Israel-Palestina: el fiasco diplomático de Donald Trump

René Backmann

02/01/2018

Reconociendo unilateralmente Jerusalén como capital de Israel, el presidente estadounidense quería volver a repartir las cartas en la moribunda negociación israelí-palestina. Sin embargo, Donald Trump ha puesto en dificultades a sus principales aliados árabes, ha condenado su papel en el debate y ha sufrido dos estrepitosos fracasos en Naciones Unidas.

Donald Trump puedo haber sido, en su vida anterior, un exitoso promotor inmobiliario y presentador de televisión, pero desde que llegó a la Casa Blanca, se ha revelado como un lamentable geopolítico y, sobre todo, como un diplomático desastroso. El asunto de Jerusalén ilustra estos sesgos hasta el punto de la caricatura.

Reconociendo unilateralmente, el pasado 6 de diciembre, la ciudad de Jerusalén como capital de Israel, decisión que viola una larga lista de resoluciones de la ONU y algunos principios básicos del derecho internacional, Trump pretendía volver a repartir las cartas en las moribundas negociaciones internacionales y abrir la vía al « acuerdo de los acuerdos », jactándose, desde su elección, de poder sellar un acuerdo entre israelíes y palestinos. Ofreciendo, de paso, un regalo muy apreciado a los evangelistas mesiánicos sionistas que constituyen el corazón de su electorado.

La reacción a esta decisión, globalmente negativa, por parte incluso de algunos de los aliados más antiguos de Estados Unidos, y muy hostil, en el conjunto del mundo árabe y musulmán, particularmente en Palestina, confirmó que esta estrategia no era la más adecuada para relanzar las conversaciones de paz en Oriente Medio. Además, esta elección, que a los ojos de los musulmanes podría volver a poner en cuestión el estatus de los lugares santos de Jerusalén, ha convertido en cortafuegos a uno de sus mayores aliados en la región: Arabia Saudí, socio activo en el futuro plan de paz estadounidense y autoproclamado faro del Islam.

A este primer paso en falso diplomático le han acompañado, en dos semanas, dos episodios que han confirmado el aislamiento o incluso, según Emmanuel Macron, la marginación de Estados Unidos en el dossier israelí- palestino. El 18 de diciembre, Washington tuvo que recurrir al veto, ante el Consejo de Seguridad de la ONU, para oponerse a la votación de una resolución propuesta por Egipto, en nombre de la Liga de los Estados Árabes. Este texto reafirmaba claramente el consenso internacional sobre Jerusalén e indicaba que « cualquier decisión o acción destinada a cambiar el carácter, el estatus o la composición demográfica de la ciudad santa de Jerusalén no tiene ningún efecto legal, es nula y sin valor ».

El problema, para Washington, es que los otros catorce miembros del Consejo -incluidos aliados leales como Francia, Reino Unido, Japón, Italia, y países amigos como Suecia, Etiopía, Ucrania, Uruguay, Senegal- aprobaron esta resolución.

Denunciando este voto como un « insulto » a su país, que no « olvidará », la embajadora de Estados Unidos en la ONU, Nikki Haley, intentó incluso explicar que la decisión de Donald Trump « cumple » con las pertinentes resoluciones del Consejo. « Lo que es perturbador –agregó-, es que Estados Unidos haya tenido el valor de reconocer una realidad internacional, es decir, que Jerusalén es la capital política, administrativa y espiritual del pueblo judío.»

Tres días después, una nueva prueba se cernía sobre la diplomacia estadounidense en Naciones Unidas. A petición de Palestina, que se beneficia del estatus de observador en la ONU, Turquía y Yemen presentaron un nuevo proyecto de resolución, esta vez en la Asamblea General. Retomando lo más esencial del texto egipcio, el nuevo documento recordaba que « Jerusalén es una cuestión condicionada al estatus final y debe ser resuelta mediante la negociación, como se establece en las resoluciones pertinentes de Naciones Unidas.

