Irán: Evaluando los costes de la intervención en Siria

Yassamine Mather

06/02/2018

Tras las protestas de finales de diciembre y principios de enero en Irán, la cuestión del apoyo de Teherán a Bashar al-Assad y sus intervenciones militares y civiles en Siria e Irak se han convertido en un tema importante de debate. Además, algunos comentaristas iraníes, dentro y fuera de Irán, han planteado la cuestión de si Irán puede llegar a ser "otra Siria”.

En cierto modo, es inevitable que la cuestión se plantee, dadas algunas de las consignas de las protestas. La intervención militar en Siria, cuando el gobierno iraní afirma que no puede pagar los servicios básicos de bienestar de sus propios ciudadanos, es profundamente impopular. También existe el temor de que un cambio de régimen al estilo estadounidense, lejos de traer la 'democracia', llevaría al país a la desintegración y el caos.

En los últimos años, el argumento político defendido por todas las facciones del gobierno de Teherán ha sido que si Irán no derrota al Estado islámico en Siria o Irak, los yihadistas suníes llevarían su guerra a Irán. Si bien esto es obviamente exagerado, no se puede negar que los que han financiado al EI, así como apoyado a Al Nusra en Siria, consideran a Irán su principal enemigo. El patrocinio de los yihadistas en Siria e Irak sigue siendo parte de un plan para reducir la influencia de Teherán en la región. Una vez dicho esto, no hay signos de que el Estado Islámico haya dado señales de consolidarse en un país de mayoría chií, donde 30 años de gobierno del Islam político han asegurado que la inmensa mayoría de la oposición al régimen teocrático se encuentra entre la juventud secularizada.

Poco después de las recientes protestas, el corresponsal en Oriente Próximo de la BBC persa, Mehrdad Farahmand, escribió un artículo titulado “¿Puede convertirse en Irán en otra Siria?”, en el que sostenía que este escenario es posible. No me convencen los argumentos que invoca - de hecho creo que son, precisamente, las constantes referencias a esa posibilidad, y el posterior desastre que conllevaría para Irán, lo que ha mantenido a los gobernantes corruptos de la República Islámica en el poder. Sin embargo, los argumentos son dignos de debate.

Farahmand desestima el argumento de sectores de la oposición de que los iraníes rechazar la violencia. En su lugar, nos recuerda que en otras circunstancias tanto los que están en el poder como aquellos que se han súper enriquecido como resultado de sus lazos con la República Islámica, han recurrido a una salvaje opresión. También sostiene que la oposición armada al Estado chiita no tiene necesariamente que adoptar la forma del Estado islámico - otros grupos nacionales o religiosas podrían ocupar su lugar. Una vez más, aunque no se pueda descartar por completo el argumento aludido, hasta ahora, a pesar de la verdadera indignación y odio demostrado contra el régimen de Teherán, no hay señales de que estemos presenciando el comienzo de una guerra civil.

Las violentas protestas de diciembre y enero han sido en realidad la excepción a la regla, a pesar de que tienen mucho que ver con el actual equilibrio de fuerzas: los partidarios del régimen están armados y organizados, mientras que la oposición no lo está. Muy pocos se prestarían voluntarios a participar en un enfrentamiento tan desigual. Sin embargo, la administración del presidente Donald Trump amenaza constantemente con denunciar el acuerdo nuclear de 2015 y, si esto ocurre e impone nuevas sanciones contra Irán, ello podría alentar a los sectores más duros del gobierno chiíta y la Guardia Revolucionaria a hacer 'algo estúpido', como atacar buques de la marina de Estados Unidos en el Golfo Pérsico. Esto ofrecería una excusa para que tanto los Estados Unidos como Israel atacasen con misiles balísticos las bases nucleares de Irán.

Mientras que las fuerzas militares del régimen y los grupos armados civiles asociados, como la Guardia Revolucionaria, los temidos Bassij, se ven obligados a centrar su atención en el enemigo extranjero, un gobierno asediado, debilitado por las recientes protestas, sería menos capaz de suprimir a la oposición y, en tales circunstancias, pudiera producirse una escalada de la violencia por ambos lados: una potencial guerra civil.

Tengo que insistir que estamos muy lejos de ese escenario por el momento y parece que una combinación de dos factores retrasará tal situación:

1. Hasta ahora, los aliados de Estados Unidos han frenado los planes de Trump para el inicio de una nueva confrontación con Irán en el Próximo Oriente. El representante de Estados Unidos en las Naciones Unidas - la no tan brillante neocristiana sionista, Nikki Haley - ha sido humillado más de una vez por el Consejo de Seguridad y la Asamblea General en votaciones sobre denuncias de la represión del gobierno iraní de las protestas. En el Consejo de Seguridad, además de sus adversarios tradicionales como Rusia y China, los aliados de EE UU, como Francia y Suecia, han advirtió contra la “instrumentalización” de las protestas “desde el exterior”. (1)

2. Las diversas facciones del gobierno islámico en Teherán -incluyendo los elementos más conservadores, que son los principales beneficiarios de la desigual distribución del capital y la riqueza en Irán- es poco probable que desencadenen un ataque a la marina de Estados Unidos o autoricen a sus aliados en el Líbano a llevar a cabo operaciones militares que pongan en peligro la supervivencia del régimen.

