Irán: Explosión social. Dossier

Yassamine Mather

Amir Ahmadi Arian

Reza Fiyouzat

06/01/2018

La explosión social que está teniendo lugar en Irán, resultado directo de las políticas económicas neoliberales del gobierno reformista de Rouhani –que fue reelegido con el 70% de los votos en mayo de 2017- ha vuelto a cuestionar la estabilidad del régimen islámico. A pesar, pero consecuencia, de sus victorias en Siria e Irak en su larga disputa por la hegemonía regional en Oriente Próximo con Arabia Saudí –que también atraviesa su peculiar crisis política-, cuando se acerca la necesaria sucesión del Guía de la revolución, el ayatolá Jamenei, y se cuestiona la reinserción del régimen en el sistema político internacional por las críticas de Trump al acuerdo nuclear, el régimen islámico pierde una parte sustancial del apoyo social de los “mostazafin”, los desheredados, supuestos beneficiarios de la revolución de 1979.

Las manifestaciones contra la política económica del sector reformista han provocado al mismo tiempo un recrudecimiento de la lucha interna de la oligarquía teocrática que gobierna Irán. Utilizando las redes del clero chiita más conservador y las de la guardia pretoriana del régimen -los Pasdaran-, el sector fundamentalista, derrotado electoralmente en mayo, ha empezado a organizar una serie de contramanifestaciones, que serán seguidas, sin duda, de una cruel ola represiva, y de una purga del sector reformista que controla el gobierno. Pero por el momento, son las masivas protestas del hambre las que ocupan el primer plano.

Seguiremos atentamente la evolución de los acontecimientos internos en Irán, y sus consecuencias en la región, en las próximas semanas. SP

 

Las protestas del hambre

Yassamina Mather

Han corrido una considerable cantidad de noticias falsas sobre las manifestaciones que comenzaron en Mashad y otras ciudades de la provincia de Jorasán el 28 de diciembre de 2017. Estas manifestaciones han continuado, cinco días más tarde en Teherán, así como en muchos otros pueblos y ciudades de todo el país. Los manifestantes están indignados y sin miedo, y sus quejas son razonablemente claras. Lo que comenzó como un estallido de indignación contra la subida de los precios, el desempleo y la pobreza ha evolucionado a consignas más políticas contra la corrupción y contra el dictador, el ayatolá Jamenei.

Los precios de los alimentos básicos se han disparado en las últimas semanas, con un aumento del precio de los huevos de un 40% en cuestión de días. En algunas de las principales ciudades de Irán, los alquileres han aumentado en un 83% en los últimos 3 años. El desempleo masivo es un grave problema - en especial en las provincias en las que surgieron las protestas. La tasa de inflación puede haber caído del 35% durante la presidencia de Mahmud Ahmadineyad, pero se mantiene en niveles insostenibles.

A pesar de estar controlados por las facciones del régimen iraní, la diversidad relativa de los medios de comunicación dentro de Irán ha permitido que la mayoría de los iraníes sean conscientes de, y de hecho estén bien informados, de los multibillonarios escándalos de corrupción en los que todas las facciones del régimen están implicadas. El gobierno Rouhani, los ayatolás asociados con las facciones más conservadoras del régimen y el ex presidente populista Ahmadineyad (que afirmaba ser el defensor de los desheredados) están todos envueltos en la corrupción y la malversación de fondos públicos. Ahmadinejad y sus aliados se enfrentan actualmente a graves cargos penales por corrupción en los tribunales iraníes. Pero el resultado de que las dos facciones del régimen denuncien los soborno y los fraudes de sus oponentes es que los iraníes son cada vez más conscientes de la venalidad de todo el régimen islámico.

Contradiciendo las afirmaciones iniciales de los aliados de Rouhani, las protestas no son parte de una conspiración de las “facciones conservadoras” para desacreditar a su gobierno. En Mashhad y otras ciudades de la provincia de Jorasán, las consignas han tenido como principal objetivo de la mayoría de los manifestantes al ayatolá Jamenei. En los últimos días, las consignas políticas más comunes fueron: 'Marg bar dictador' (¡Muerte al dictador!), 'Jamenei Haya kon mamlekato raha kon' (¡Jamenei deberías avergonzarte - saca tus manos del país!) y la más educada, que exige la dimisión de Jamenei: ¡Seyed Ali (Jamenei), perdónanos. Ahora tenemos que levantarnos!

En la ciudad norteña de Rasht se lanzaron inicialmente consignas contra el primer ministro Rouhani, pero pronto se centraron en el propio dictador. En Teherán, las consignas de los manifestantes estudiantiles han sido mucho más radicales: 'na na eslahtalab ossoul gara' (¡No a los reformistas, no a los conservadores fundamentalistas!); ¡Estudiantes-trabajadores: Unidad! y ¡No quereros elegir entre lo malo y lo peor!

