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"La verdad es que entre los albaneses kosovares no hay ninguna esperanza". Entrevista.
Fatos Lubonja · · · · ·
 
23/12/07
 

 

 “Es hora de mirar a los Balcanes con ojos no nacionalistas”. Hay una gran decepción por una clase política corrupta y violenta. Por eso, el 57% de los propios albaneses no ha votado.

Tommaso Di Francesco entrevistó al escritor Fatos Lubonja sobre la crisis de Kosovo, punto de referencia no nacionalista del mundo albanés, conocedor atento de las formas del poder en los Balcanes. Fue premio Moravia en el 2002 y sobre él – y sobre su historia de prisionero político de Enver Hoxha –salió un largo ensayo-entrevista a cargo de Claudio Bazzocchi en el 2004 (ed. Il Ponte).

 

¿Que dice el mundo albanés sobre esta crisis que puede encender de nuevo a los Balcanes?

Aquí en Albania no se advierte el peligro de una nueva explosión armada de la crisis, como en los años 90 del siglo que acaba de terminar. Todo el mundo confía en que finalmente los Estados Unidos, partidarios del plan Ahtisaari que prevé la independencia, acabaran tanto con la resistencia serbia como con la rusa. Lo que pasó en los años 90 dejó una marca tan profunda en la conciencia que es imposible pensar que alguien pueda tomar las armas de nuevo y matar. Esta es la percepción en Albania, pero no significa que ello vaya a ser así.

 

¿Por qué el 57% de los propios albaneses han desertado de las elecciones del 17 de noviembre en Kosovo?

Porqué hay una gran decepción y un profundo disgusto hacia la clase política kosovar-albanesa, como ocurre también en Albania. La Liga democrática de Rugova ha acabado vencida, también estaba dividida, pero ha conquistado a las clases y a la población de las ciudades. El Partido democrático de Hashim Thaqi y la Alianza de Ramush Haradinay han arrasado en todo el resto de la región, pero la gente en general desconfía de ellos, de su poder mafioso y de los sistemas violentos. Muchos de ellos han matado, no se han defendido únicamente de las milicias de Milosevic. Ha vencido la parte más atrasada de la sociedad. Todo ello nos hace decir que los procesos democráticos kosovares no están todavía a la vuelta de la esquina, si se tiene en cuenta además la gran miseria y el desempleo que persisten a pesar de una ingente financiación internacional,  debido a una nueva corrupción de las ayudas internacionales. No hay esperanza en el futuro y nadie sabe realmente que hacer con la independencia anunciada.

En Tirana, el primer ministro Sali Berisha – que provocó el inicio de la guerra civil en 1997 – de nuevo en el poder presiona por la independencia de Kosovo y repite que nadie piensa en la “Gran Albania”. Pero donde se piensa en la Gran Albania es en Kosovo y en el área de Tetovo-Gostivar, cuna del irredentismo albanés en Macedonia y en la región.

La Gran Albania es el sueño de los albaneses que nunca se ha concretizado en un programa político de importancia por dos razones principales: la primera porque las potencias que han decidido la suerte de esta región han estado siempre en contra de este proyecto, excepción hecha, hay que reconocerlo, del nazifascismo, de Mussolini y Hitler durante la Segunda Guerra (cuando Kosovo fue reunificado y Albania pasó a formar parte del reino de Italia del Norte). La segunda razón, porque este proyecto político ha chocado con los intereses de las distintas elites políticas albanesas. Enver Hoxha, que siempre hablaba de Kosovo y del sueño de la reunificación con énfasis nacionalista, no lo perseguía realmente porque sentía que, llegada la prueba, habría perdido poder. Creo que ahora existe la misma situación.

 

Y sin embargo es evidente que se presenta una posibilidad de reunificación gran-albanesa. Pero ¿qué sería de la paz en Macedonia que tiene una fuerte minoría albanesa? Y en los Balcanes, si se reconociese esta posibilidad a la etnia albanesa ¿por qué negarla a los serbios de Bosnia prontos a coaligarse con Belgrado, así como a los croatas de Bosnia ya dentro de Croacia? Y ¿por qué negarla a los independentismos de Europa o a los del Cáucaso?

Esta es la cuestión más importante. Desde mi punto de vista la desintegración de Yugoslavia fue especular para la unificación europea y está en abierta contradicción con la visión de la Unión Europea. Fue un error apoyar aquella devastación y fue el triunfo del nacionalismo en el momento en que nacía la Europa supranacional. Los pequeños Estados derivados de ella han sido creados para reciclar a clases políticas locales que manipularon los sentimientos nacionalistas después de un período de frustración y de pérdida de identidad por intereses que con frecuencia no tienen nada que ver con los intereses de las poblaciones. Como en el caso del reconocimiento de la independencia a Montenegro, un pequeñísimo estado de 500.000 habitantes, la mitad de los cuales es serbia. ¿Qué legitimidad ciudadana puede tener un tal micro-estado? Así se hace difícil negarlo a los albaneses que son casi 2 millones, más del 90 % de la población de Kosovo. En los Balcanes se han enfrentado dos espíritus del tiempo: el nacionalista del siglo XIX y el antinacionalista del período posterior a la Segunda Guerra Mundial: una contradicción en Europa. Por ahora, más que resolverla estaremos constreñidos a vivirla durante algún tiempo.

