Grecia: los tres días que sacudieron Europa, del 3 al 6 de Julio de 2015

Yanis Varoufakis

18/07/2018

Tal día como hoy hace tres años, el pueblo de Grecia escenificó una rebelión contra su servidumbre por deuda. Aunque esta rebelión se derrocó desde dentro, casi inmediatamente, perdura todavía como un increíble testimonio del poder del pueblo para decir ‘No’ a la oligarquía, a arrebatar el control de la narrativa de sus desdichas a la estúpida élite autoritaria y sobreponerse al miedo que una pequeña minoría usa para arrancar el demos de la democracia.

El 5 de Julio de 2015 el pueblo de Grecia escribió un soberbio capítulo en los anales mundiales de la lucha por la democracia. Debe ser recordado como tal, independientemente de lo que ocurrió después. Ya que, durante los tres días que sacudieron Europa, hicieron oídos sordos a las amenazas histéricas de la oligarquía. Se rieron de la Televisión que advertía de que votar NO (OXI) a la troika traería el Armagedon. Se encogieron de hombros cuando el Banco Central Europeo, tras haber ingeniado una larga fuga bancaria de seis meses, intentó estrangular nuestra democracia cerrando los bancos (para castigar a nuestro gobierno por atreverse a dar a nuestro pueblo la última palabra ante el ultimátum de la troika).

Y se congregaron en los colegios electorales para dar un asombroso y valiente rechazo sin precedentes con el 62% de los votos al ultimátum del establishment hambriento de poder internacional y local.

Cada 5 de Julio al establishment Europa y Grecia le vuelve a visitar su paroxismo de furia por haber perdido el control sobre los griego –aunque fuera de manera breve-. Simplemente no pueden soportarlo. Se sienten obligados a vilipendiar a los que se atrevieron a votar NO en aquel 5 de julio de 2015. Y, por supuesto, demonizan a cualquier político que apoyase el NO y que continúa honrando aquel día.

Esto es, claro está, porque los acreedores de la troika, junto con sus socios griegos, continúan vilipendiándome, personalmente, en especial alrededor de los primeros días de julio… Como prometí en mi carta de resignación en la madrugada del 6 de julio de 2015, llevo su aborrecimiento como un distintivo honorifico.

Aquí abajo reproduzco un extracto de mis memorias Comportarse como adultos en que repaso aquellos magníficos tres días.

La plaza de esperanza y gloria

En la tarde del 3 de junio, hacia el final de la jornada laboral, tuve un respiro de alivio. Una semana entera con los bancos cerrados se acababa. A pesar de las largas colas en los cajeros automáticos y la incertidumbre de lo que nos aguardaba para el siguiente lunes, no había habido violencia, ni pánico, ni desorden público. Los griegos mostraron sus credenciales como pueblo sensato.

Los medios de comunicación, sin embargo, habían incluso caído más bajo de su ya muy degradado estándar, compitiendo entre ellos para encontrar el más novedoso método para espantar al público de votar NO. Casi todo lo que decían sobre los que promotores y partidarios del NO habría sido juzgado en cualquier otro país como incitación a la violencia. Sus encuestas siempre predecían que el SÍ  ganaría con más del 60% de los votos mientras que sus tertulianos echaban espuma por la boca al gobierno por su audacia de celebrar un referéndum en contra de los sabios prestamistas. Mientras, la oposición parlamentaria pudo persuadir a sus seguidores para tomar las calles en varias ocasiones, ondeando banderas de la Unión Europea y pancartas jactándose: “Nosotros nos quedamos en Europa”. [1]

En esa tarde de viernes, recibí un email de Klaus Regling, el Director de Mecanismo de Estabilidad Europeo, el fondo de rescate de la Eurozona. Era un recordatoria de que tenía el derecho legal de reclamarme el pago íntegro e inmediato de los 146,3 mil millones de euros prestados a Grecia como parte del primero de los dos rescates. Estaba redactado de tal modo que sugería que yo personalmente era responsable, si bien es cierto, como ministro de finanzas, mi nombre estaba en el acuerdo de préstamo. Era una oportunidad demasiado buena como para dejarla pasar. Mandé a mi equipo que respondiese a nuestro acreedor principal –y al hombre que me había aconsejado no pagar a mis pensionistas en vez de al FMI- con dos antiguas palabras. Era la desafiante respuesta que el Rey de Esparta, líder de 300 hombres que intentaron resistir ante todo el ejército persa en la legendaria batalla de las Termopilas en el 480 a.c., cuando habían sido ordenados por su enemigo que tirasen las armas: “Μολών λαβέ” –“¡Ven y cógelas!”-.

