Italia: el referéndum que quiere acabar con la constitución antifascista. Dossier

Franco Turigliatto

Tomaso Montanari

Wolfgang Münchau

26/11/2016

El próximo 4 de diciembre, Italia votará en referéndum la propuesta de reforma constitucional de Matteo Renzi, que hace unos meses se comprometió a dimitir si perdía. Más allá de la importancia política de la reforma, que pretende ser el último clavo en el ataúd de la Constitución antifascista de 1948, como bien explica Franco Turigliatto, el referéndum se ha convertido también en un pulso con la UE.

La crisis del sistema financiero italiano ha alcanzado un punto sin retorno. Pero la UE bloquea el rescate público y exige un complicado rescate privado, que está destinado a fracasar. La foto de Renzi junto a Merkel y Hollande tras el Brexit ha acabado por ligar las contra-reformas neoliberales con las exigencias de la UE, en la tercera economía de la eurozona, que soporta una tasa de paro juvenil del 40%.

La descomposición del sistema político italiano es tal que si Renzi cae y se convocan elecciones las únicas alternativas existentes hasta el momento son tres fuerzas populistas como Berlusconi, la Liga Norte o el Movimiento 5 Estrellas. Pero ha sido precisamente la defensa de la Constitución antifascista de 1948 lo que ha sacudido a las diferentes izquierdas y las ha obligado a reaccionar frente al presidencialismo neoliberal de Renzi.

Hemos publicado antes un importante artículo de Raniero La Valle (1 y 2) sobre lo que esta en juego. Añadimos ahora otro análisis concreto, también proveniente de la izquierda cristiana,  de Tomaso Montanari, un reconocido especialista del Barroco italiano que ahora dobla como constitucionalista con su libro Cosí NO; un análisis histórico de Franco Turigliatto, desde la izquierda marxista, cuyas conclusiones son válidas más allá de la coyuntura italiana; y un anáisis de Wolfgang Münchau sobre la importancia del resultado del referendum italiano en la zona euro. Por nuestra parte, esperamos que se imponga el No el 4 de diciembre. Y que sirva para abrir una nueva etapa política en la que se reconstruya la izquierda italiana a partir de la defensa de lo mejor de la tradición antifascista. SP

 

Referéndum, constitución y lucha de clases

Franco Turigliatto

Hemos entrado en la fase final de la confrontación prolongada sobre el referéndum. Los medios de comunicación se movilizan a fondo para apoyar a Renzi y a la clase dominante para reivindicar la contrarreforma institucional que sangra una democracia cada vez más formal, vacía de contenido real y dominada por el poder ejecutivo, fiel ejecutor de las políticas liberales de esta fase de la crisis del capitalismo. Hay que esperar nuevas falsificaciones políticas y golpes bajos inspirados en la campaña electoral estadounidense.

Mantener la lucha democrática y social

Después de haber matado a recortes el estado de bienestar público, destruido los derechos laborales, maltratado la escuela de todos, masacrado la sanidad y el bienestar social, los patrones quieren ahora cerrar el círculo también en el plano institucional porque la austeridad generalizada sólo puede avanzar con la restricción de los derechos y de la democracia.

Por ello, desde el principio hemos argumentado que era necesario unir la sagrada batalla por la defensa de los derechos democráticos consagrados en la Constitución, haciendo frente al intento de distorsionarla  de forma definitiva, con la defensa social de los intereses de las clases trabajadoras.

Para oponerse adecuadamente a la fuerza de la propaganda del gobierno hubiera sido necesario desarrollar, junto con la lucha por la democracia, una movilización social que denunciase las intenciones reales de Renzi y Confindustria, privándoles del consenso en nombre de los problemas materiales de las clases subalternas. Se han hecho algunos intentos positivos y se seguirán haciendo, pero no podían, dados los límites de las fuerzas que los han organizado, alcanzar una dimensión masiva.

La CGIL ha destacado en un deporte del que se ha convertido en campeona del mundo: pronunciarse formalmente por el No, y no hacer nada para apoyarlo, es decir, desarrollar una verdadera campaña entre los trabajadores: la suya es una pasividad negativa y políticamente ambigua.

Los convenios colectivos nacionales, entre ellos el del metal, deberían haber sido una ocasión para la reactivación de la lucha de los trabajadores y empleados en defensa de sus condiciones de vida y de trabajo, y por el contrario han sido negociados por las direcciones burocráticas de manera que la patronal recuperase las conquistas del pasado; es el camino de la derrota y la desmoralización que lleva agua al molino de banda renziana y de las fuerzas de la derecha.

Sin dejarse intimidar por la difícil situación, la campaña por el No debe utilizar todas las herramientas disponibles para reactivar la movilización democrática y social, esencial para derrotar y derribar a Renzi, sirviendo de trampolín para una nueva fase de la lucha de clases.

La constitución de 1948

Estos meses también han destacado entre las fuerzas de izquierda sus diferentes enfoques sobre la cuestión constitucional, y creo que vale la pena unas pocas palabras sobre ellas.

Por ejemplo, una fuerza sindical como la CUB había pensado en un primer momento no incluir en su plataforma para el otoño el rechazo de la contrarreforma constitucional. Por suerte, corrigió, porque la historia enseña que cuando el movimiento obrero hace caso omiso de las batallas democráticas puede pagar un precio muy alto.