A pesar de todas las reivindicaciones de los grupos exiliados, que reciben un amplio eco en medios como la radio BBC persa (pero, curiosamente, no la BBC TV persa), estas protestas no tienen nada que ver con los monárquicos o con los muyahidin. Siguiendo las consignas de los manifestantes en las redes sociales, es evidente que las consignas pro-Shah sólo han aparecido en casos muy aislados, como en la ciudad religiosa de Ghom. En una ocasión, en Rasht, un grupo en la multitud gritó consignas a favor del Shah, lo que fue acallado por la mayoría con cánticos a favor de una república de Irán (en contraposición a una República Islámica). De hecho, los manifestantes están contrarrestando posibles influencias monárquicas gritando 'na na mir Rahbar, na na Shah Rahbar' (¡Ni reyes, ni Shahs, ni líderes supremos!).

No hay que dar mayor importancia al hecho de que las protestas en Mashad coincidiesen con un llamamiento en televisión a salir a la calle de uno de los pretendientes al trono, Reza Pahlavi. Hace este tipo de llamamientos casi a diario y no tienen mayor eco. No, el catalizador de las manifestaciones es el hambre y el sufrimiento de los iraníes, que hace que los manifestantes griten que es mejor morir que seguir viviendo así.

No hay futuro en el pasado

Sin embargo, valdría la pena recordar a aquellos iraníes que piensan que no había pobreza o hambre bajo el Shah una cita de la emperatriz Farah Diba. Cuando fue informada por sus asesores que la gente común se quejaba de que no podían permitirse el lujo de comprar carne, respondió, como una María Antonieta, que a la nación le vendría bien una temporada de vegetarianismo.

En cuanto a la corrupción, es cierto que la desconfianza del Shah de todo el mundo, incluidos sus ex ministros, implicaba que sólo un limitado círculo de personas cercanas al Shah y la Corte se beneficiaban de los fraudes rampantes del estado. La multiplicidad de facciones en el régimen islámico hace que un grupo mucho mayor de personas y sus familias sean beneficiarios de las riquezas que el capital mundial reserva a los ricos en el Tercer Mundo. Por otra parte, las llamadas ''sanciones selectivas” impuestas por Occidente entre 2007 y 2015 han permitido a sectores de la República Islámica con acceso a los mercados negros domésticos y a divisas extranjeras amasar fortunas astronómicas. Como tal, la República Islámica es en muchos aspectos incluso más corrupta que el Irán del Sha. Pero vivimos tiempos diferentes.

Y la corrupción no es ciertamente una excepción iraní o incluso de los países en desarrollo. Sin embargo, en la mayoría de los otros países, cuando se hartan de sus líderes corruptos pueden elegir a sus rivales políticos. Y aunque en poco tiempo los nuevos gobernantes suelen superar la corrupción de sus predecesores, el proceso al menos proporciona la ilusión de que la población tiene algún tipo de control y puede probar nuevos dirigentes. Pero después de 39 años de estar en el poder, todas las facciones de la República Islámica chapotean en la corrupción, incluso cuando están en la oposición.

En cuanto a la democracia bajo el Shah, fusionó lo que llamó el partido del 'Sí' con el partido 'por supuesto' en una solo: Hezb Rastakhiz. Irán tenía sólo dos diarios, Keyhan y Etelaat. Ambos eran pro-Shah y la falta de facciones de oposición dentro del régimen Garantizaba que no hubiese revelaciones de trapos sucios de los oponentes del Shah.

En relación con la represión, recordemos que las fuerzas de seguridad del Shah, la SAVAK, dispararon contra Catalina Adl, la hija paralizada de su propio médico, mientras estaba sentada en una silla de ruedas, por oponerse a la desigualdad y la injusticia en Irán. Se puede adivinar lo que hacía a los oponentes a los que no conocía.

Algunos iraníes, sin duda arrastrados por los medios de comunicación financiados por saudíes, israelíes y occidentales culpan a las intervenciones de Irán en Siria y Yemen del empeoramiento de la situación económica. Esto ha provocado consignas nacionalistas como ¡No a Gaza, no a Yemen! El régimen no está libre de culpas aquí tampoco: la promoción del general Soleimany como un guerrero y conquistador “iraní” sin duda tiene consecuencias. Sin embargo, los estudiantes y los jóvenes de Teherán han respondido a estas consignas con otras: 'Ham irán, ham ghazeh zahmtkesh taht setame' (¡Los pobres son oprimidos tanto en Gaza como en Irán!).