Esa noche, se organizaron dos manifestaciones, una a favour del SÍ, a las afueras del antiguo estadio olímpico donde se organizaron las primeras Olimpiadas modernas en 1986, y otra en la plaza Syntagma celebrado por partidarios del NO. La manifestación por el SÍ fue celebrada al final de la tarde. Fue numerosa y tranquila. Pero la manifestación del NO en Syntagma hizo época. Desde que era un niño había asistido a magníficas manifestaciones en Syntagma que dejaban huella. Pero en la que Danae y yo participamos esa noche no tenía precedente alguno.

Caminamos hacia Syntagma desde Maximos con Alexis y otros miembros del gabinete, sus parejas y asistentes. Por el camino fuimos atropellados por entusiastas partidarios. A medida que nos aproximábamos a la plaza, la energía de la muchedumbre explotó. Un mar de quinientos mil cuerpos nos absorbía. Fuimos empujados a lo más hondo por un mar de brazos: un hombre de aspecto duro con los ojos húmedos, una mujer de mediana edad con una determinación fijada en su semblante, jóvenes chicos y chicas ofreciéndonos energía sin límites, personas mayores ansiosas por abrazarnos y llenarnos de buenos deseos, un vibrante magma humano a cuyo vaivén sucumbimos. Durante dos horas, luchando para darnos la mano y no separarnos, Danae y yo estuvimos absorbidos en un mismo organismo humano que había aguantado simplemente demasiado.

Personas de diferentes generaciones vieron sus distintas luchas confluir en aquella noche en una gigante celebración libre de temor. Un viejo partisano me metió en el bolsillo un clavel y una trozo de papel con la frase “¡Resistir NUNCA es en vano!”. Estudiantes que forzadamente habían emigrado y volvían para votar me pedían que no me rindiese. Un pensionista me prometió que a él y a su enferma mujer no les importaba perder sus pensiones siempre que recobrásemos nuestra dignidad. Y todo el mundo, sin excepción alguna, me grito, “¡No te rindas, cueste lo que cueste!”

Esta vez, creo que lo decían de verdad. Los bancos habían ya estado cerrados durante una semana. El sufrimiento impuesto por los acreedores era claramente visible. Y aún así, ahí estaban, ese magnífico pueblo diciendo en una palabra todo lo que tenía que ser dicho: ¡NO! No porque fuesen recalcitrante o euroescépticos. Imploraban una oportunidad para decir un gran sí a Europa. Pero sí a Europa para sus gentes, contrario a una Europa empeñado en aplastarles.

Aquella noche, según Danae y yo subíamos por los escalones de mármol que llevan al Parlamento, por fin di con la frase que había estado buscando para describir todo lo que estaba ocurriendo: desobediencia constructiva. Pero la habían dado estas gentes con su pragmático desafío. Esto es lo que había estado tratando de poner en práctica en el Eurogrupo todo el tiempo: proponer moderadas y sensatas propuestas, pero cuando el establishment rehusó incluso sentarse a negociar, desobedecer sus órdenes y decir ¡NO! Nuestro Gabinete de Guerra nunca entendió esto, pero la masa de gente que llenó la plaza Syntagma seguro que sí lo entendió.

