Hungría: "La solución debe dolerle al capital". Entrevista

Tamás Krausz

19/11/2016

La izquierda de Europa del Este está en un estado lamentable, según el historiador húngaro Tamás Krausz, autor del monumental Reconstructing Lenin, sin embargo, el pensamiento crítico, no. Le entrevistó Susan Zimmermann para la revista alemana Neues Deutschland, en agosto de este año.

En una entrevista con nd en otoño de 1997, hizo un análisis crítico de la situación de la izquierda en Hungría y Europa del Este. ¿Cómo ve la situación hoy en día, más de 25 años después de los cambios políticos en Europa del Este.

Desde el cambio de los sistemas políticos en 1989/1991, los regímenes políticos en Hungría y otros países de Europa del Este han sufrido varias metamorfosis. Como predijimos, la tendencia general ha sido la aparición de sistemas políticos autoritarios.

Durante mucho tiempo, la esfera de la sociedad civil ha sido engullida por la esfera de la política, pero esto no puede ser considerado únicamente como un logro de los sistemas políticos nacionalistas y autoritarios. Las organizaciones que habían surgido durante el periodo de transición, e inmediatamente después, y que se consideraban los motores de los movimientos sociales, han perecido, por lo que hoy en día sólo las organizaciones de la derecha política muestran algunas de las características de los movimientos sociales. Aquellos sectores de la sociedad civil que son críticos del sistema político y se aferran, en principio, al objetivo a largo plazo de la lucha contra el poder social, son muy débiles y no están en condiciones de unir sus fuerzas.

Llama la atención la insignificancia y falta de poder de los movimientos de protesta contra la dictadura del capital que aparecen en Europa del Este. Desde el desmoronamiento del movimiento obrero clásico, en ninguna parte de Europa Occidental ha surgido en el escenario histórico un movimiento anti-sistema, anti-capitalista del pueblo trabajador, y en toda Europa ha habido una disminución radical de la afiliación sindical. La Internacional del Capital está funcionando, la de los trabajadores, no. Esta situación ha sido puesta de manifiesto con especial claridad recientemente por el tema de la emigración.

¿Qué hay de nuevo en el régimen de Orbán?, y ¿cuál es la situación de la oposición parlamentaria?

En 2010, la derecha política llegó al poder con una mayoría de dos tercios, y, además, el 20% de los parlamentarios pertenecían a la extrema derecha, a Jobbik (que significa tanto "los de la derecha" como "los mejores"); que puede considerarse como una oposición en el lado del gobierno. Este resultado de las elecciones, que puede atribuirse en gran medida a las políticas neoliberales del anterior ministro presidente, el nuevo rico Ferenc Gyurcsány, ha provocado un "síndrome Polonia" en Hungría. La derecha política posee más del 80% de los escaños parlamentarios. Hoy en día, en 2016, podemos observar como Jobbik está tratando de convertirse en un lobo con piel de cordero. En el parlamento, el partido ha abandonado su retórica antisemita y se está preparando para las próximas elecciones de 2018. El Partido Socialista Húngaro (Magyar Szocialista Párt) y los dos partidos más pequeños que se han escindido de él, el partido Juntos (Együtt ) y la Coalición Democrática liderada por Gyurcsány (Demokratikus Koalició), están considerando la posibilidad de incluir a Jobbik en posibles combinaciones de coalición con el fin de tener una oportunidad de presionar a la actual coalición de democristianos y Fidesz bajo el ministro presidente Viktor Orbán.

El secreto de Orbán no consiste simplemente en el hecho de que ha instalado un régimen autoritario que utiliza la retórica nacional-populista para culpar a Bruselas de los problemas de Hungría. El secreto de su "triunfalismo" húngaro consiste en el hecho de que ha sido capaz de adquirir el poder real. A través de su política de concentración de poder, Orbán ha conseguido hacerse con el control de prácticamente todos los medios electrónicos. Con una arrogancia que recuerda a Goebbels, se ha propuesto una remodelación ideológica de toda la sociedad húngara, y parece que de hecho la mayoría de la sociedad húngara se ha convertido en defensora de las políticas nacionalistas y xenófobas. Esta retórica política se está extendiendo por toda Europa. La contribución de Orbán es inconfundible. Con la ayuda de la privatización sistemática de los bienes del Estado, Orbán ha conseguido crear una nueva "oligarquía-burguesa" que le es fiel, y ha sofocado casi todas las expresiones de resistencia política o social; ha incluso acabado de facto con el derecho de huelga. La nueva Constitución húngara de 2010 marca una ruptura definitiva del país con la tradición democrático-burguesa. El sistema político post-1989 se ha cerrado definitivamente y herméticamente a la izquierda; permanece abierto a la derecha en el sentido de la restauración del espíritu de un neo-Horthyismo.

