“Las ciudades son la única solución viable para el futuro”. Entrevista. Mike Davis · · · · ·
 
   
“Las ciudades son la única solución viable para el futuro”. Entrevista
Mike Davis · · · · ·
 
25/05/08
 

La revista anarquista londinense occupiedlondon entrevistó al historiador y urbanista marxista californiano Mike Davis, miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO.

Suele usted trazar líneas de comparación entre distintas tendencias de control urbano en todo el planeta. ¿Podría comparar la situación de Los Ángeles, la represión y vigilancia que se daban cuando usted estaba escribiendo La ciudad de Cuarzo, con la situación en el Londres de nuestros días?

No hay en los EEUU nada que se pueda ni remotamente comparar con el aparato de vigilancia que existe en Londres. Las mismas cámaras de vídeo son una novedad incipiente en los EEUU. La vigilancia total de las zonas céntricas de las ciudades norteamericanas sobre la que yo escribía a comienzos de los 90 valía sólo para pequeñas áreas, unas pocas cuadras o manzanas en el centro de Los Ángeles, por ejemplo. Si [el exalcalde de Nueva York] Giuliani llegara a ser presidente, nos acercaríamos a la idea de una vigilancia y control totales en los centros urbanos, pero Londres anda al menos una o dos generaciones por delante de los Estados Unidos. Dicho esto, las bases están sentadas en los EEUU: las autopistas tienen ahora sistemas de vigilancia que controlan el tráfico. Pero a mí me resulta chocante Londres en varios respectos. Yo, por ejemplo, no tenía la menor idea hasta que llegué ahora aquí de que los billetes del metro suburbano se usan para controlar y acumular datos. En los Estados Unidos las cosas han ido por otro lado. Evidentemente, en cualquier transacción económica que hagas por Internet, los datos terminan siendo transferidos o vendidos por razones de marketing. Yo creo que el sistema político norteamericano es probablemente el más avanzado del mundo en ese sentido, en el uso de datos de marketing para identificar a las gentes y transmitir mensajes políticos. También son mucho mayores el presupuesto y el esfuerzo que se está realizando en los EEUU. Para darle un ejemplo de cómo funciona: la administración Bush quiere programas de trabajo inmigrado para satisfacer las necesidades laborales de sectores económicos cruciales como la agroindustria. Pero hete aquí que le ha ofuscado la revuelta de las bases republicanas contra los demócratas. Una de las cosas que piden es la construcción de un muro a lo largo de toda la extensión de la frontera mexicana, y el Congreso lo autorizó parcialmente, aun cuando la propia gente que trabaja en el control y la vigilancia fronterizos se desternillan de risa, porque esos muros serían completamente ineficaces: bardas metálicas de 12 pies de alto que cualquiera puede saltar. Están trabajando en algo completamente distinto: una frontera virtual, más parecida al control virtual que ahora existe alrededor del barrio financiero de Londres. Tienen que dar carnaza a los conservadores de los barrios residenciales, que querrían un muro físico estilo Berlín, ya que sólo una cosa así les da la sensación de control fronterizo. Sin embargo, el control real sobre los movimientos de la gente no precisa tanto de esos muros, cuanto de tecnología. Es ésa una esfera en la que creo que los EEUU están más avanzados en punto a crear una sociedad de vigilancia total. Perry, el gobernador de Texas, ha autorizado la instalación de cámaras en áreas fronterizas de tránsito habitual, cuyas filmaciones pueden verse en directo desde Internet. Así, ha creado vigilantes virtuales. Quien quiera, puede perder el tiempo mirando un desierto, y si de repente ve en pantalla a un mexicano cruzándolo, puede llamar a un teléfono de alguna oficina del Estado de Texas, que alertará a la patrulla de control fronterizo.

De este modo, Internet se convierte en una amenaza para la libertad, porque puede contribuir a que todos nos convirtamos en vigilantes, en opresores, en cárcel de los otros: todos somos ahora carceleros que miran los movimientos de los demás. Es una idea tremenda, y los derechistas la acarician, les gusta poder jugar algún papel en el control policíaco de la inmigración y de la sociedad. En cierto sentido, todos quieren llevar una placa de poli en la solapa.