Uno para los verdaderos creyentes

Aquella noche, sentí que los meses de frustración, que cada terrible momento en Maximos, que cada una de las decepciones en el camino, todo el rencor y estrés se desvanecían, dejando nada más que satisfacción. Y eso que no estaba convencido de que la campaña por el NO ganaría el referéndum. La manisfestación en Syntagma sugerían que el apoyo por la causa aumentaba, pero con los bancos cerrados y los medios gritando triste asesino a cualquiera que contemplase la posibilidad de votar NO, el éxito parecía difícil. Durante la cena con Danae, Jamie [Galbraith] y algunos otros amigos en un restaurante al aire libre en el barrio de Plaka, fui preguntado si Alexis y Euclid renunciarían si ganaba el SÍ. “Alexis formará un gobierno de coalición con la oposición”, predije, “después de que la mayoría de los verdaderos creyentes dimitan o sea echados”. Naturalmente, estaría bien lejos para entonces, dije. Pero Jaimie insistió que me equivocaba. El NO ganaría, creía él, y lo que Alexis me debería en ese caso sería todo, ya que había jugado un papel protagonista para darle la victoria. No muy convencido, alcé aún así mi copa para brindar por el optimismo de Jaime. “¡Hasta la victoria siempre!” [castellano en el original], dijo con una intensa y comprometida mirada.

En el día del referéndum, conduje a Palaio Phaliro, un suburbio al sur de Athenas donde crecía y donde mi padre todavía vive. Juntos fuimos hasta el colegio electoral. Dentro, la mayoría de los votantes estaban exuberantes cuando me vieron, salvo uno o dos que protestaron con enojo que había cerrado los bancos. Con las cámaras de televisión grabando, les contesté que la troika nos había dado un ultimátum y que aceptarlo marcaría su futuro y el de sus hijos. Lo que habíamos hecho era darles a ellos la oportunidad de votar por o en contra del ultimátum. “Vote SÍ si lo que quiere es un fácil acuerdo. Somo el único gobierno que respeta su derecho a decidir. El hecho de que la troika decidiese cerrar los bancos antes de que tuvieses cualquier oportunidad de expresaste es algo que solo tú puedes juzgar”. El hombre al que me dirigía pareció calmarse.

Tras votar, tal y como iba ayudando a mi padre hasta el coche, una mujer mayor se me acercó rodeada por las usuales cámaras de televisión. Con una expresión severa me pregunto si sabía dónde vivía. Admití que no. “Duermo en un orfanato aquí en Palaio Phaliro. Y sabes por qué me dejan estar ahí? Porque tu madre trabajó sin descanso para que vagabundos como yo tuvieran un albergue permanente”. Le di las gracias por su espontáneo y precioso recuerdo sobre mi mamá [2]. Pero no había terminado. “La bendigo cada día. Pero saben estos bastardos esto?”, dijo apuntando a las cámaras y trabajadores de la televisión. “Apuesto a que no y que ni siquiera les importa.”

“No importa”, aseguré. Incluso si no les importaba, era suficiente que ella lo supiera. Sin embargo, debo admitir que me perturbó cuando en las noticias de la noche nuestro reconfortante encuentro fue presentado como si estuviese siendo acosado por un vagabundo culpándome de su miseria.

No fue hasta el final de aquella tarde que empecé a sentir que una histórica victoria podía conseguirse. En mi oficina escribí una entrada para mi blog, en inglés. “En 1967”, escribí, “fuerzas extranjeras, en confabulación con títeres locales, usaron tanques para derrocar la democracia griega. En 2015 las fuerzas extranjeras intentaron hacer lo mismo usando los bancos. Pero se encontraron a un pueblo increíblemente valiente que rechazó someterse al miedo. Durante 5 meses, nuestro gobierno se levantó con vigor la luz de la esperanza. Hoy, llamamos a todos los europeos a levantarse con nosotros para que la parpadeante luz no se apague en ningún lugar, de Atenas a Dublín, de Helsinki a Lisboa.”

Hacia las 8 de la tarde pude ver que habíamos ganado por los hombros alicaídos y las malhumoradas expresiones de los presentadores de televisión. Lo que no sabía todavía era el margen con el que habíamos ganado. Mi miedo era que una victoria por los pelos diera a Alexis la excusa para decir que teníamos una nación dividida y, por tanto, insuficiente apoyo para romper con la troika. Dije a mi equipo que el número mágico era 55%. Si los votos por el NO eran más, Alexis tendría que honrar el resultado. Pensé con cuidado lo que diría a los periodistas reunido en la sala de prensa de mi ministerio para darle a Alexis el ímpetu necesario para seguir adelante. Sobre las 9 de la tarde, había escrito mi discurso. Tradicionalmente, los ministros esperan a que el primer ministro haga su declaración antes de hacer lo propio. Así que esperé en mi oficina a que Alexis se dirigiese a la sala de prensa en Maximos.