¿Qué tipo de eco ha tenido la política sobre los refugiados de Orbán en Hungría?

Para Orbán la cuestión de los refugiados ha sido muy conveniente, ya que le ha permitido hacer un llamamiento a la "auto-protección nacional" con el fin de completar su demagogia anti-globalista, que sustenta ideológicamente su política de concentración de poder. Ha presentado a los refugiados como cabezas de turco, como el nuevo enemigo, culpándoles del desempleo y la delincuencia, el terrorismo y la inseguridad existencial. En cuanto a la búsqueda de chivos expiatorios, los gitanos y los judíos han sido relegados a un segundo plano. La retórica anticomunista y el adoctrinamiento ideológico son más fuertes que nunca. De acuerdo con las encuestas de opinión, el 80% de la población apoya la política anti-refugiados de Orbán. El régimen está ocultando y oscureciendo sistemáticamente el papel de la OTAN en la transformación de estas personas en exiliados. Con la ayuda del sistema de manipulación, la población activa están siendo intimidada y toda la sociedad se desmoraliza y refeudaliza.

Usted ha hablado en varias ocasiones de una alianza entre el "atlantismo liberal" y la extrema derecha, ¿qué es lo que quiere decir con ello?

Desde el 2010 he estado enfatizando que el régimen de Orbán no puede ser derrotado en la forma clásica con unas elecciones parlamentarias. Sólo un movimiento social de masas, una insurrección popular, puede expulsar a este régimen. Los liberales y los neoliberales húngaros se niegan a reconocerlo. Mientras tanto, los gobiernos occidentales han llegado a un acuerdo con Orbán, prácticamente le apoyan, porque en Hungría y la mayoría de los otros países europeos del Este el sometimiento a los dictados de la austeridad y las reformas de Bruselas se combinan con una política exterior pro-Atlántica radical. EE.UU. definitivamente se ha establecido militarmente en Europa del Este, con una ampliación constante de sus bases militares y estrategias anti-rusas. Mientras tanto, se defiende que ello contribuye a la defensa de la democracia contra el sistema autoritario ruso. Sin embargo, al actuar de esta manera, EE.UU. y la OTAN están proporcionando legitimidad a los sistemas autoritarios de la región. En todas partes estos sistemas autoritarios proyectan las relaciones del capitalismo oligárquico. La economía y el sistema de poder de Rusia están bajo presión y aislados militar y económicamente, por los países del centro de Europa, y en esta línea política incluso se defiende al régimen ucraniano pro-nazi.

¿Es la actitud de la oposición parlamentaria responsable de la falta de una alternativa de izquierda en Europa del Este?

El hecho de que la oposición húngara esté incluso dispuesta a aliarse con la extrema derecha nos dice mucho acerca de su compromiso con la democracia y la sinceridad de su deseo de progreso social. La oposición no tiene intención de cambiar el hecho de que el sistema está cerrado a la izquierda y abierto a la derecha. En Europa del Este, las fuerzas para el verdadero progreso, en el marco conceptual y político de la democracia, se han agotado, si es que alguna vez realmente han llegado a existir. Después de los cambios de 1989, incluso hasta mediados de la década de 1990, todavía era posible verder la idea de que el Este estaba poniéndose al día con, o incluso superando a, Occidente: pero ni las élites compran ya está narrativa.  

Incluso los estancos en Hungría reciben hoy el nombre de "puntos de venta nacionales". En Ucrania, las milicias del régimen pro-nazi ha cometido de facto asesinatos en masa; en Letonia, existe un apoyo público para la glorificación de las Waffen-SS; en Hungría un pícaro político de Fidesz, llamado Lezsák, ha estado exigiendo la erección de una estatua pública al gran político antisemita de la era Horthy, Pál Teleki. En nuestra parte del mundo, se celebra la falsificación de la historia sobre la base de la rusofobia y el antisemitismo, el anti-islamismo y la xenofobia.

En el contexto de esta impactante realidad, podría darnos más detalles sobre el estado de los movimientos de la sociedad civil en Hungría?

Inicialmente, la izquierda anti-sistémica en Hungría y Europa Oriental tenía grandes esperanzas en los movimientos de la sociedad civil como una nueva base para la resistencia anticapitalista. Recordamos bien nuestras ideas originales, que formulamos en Budapest y Viena, Moscú y París, Praga y Liubliana. Creíamos que, en oposición a al estalinismo y la restauración capitalista, se podría desarrollar una alternativa social, que se basaría en la auto-organización de la sociedad, en la sociedad civil como un contra-poder social. Este fue el concepto de tertium datur, la tercera opción.