Hace poco que han puesto en Los Ángeles pantallas digitales en las autopistas para dar informaciones de tráfico, aunque estamos lejos de Europa en este punto. Ahora las usan para dar alertas de secuestros, etc. El problema de instalar muchos aparatos de esos en los EEUU, y en particular, en el interior de las ciudades, es que no sobrevivirían un solo día. De uno u otro modo, tendrían que acorazar, fortificar y proteger las cámaras de vigilancia. El grado de vandalismo en las ciudades norteamericanas es tanto y tan intenso... Una vez calculé la cantidad de graffiti por metro cuadrado en Los Ángeles y entrevisté a los que trabajaban limpiando esos graffiti. Una mañana, me encontré con el interior de mi buzón de correo lleno de pintadas. Con tantos muchachos entregados al vandalismo, a los graffiti, etc, puedes poner cámaras, pero su destino es ser rotas y derribadas. Puede funcionar con las clases medias; puede funcionar en los frondosos barrios residenciales de Santon o en las zonas blancas de Johannesburgo, pero cuando empiezas a poner cámaras de vigilancia en el corazón de los ghettos norteamericanos, tienes que destinar un policía frente a cada una de ellas. Esa es una de las contradicciones de la sociedad de la vigilancia. Las cámaras de vigilancia televisiva no están tan avanzadas en los EEUU como en Europa. La gente se siente más segura en los EEUU con policía privada.

¿Por qué no son objeto de vandalismo las cámaras en Londres?

Eso me pregunto yo también. A mí me parece que es necesario hacer propaganda y luchar a favor de la idea de una insurrección universal contra el Estado de la vigilancia, contra la erosión de las libertades civiles. Es necesario animar a la gente y buscar cualquier vía posible de resistencia, subversión y destrucción del aparato de vigilancia y control. Obvio es decirlo: millones de adolescentes hacen eso a diario. Kevin Lynch escribió un libro sobre vandalismo; estaba muy interesado en el vandalismo como proceso urbano, en todo tipo de vandalismo. Lo estudió en los 70, en parte para entender cómo podrían combatirlo los arquitectos, y en parte, porque estaba interesado en su lógica. Pensaba que cualquier cosa en la que anduvieran implicados las gentes y el medio ambiente construido, incluida destrucción del mismo, era buena cosa. Queriendo generar una teoría de la arquitectura o del urbanismo participativos, el vandalismo le parecía la forma más común y popular de participar en el medio ambiente construido, rebelándose contra su deshumanización, en polígonos de vivienda pública para la clase obrera de las ciudades norteamericanas, etc.

Creo que necesitamos una estrategia de apoyo mutuo; deberíamos cometer actos de vandalismo y de subversión del Estado de vigilancia y contra la clase media que lo apoya. Destruir los símbolos de respuesta armada que esas gentes colocan en sus jardines les amedrenta ... No es que esa respuesta armada sea real o creíble, pero esas gente ganan muchísima confianza con la exhibición de su símbolo. Si se les arranca, tenderán a pensar que todas las fuerzas podrían llegar a movilizarse contra ellos, y que el día menos pensado podrían terminar por asesinarles. Yo empecé destruyendo las figuritas de jardín, tan características del segregacionismo y del racismo norteamericanos. Son esculturitas que representan negros vestidos de librea plantados en sus jardines cual si de flamencos rosas se tratara; son muy populares entre los nostálgicos del viejo orden racista, cuando todos los negros eran criados o esclavos. Cuando regresé a Los Ángeles a fines de los ochenta descubrí que había unas cuantas figuritas de esas en las casas de Beverly Hills. Necesitamos aplicar contra eso toda la energía creativa de la juventud: encontrar formas de devolver los golpes, de subvertir a la sociedad de la vigilancia.

Respecto de tu pregunta central, no tengo respuesta alguna. Yo viví en Londres en los ochenta; fui muy infeliz y era muy pobre, pero tuve grandes momentos de inspiración. Estuve en Fleet Steet en la batalla campal contra la Fortaleza de Murdoch, junto con los trabajadores de imprenta que luchaban cada noche a brazo partido contra los polis... Una cosa maravillosa. Un derroche tremendo de energía urbana. Ahora, al volver a Londres, me siento apabullado por el espectáculo de complacencia y resignación de la gente.