«Deplorando las recientes decisiones relativas al estatus Jerusalén », el proyecto turco-yemení afirmaba, al igual que la resolución egipcia, « que cualquier decisión o acción destinada a cambiar el carácter, el estatus o la composición demográfica de la ciudad santa de Jerusalén es nula y debe notificarse y ser reportada aplicando las resoluciones sobre la cuestión aprobadas por el Consejo de Seguridad y, a este respecto –solicitaba- a todos los Estados abstenerse a la hora de establecer misiones diplomáticas en la ciudad santa de Jerusalén [...] ». Por supuesto, como todas las resoluciones de la Asamblea General, este texto no es vinculante pero, a los ojos de los palestinos y de sus aliados, permitirá a los partidarios de Washington y a sus oponentes establecer, de hecho, un nuevo equilibrio de fuerzas en este dossier, incluyendo a los 193 Estados miembros de la ONU.

Desde Ashdod, donde inauguró un hospital, Benjamin Netanyahu quiere creer que « la actitud de numerosos países hacia Israel está cambiando, en todos los continentes, fuera de los muros de la ONU. Al final, este cambio atravesará los muros de la sede de la ONU, la casa de las mentiras. El Estado de Israel rechaza este voto incluso antes de que tenga lugar. Jerusalén es nuestra capital. Seguiremos construyendo allí y las embajadas extranjeras, a la estela de la embajada estadounidense, se trasladarán allí. Esto sucederá ».

Por su parte, los palestinos conservan la confianza. Puesto de nuevo en el centro del juego diplomático en Oriente Medio por la iniciativa unilateral de Trump, cuando el problema palestino-israelí había sido eclipsado durante años por los conflictos en Irak y Siria, ven en este episodio una justificación adicional a su estrategia de recurso a Naciones Unidas, denunciada tanto por Washington, que no quiere perder el control del expediente, como por Israel, que rechaza cualquier intrusión de un protagonista que no sea estadounidense en sus relaciones con los palestinos. En los corredores de Naciones Unidas, donde la pequeña delegación palestina se activa, los primeros recuentos dan una gran ventaja de votos a favor de la resolución.

Para al menos limitar los daños, Washington intentó todo durante tres días. Tweets, correos electrónicos, cartas, llamadas telefónicas, lluvias sobre las delegaciones. La presión y las amenazas aumentaron contra los indecisos. Especialmente sobre los beneficiarios de ayudas económicas estadounidenses. « Reciben cientos de millones de dólares e incluso miles de millones de dólares y luego votan contra nosotros -criticaba Donald Trump-. Dejen que voten contra nosotros, ahorraremos mucho, no nos importa. » « El presidente prestará mucha atención a esta votación y me ha pedido que le señale los países que votan en nuestra contra. Tomaremos nota de los nombres », amenazaba incluso Nikki Haley, en una carta que circulaba entre las delegaciones. Esfuerzo inútil.

Cuando el panel electrónico de votos se encendió la mañana del pasado jueves en la sala de la Asamblea General, no hubo lugar a dudas: la resolución fue aprobada por 128 votos contra 9 y 3 abstenciones, 21 países no participaron en la votación. Más interesante, entre los que votaron a favor de la resolución figuran, de nuevo, los viejos aliados de Washington: Reino Unido, Francia, Alemania, Japón, Corea del Sur, pero también los cuatro principales beneficiarios (junto a Israel) de la ayuda financiera estadounidense: Afganistán, Iraq, Egipto y Jordania. En otras palabras, las amenazas de Nikki Haley no pesaron mucho frente a la indignación provocada por el gesto de Washington. Además, los especialistas no imaginan que el departamento de Estado se arriesgue a desestabilizar a tales países estratégicos privándolos de la ayuda estadounidense.

Si bien Australia, Canadá, Argentina y México decidieron abstenerse, así como seis países de la Unión Europea (Croacia, República Checa, Hungría, Letonia, Polonia, Rumania), Washington sólo ha conseguido alistar a siete países, además de Israel, para oponerse a la resolución: Guatemala, Honduras, Islas Marshall, Micronesia, Nauru, Palaos y Togo. Estados con un modesto peso geopolítico.

