgentes, en este comienzo de 2018, en un momento en que los pensionistas fruncen el ceño, los ferroviarios hacen balance, los barrenderos echan cuentas, los empleados de Carrefour establecen comparaciones, los estudiantes toman decisiones y los asalariados de Air France, cualquiera que sea su categoría laboral, reclaman subidas salariales.

  • Discurso sobre los acomodados: el desgaste de estar en el punto de mira

Puesto que va a perturbar la vida diaria de los franceses, les afecta en un sentido o en otro, la larga huelga de los ferroviarios es peligrosa para el Gobierno.

Para deslegitimarla, el poder recurre al viejo argumento de la « equidad ». Consiste en señalar con el dedo a un sector de la población, en nombre de la suntuosa igualdad entre todos los ciudadanos, acusándolo de proteger a los privilegios que los demás no tienen.

Este discurso sobre los « acomodados » no tiene nada de nuevo. Al contrario, hunde sus raíces en el « viejo mundo ». Funcionó de manera implacable, enfrentando a sectores de la población unos contra otros.

Alain Juppé ya echó mano a este recurso en 1995 para tratar de aplicar a la función pública la reforma de las jubilaciones impuesta por Édouard Balladur al sector privado, dos años antes, a propósito del aumento de la duración de la cotización. Chocó contra los ferroviarios, pero François Fillon retomó la semántica del « privilegio » en 2003 y después en 2010. ¿En virtud de qué injusticia el profesor Pierre tendría ventajas de las que carecería el asalariado del sector privado desde 1993?

El argumento funcionó tan bien que ha vuelto a recuperarse ahora. En las últimas semanas, el poder se ha centrado en los parados, demasiado « asistidos » con relación a los mileuristas, los jubilados que deben soportar un « esfuerzo » porque su poder de compra habría aumentado más que el de los asalariados y, por supuesto, los ferroviarios.

Para no contrariar a la población a la que se dirige, el Gobierno de 2018 aplica un método que se viene probando desde hace lustros, y que empleó con éxito Édouard Balladur: no tocar las ventajas de los que están, sino privar de ellas a los recién llegados en la empresa.

Eso mismo es lo que propone la ministra de Transportes, Élisabeth Borne, a los ferroviarios. Después de subrayar los privilegios de los afectados y tras haber repetido que los conservarían a título personal, la ministra denuncia el abuso del derecho de huelga. No habría razones para dejar de trabajar salvo que se trate de movilizaciones corporativistas.

El problema del poder es que ese « discurso sobre los acomodados » es viejo y que termina por cansar. Esa igualdad por abajo que se impone a los más jóvenes nunca ha traído la justicia que se reivindica, sino desigualdades crecientes y más precariedad.

Llega un momento en que estas contradicciones se aguantan menos bien. Si esto se hace realidad, los ferroviarios ya no serán gente que molesta, a ojos de los ciudadanos, sino gente « que tiene razón al defenderse ».

En ese caso, el Gobierno tendría que desdecirse. La era de los decretazos daría paso al tiempo de las concesiones.

Claro que todavía no estamos en ese punto. Emmanuel Macron hace frente a un movimiento social determinado, que se alimenta con años de paciencia decepcionada, pero aún no ha perdido esta mano. La focalización sucesiva en determinados sectores, en nombre de la unidad nacional, ha creado un frente común, pero debería dar resultados.

Un movimiento social, incluso profundo y enraizado en cuarenta años de historia, debe encontrar una salida política, si no quiere cronificarse.

Si bien Macron se aísla frente a las exasperaciones, todavía no se encuentra amenazado en el plano político. Las instituciones le protegen; la derecha y la ultraderecha ya no saben a quién consagrarse y la izquierda está más dividida que nunca.

A partir de mañana, lo decisivo en el plano político no será el rostro del poder, sino su estilo y su potencia.

Si a Macron le funciona, tendrá vía libre y su tendencia a decidir sobre todo se desplegará sin freno. Pero si no lo hace y triunfan los huelguistas, deberá despachar sus certidumbres al museo de los monólogos y volver a tierra firme.

Los electores le esperarán tras las europeas, las regionales, las municipales y de 2022.

Versión española : Mariola Moreno, infoLibresocio editorial de Mediapart, e Irene Casado Sánchez. Edición Irene Casado Sánchez.

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Los ferroviarios discuten en asamblea la huelga indefinida

Dan Israel

Los dos primeros días de la huelga en la SNCF, cuya duración está prevista de forma intermitente en los próximos tres meses, han sido un éxito. Pero a los ojos de los activistas que se reunieron en asamblea general en la Estación del Norte de París, sólo la huelga indefinida revisable todos los días puede doblegar al gobierno. Pero los sindicalistas reconocen que todavía tienen mucho trabajo por hacer para convencer a sus colegas que ese es el camino.