Sin embargo Londres es un sitio por el que pasa mucha gente... Los inmigrantes vienen a trabajar, los estudiantes, a estudiar; hay un flujo constante de entradas y salidas. Nos preguntábamos si eso tiene que ver con esta complacencia, o si, en cambio, ofrece posibilidades de resistencia.

Sí, ofrece posibilidades. Aunque los inmigrantes actuales son tan radicalmente vulnerables en Londres como en los EEUU. El otro día di una charla en la que intentaba explicar lo difícil que resulta encontrar un momento de la historia de Norteamérica en que los inmigrantes (incluidos los legales) hayan sido tan vulnerables como ahora. La posición de la Administración Bush es que ni siquiera los inmigrantes legales gozan de la cobertura de la Ley Fundamental Norteamericana de Derechos. Careces de habeas corpus, de las libertades anglosajonas, etc. El año pasado hubo gigantescas protestas a favor de los derechos de los inmigrates en los EEUU, manifestaciones en las que se expresaba la ansiedad existencial de las gentes, la exigencia del reconocimiento de su derecho a gozar de sus derechos constitucionales. Por otra parte, la lógica de eso en Londres es clara: más que Nueva York, Londres es ahora el ultimo tablero de juego de los ricos. Los milmillonarios rusos vienen aquí, no van a Nueva York. Se hace todo lo posible para garantizar que este es ahora el ultimo refugio seguro para depositar tu dinero. En uno u otro grado, Londres ha jugado siempre este papel, aunque solía considerarse que la ciudad de Nueva York era el ultimo refugio. Londres ha venido desafiando con mucha agresividad esa idea, y es irónico que esa agresión haya sido suscitada por las políticas de[l alcalde de izquierda laborista] Ken Livingston.

En su conferencia en el RIBA, hablando de medio ambiente, dijo que las ciudades son la única solución viable para el futuro. Podría explicárnoslo?

Inevitablemente, el mundo se convertirá en un lugar en el que al menos dos terceras partes de la población vivirán en ciudades. Desearía poder creer en las tradicionales ideas de Kropotkin de un regreso a la mutua ayuda en el campo... por eso creo que tenemos que desempolvar ese magnífico diálogo entre anarquistas y socialistas que se dio entre 1880 y la década de los 30 del siglo pasado. Las ciudades son la única forma de cuadrar el circulo entre las exigencias de igualdad de la humanidad y un nivel decente de vida en un planeta sostenible. El sustituto de un consumo privado o individual más y más intensificado no puede ser otro que el lujo público que ofrece la ciudad.  A mí me han influido mucho las ideas constructivistas de la Rusia de los años veinte. Los constructivistas tuvieron que enfrentarse con el hecho de  Rusia no tenía capacidad para construir casas espléndidas para la clase trabajadora, y quisieron compensar esa carencia con la creación de los mas bellos y utópicos espacios públicos. Cada fabrica tendría un buen centro deportivo, un cine o una biblioteca. El espacio público no se limita a satisfacer las mismas necesidades; produce y satisface también otras. Una cosa es estar solo en casa descargando pornografía de Internet, y otra muy distinta ser un joven en una plaza o espacio público rodeado de gente de la misma edad, abierto a  todas las posibilidades que eso ofrece...

En substancia: la ciudad es la economía de escala: genera una relación de superlativa suficiencia entre los humanos y la naturaleza. Genera una riqueza pública o social que no sólo viene a substituir el consumo o la riqueza privada, sino que proporciona también la base de  necesidades que no pueden existir, ni menos ser satisfechas bajo el capitalismo. Si a la gente se le diera a elegir entre toda la pornografía que uno es capaz de tragarse en toda su vida y el coqueteo con las gente en unos grandes baños públicos, ¿qué elegiría? Ése es el genio de la ciudad. Patrick Geddes, el gran urbanista de Edimburgo y amigo de Kropotkin, fue el primero en percatarse cabalmente de que, dada la dependencia que tiene la ciudad, con toda su vulnerabilidad, respecto de su Hinterland, resulta clave el que la densidad urbana venga en sostén de la preservación del espacio público y preste un servicio a la naturaleza. Fue él quien primero meditó con hondura sobre las políticas de infraestructura y de reciclaje, sobre la necesidad de no exportar desperdicios río abajo, sobre la sostenibilidad... El primero que puso todo eso en cierta relación con la justicia social. Fue quién viajó a la India con el ejército británico para indagar sobre los sistemas de saneamiento allí existentes. Pensaba que los indios habían resuelto sus problemas: saben –decía— lo que tienen que hacer con su mierda; sois vosotros los que habéis generado un problema, al pretender que se la lleve el agua. Hay una conexión directa entre Geddes y Kropotkin y toda una tradición anarquista, parcialmente olvidada, de reflexión sobre el espacio urbano autogestionado, sobre las ciudades autogobernadas y sobre el modo de funcionamiento medioambiental de las ciudades. No hay otra solución posible. Comerciar con créditos de emisiones de carbono a través del mercado no salvará la Tierra. Sí lo hará la construcción de ciudades que sean verdaderas ciudades en el sentido más profundo de la palabra. Lo hará la creación de una igualdad de goce y lujo público. Y el reconocimiento de que el consumo se ha convertido en una patología galopante que nos envenena a nosotros y a nuestros hijos.