Mulás capitalistas

Los verdaderos motivos de la pésima situación económica de Irán son más complejos que el gasto en las aventuras militares en Oriente Próximo. La prometida prosperidad económica tras el acuerdo nuclear no se ha materializado y ahora las dudas sobre el futuro del acuerdo - especialmente teniendo en cuenta la abierta oposición de Trump - han provocado la desesperación, sobre todo entre los jóvenes iraníes. En respuesta a los disturbios, Rouhani afirma que la pobreza, el desempleo y la inflación no son exclusivos de Irán. Esto es cierto, pero lo que no menciona es que, a pesar de su retórica anti-occidental, la República Islámica es una ardiente seguidora de la agenda económica neoliberal. El gobierno de tecnócratas de Rouhani es acusado con razón de obedecer los programas de reestructuración del FMI y el Banco Mundial, que es una de las causas que están detrás de la creciente brecha entre ricos y pobres. Esta brecha es reflejo de un gobierno que se esfuerza constantemente para satisfacer las exigencias del capital mundial de reestructuración, supresión de ayudas estatales y privatización. Los subsidios a los alimentos se han recortado drásticamente. La tasa oficial de desempleo (12%) es una broma - la cifra real es mucho mayor, incluso si tenemos en cuenta los bajos salarios y el empleo precario. Nadie tiene seguridad en el empleo, a menos que, por supuesto, se esté asociado con una facción estable del régimen o las fuerzas de seguridad. 

2017 podría pasar a la historia como el año en el que el neoliberalismo se enfrentó a serios desafíos en los países capitalistas avanzados. Pero hasta las recientes protestas, en Irán 2017 fue un año en el que el neoliberalismo iba bien. El Gobierno de Rouhani fue elogiado por sus resultados económicos por el Banco Mundial y el FMI. No puede haber ninguna duda, pues, que esta ola de oposición ha tomado al gobierno completamente por sorpresa. El Ministerio de Información ha hecho patéticos llamamientos a la población para que solicite “permisos para organizar protestas”, que obviamente han sido ignorados, porque nadie cree que el régimen va a permitir este tipo de protestas.

Y ciertamente no permitirá que la clase obrera comience a movilizarse como tal: hay llamamientos a la huelga de los maestros y trabajadores metalúrgicos, pero la realidad es que los 'mulás capitalistas' (como la gente les llama en las calles de Teherán) han logrado diezmar a la clase obrera organizada. Los trabajadores del acero y el petróleo ya no son empleados por las grandes compañías estatales. Los grandes complejos industriales subcontratan cada fase del trabajo a contratistas más pequeños. Como resultado, la organización de huelgas en toda la industria, para no hablar en todo el país (un factor importante en la caída del régimen del Shah) ya no es posible.

Tal y como están las cosas, por lo tanto, las reivindicaciones de los manifestantes son bastante difusas y no hay una única fuerza que organice y coordine, permitiendo una salida alternativa a la lucha. A medida que se desarrollen los acontecimientos, este factor será cada vez más necesario.

Apoyo

Hay tres cosas que podemos hacer para apoyar las protestas en Irán:

1-La solidaridad con los detenidos, apoyo a los familiares de los asesinados por las fuerzas de seguridad y denunciar las medidas represivas del gobierno.

2-Hay que recordar a quienes mantienen ilusiones sobre el régimen anterior que no era mejor que éste y proporcionar ejemplos claros en lugar de repetir consignas o menospreciarlos.

3-Explicar la verdadera naturaleza de la República Islámica de Irán, al tiempo que recordar a esos hipócritas como Trump que “¡es la economía, estúpido!” - el origen de la actual rebelión en Irán es precisamente el modelo económico neoliberal que él y sus aliados están tratando de imponer en todo el mundo.

http://hopoi.org/2018/01/protests-by-impoverished-hungry-iranians/

 

¿Por qué Irán protesta?

Amir Ahmadi Arian

Este es el tercer levantamiento de masas en Irán en mi vida. En julio de 1999, la protesta pacífica de los estudiantes en defensa de la libertad de expresión se extendió hasta convertirse en un levantamiento importante. En junio de 2009, la gente salió a las calles para exigir el recuento de los votos impugnados en las elecciones presidenciales, lo que inició el Movimiento Verde. Ambos fueron movimientos por los derechos civiles, que exigian una mayor flexibilidad y la rendición de cuentas por parte del gobierno. Tuvieron lugar sobre todo en Teherán, y sus participantes fueron la clase media y universitaria. Ambos fueron pacíficos y no violentos, a pesar de la represión.