A las nueve y media empecé a sentir que algo iba mal. Los resultados eran más o menos definitivos, indicados que la marca del 55% había sido lograda, pero Alexis estaba todavía agazapado en su oficina de Maximos. El jefe de mi gabinete me estaba presionando para que fuera a la sala de prensa ya que los periodistas estaban impacientándose y estaban empezando a tuitear que algo siniestro pasaba. Esperé hasta después de las 10. Llamé a Alexis. No contesta. Tampoco sus secretarios. Wassily entró para informarme que otros ministros estaban empezando a hablar con la prensa, emitiendo tibias declaraciones en respuesta a lo que había sido de hecho un aplastante resultado. No podía permitir que eso continuara así. Nuestros votantes merecen una respuesta apropiada.

Así que sobre las 10:30 de la noche me dirigí hacia la sala de prensa para hacer una declaración con la intención de ir a Maximos acto seguido, ansioso de descubrir que estaba pasando allí. Mientras leía mi preparada declaración tuve el extraño presentimiento de que sería el último como ministro. Aquel sentimiento, mezclado con el recuerdo de la Plaza Syntagma dos noches antes, me hizo leerlo desafiante, incluso descaradamente:


El 25 de Enero la dignidad fue restaurado en el pueblo Griego. En los cinco meses transcurridos desde entonces, nos convertimos en el primer gobierno que se atreve a levantar su voz, hablando en nombre de su pueblo, diciendo NO a la dañina irracionalidad de nuestro extendido y aparente programa de rescate. Redujimos a la troika a su guarida en Bruselas; articulada, por primera vez en el Eurogrupo, un sofisticado argumento económico que ya no era creíble; internacionalizamos la crisis humanitaria griega y las sus políticas intencionalmente receptivas que la causó; extendimos la esperanza más allá de las fronteras de Grecia de que la democracia puede respirar dentro de una unión monetaria hasta ahora dominada por el miedo.

Nuestros dos objetivos eran acabar con la interminable autodestructiva austeridad y restructurar  la deuda pública griega. Pero esos también eran los objetivos de nuestros acreedores. Desde el momento de nuestra elección parecía probable que los poderes establecido iniciaran una fuga bancaria y planeaban, eventualmente, cerrar los bancos griegos. ¿Su propósito? Humillar a nuestro gobierno forzándonos a sucumbir a la rigurosa austeridad. Y arrastrarnos a un acuerdo que no ofrecía ningún compromiso sensato ni bien definido de reestructuración.

El ultimátum del 25 de Junio fue el medio por el cual planeaban conseguir sus objetivos. El pueblo de Grecia ha devuelto hoy ese ultimátum a sus remitentes, a pesar del miedo que la prensa oligárquica nacional transmitió día y noche infundió sus hogares.

Nuestro NO es un enormemente majestuoso SÍ a la democracia en Europa. Es un NO a la visión distópica de una Eurozona que funciona como una jaula de acero para sus pueblos. Pero es un SÍ muy alto a la visión de una Eurozona que ofrezca la esperanza de justicia social con una prosperidad compartida por todos los europeos.

Según caminaba por la plaza Syntagma vi la satisfacción en las caras que me rodeaban. Un orgulloso pueblo se había resarcido y lo estaban celebrando merecidamente. El aire de la noche estaba lleno de expectación y confianza. El silencio de Alexis me había llenado de aprensión, pero rehusaba creer que Maximos podía estar sellada totalmente contra ese contagioso aire de desafío. Pensé que seguro el aire encontraría su camino entre alguna rendija de las paredes o a través de los corazones de las gentes trabajando allá, quienes también habían aprendido la lección política en la plaza Syntagma. Y aun así, según andaba hacia Maximos, me sentí tan frío como un cadáver y tan alegre como un cementerio.fingi

El derrocamiento de un pueblo

Al cruzar la puerta de la entrada principal en Maximos, los ministros y funcionarios que me encontraba a mi paso parecían entumecidos, incomodados por mi presencia, como si hubieran sufrido una tremenda derrota electoral. El secretario de Alexis me informó que estaba en una reunión con el Presidente en el palacio presidencial adyacente y que me vería más tarde. Así que esperé en la sala de conferencia con los otros ministros, viendo como se anunciaban los resultados en televisión. Cuando el resultado final brillaba en la pantalla, 61,31% para el NO con una participación del 62,5%, salté y di un puño al aire. Pero me di cuenta que fui el único en aquella habitación que lo celebraba. [3]