En 1934 se puso fin a la discusión y al pensamiento libre sobre un urbanismo alternativo en el que se contemplaba un arco de posibilidades que iban desde el abandono de las ciudades para regresar a la ayuda mutua rural, hasta, en algunos casos –en la Unión Soviética—, visiones de superciudades y aun de hiperciudades.  Hay una enorme y rica vena de pensamiento utópico creativo sobre urbanismo que precisa ser rescatada y revivida. No puede ser sólo producto de pensadores y planificadores, de proyectos y estudios financiados por gobiernos, sino que de lo que se trata es, también, de captar la actividad individual de los habitantes de la urbe y de los pobres, de todos y cada uno.

Hablando de los provos en Amsterdam, de los situacionistas, etc... el problema a menudo es la creación de usos del espacio público por parte de grupos de vanguardia, de gente que trata de reclamar y mantener estilos de vida bohemios tradicionales: refugiados, okupas, artistas... Inopinadamente y sin advertirlo, terminan haciéndoles el trabajo a promotores y a los agentes de los mercados de bienes raíces. En Los Ángeles, a pesar de toneladas de dinero arrojadas al centro de la ciudad –Los Ángeles tiene uno de los centros urbanos mas inhumanos del mundo—, no se logró la gentrificación. El cambio se produjo sólo cuando mis estudiantes de arquitectura y los artistas muertos de hambre que querían vivir junto a gentes sin hogar empezaron a trasladar allí sus estudios. Se llegó a un punto en el que se empezaron a espacios que se pusieron de moda: comenzaron a abrirse bares y restaurantes, exactamente igual que en el Lower East Side de Nueva York o en el SOHO de Londres. Los precios se dispararon, toda esa gente fue expelida, y vinieron los yuppies, los cuales terminaron a su vez por ser desplazados por tipos aún más ricos.  Este es un problema real, porque cuando una red o una comunidad de jóvenes creativos trata de vivir en la ciudad de un modo diferente, pueden terminar convirtiéndose inopinada e involuntariamente en una especie infantería.

Los reformistas no tienen nada que decir al respecto. No hay, en absoluto, gobierno reformista en parte alguna que pueda enfrentarse a los graves y capitales problemas suscitados por la desigualdad urbana, porque no entrará por uvas en asuntos como el valor de la propiedad inmobiliaria, la inflación de los bienes raíces, etc. Hasta que no empiezas a hablar de confiscar el valor doloso de los terrenos o de socializar el territorio o de implantar sistemas de compra de protección oficial, no puedes controlar la ciudad ni conseguir una igualdad real en ella.

Mike Davis es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO. Traducidos recientemente al castellano: su libro sobre la amenaza de la gripe aviar (El monstruo llama a nuestra puerta, trad. María Julia Bertomeu, Ediciones El Viejo Topo, Barcelona, 2006), su libro sobre las Ciudades muertas (trad. Dina Khorasane, Marta Malo de Molina, Tatiana de la O y Mónica Cifuentes Zaro, Editorial Traficantes de sueños, Madrid, 2007) y su libro Los holocaustos de la era victoriana tardía (Universidad de Valencia, Valencia, 2007).

Traducción para www.sinpermiso.info: Marta Domènech

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occupiedlondon, 20 de marzo de 2007