Los actuales disturbios parecen diferentes. Hasta ahora, la clase media y los que tienen educación superior han sido más testigos que participantes. La no violencia no es un principio sagrado. Las protestas se intensificaron primero en los pequeños pueblos religiosos en todo el país, cuyo apoyo el gobierno da por sentado. Hasta el momento las áreas metropolitanas se han quedado atrás.

Reivindicaciones como la libertad de expresión o los derechos de las mujeres y las minorías religiosas, en su mayor parte han estado ausentes o vagamente implícitas. En uno de las raros vídeos de manifestantes hablando con los medios de comunicación, todos ellos mencionan el desempleo, la inflación y el saqueo de la riqueza nacional: Una mujer pide al presidente Hassan Rouhani que viva sólo con su salario de 300 dólares mensuales; un veterano de la guerra Irán-Irak dice que él se considera entre “los olvidados”; una anciana habla de su marido de 75 años de edad, que trabaja largas horas para llegar a fin de mes. Las consignas son también diferentes en esta ocasión. “¿Dónde está mi voto?” Y “¡Libertad para los presos políticos!” Fueron las más populares en 2009. Ahora han sido reemplazadas por “¡No a la inflación!” Y “¡Abajo los estafadores!” Y “¡Sacar vuestras manos del país, mulás!”.

Las protestas por reivindicaciones económicas no son algo nuevo en Irán: disturbios por la inflación en Islamshahr y Mashad en la década de 1990, huelgas frecuentes de los sindicatos de conductores de autobuses en la década del 2.000, protestas de los maestros por impago de salarios. Esas voces apenas se escucharon. Venían del fondo de la sociedad y fueron sofocadas ya fuese a medio camino por el gobierno o ahogadas por activistas de los derechos civiles con mejor acceso a los medios de comunicación internacionales. Ahora han forzado su camino hasta la superficie y han surgido como un grito imperioso, a nivel nacional, por la justicia y la igualdad.

Desde la revolución de 1979, la política iraní se ha caracterizado por la división entre reformistas y fundamentalistas, los conservadores que dicen defender los principios de la revolución. Durante los levantamientos de 1999 y 2009, los manifestantes disfrutaron del apoyo de los poderosos reformistas. Esta vez, la dicotomía ha sido trascendida. Los manifestantes no quieren el apoyo de nadie relacionado con el status quo, entre ellos del Sr. Rouhani, el presidente reformista. No es de extrañar que prominentes figuras reformistas, incluso Ebrahim Nabavi, un periodista disidente que vive en el exilio, menosprecie a los manifestantes como “la mafia de los comedores de patatas”.

Economistas e intelectuales iraníes han advertido desde hace tiempo de que algo así podría ocurrir. Incluso personalidades relativamente cercanas al gobierno habían dado la señal de alarma. A principios de 2015, Mohsen Renani, profesor de economía en la Universidad de Isfahan, escribió una carta abierta al Consejo de los Guardianes, máximo órgano administrativo de Irán y una de las instituciones más poderosas del país, expresando su profunda preocupación por la creciente inflación y la incompetencia del gobierno. El Sr. Renani predijo que si problemas como el aumento del desempleo no se abordaban en un plazo de dos años, Irán se enfrentaría a una explosión social. Parviz Sedaghat, otro destacado economista político, publicó un artículo justo antes de que estallaran las protestas explicando cómo el sistema económico de Irán ha producido ciudadanos de primera y de segunda clase, y advertía que algunas instituciones gubernamentales se han convertido en conglomerados económicos más potentes que el Estado. Un estudio detallado publicado el mes pasado por el servicio en lengua persa de la BBC demostró la alarmante disminución de los ingresos familiares durante la última década. El presupuesto de austeridad del Sr. Rouhani, presentado al Parlamento el 10 de diciembre, sólo echó gasolina sobre el fuego.

A diferencia de las primeras décadas del Irán posrevolucionario, los ricos ahora ostentan sin remilgos su riqueza. Hasta mediados de la década del 2.000, un pacto de caballeros de los malversadores obligaba a que mantuviesen una apariencia modesta en casa y lavasen su dinero en Dubai y Toronto. El caso más famoso, Mahmoud Reza Khavari, ex director gerente del Banco Melli, se hizo con cientos de millones de dólares y se convirtió en un magnate de bienes raíces en Toronto. Esa generación se preocupaba por las apariencias y nunca dejó caer la máscara de la lealtad a los ideales de la revolución de 1979. Su descendencia, los ‘milenials’, por el contrario, les tiene sin cuidado. Los jóvenes iraníes ricos actúan como una nueva clase aristocrática que desconoce las fuentes de su riqueza. Se pasean descaradamente en Porsches y Maseratis a través de las calles de Teherán ante los ojos de los pobres y suben las fotos de sus despilfarros a Instagram. Las fotos viajan a través de las aplicaciones y las redes sociales y enfurecen a las personas trabajadoras en otras ciudades. Los iraníes ver fotografías de los miembros de las familias de las autoridades bebiendo alcohol y tomando el sol en las playas de todo el mundo, mientras que sus hijas son detenidas por no cubrirse adecuadamente la cabeza con el pañuelo y sus hijos son encarcelados por comprar alcohol. Este doble estándar ha alimentado una enorme humillación pública.