Sentado y esperando a Alexis, recibí un mensaje de Norman Lamont en mi teléfono: “Querido Yanis, felicitacidades. Una gran victoria. Seguro que ahora sí os escuchan. ¡Buena suerte!”. Nos escucharían solo si estamos preparados a alzar la voz pensé. Allí sentado presencié a cámara lenta la anulación de nuestra victoria. Empecé a notar cosas en la geste que me rodeaba las cuales habían pasado desapercibidas anteriormente. Aquellos hombres habían perdido la dura mirada de Syriza y se asemejaban ahora a contables elegantemente ataviados. Las mujeres se habían vestido como para una elegante gala de Estado. Cuando Danae y yo nos juntamos, nos dimos cuenta que no solamente éramos los únicos contentos en aquel lugar si no que éramos también los únicos en vaqueros y camiseta. Me sentí un poco como si estuviera en una película de ciencia ficción en las que los alienígenas habían roban los cuerpos de la gente.

En algún momento, Alexis entró en Maximos y, una hora y media después, se dirigió a la nación. Dos frases en particular abrieron la cripta en la que guardaba sus intenciones. Una descartó la ruptura con la troika. La otra fue su anuncio de que justo había pedido al Presidente que convocase inmediatamente al consejo de líderes políticos: en la mañana de su decisiva derrota, los líderes protroika del antiguo régimen estaban siendo convocados a reunirse con él. “Está partiendo Syriza y preparando una coalición con la oposición para aplicar el nuevo rescate de la troika”, le dije a Danae. Esperé otra hora y media más mientras mantenía respectivas reuniones con Sagias y Roubatis antes de que me recibiera.
Fue después de la una y media de la madrugada que entré a su oficina. Alexis empezó y dijo que había hecho un desastre. [4]

“No lo veo así” contesté categóricamente. “Hubo mucho errores pero en una noche victoriosa como esta tenemos el deber de alegrarnos y honrar el resultado”.
Alexis me preguntó si me importaba que Dimitris Tzanakopoulos, el asesor legar en Maximos, se sentase con nosotros.

“No hay problema”, contesté. “De hecho quiero que esté aquí como testigo”. Esta no iba a ser otra reunión cualquiera.

Alexis me preguntó por cuánto tiempo estarían los bancos abiertos. Era una pregunta trampa. Buscaba justificar su decisión de capitular. Pretendí que no entendía nada, diciendo que para honrar la Victoria del NO tenemos que emitir imediatamente IOUs (pagarés) respaldados por impuestos futuros y no pagar los bonos SMP de Draghi. “Sin estos movimiento para reforzar tu poder de negociación”, dije, “el 61,3% se desvanecerá en el aire. Pero si esta misma noche lo anunciamos, con el 61,3% de los votos apoyándonos, te aseguro que Draghi y Merkel se sentarán a la mesa rápidamente con un buen acuerdo. Y los bancos abrirán al día siguiente. Si no haces esta declaración te apisonarán.” Le expliqué que necesitaba solo un par de días para activar ese sistema usando la web de la oficina de impuestos. El fingió estar impresionado así que continué: “El resultado del 61,3% es un capital que debes utilizar bien. Tienes que gestionarlo con gran respeto para la gente de ahí fuera que el que has mostrado antes del referéndum. También debes respetarte más a ti mismo. Tras esta noche tendrás una simple decisión. O reactivas nuestro plan, dándome las herramientas que necesito, o te rindes.”

Hablamos durante un buen rato. Repasamos los meses, semanas y días previos. No tomaba prisioneros, recitando una letanía con sus errores, señalando cómo los miembros de nuestro Gabinete de Guerra habían puesto en peligro nuestra lucha, a menudo en colaboración con la troika y sus operarios. Le di evidencias de que uno de ellos se comportó de tal modo que estaba al límite de la corrupción. Mirándome sorprendido, preguntó a Dimitris su opinión: ¿fue realmente un problema la persona a la que me refiero? Dimitris contestó: “Sí, e incluso más que eso”.

