Un documento alemán pide un comisario para Grecia. Rafael Poch · · · · ·
 
   
Un documento alemán pide un comisario para Grecia
Rafael Poch · · · · ·
 
29/01/12
 


Alemania, que llegó de los últimos al gran desmonte del pacto social de posguerra, está en la vanguardia del involutivo cambio de régimen que la austeridad impone.

Alemania quiere que Grecia ceda lo poco que le queda de su soberanía financiera a un "eurocomisario" como condición para otorgarle una segunda ayuda de 130.000 millones de euros, informa hoy el "Financial Times" desde Bruselas.

En vísperas de la cumbre sobre la eurocrisis del próximo lunes, el diario cita un documento del gobierno de Berlín en su poder.

El eurocomisario tendría poder para supervisar, "los mayores capítulos del gasto" público griego, señala el documento.

El jueves, mientras Angela Merkel recibía a Mariano Rajoy en Berlín, el elocuente jefe del grupo parlamentario de la Unión Cristianodemócrata (CDU), el partido de la canciller, Volker Kauder, ya mencionó la conveniencia de lo apuntado en el documento divulgado por el "Financial Times": sustituir al gobierno griego por un "comisario" europeo, y si hiciera falta, "enviar funcionarios alemanes que ayuden en la construcción de una administración financiera que funcione".

Nueva vuelta de tuerca

Kauder lo dijo en una entrevista con Der Spiegel."La presión sobre Grecia debe aumentarse, se les debe dejar bien claro a los griegos que sólo habrá dinero si el país se conduce de manera estricta, si es necesario con un comisario de Estado enviado por la Unión Europea o los estados del euro", dijo.

La posibilidad de enviar a Atenas funcionarios alemanes para que enseñen a los griegos a administrarse, no es de Kauder, sino del ministro de Economía Philipp Rösler, pero aquel la hace suya.

Kauder ya alcanzó notoriedad en noviembre cuando en el congreso de la CDU celebrado en Leipzig se jactó de que "en Europa se habla alemán", entre el aplauso de sus compañeros de partido.

Pocos días después, el ex canciller federal Helmuth Schmidt, un anciano con pedigrí europeísta, calificó aquella declaración de "bravuconería nacional alemana", en un memorable discurso en el que explicó el abecedario de la historia europea a la nueva clase política alemana.

Schmidt advirtió del peligro de disolución que representa para la Unión Europea contraponer centro y periferia con ese tipo de discursos.

Grecia ya tiene un primer ministro no electo por sufragio universal, Lukas Papadimos, que fue impuesto por el eje Berlin-Bruselas, después de que la terapia de choque aplicada por Yorgos Papandreu, centrada en la imposición del durísimo recorte social y en la preservación del interés de los bancos implicados en la deuda helena, agravará aun más la deuda griega.

Papadimos, ex vicepresidente del Banco Central Europeo (BCE), fue colocado en su puesto para profundizar aquella línea. Antes de pasar por Francfort, sede del BCE, Papadimos había sido gobernador del Banco Central Griego, entre 1994 y 2002, etapa de oscuras contabilidades y estrecha relación con la banca inversora Goldman Sachs. Lo que sugiere el documento del gobierno alemán, hoy desvelado, sea cual sea su alcance, es un movimiento más de tuerca de la misma política que asfixia a la sociedad griega, especialmente a las clases medias y bajas de aquel país. Pero su lógica profunda es el cambio de régimen y trasciende a Grecia.

Cambio de régimen
"Cambio de régimen" ("regime change"), el cambio de un régimen por otro, solía ser un concepto asociado a los proyectos de los halcones imperiales de Estados Unidos en sus pulsos militares con diversos regímenes adversarios o independientes de todo el mundo. Históricamente es un concepto de amplia tradición europea, tanto en la época colonial, como después de la descolonización. Agitado por Alemania, el concepto asoma ahora desde centro de la Unión Europea, aplicado a los países de su periferia. El resultado es una devaluación democrática, algunos de cuyos significativos movimientos se están produciendo ahora con la manifiesta pérdida de soberanía que se vive en cinco países de la eurozona (y en muchos países aun más débiles y dependientes del Este de Europa) en nombre de una "democracia acorde con el mercado".

Ese concepto ("Marktkonforme Demokratie") lo acuñó Angela Merkel el uno de septiembre en una entrevista con la emisora pública alemana Deutschlandfunk. Dijo que, "vivimos en una democracia parlamentaria y, por tanto la confección del presupuesto es un derecho básico del Parlamento, pese a ello vamos a encontrar vías para transformarla de tal manera que pueda concordar con el mercado".

Desde entonces el concepto de "democracia acorde con el mercado" triunfa en Alemania. Ha sido declarado tercera "palabra del año" por una iniciativa de la Sociedad de la Lengua Alemana (GfdS), que ha recordado críticamente que, "la democracia es una norma absoluta incompatible con cualquier conformidad". En la página electrónica del SPD, el partido socialdemócrata alemán, se lee que tal concepto, "sólo significa que ya no son los ciudadanos quienes deben determinar las cosas como electores, sino los especuladores, los mercados financieros, los hedge funds y los bancos".

La "Marktkonforme Demokratie" es un concepto alemán para el cambio de régimen, pues, por la via del "pacto fiscal" y de la "regla de oro" (el tope de gasto elevado a precepto constitucional), el dogma neoliberal se hace ley fundamental. Cualquier política neokeynesiana que aspire a dar al Estado un papel financiero activo queda prohibida por la constitución.

Es un peldaño importante, un remate, de lo que el nuevo libro del ilustre historiador catalán Josep Fontana, "Por el bien del Imperio", explica que comenzó a urdirse a finales de los años setenta, cuando comenzó, primero en Estados Unidos y luego en el Reino Unido, el desmonte del pacto social de posguerra que está en la identidad de la "Europa social".

Alemania que llegó tarde a ese proceso –lo comenzó a abrazar después de la reunificación de 1990, muerta la RDA que tanto inspiró al capitalismo social de su "Modell Deutschland"- es ahora la abanderada de algo parecido a un cambio de régimen en Europa. Sus consecuencias son imprevisibles: tanto un rebelde 1848, como un regreso a la Europa parda y ultraderechista de 1930.

 

Rafael Poch, amigo y colaborador de SinPermiso, es el corresponsal en Berlín del diario barcelonés La Vanguardia.

La Vanguardia, 28 de enero de 2012