Las personas que están hoy en la parte superior de la pirámide del poder en Irán estuvieron involucradas en la revolución de 1979 y fueron testigos de primera mano de que cuando el Shah decidió que había “oído la voz de la revolución”, fue el principio de su fin. Esa impresión ha sido reforzada por la primavera árabe : Zine el-Abedine Bin Ali en Túnez y Hosni Mubarak en Egipto trataron de apaciguar a los manifestantes y fueron obligados a abandonar el poder. Bashar al-Assad de Siria nunca reconoció la existencia de una oposición y permanece en el cargo.

Irán ha vivido múltiples convulsiones. El gobierno ha dominado el arte de la supervivencia en las crisis. Es muy posible que sobreviva a esta ronda también, pero algo esencial ha cambiado: el apoyo incondicional de la población rural en la que se apoyaban para contrarrestar el descontento de la élite metropolitana ha desaparecido. Ahora todo el mundo parece infeliz.

https://www.nytimes.com/2018/01/02/opinion/iran-protests-inequali...side-nyt-region&region=inside-nyt-region&WT.nav=inside-nyt-region

Contramanifestación en Teherán

 

La crisis de Irán y una pretendida izquierda anti-imperialista

Reza Fiyouzat

A partir del jueves 28 de diciembre han tenido lugar manifestaciones espontáneas en diferentes pueblos y ciudades de todo Irán. Las protestas estallaron sobre cuestiones económicas como la alta inflación y el alto desempleo juvenil. La chispa ha sido la subida repentina del precio de los huevos y el pollo. Los manifestantes, sin embargo, pronto adoptaron consignas de orientación más política, atacando a los líderes del régimen con lemas como: “¡La gente está mendigando y los mulás gobiernan como si fueran dioses!”

Con independencia de cuánto tiempo duren estas protestas y cual sea su resultado, las manifestaciones han demostrado una vez más que el régimen iraní es fundamentalmente incapaz de hacer frente a la mayoría de las necesidades sociales y económicas básicas de la población, y por eso ha dependido durante cuarenta años de la fuerza bruta para controlar a la gente. Sin embargo, no se puede gobernar mediante la fuerza bruta por sí sola.

La pobreza estructural ha llevado una vez más a la población al borde del precipicio. Este levantamiento no ha sucedido de pronto, sin embargo; es la culminación de muchas protestas más pequeñas y localizadas sobre una serie de temas sociales que han sacado a la gente a las calles durante el último año.

Pero, en primer lugar, veamos qué es lo que ha impulsado a los iraníes a salir a la calle, una vez más, de forma masiva, en todo el país, tanto en las ciudades grandes como en las pequeñas; en pueblos de los que la mayoría de los lectores occidentales nunca han oído hablar, ni recordarán jamás.

He aquí un hecho revelador de un estudio del Banco Mundial de 2016: “El gobierno iraní ha puesto en marcha una importante reforma de su programa de subsidios de productos de primera necesidad, como los derivados del petróleo, el agua, la electricidad y el pan, que se ha traducido en una mejora moderada en la eficiencia del gasto y sus actividades económicas.” En castellano, “eficiencia del gasto” significa que el gobierno iraní está recortando sus programas que proporcionan realmente bienestar social.

El informe continúa: “Los subsidios indirectos generales, que se estima equivalen al 27 por ciento del PIB en 2007/2008 (aproximadamente 77,2 mil millones de dólares), han sido sustituidos por un programa de transferencia monetaria directa a los hogares iraníes. La segunda fase del plan de reforma de los subsidios empezó en la primavera de 2014, e implica un ajuste más gradual de los precios de combustible, y una mayor focalización de las transferencias monetarias a los hogares de bajos ingresos. Alrededor de 3 millones de hogares de altos ingresos ya han sido eliminados de la lista de beneficiarios de transferencias de dinero en efectivo. Como resultado, se estima que los gastos de la Organización de Subsidios Colectivos (OSC) ha disminuido al 3,4 por ciento del PIB en 2016 desde un 4,2 por ciento en 2014.”(1)

Las finanzas internacionales están claramente encantadas de ver al gobierno iraní empobrecer a su propia población, en su beneficio entre otros. Un A-plus para los esfuerzos del gobierno iraní para cortar la mano que le da a los iraníes más necesitados, la reducción de este tipo de ayuda del 27% del PIB en 2008 hasta el final abajo a 3% en 2016.