La conversación estaba dando vueltas en círculos así que se lo puse claro: honraría la vitoria del NO, pregunté, volviendo a nuestro pacto original o estabas a punto de tirarlo por el retrete. Su respuesta fue elíptica pero no había confusión en la dirección que tomaba: hacia una rendición incondicional. La primera vez que hablo claramente en aquella conversación fue cuando dijo: “Mira Yanis, tus predicciones son las únicas que se han cumplido. Pero hay un problema: si cualquier otro gobierno le hubiera dado lo que les he dado, la troika habría sellado ya un pacto. Les he dado más que lo que Samaras jamás les dio. Y aun así quieren castigarme, como tú dijiste que harían. Pero seamos claros: ellos no quieren darnos un acuerdo ni a ti o ni a mí. Seamos honestos. Quieren derrocarnos. Sin embargo, con el 61,3% no me pueden tocar. Pero pueden destrozarte a ti.”

“No te preocupes por mi, Alexi”, dije. “Preocupate de honrar a las gentes de ahí fuera que están celebrando la noche mientras tú estás planeando entregarte. Si estamos unidos, activa nuestra fuerza disuasoria y demuéstrales que estamos unidos y no nos tocarán ni a ti ni a mí. Podemos proponerles un trato que pueden luego poner creíblemente como si fuese su idea, su victoria”.

En ese momento Alexis confesó algo que no había anticipado. Me dijo que temía que el mismo destino de “Goudi” nos podía estar esperando si perseverábamos –una referencia a la ejecución de seis políticos y líderes militares en 1922 [5]. Me reí de ello, diciendo que si nos ejecutaban después de haber conseguido un 61,3% de los votos, nuestro lugar en la historia estaba garantizado. Alexis empezó entonces a insinuar que algo como un golpe de estado podría ocurrir: me dio que el Presidente de la República, Stournaras, nuestros servicios de inteligencia y miembros de nuestro gobierno estaban “preparados”. Me denfendí de nuevo: “Dejemos que hagan lo peor! ¿Te das cuenta de lo que significa un 61,3%?”.

Alexis me dijo que Dragasakis había tratado de persuadirle para librarse de mi, de todos los de la Plataforma de Izquierda y de los Griego Independiente de Kammenos, y que en cambio forjaría un gobierno de coalición con Nueva Democraci, el PASOK y Potami. Dragasakis le había asegurado que una vez el acuerdo con la troika fuese firmado, Alexis podía desacerse de Nueva Democracia, el PASOK y Potami y traerme de vuelta. Le dije que era la idea más estúpida que había oído. Me sonrió complaciente, refiriéndose a Dragasakis con una expresión que no se puede reproducir aquí.

“Pero”, añadió, “pero hay algo en la idea de proceder en dos manera paralelas, una pública y otra escondida. Públicamente podemos ir a los acreedores con una postura de derechas que suponga un cambio de postura que diga “somo unos buenos chicos ahora”. Pero, al mismo tiempo, oculto al público, podemos preparar el contraataque.”

“Ese es un modo de pensar peligro, Alexi”, le dije. “Mira, esta noche la gente ha votado. No han votado por el NO para que lo conviertas en un SÍ”. Le dije que tenía que salir y decir lo mismo que dije yo en mi declaración ante la prensa: que el voto por el NO le había dado el mandato que necesitaba para conseguir una solución en cooperación con nuestros socios europeos. “Añade algunas palabras complacientes para la Comisión, el FMI y el BCE para demostrar que de verdad queremos una solución conjunta. Pero a la vez ¡muestra fuerza! Nada de ese sinsentido de preparase para una guerra encubierta en las cloacas de nuestro estado”. Le dije que fuese cual fuese lo que hagamos ahora, lo tenemos que hacer abiertamente. Teníamos que decir claramente que estábamos preparando nuestra propia liquidez, tal y como teníamos el deber de hacerlo cuando el BCE mantuvo nuestros bancos cerrados. Y teníamos que decir claramente que los bonos SMP del BCE serían restructurados de acuerdo con la ley griega, la ley bajo la cual fueron creados.

“Les será muy difícil ofrecernos una solución, Yani”, me dijo.