Para el embajador palestino ante la ONU, Riyad Mansour, « Estados Unidos acaba de sufrir un duro revés ». « Esta decisión reafirma que la justa causa de los palestinos está respaldada por el derecho internacional », estimaba Nabil Abou Roudeina, portavoz del presidente palestino. « Continuaremos con nuestros esfuerzos en la ONU y en otros foros internacionales para poner fin a la ocupación israelí y crear un estado con Jerusalén Este como capital.»

Esta es la estrategia que el presidente de la Autoridad Palestina expuso una vez más a Emmanuel Macron, el viernes 22 de diciembre en el Palacio del Elíseo, antes del desplazamiento del jefe de Estado francés a Níger. A los ojos de los líderes palestinos, Estados Unidos ha demostrado que es un «mediador deshonesto», su papel en el proceso de paz ha llegado a su fin. «No aceptaremos ningún plan que provenga de Estados Unidos», dijo Mahmoud Abbas, tras su entrevista con Emmanuel Macron.

De hecho, el presidente palestino espera una iniciativa europea, impulsada por París. En este punto, la respuesta francesa ha sido esquiva. Tal vez para preservar las conversaciones planificadas en Bruselas para el próximo 22 de enero, cuando Mahmoud Abbas se reunirá con los líderes europeos. Emmanuel Macron simplemente recordó que « no hay alternativa a la solución de dos estados y ninguna solución de dos estados es posible sin un acuerdo entre las partes en lo que concierne a Jerusalén».

«Palestina no está sola –agregó-, y nos aseguraremos de que viva dentro de fronteras seguras y reconocidas, en seguridad junto con Israel y con Jerusalén como la capital de los dos estados ». En revancha, el presidente francés renovó, para desilusión de su interlocutor, su negativa a reconocer unilateralmente al Estado de Palestina. «Reconocer a nuestro Estado significa invertir en paz e invertir en un futuro estable y seguro para toda la región », dijo Mahmoud Abbas. « No creo que sea efectivo -respondió Emmanuel Macron-. Sería una reacción a la decisión estadounidense que ha provocado disturbios en toda la región. Yo respondería a un error con un error del mismo tipo.»

Por ahora, aparte del vehemente comentario de Nikki Haley, declarando el voto de la ONU « nulo e inválido », la única reacción notable de la administración Trump a este triple fiasco diplomático fue el anuncio de una demora, al final del primer trimestre de 2018, de la presentación del plan de paz de Estados Unidos y Arabia Saudí, inicialmente previsto para enero. Las hostiles reacciones de los palestinos a los globos sonda lanzados por Riad, pero sobretodo la necesidad de revisar profundamente el estatus de Jerusalén, a la luz de la decisión estadounidense, el descontento del mundo musulmán y los nuevos equilibrios revelados por los votos de la ONU, exigen un nuevo período de reflexión y consulta.

En Israel, donde Donald Trump y Nikki Haley son ahora considerados como héroes, el gobierno se declara oficialmente « satisfecho » con la situación revelada por el voto de la Asamblea General. Sobre todo porque nada obliga a los Estados miembros a aplicarlo. En cuanto al primer ministro, Benjamin Netanyahu, aún enredado en los casos de corrupción que le rodean, cree, agregando los votos « en contra », las abstenciones y las ausencias, que « un número creciente de países se niega a participar en este teatro de lo absurdo».

¿«La casa de las mentiras », « este teatro del absurdo»? ¿Ha olvidado Netanyahu la historia de su propio país? Es esta misma instancia, la Asamblea General de Naciones Unidas, la que adoptó, el 29 de noviembre de 1947, la Resolución 181 que dividió Palestina en un Estado judío y un Estado árabe, desencadenando expresiones de alegría en la comunidad judía de Palestina y abriendo la vía, seis meses más tarde, a la proclamación del nacimiento del Estado de Israel por David Ben Gourion.

 

es periodista de Mediapart.
Fuente:
https://www.mediapart.fr/es/journal/international/261217/israel-palestina-el-fiasco-diplomatico-de-donald-trump?onglet=full
Traducción:
Irene Casado Sánchez
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