En otras palabras, Irán sigue una política de shock capitalista neoliberal extrema.

Las cifras oficiales de pobreza en Irán no son fiables, pero en ocasiones algunos informes producen datos que puede arrojar alguna luz sobre los niveles extremos de pobreza de la gente. Un informe sitúa las cifras de pobreza urbana entre el 44% y el 55%. El informe “fue publicado en una conferencia organizada por la Universidad de Teherán y el Fondo de Población de las Naciones Unidas y hecho público por la Agencia de Noticias de los Estudiantes Islámicos poco después,” según la revista Borgen (2).

Las cosas son tan sombrías que las principales figuras del régimen en ocasiones se permiten señalar la gravedad del problema. En septiembre de 2017, el jefe de la Fundación Imam Jomeini, Parviz Fattah, dijo (enlace en persa) (3) que entre 10 y 12 millones de iraníes viven en la pobreza absoluta. Eso es sólo la cifra de pobreza extrema. El número total de los que viven alrededor o debajo del nivel de pobreza es obviamente mucho mayor, alcanzando el 40% de los hogares según algunos informes.

Una cifra reveladora: la propia estimación del gobierno iraní del ingreso mínimo necesario es de aproximadamente 1.000 dólares mensuales para una familia de tres a cuatro. A pesar de esta cifra, el salario mensual mínimo anunciado por el gobierno para los trabajadores se ha fijado en un tercio de esa cifra.

Al endurecimiento de las medidas de austeridad hay que sumar unos altos niveles de desempleo, así como cifras de inflación de dos dígitos (por lo menos una media del 15% de inflación, según las cifras más conservadoras, qué en algunos meses o años, o en mercados de productos específicos puede llegar al 30-40%). El desempleo juvenil es también alto: algunos informes estiman que en 2017 el paro juvenil superó el 30% (4). Con estas altas tasas de desempleo e inflación, y en vista de que durante los últimos diez años la ayuda del gobierno a los necesitados ha disminuido constantemente, no es sorprendente que la chispa inicial de las protestas en Mashhad haya sido un aumento del 40% en el precio (en pocos días) de los huevos y el pollo. Eso, además de una tendencia al crecimiento de la inflación y la pobreza que ha sido incesante de las últimas cuatro décadas. “¡Basta!”, es lo que dice la gente.

El lector debe entender que la mayor parte de la economía privada de Irán se basa en el bazar, la clase comerciante. No es el capital industrial-productivo, sino el capital comercial el que ha dominado el sector no-estatal y no petrolero desde el comienzo del régimen teocrático. Cuando la clase de los comerciantes es el bloque económico hegemónico, ello implica que la mayor acumulación de capital se produce a través de la compra y venta, no a través de la producción de mercancías. Como resultado, cada vez se importan más mercancías (en un monopolio estatal absoluto) lo más baratas posible y se venden para obtener beneficios lo más rápidamente posible que si el proceso de producción tuviera lugar localmente con todos sus costes y complicaciones; incluyendo, lo que es más importante, los conflictos laborales y la lucha de clases en el lugar de producción que acompañan a las empresas capitalistas.

El lector también debe tener en cuenta el crecimiento de la población en Irán. En 1979, en el momento de la revolución, la población de Irán era aproximadamente 35 millones de personas. La población actual es de casi 80 millones. Al mismo tiempo, la proporción de población rural-urbana se ha invertido. En 1979, casi dos tercios de la población vivía en zonas rurales, mientras que ahora las tres cuartas partes de la población viven en zonas urbanas. Este enorme movimiento de masas a las ciudades es en parte responsable de los niveles de pobreza urbana. Otros factores incluyen la naturaleza mercantil de la clase capitalista dominante, que es incapaz de crear suficiente empleo; las políticas de Estado que priorizan el gasto en las fuerzas de seguridad y los gastos militares en el exterior; y la corrupción.

En un país con un estado tan opresivo como Irán, la lucha de clases es demasiado intensa como para hacer que la principal fuente de acumulación de capital dependa de la producción industrial. De ahí la renuencia del capital internacional para invertir en la producción industrial en Irán, incluso después del levantamiento de las sanciones tras el acuerdo nuclear alcanzado entre Irán y las potencias occidentales. Por lo tanto, no sólo son los capitalistas locales los que no están dispuestos a invertir en capacidad productiva en una magnitud significativa; el acuerdo nuclear del gobierno Rouhani con las potencias occidentales no ha sido capaz de atraer inversiones extranjeras directas.