“Sigues cometiendo el error de pensar en una solución como algo que ellos nos darán”, repliqué. “Ese no es el modo correcto de pensar. Ellos necesitan una solución tanto como nosotros. No es algo que ellos nos entregarán. Tenemos que sacárselo. Pero esto require que tengamos una amenaza creíble. ¡La reestructuración de los bonos SMP y nuestra propia liquidez es exactamente eso!”.

Seguíamos yendo en círculos, nuestros cuerpos y mentes estaban destrozados por la fatiga. Así que le dije que ya que estaba tan convencido a capitular de un modo u otro, que me dijese que era lo había decido hacer ahora. Me dijo que estaba pensando en rehacer el Gabinete para contener el empuje de la troika, los acreedores y los medios de comunicación contra mí. Me preguntó quién pensaba que debía reemplazarme como ministro de finanzas. Él ya había decidido quien sería pero decidí jugar su juego, sugiriendo a la persona que estaba seguro ya había dicho que sí a reemplazarme: mi viejo compañero Euclid. Incluso me ofrecí a convencer a Euclid a que aceptase. (Y cuando lo hice, Euclid pretendió que todavía tenía que pensárselo).

“Me gustaría pedir que tomases posesión del ministerio de economía, para que vuelvas a hacer equipo con Euclid”, me dijo Alexis.

“¿Y qué pasa con Stathakis?”, pregunté.

“Me encantaría no volverle a ver de nuevo. Dejémosle ganar a los diputados”.

“No, Alexis, no me interesa”, le dije. “Me viniste a buscar porque había convertido a la deuda de Grecia en el dagrón al que al que había que matar y por mi propuesta de como matarlo. Vivo, respiro, pienso y sueño con la restructuración de la deuda, con la reducción del objetivo del superávit, con el fin de la austeridad, la reducción de los impuestos y la redistribución del ingreso y la riqueza. No me interesa nada más. Asumir el ministerio de economía para gestionar los folletos sobre los fondos estructurales de la UE para así poder seguir como ministro no es algo que me interese. ¿Te acuerdas por qué me vine de América? Porque me pediste ayuda para liberar financieramente a Grecia. Me presenté a las elecciones no porque me moría por ser un diputado sino porque no quería ser un tecnócrata, un ministro de finanzas no electo. Pensaba que de ese modo sería más útil a la causa. Ahora, dado tu abandono a la causa, no tengo ningún motivo para ser ministro. Está bien. Dejemos que algún otro lo haga. Estaré en el parlamento donde intentaré ayudar lo major que pueda.”

“Puedes tomar algún otro ministerio –¿quizá cultura, ya que tú y Danae sabéis tanto?”, dijo riéndose. “En cualquier caso, habrá muchas posiciones en el futuro desde la que podrás ayudar.”

“Me sigues confundiendo con alguien a quien le importan los puestos. Alexi. Solo hay una cosa que me importa y ya sabes cual es!”

“Durmamos y consultémoslo con la almohada!

“No hay nada que pensar”, dije. “No hay tiempo. Tienes mucho que hacer”.
Cuando después vi a Danae, me preguntó que había pasado. “Esta noche tenemos el curioso caso de gobiernos derrocando a su pueblo” musité.

Dejar de ser ministro

De vuelta en el piso, narré la discusión con Alexis a Danae y su asistente y dormí un par de horas antes de escribir mi séptima carta de dimisión. Después de repasarla varias veces, la colgué en mi blog bajo el título de “Minister No More”. Fue una de los escritos de prosa más difíciles que jamás he escrito. Por un lado sentí una obligación de preservar cualquier impulso progresista que quedase en nuestro gobierno y en Syriza. En aquel momento todavía creía fuertemente que camaradas como Euclid, con la influencia en el partido de la cual carecía, no podían firmar el documento de rendición que Alexis y Dragasakis preparaban. Perdiendo un segundo ministro de finanzas en un mes o dos, si Euclid rechazaba convertirse en cómplice en otro duro y desesperanzado rescate, provocaría una ruptura dentro del gobierno y el partido. Esto quizá puede llevar a nuevas elecciones, que pueden socavar aún más la oportunidad de honrar los deseos del 61,3%. Necesitaba dejar claro tanto mi desafiante compromiso con el NO como mi compromiso con la unidad. El resultado fue el siguiente:

Como todas las luchas democráticas, también este histórico rechazo al ultimátum del 25 de Junio por parte del Eurogrupo viene con un alto coste. Es por ello esencial que todo el capital otorgado a nuestro gobierno por el estupendo NO debe ser invertido invertido inmediatamente en un SÍ por una adecuada solución –en un acuerdo que incorpore una restructuración de la deuda, menos austeridad, redistribución en favor de los necesitados y verdaderas reformas.

