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Izquierda latinoamericana: las grandes alamedas
José Luis Fiori · · · · ·
 
10/12/06
 

 

Artículo en homenaje a Eduardo Kugelman, gran amigo y compañero de Santiago de Chile, profesor de la Universidad de San Pablo, fallecido el pasado 14 de noviembre de 2006.

“Sigan ustedes sabiendo que, mucho más temprano que tarde, de nuevo se abrirán la grandes alamedas por donde pase el hombre libre, para construir una sociedad mejor”      Salvador Allende, Último Discurso, 11 de septiembre de 1973

El filósofo francés Michel Foucault comienza su libro sobre Las palabras y las cosas citando una “clasificación de animales” de una enciclopedia china descubierta por Borges y que parece, a primera vista, muy divertida. Para los chinos los animales se dividirían en “a) pertenecientes al emperador, b) embalsamados, c) domesticados, d) lechones, e) sirenas, f) fabulosos, g) canes en libertad, h) que se agitan como locos, i) innumerables, j) que acaban de quebrar el cascarón, k) que de lejos se parecen moscas, l) et cetera, ll) incluidos en la presente clasificación, m) diseñados con un pincel muy fino de pelo de camello”. En realidad, un ejercicio lógico de construcción de un concepto y de una identidad, en un determinado momento del milenario conocimiento biológico chino. Lo extraño, casi divertido es percibir la semejanza que existe entre esta lista milenaria de animales y las clasificaciones recientes de la izquierda latinoamericana hechas por los conservadores. Durante la Guerra Fría, la izquierda fue considerada una fuerza política cohesionada, y una amenaza homogénea.  Pero ahora, según los conservadores, las subdivisiones y clasificaciones internas son tantas y tan confusas que recuerdan a la clasificación de los animales chinos. En el inicio sólo se distinguían los “normales” y “equilibrados”, los nacionalistas y populistas, pero ahora el cuadro se complicó, y ya se habla normalmente de izquierdistas “a) moderados, b) radicales, c) del bien, d) del mal, e) demagógicos, f) refundacionistas, g) etno-sociales, h) modernos, i) petardistas, j) anacrónicos, k) autoritarios, l) posmodernos, ll) nacional-populares, m) pragmáticos, n) nacional-desarrollistas, o) rabiosos, p) narcisistas, q) histriónicos, r) prehistóricos, y hasta s) nazi-fascistas”. En el caso de la Enciclopedia china, la confusión puede ser atribuida a la biología de la época. Aunque en el caso de la izquierda latinoamericana, y de su victoria electoral en este año, 2006, es harto improbable que la culpa recaiga solo en la ciencia política.

Es perfectamente comprensible que a algunos les disguste lo que está pasando. Sin embargo, el observador menos atento y objetivo se percata de que está en curso un cambio importante en América Latina; un cambio en relación con a la historia de la propia izquierda y de todos los sistemas políticos del continente. Basta recordar que en este inicio de siglo XXI todas las victorias de la izquierda fueron democráticas y masivas, por mayorías contundentes y con el apoyo activo de poblaciones que estuvieron hasta hoy aisladas y “recluidas”; en las montañas indígenas, en el submundo urbano, y en los bolsones del atraso y de la dominación coronelista.

Todo esto luego de 20 años de dictaduras militares de derecha en casi todo el continente, y tras más de 10 años de gobiernos neoliberales. Frente a ello, lo que se destaca como denominador común de esta nueva ola de izquierda en América Latina es sin ninguna duda la voluntad masiva de cambiar, la voluntad de no retroceder, aun cuando todavía no estén claras las ideas y los caminos inmediatos del futuro. La izquierda latinoamericana gobernó muy poco durante el siglo XX, y en la hora de su victoria, en el inicio del siglo XXI, los socialistas y la socialdemocracia europea están viviendo una profunda crisis de identidad. Por eso lo que sorprende en este momento no es la imprecisión de las ideas y de los proyectos políticos inmediatos de los gobiernos electos, sino su unidad en torno de un gran proyecto central: cambiar definitivamente el rumbo elitista, racista y subalterno de la historia latinoamericana. Esta novedad histórica exige un renovado esfuerzo teórico, porque ya no caben los conceptos clásicos de la sociología latinoamericana, que se transforman en jergas, como es el caso, por ejemplo, del “populismo”, que quiere decir todo y no significa nada.

En 1944, el historiador y economista austriaco Karl Polanyi publicó en los Estados Unidos una obra clásica sobre la formación y la expansión de la “civilización liberal” en el siglo XIX, y sobre sus crisis y guerras en el siglo XX. Según Polanyi, las economías y sociedades liberales son movidas por dos fuerzas simultáneas y contradictorias, materiales y sociales. La primera sería de naturaleza “liberal-internacionalizante” y empujaría a las economías nacionales en el sentido de la mundialización y de la universalización de los mercados “autoregulados”. Y la segunda, actuaría en sentido opuesto, como “autoprotección social y nacional” , funcionando como una reacción defensiva de las sociedades frente a los efectos destructivos de los mercados autoregulados, a los que llamó “molinos satánicos”. En el caso de los países europeos, particularmente en el siglo XX, estos dos movimientos de autoprotección –nacional y social– convergirían bajo la presión externa de las dos Grandes Guerras Mundiales, de la crisis económica de la década de 1930, y después, de la propia Guerra Fría. Polanyi sostiene que fue esta convergencia la que hizo posible, después de 1945, el éxito de las políticas de crecimiento económico, pleno empleo y bienestar social, consideradas heréticas desde la perspectiva de la “era de oro” de la “civilización liberal”, entre 1810 y 1911. Aunque fuera de Europa y los Estados Unidos, en particular en América Latina, lo cierto es que este “doble movimiento” nunca se dio de manera convergente, por lo menos hasta el final del siglo XX (1).

Karl Polanyi no previó la posibilidad de una  “restauración liberal conservadora” de los mercados autoregulados, como la que iba a darse a partir de 1980. El caso es que, en este arraque del siglo XXI, se multiplican por doquier las señales de una nueva reversión o “gran transformación” –nacional y social– provocada por las desregulaciones masivas de los mercados en las últimas décadas del siglo XX y por el impacto destructivo de las mismas en el mundo del trabajo y en la distribución de la riqueza entre las clases y las naciones. La gran novedad de esta época es que, esta vez, la reacción social y nacional está comenzando por América Latina: gracias a la “globalización”, mira por dónde. Y todavía más: esta vez -al contrario de lo ocurrido en Europa y los Estados Unidos– la convergencia de las dos fuerzas de que habló Polanyi, no viene desencadenada por una guerra, y el movimiento de “autoprotección” va de lo social a lo nacional y de “abajo” hacia  “arriba”. En forma de un gigantesco movimiento democrático a favor de más justicia en la distribución nacional e internacional de los derechos, del poder y de la riqueza.

Nota: l) Polanyi, Karl (1886-1964), La Gran Transformación, México, Madrid, Fondo de Cultura Económica, 1992.

José Luis Fiori, profesor de ciencia política en la Universidad estatal de Río de Janeiro, es miembro del Consejo Editorial de SINPERMISO

Traducción para www.sinpermiso.info: Carlos Abel Suárez

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www.sinpermiso.info, 10 diciembre 2006