Una característica básica de un Estado rentista, como el de Irán, es que, dependiendo del carácter del Estado, diferentes sectores y esferas del poder económico se acoplan al estado. Durante la dinastía Pahlavi, el estado atrajo a los capitalistas industriales, a expensas de las clases mercantiles, que estaban más unidas a las clases clericales. El padre fundador de la dinastía Pahlavi, Reza Shah, es conocido en la historia de Irán como particularmente duro con el establecimiento religioso. (Su pecado más atroz contra el sistema religioso fue la contundente prohibición del velo para las mujeres).

Por lo tanto, el hecho de que aquí y allá se hayan oído consignas en apoyo de Reza Shah no me choca. La gente interpreta a su conveniencia lo que sabe de su propia historia. Si la gente ve que los mulás son los más corruptos, los más brutales, los más miserables a la hora de ayudar a los más necesitados, y los más lascivos cuando se trata de cuestiones sexuales, mientras aleccionan piedad a los demás - en resumen, cuando se está gobernado por el grupo más opresivo, violento y corrupto de la sociedad, y se sabe qué hace cien años, Reza Shah se enfrentó a las clases clericales, no se puede culpar a la gente por pensar que ese tipo, Reza Shah, sabía algo sobre los mulás iraníes a lo que se debería haber prestado más atención.

Todas estas condiciones históricas y económicas están enmarcadas por una formación estatal que no permite la menor oposición, en la que no hay sindicatos independientes, que ahoga cualquier crítica de su propio funcionariado, un régimen que considera que las mujeres valen la mitad de los hombres, que insiste en que está gobernando en nombre de un imán oculto, el duodécimo imán de una secta chií concreta, el Mehdi ausente, y en virtud de ello, este régimen afirma gobernar Irán en nombre de Dios. Cualquier crítica a los líderes religiosos es una ofensa a Dios, y es un crimen real en el código penal de Irán: cualquier protesta contra el gobierno puede ser calificada de “Mohaarebeh baa khoda”, que significa literalmente “luchar contra Dios”.

Por lo tanto, si el sistema es tan opresivo que no permite ninguna forma legal de formular quejas, ¿qué se supone que se haga? ¿Suicidarse para no incomodar al Estado? ¿quién está dispuesto? Entonces, ¿por qué parece tan indignante que la gente en Irán salga a las calles?

Todas las presiones sociales mencionadas anteriormente han producido un constante malestar social y protestas a lo largo del último año. En 2017, la huelga de hambre masiva de presos políticos (5), las protestas por la grave contaminación ambiental (6), se han intensificado las protestas laborales (7), y las protestas kurdas por el asesinato de porteadores en la frontera, que transportan las mercancías en sus espaldas (8).

En su necedad, algunos “antiimperialistas” de la izquierda occidental no han perdido tiempo en alinearse con la teocracia; una vez más. Global Research, por ejemplo, ha puesto en duda la integridad del levantamiento etiquetándola como otra “revolución naranja”. Moon of Alabama, tampoco ha perdido el tiempo calumniando a los manifestantes casi como propagandistas del régimen iraní. Para estos llamados izquierdistas, el pueblo iraní es un montón de robots mecánicos que se pueden controlar a distancia desde la sede de la CIA en Langley.

Por supuesto, aquellos que no entienden cómo comenzó el levantamiento en Siria tampoco van a entender por qué la gente en Irán está tan indignada.

Algunos han señalado algunas consignas particulares gritadas por grupos concretos para cuestionar los objetivos del pueblo iraní.

Uno de los lemas es: “¡Ni Gaza, ni Líbano: doy mi vida por Irán!”. Los susodichos ‘antiimperialistas’ han utilizado esta consigna como prueba de la falta de ‘internacionalismo’ de los iraníes. En su prisa por llegar a conclusiones ya cocinados, pierden una visión más profunda del contexto de esta consigna. Es la negación y la crítica de la calle de la retórica del régimen sobre su supuesto apoyo a las masas palestinas y libanesas, cuando en realidad todo lo que el régimen iraní ha hecho es utilizar las condiciones sociales de miseria en Palestina y el Líbano para su propia política expansionistas en la región.