Al poco del anuncio de los resultados del referendum, se me puso en concocimiento una cierta preferencia hacia mi… “ausencia” por parte de algunos miembros del Eurogrupo y sus socios; una idea que el Primer Ministro juzgó como potencialmente beneficiosa para poder alcanzar un acuerdo. Por esta razón hoy dejo de ser Ministro de Finanzas.

Considero que mi deber para ayudar a Alexis Tsipras a explotar, como él lo considere apropiado, el capital que el pueblo de Grecia le ha concedido  através del referéndum de ayer.

Y llevaré el odio de los acreedores con orgullo.

Nosotros en la Izquierda sabemos como actuar colectivamente sin importarnos los privilegios del puesto. Apoyaré totalmente al Primer Ministro Tsipras, al nuevo Ministro de Finanzas y a nuestro gobierno.

El esfuerzo sobrehumano para honrar al valiente pueblo de Grecia y al célebre NO que concedieron a los demócratas del mundo entero es solo el comienzo.

En retrospectiva, debería haber sido mucho más alarmista sobre las intenciones de Alexis y sobre mi desconfianza en muchas personas de nuestro gobierno, en especial Euclid, para poder prevenir una recapitulación como la del gobierno de Samaras. Pero tampoco creo que una más clara advertencia hubiera hecho cambiar las cosas. Todo el mundo con el que he hablado desde aquella mañana entendió muy bien lo que había pasado en el momento que oyeron que había renunciado en la noche de nuestra victoria.

Afortunadamente, además de los acreedores y sus groupies, había alguien más realmente feliz por mi decisión. Mi hija Xenia, que había venido desde Australia para verme dos semana antes y que apenas había podido estar conmigo. Tras oír en las noticias que había dimitido me dio una soñolienta temprana mirada y dijo: “Gracias a Dios, papá. ¿Por qué te costó tanto?".

Notas:

[1] La primera manifestación en la plaza Syntagma fue el 18 de Junio, mientras estaba en Bruselas en una de las muchas reuniones del Eurogrupo. Un buen numero, entre diez y quince mil persona, se juntaron allá haciéndonos sentir a Alexis y al resto de nosotros bastante intranquilos.
[2] Mi madre, Elenia Tsaggaraki-Varoufaki, fue concejal y teniente de alcade en Palaio Phaliro durante unos veinte años. De hecho, ella había sido responsible de instalaciones, incluyendo orfanatos, que fueron convertidos en decentes albergues para jóvenes y mayores.
[3] 62,5% es una participación muy alta dado que no se permitía ningún voto por correo o a distancia.
[4] Sus precisas palabras fueron tan ofensivas que prefiero no reproducirlas aquí.
[5] Los hombres ejecutados fueron condenados responsables de la derrota del ejercito griego y de la expulsión de toda etnia griega de las ciudades, pueblos y comunidades por el ejército de Kemal Ataturk y sus guerrilleros turcos, erradicando a todos los griego de Asia menos donde habían vivido desde tiempos de Homero. Cientos de miles murieron e incluso más vinieron a las tierras de Grecia como refugiados. Un golpe de estado en Grecia y un tribunal militar fue convocado en el cual los políticos y líderes militares de la desastrosa campaña militar fueron declarados culpables por alta traición.

Co-fundador del Movimiento por la Democracia en Europa (DIEM25), Yanis Varoufakis es profesor de economía de la Universidad de Atenas, ex-ministro del Gobierno de Syriza, del que dimitió por su oposición al Tercer Memorándum UE-Grecia. Es autor, entre otros, de El Minotauro Global.
Fuente:
https://www.yanisvaroufakis.eu/2018/07/05/an-anniversary-to-savour-the-three-days-that-shook-europe-3rd-to-6th-july-2015-extracts-from-my-adults-in-the-room/
Traducción:
Ayoze Alfageme