De hecho, en Hungría las organizaciones y redes anticapitalistas y anti-sistémicas están profundamente divididas entre sí. Se pueden distinguir tres corrientes: la Izquierda Unida húngara o Magyar Egyesült Baloldal (Mebal), que reúne a grupos como Attac Hungría, Fundación Foro Social de Hungría, y pequeñas asociaciones como la asociación de tiempo libre de los trabajadores de Franzensstadt, un área de Budapest. La mayor parte de sus promotores y activistas son intelectuales marxistas. Como grupos similares en Europa Occidental y Rusia, esta red no está, por ahora, preocupada con la fundación de un partido político, sino que se centra en proyectos sociales que tienen el propósito de proteger a las clases más débiles. El número de sus miembros y seguidores debe ascender a unos pocos cientos. En declaraciones públicas, Mebal hace hincapié en su rechazo de la fundación de nuevos partidos políticos en las condiciones actuales, ya que considera que es imposible para la izquierda radical alcanzar representación parlamentaria sin medios financieros e infraestructura, y sobre todo sin un amplio apoyo popular.

La segunda corriente significativa es el partido Izquierda Verde (Zöld Baloldal). La Izquierda Verde es una coalición del Partido de los Trabajadores Húngaros de 2006 (Magyarországi Munkáspárt 2006, miembro de la Izquierda Europea) y el grupo Izquierda Verde. El partido participó en las elecciones de 2010 y 2014 y, sin embargo, ha sido incapaz incluso de armar una lista de candidatos en ninguna circunscripción. Del mismo modo, en las elecciones para los consejos locales, rara vez ha logrado presentar sus propios candidatos. Así que el partido hacía un llamamiento a sus simpatizantes a votar por el Partido de los Trabajadores Húngaros o su escisión, el PTH 2006.

El tercer campo de la izquierda anti-sistémica consiste en grupos anarquistas y anarco-comunista, que compiten entre sí. Este campo ataca tanto al Estado como a cualquier forma tradicional de organización política y encarna la idea de la izquierda como subcultura política. Los happenings de los que se hace eco la prensa liberal son más importantes para muchos de ellos que la acción de masas. Los representantes de este campo se ven como antifascistas y antirracistas.

Todos estos grupos están estrechamente relacionados con las citadas tradiciones anti-capitalistas de la región que, a través de la auto-organización de la sociedad, quieren desconectarse del capitalismo. Esas tradiciones se remontan al año 1945, y más tarde a Solidarnosc en Polonia, a 1905, 1917 y 1989-1991 en Rusia y la Unión Soviética, a los consejos obreros y a los trabajadores autoorganizados en comités que lucharon por la socialización de la propiedad estatal. Bajo la presión del orden global neoliberal y la restauración capitalista en Europa del Este, sin embargo, no es posible volver a conectar poderosamente con estos experimentos radicales de la sociedad civil. Mientras tanto, incluso en 2016, 60 años después de la insurrección de 1956, el Estado húngaro gasta mucha energía en renegar de la memoria de 1956. Una campaña de propaganda, como nunca se ha visto antes, junto mega-conferencias en las universidades, están extendiendo el programa de Fidesz de "reconciliación nacional" y el mensaje busca legitimar el sistema actual. Al mismo tiempo, desde 1989 la tradición de los consejos de trabajadores de 1956 está siendo completamente ocultada o falsificada. Lo que es una evidencia más de la extrema debilidad del movimiento obrero y sindical incluso 25 años después.

¿Cree que las cosas podrían mejorar desde la perspectiva de la izquierda?

La cuestión clave es si es o no posible en la situación actual construir "centros organizados" de anticapitalismo. No se trata de la construcción de un aparato burocrático. La idea de una organización similar a una red, que ya aparece en los escritos de Lenin, puede ser una respuesta, tanto en un sentido ideológico-teórico como práctico-político, ya que busca los puntos débiles del sistema capitalista. Si ciertos grupos y movimientos rechazan hoy cualquier forma de organización basada en la disciplina, es porque no logran entender lo que los socialdemócratas rusos comprendieron hace más de un siglo. En aquel entonces la revolución política - que en nuestros días ya no es posible - comenzó a partir de un "centro organizado". Hoy en día la explotación capitalista en Europa se organiza de una manera diferente, la crisis tiene una estructura diferente. Por lo tanto, los "centros organizados" también tienen que tomar una forma diferente de la de los tiempos de Lenin. Un movimiento anticapitalista potente sin un movimiento obrero es imposible. En una situación en la que el capital y el Estado son capaces de manera efectiva de mantener a los movimientos sociales lejos de los lugares de trabajo, los esfuerzos generales de organización que impliquen al mundo del trabajo serán de particular importancia.