Han dado un gran golpe, pero no se sienten capaces de poner en marcha un movimiento ilimitado. ¿Todavía no? La cuestión de la estrategia, y la mejor forma de hacer frente al gobierno con las fuerzas disponibles estaban en la cabeza de todos los trabajadores ferroviario el miércoles por la mañana en la Estación del Norte de París. Al final de las vías, un poco lejos del bullicio, la "asamblea general" tenía una cita a las 11 en punto, como cada día de huelga en los últimos diez años. Para hacer balance de los ferroviarios movilizados, y evaluar la eficacia del procedimiento elegido: la huelga intermitente, programada para durar tres meses, a base de dos días consecutivos de paro, seguidos de tres días de recuperación de la actividad.

Sin lugar a dudas, la huelga es por el momento un éxito completo. El martes y el miércoles, sólo siete u ocho AVEs circulaban, y un tren local de cada cinco. Lo nunca visto desde las grandes huelgas de 1995 contra el "plan Juppé" sobre las pensiones. Aproximadamente un tercio de los ferroviarios estaban en huelga con picos muy importantes entre el personal indispensable para el tráfico: el 77% de los conductores el martes y el 74% el miércoles y una movilización creciente de los controladores (el 77% el miércoles tras el 69% el martes) o de los responsables de cruces (46% y 39%). El primer ministro Edouard Philippe ha cancelado su viaje diplomático previsto de viernes a domingo a Mali, "dados los acontecimientos actuales en Francia" y hablará el jueves por la mañana en France Inter.

Tras esta primera victoria ¿cómo continuar y ampliar el movimiento? Eso es lo que se preguntan la cincuentena de ferroviarios, sindicalistas en su mayoría, presentes en la asamblea general. El día antes, eran al menos 200. Y el 22 de marzo, el día de la gran manifestación en París, probablemente más de 400. El debate se centró en un solo punto: ¿hay que apoyar el paro convocado por la Inter-CGT-CFDT-UNSA-SUD que, en nombre de la unidad sindical, ha convocado esta original huelga intermitente, o tomar partido por quienes, especialmente en SUD, quieren lanzar una huelga indefinida diaria? Los sindicatos están de acuerdo en este punto: son los huelguistas los que deben decidir, caso por caso, en asamblea general.

En la Estación del Norte el miércoles, se sintió claramente, a todo el mundo le hubiera gustado poner en marcha un movimiento indefinido. A sabiendas que la gran mayoría de los trabajadores de la SNCF no la seguirían. "Por ahora, la cosa arde, pero todavía no es un gran fuego, reconocía Fabien Monteil, secretario federal de SUD-Rail Paris-Nord. Los trabajadores ferroviarios quieren probar los dos días de cada cinco. Nosotros creemos que una huelga para tener éxito es una huelga que bloquea la economía, por lo que no creo que sea una buena estrategia. Pero deben decidir las asambleas generales". SUD, sin embargo, ha presentado un aviso de huelga reconducible, lo que hace posible una huelga larga para "dejar la puerta abierta".

Pero la gente no está todavía lista. En la asamblea general, Monique Dabat, incansable delegada de SUD, en todas las luchas de los últimos diez años, resumió la situación en nombre del "comité organizador de la huelga", que es la dirección del movimiento en la Estación del Norte. "La huelga reconducible es la única manera de que el gobierno capitule, pero hay que encontrar el momento adecuado. Todavía no nos sentimos lo suficientemente seguros como para lanzarla". Ciertamente, el 22 de marzo llevados por su decisión y la indignación contra los políticos que llevan varias semanas acusándolos de privilegiados, los huelguistas habían aprobado en asamblea general la huelga reconducible. Pero fue sobre todo un "símbolo".

Por ahora, por lo tanto, el movimiento se reanudará el domingo 8 y el lunes 9 de abril, a excepción de la docena de activistas que siguen el calendario de SUD, y permanecerán en huelga el jueves 5. Ya se están organizando para "hacer la ronda de los colegas" y convencerlos para unirse a la movilización en los próximos días. Pero la mayoría de los ferroviarios seguirá el "calendario de la CGT", como todos lo llaman aquí. Corresponde al responsable de los ferroviarios de la CGT Paris-Nord, Luis Da Silva Cachao, apaciguar los espíritus. "No tengo ninguna duda sobre nuestra lucha, y sé que va a ser larga, lanza por el micrófono. Hay que aprovechar cada momento para convencer a los colegas. Todos los asalariados del país están hartos de los decretos de Macron".