 

Los jóvenes de «Vetevendosja» (Autodeterminación) gritan “Nosotros no somos Palestina” y “no nos podéis tomar el pelo, estamos apoyados por los países más fuertes”. ¿Como juzgar el hecho de que Palestina, que pide el respeto al derecho internacional y a las resoluciones de la ONU, no consigue –ni conseguirá- convertirse en estado después de 40 años de lucha; mientras que Kosovo tendrá la independencia que pide contra el derecho internacional y la Resolución 1244 de la ONU que reconoce la soberanía de Belgrado?

Si comparamos entre sí casos como Kosovo, Palestina, Kurdistán, Tibet, Chechenia, etc. lo que les diferencia son los intereses de las grandes potencias. Berisha, siguiendo la lógica no de la coherencia o del derecho internacional, sino la regla del más fuerte, no ha hecho más que pedir la independencia de Kosovo. Lo que quieren decir los  de “Vetevendosja” es que ellos tienen más fuerza que los palestinos porque tienen el apoyo americano.

 

El escritor Ismael Kadaré, sopla desde lejos sobre el fuego nacionalista: “Kosovo ha sido siempre una tierra ilírica –declara- cualquier negociación está abocada al fracaso”. Kadaré, ya predilecto de Enver Hoaxha, parece ahora el portavoz de Hashim Thaqi. La historia nos cuenta sin embargo pasajes complejos y con frecuencia sanguinarios con respecto a Kosovo. Sin olvidar que serbios y albaneses han combatido con frecuencia juntos contra los invasores turcos. Y de todos modos esta tierra es cuna de la historia serbia: los monasterios ortodoxos son patrimonio de la humanidad. Y sin embargo 150 monasterios ortodoxos han sido destruidos en estos ocho años de ocupación Nato.

 

He leído la entrevista de Kadaré en el Venerdí di Repubblica. Me opongo a los tonos fuertes nacionalistas cuando, para apoyar la independencia de Kosovo, afirma que los serbios y los albaneses no tienen nada en común. Las enemistades entre serbios y albaneses nacieron en el siglo XIX con el nacimiento de los movimientos nacionalistas, comprendiendo los Balcanes, especialmente después de la guerra ruso turca (1878) cuando los serbios obtuvieron su estado independiente y después de las guerras balcánicas en 1912, cuando los serbios incluyeron también a Kosovo en su Estado, mientras que los albaneses obtuvieron, con el apoyo de Austria e Italia, su pequeño estado. Los albaneses no participaron en las guerras balcánicas no solo porque no eran todavía un Estado sino también porque Serbia y Grecia, que luchaban contra los turcos, aspiraban a dividir todo el territorio ocupado por los albaneses, que por aquel entonces era territorio turco. En realidad el nacionalismo albanés, al contrario del serbio y del griego, no nació como una aspiración a separarse de los turcos sino más bien como una necesidad de defender el territorio habitado por los albaneses de las pretensiones serbias y griegas. Es un nacionalismo más antiserbio y antigriego que antiturco, aunque más tarde se ha desarrollado en la mitología nacionalista como un retorno al glorioso pasado preturco, como en todas las mitologías nacionalistas. Pero durante la Edad Media y después durante el imperio otomano, eslavos y albaneses han vivido en paz durante tres-cuatro siglos y han tenido muchas cosas en común. Fue especialmente después de 1878 hasta la Segunda guerra mundial y también después, a principios de los años 50, en que los serbios intentaron hacer una limpieza étnica en Kosovo, cuando se echaron las bases del odio. Después de los años 50 hubo incluso un tiempo de fraternidad en nombre del internacionalismo, siempre amenazado por las aspiraciones nacionalistas no satisfechas de las dos partes. Pero si la historia se lee con ojos nacionalistas, solamente se ven las cosas que dividen, el odio y las guerras, los unos contra los otros, las diferencias. Mientras que si la historia se lee con espíritu crítico y antinacionalista se puede ver que los países balcánicos tienen en común mucho más de lo que los separa. En este sentido las iglesias y los monasterios ortodoxos que se encuentran en Pec deben ser considerados también patrimonio albanés y no, como ha ocurrido, símbolo del enemigo. Los intelectuales tienen este deber: crear una visión crítica del futuro más fuerte que los estereotipos.

 

Fatos Lubonja es un conocido escritor alabanés que fue encarcelado por el régimen estalinista de Enver Hoxha

Traducción para www.sinpermiso.info: Anna Garriga

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Il Manifesto, 11 de diciembre de 2007