Sin embargo, este es el problema más complicado. Las organizaciones anti-sistémicas actuales ni siquiera llegan a los jóvenes trabajadores, y ni siquiera les dan la máxima prioridad. La organización capitalista del trabajo se ha desarrollado a través de  fragmentación de la resistencia organizada de la clase obrera, y la conciencia de la clase obrera está dominada por las estructuras de manipulación del sistema.

¿Desde el punto de vista político, tiene alguna perspectiva los intentos de la izquierda de apoyarse en el nacionalismo?

Con su hostilidad hacia la UE y el euro, el romanticismo nacionalista no conduce hacia la izquierda, sino que conduce a toda la región hacia el tipo de populismo nacional encarnado por Viktor Orbán. En comparación con la UE, el Estado nacional no representa ninguna característica progresista, sino que ofusca la lucha entre los diferentes sectores de la burguesía, y para algunos en la izquierda sustituye la cuestión de cómo trascender el capitalismo. Del mismo modo, la forma romántica del comunismo tampoco ofrece ninguna solución adecuada a los experimentos sociales que apuntan a la trascendencia global del capitalismo. No hay esperanza sin resistencia social generalizada.

Sin duda, nuestra tarea hoy es la creación de las condiciones previas para que surjan "centros organizados", y sería un gran error si simplificamos nuestro análisis de la situación e ignoramos la diversidad de tipos de activismo social y político. Lo peor son los debates innecesariamente ofensivos entre los diferentes grupos. En términos de estrategia política, es evidente que la solución tiene que ser dolorosa para  el capital. El núcleo de la cuestión consiste en restringir la producción de beneficios, y eso significa que uno tiene que ocupar los lugares de trabajo en vez de Wall Street. Esto es fácil de decir, pero complicado en la práctica. Los trabajadores tienen que elegir a sus propios representantes, que tienen que centralizarse de abajo hacia arriba. Podemos aprender de la historia de las revoluciones y de las obras de Marx, Luxemburgo, Lenin, Gramsci y otros cómo hacerlo.

¿Ha cambiado algo en los últimos 20 años? ¿Qué nos enseña la historia de los últimos 20 años?

Creo que tengo una visión más compleja de la historia del socialismo de Estado de Europa del Este y del período de transición que en 1989. En nombre del humanismo hoy digo, como lo hice entonces, que no hay disculpas aceptables para el sistema capitalista, pero he aprendido a entender mejor hasta qué punto el sistema capitalista hunde sus raices en la forma de pensar de las personas. Por desgracia, todas las "profecías" negativas que se hicieron en 1989 y principios de los 1990 se han cumplido; no puedo decir lo mismo de mis predicciones optimistas. Muchos amigos y compañeros, al distanciarse del socialismo de estado, tiraron por la borda todas las tradiciones culturales progresistas socialistas. Rechazo esto como un error sectario. Cuanto más podamos aprender de la tradición socialista para movilizar contra el capitalismo, mejor.

Para mí, el cambio de los sistemas políticos y todo lo que ha sucedido después ha demostrado que desde un punto de vista teórico, metodológico y político vale la pena seguir defendiendo a Marx y la tradición marxista revolucionaria, con su mensaje anti-estalinista y anticapitalista. Después de 1989, el objetivo más realista ha sido, en el mejor de los casos, garantizar la supervivencia del pensamiento anti-sistémico, anticapitalista, y creo que hemos hecho una cierta contribución en este sentido. No es mucho, pero es mejor que nada.

nacido en 1948, es profesor de historia en la Eötvös Loránd Universität de Budapest. Su investigación se centra en la historia de la Unión Soviética hasta la Segunda Guerra Mundial, en especial del bolchevismo. Su obra más reciente es el monumental Reconstructing Lenin: An Intellectual Biography (2015),que recibió el premio German Memorial. Krausz es una figura clave en la izquierda anticapitalista en Hungría. Fue uno de los fundadores de una plataforma política anticapitalista y anti-estalinista dentro del Partido Socialista Húngaro, La Asociación de la Izquierda (Baloldali Tömörülés). Es miembro del comité de redacción de la revista trimestral marxista “Eszmélet”, que se publica desde 1989.
Fuente:
http://www.criticatac.ro/lefteast/make-capital-hurt/
Traducción:
G. Buster