Todas las intervenciones giran en esta línea. "Este es un movimiento a construir, reconoce un miembro del servicio comercial RER B, pero lo que nos puede alentar es que no hemos perdido la batalla de la opinión pública". Un estudiante que habla en nombre de los ocupantes de las FACS París-VIII y Tolbiac es muy aplaudido. "En las asambleas generales en las universidades, buscamos contactos, oportunidades de conocerse y unir fuerzas", ha apuntado. Para dar un nuevo impulso a los animos, los militantes puede buscar fácilmente la evolución de las donaciones a la caja de apoyo, lanzada en internet tras un llamamiento en Mediapart de muchos intelectuales de izquierda. El miércoles a las 18 horas se había recaudado casi 215.000 euros, 100.000 más que el día anterior. La CGT también ha puesto en marcha una caja de resistencia, que a su vez ya ha superado los 450.000 euros en paralelo.

"Si perdemos, esta vez se ha acabado"

En la asamblea general, SUD-Rail tiene una importancia presencia con la CGT, y lo mismo ocurre con FO, un sindicato representativo en Paris-Nord, pero no a nivel nacional, y que ha presentado el mismo aviso de huelga que SUD. Virginia se ha afiliado recientemente a FO para pesar en el debate contra el gobierno "y dar voz a los sindicatos". Empleada de SNCF desde 2001, ha venido con sus amigos Olivier y Vincent. Todos trabajan en el área de transporte de mercancías. "Si hay privatización, es la seguridad la que va a sufrir", advierte la joven.

Los tres amigos citan ejemplos de su experiencia: la carga de mercancías está abierto a la competencia desde 2006, y el balance no es bueno (leer nuestro artículo). "En el transporte de mercancías, vemos lo que son los problemas de seguridad, dice Olivier. Los empleados de las empresas privadas son empujados hasta el límite para mantener el ritmo, y no siempre pueden hacer todo lo que deberían. Hacen circular trenes que pararíamos en la SNCF. No se respetan todas las cuestiones de seguridad, pero no tienen otra opción, tienen que mover los trenes para mantener el ritmo".

Un militante CGT de EIC ("Institución infra circulación") de Bourget, que ha venido con una veintena de compañeros, en su mayoría miembros del sindicato SUD, habla por todos los huelguistas presentes, conscientes de lo que se juegan en el movimiento que acaban de lanzar. "Tenemos que ser conscientes de que si perdemos, esta vez se ha acabado, anticipa, serio. “Será luz verde para la liberalización para todos". Los ferroviarios están convencidos que su lucha concierne a una gran parte de los franceses. "La gente no quiere perder su estatuto. Pero también estamos aquí para defender a la población en general”, dice Fabien Monteil. “Porque después Macron va a atacar la seguridad social, las pensiones, etc. ".

En el micrófono, un cuadro de la dirección de tráfico es irónico son su servicio "que trabaja para establecer los planes de tráfico y romper las huelgas". Pero predice con toda seriedad que "si los ferroviarios son derrotados, será una gran oportunidad para los jefes y la burguesía para acabar con más derechos de los trabajadores".

En las filas de los militantes, ninguna duda de la "victoria": la retirada total de la reforma del gobierno. Incluso si el debate parlamentario debe comenzar en la Asamblea el lunes 9 de abril. "Hay que bloquear definitivamente la reforma que nos quieren imponer y, por eso, tenemos que creer en nosotros mismos”, insta Anasse Kazib, delegado de SUD-Rail en Le Bourget. “Las cifras de huelguistas son mayores que en la primera semana del movimiento de 1995, pero creo que tal vez dudamos más de nosotros mismos que Philippe Edouard y Elizabeth Borne de sí!"

Y para hacer retroceder al gobierno, ¿qué otro medio que masificar el movimiento? "Mientras seamos una minoría en la asamblea general, mientras solo estemos los sindicalistas discutiendo, la cosa no va a funcionar", advierte el activista. Y para ampliar sus filas, se convoca una cita el lunes. Los militantes esperan organizar una gran manifestación, y hacerse escuchar, incluso en los bancos del Palais Bourbon. Antes, tal vez, de lanzar "la huelga indefinida” si la gente esta convencida.

Traducción Enrique García para Sin Permiso.

https://www.mediapart.fr/journal/france/040418/en-ag-des-cheminots-revent-de-basculer-en-greve-illimitee

Son periodistas de Mediapart.
Fuente:
Mediapart