En esa consigna la gente le dice al régimen: “¡Vemos a través de tus tretas y no nos dejamos engañar! ¿Quieres que vayamos a combatir tus guerras en el extranjero, pero vamos a luchar aquí en casa”. Esto es similar a lo que los activistas contra la guerra en los EEUU decían durante la invasión estadounidense de Vietnam, por ejemplo. Así que, de hecho, esta consigna es un grito de solidaridad con las masas palestinas y libanesas. La gente en Irán están enviando un mensaje a las masas palestinas y libanesas de que el pueblo iraní hace lo que puede para eliminar una capa de opresión de las espaldas de los pueblos palestino y libanés, que están siendo utilizados por los intereses oportunistas y expansionistas del régimen iraní: un régimen que no ha hecho nada por las masas árabes que no sea masacrar a sus hermanos y hermanas sunitas en masa, por decenas de miles, utilizando sus milicias chiíes, que el régimen iraní ha lanzado contra los pueblos de Irak y Siria.

Es increíble lo rápido y fácil que es para algunos sectores de la izquierda occidental, tan pronto como surge un movimiento en algún olvidado país del Tercer Mundo, jugar a ser juez y jurado, o peor aún, jugar a autoproclamados profesores que corrigen los trabajos de primer año, con un lápiz rojo, para marcar el menor error ortográfico y así ignorar el resto del contenido.

El mensaje del levantamiento del pueblo iraní es muy simple: La gente quiere derechos básicos, y quiere que el estado deje de despilfarrar las riquezas de la nación para matar gente en Siria, Irak y en otros lugares; por el contrario, los iraníes quieren que sus recursos nacionales sean invertidos para satisfacer las necesidades de la gente en Irán que viven en la miseria. ¿No es algo por lo que la gente de EEUU o Europa también se movilizaría?

La gente en Irán está tomando el asunto en sus propias manos. ¿Pueden ciertos izquierdistas occidentales, que critican a nuestra gente, hacer lo mismo en sus sociedades, en vez de juzgar cómo los iraníes hacen su historia? ¿Pueden estos falsos socialistas occidentales organizar a unos pocos cientos de personas para limpiar la basura de algunas parcelas abandonadas para iniciar huertas para la comunidad, de manera que tengan seguridad alimentaria para mantener su lucha? ¿Pueden organizar un comedor en un barrio pobre en su ciudad?

Sin embargo, cuando la gente en Irán sale a la calle, sabiendo que las consecuencias de sus protestas podrían suponer la detención, la tortura y la muerte, esos mismos supuestos socialistas, en lugar de expresar su solidaridad, buscan cualquier tipo de excusas en las debilidades del recién nacido movimiento para evadir sus responsabilidades a la hora de apoyar a los que si se atreven a luchar: ¡vergüenza!

La juventud iraní que se han levantado para decir “¡Basta ya!”, son los hijos de una revolución que fue ahorcada, sofocada, descuartizada por una contrarrevolución violenta y mejor organizada. Esta generación de jóvenes iraníes ve sus vidas, sus perspectivas de un futuro decente y su integridad robadas, y se opone a este robo histórico a manos de la capa más parasitaria de nuestra sociedad: los mulás. El clero es la sanguijuela más improductiva de nuestra sociedad. Sin embargo, sus hijos, en los barrios de clase alta de Teherán y otras grandes ciudades poseen más Lamborghini y Bugatti per capita que en Mónaco. ¿De dónde viene toda esa riqueza? Del saqueo de nuestras arcas nacionales. Y la juventud de Irán se ha levantado para poner fin al saqueo.

Notas:

1)  http://www.worldbank.org/en/ país / Irán / visión general

2)  http://www.borgenmagazine.com/ pobreza-iran-subida /

3)  https://www.isna.ir / noticias / 96062614418 / رییس-کمیته-امداد- امام-ره -10 تا-12-میلیون-ایرانی- در-فقر-مطلق

4)  https://tradingeconomics.com/ irán / joven-paro-rate

5)  https: //www.amnesty.ie/iran- masa en huelga de hambre-político- prisioneros-protesta-inhumane- condiciones /

6)  http://www.middleeasteye.net/ noticias / protestas de Irán-khuzestan- provincia-worries- político- creación-1372971047

7)  https://en.radiozamaneh.com/ artículos / espiga-en-en mano de obra protestas-en-iran-se-changing- la política-milieu /

8)  http: //www.rudaw .net / Inglés / middleeast / Irán / 07092017

https://www.counterpunch.org/2018/01/05/ira-and-the-left-a-dissenting-view/

es una socialista iraní exiliada en el Reino Unido, profesora de la Universidad de Glasgow y Directora de la Campaña "Fuera las manos del Pueblo de Irán" (HOPI).
periodista y novelista iraní. Profesor de literatura en el City College, Nueva York.
periodista, analista y activista político socialista iraní, residente en EE UU.
Fuente:
Varias
Traducción:
G. Buster