En este sentido, a pesar de todas sus consignas anti-occidentales, no hay nada 'radical' en ninguna de las facciones régimen de Teherán. Sus intereses económicos comunes y el miedo a las masas garantizan que, al final, serán aliados políticos. Las recientes protestas les han unido más que nunca, dado el nivel de odio al que se enfrentan por parte de la mayoría de los iraníes.

'Reconstrucción'

Hay otro aspecto de la participación de Irán en Siria. En los últimos meses, sectores del régimen han prometido a sus seguidores que, después de todo la lucha, la pérdida de vidas y el gasto militar provocados por el conflicto sirio, la economía de Irán comenzará a beneficiarse del comercio y la reconstrucción “post-bélica" en Siria . (Muchos dirán que, dado el fracaso de una nueva ronda de conversaciones de paz a finales de enero, la intervención militar de Turquía en Afrin y la perspectiva de que Assad permanezca en el poder, es prematuro hablar de Siria en esos términos).

Los sectores propietarios de capital de los Guardianes de la Revolución, con sus principales empresas, han proclamado que Irán se beneficiará de oportunidades económicas lucrativas que acompañaran la 'reconstrucción' de Siria. Fuentes libanesas han citado en el pasado a Assad diciendo que no permitirá a las empresas occidentales participar en ninguno de los proyectos que actualmente se están considerando (aunque sin duda las compañías occidentales, en todo caso, tienen reservas a invertir en un país desgarrado por la guerra en un momento de incertidumbre económica).

Al parecer, hay incluso un departamento llamado 'Sede para el Desarrollo y la Cooperación con Siria' en la Cámara de Comercio de Irán. Irán actualmente es un importante exportador a Siria de todo tipo de productos, desde harina a medicinas, pasando por productos lácteos o sueros antibióticos. En 2017, las empresas privadas iraníes, junto con empresas semi-privadas vinculadas a la Guardia Revolucionaria, firmaron una serie de acuerdos para reconstruir las redes telefónicas, las minas y las centrales eléctricas en varias ciudades de Siria, incluyendo Alepo y Homs. Según varios sitios web iraníes, la exportación de cemento a Siria ya está aumentando, por ejemplo.

Sin embargo, cuando se trata de lo que se denomina el 'Plan Marshall para la reconstrucción de Siria', los rusos tienen la sartén por el mango. Hace dos semanas el sitio web Tabnak , (2) que se asocia con el ex candidato presidencial iraní Mohsen Rezaee (cuyos intereses económicos están ligados a su participación en la Guardia Revolucionaria), eliminaron los avisos de licitaciones para las empresas iraníes de contratos de reconstrucción en Siria. La medida coincidió con la reunión del presidente Vladimir Putin con Assad y dio lugar a rumores de que las compañías iraníes, después de todo, no conseguirían su parte de estos contratos de “reconstrucción”. Antes de ello había esperanzas de que los intereses petroleros iraníes podrían beneficiarse de la construcción de una refinería en Siria.

Según la revista Foreign Policy, de noviembre de 2016, Damasco se comprometió a dar prioridad a Moscú en la adjudicación de estos contratos. (3) Un par de firmas de energía vinculadas con el Kremlin ya han empezado a hacer negocios en los sectores del petróleo, gas y minería en las áreas donde se ha expulsado al Estado Islámico. Los dos países están considerando incluso la creación de un nuevo banco mixto para facilitar dichas transacciones.

La revista añade que el coste total de la reconstrucción en Siria se cifra entre 200 mil millones y 350 mil millones de dólares, dependiendo de las estimación. Además de Rusia, China, Corea del Norte e incluso Brasil parecen estar beneficiándose de los contratos. En esta lucha por los lucrativos acuerdos comerciales, no está claro qué papel puede jugar Irán. Aquellos sectores del régimen que justificaron el coste político y económico de la intervención en Siria con la promesa de beneficios económicos a largo plazo se enfrentan a muchas preguntas.

Notas

1. www.nytimes.com/2018/01/05/world/middleeast/un-iran-protests-debate.html

2. www.tabnak.ir

3. http://foreignpolicy.com/2017/10/20/syrian-reconstruction-spells-juicy-c...

es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña "Fuera las manos del Pueblo de Irán" (HOPI).
Fuente:
https://weeklyworker.co.uk/worker/1188/counting-the-costs/
Traducción:
Enrique García
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