Hay fuerzas que han trabajado duramente para rechazar la contrarreforma, pero que no han entendido la necesidad de la movilización social por el NO; estos y otros han asumido una visión mítica de la carta constitucional, un enfoque literario cargado de retórica y nostalgia,que no siempre son útiles para entender lo que está en juego y lo que realmente estamos defendiendo.

Por eso vale la pena volver a la Constitución italiana de ayer y de hoy.

La Constitución del 48 no fue la de los comités de empresa, la autogestión y la democracia directa, la expresión de una victoria social revolucionaria de la clase obrera. Fue una constitución muy democrática, pero que sigue siendo de clase media, que garantiza la propiedad privada de los medios de producción y el sistema capitalista como tal; la clase burguesa, que fue creadora y cómplice del fascismo, se mantuvo en su lugar, dominante. En una fase ascendente de la economía mundial, el capitalismo italiano experimentó un crecimiento sin precedentes, producido por el auge económico y la extensa industrialización del país.

Esta Constitución, sin embargo, y es un tema muy importante, fue redactada y aprobada sobre la base de la trágica experiencia del fascismo y la guerra, sobre todo gracias a la lucha de la Resistencia y de la clase obrera y sus partidos, con instrumentos democráticos y garantías importantes . Se caracteriza por una gran división del poder estatal y su equilibrio, por sus mecanismos de elección proporcional, que garantizaban una amplia representación política de las clases subalternas, por un bicameralismo perfecto, para evitar las imposiciones legislativas y los golpes de mano mayoritarios, por exigir una discusión en profundidad de las leyes y la búsqueda de acuerdos entre los diversos sectores de la burguesía y compromisos parciales con los representantes de la clase obrera.

Además, las fuerzas de la izquierda, que había renunciado a transformar la resistencia en revolución social, como había ocurrido en Yugoslavia, lograron incluir en la Constitución no sólo normas y derechos para proteger las libertades, sino también ciertos principios, aunque genéricos, como la igualdad y la justicia social. Estos principios, sin embargo, se registraron sólo en el papel, tanto es así que Piero Calamandrei declaró que: "para compensar a las fuerzas de la izquierda por la fallida revolución, las fuerzas de la derecha no se opusieron a aceptar la promesa de la Revolución en la Constitución. Sólo el futuro puede decir cuál de las dos partes, en este enfrentamiento, ha sido más clarividente”.

Y de hecho, la "República basada en el trabajo" no impidió un comportamiento muy agresivo de las fuerzas burguesas, la gran explotación de la clase obrera en los años 50 y 60, los despidos masivos y las represalias políticas en el lugar de trabajo, a partir de Fiat, la violencia de la policía contra las manifestaciones y las huelgas provocaron más de 150 muertos en veinte años, por no hablar de las víctimas laborales que, como se sabe, superan con mucho las  mil cada año.

Pasaron seis años antes de que se crease (en 1954), el Tribunal Constitucional, que también fue un elemento clave de todo el sistema institucional y sólo una gran movilización y el voto de los ciudadanos impidió en 1953 que la ley electoral "estafa", propuesta por la Democracia Cristiana, entrase en vigor.  Así que la realización de los principios democráticos y sociales de la Constitución no se concretó durante muchos años.

El punto de inflexión del 68-69

La situación se desbloqueó sólo con las duras y prolongadas manifestaciones de los estudiantes, los trabajadores y los movimientos sociales de los años 60 y 70. Estas supusieron un cambio significativo en el equilibrio de fuerzas entre las clases a favor del movimiento obrero, que logró imponer la realización parcial de algunos de los principios sociales, recogidos sólo formalmente en la Constitución, y su transformación en leyes (reformas) en la sociedad capitalista italiana.

Es importante subrayar que la inscripción en la Constitución de estos principios, sin embargo, fue un elemento muy útil, un punto de apoyo y referencia para el despliegue de las luchas concretas de los trabajadores y el movimiento democrático. Por tanto, es importante que un derecho o una conquista arrancada en la lucha en un nuevo equilibrio de poder se transponga también al plano de la ley (por ejemplo, el  Estatuto de los Trabajadores) y pueda ser reclamado por todos y defendido en el tiempo.

Entre el 68 y el 78, es decir, en una década, fueron arrancadas mediante una lucha muy dura todas las reformas importantes de la sociedad italiana.

La plasmación de una de las estructuras de apoyo de la Constitución del 48, las regiones (Art. 114 y 115 en el texto original) se produjo sólo en 1970. La mayor reforma de las pensiones para asegurar la vejez de las trabajadoras y los trabajadores se logró en 1968-1969 (artículo  38); también la abolición de las restricciones salariales y la conquista de la negociación colectiva nacional (Art. 36). El sistema de indexación fuerte para proteger los salarios de la inflación (Art. 36) es de 1975. El Estatuto de los Trabajadores (piedra angular para dar sentido a los artículos 1, 4 y 39) es de 1970. La ley sobre el divorcio y la aplicación de la ley de referéndum (art. 75) son también de 1970; la reforma tributaria (art 53.) y la de sanidad (art 32.) son de 1978; el voto a los dieciocho años se concedió en 1975 y ese mismo año se puso en marcha la reforma de la ley de familia, que finalmente igualó los derechos de hombres y mujeres (art. 29); la ley 194 sobre el aborto, y la abolición de los asilos psiquiátricos son de 1978.

En cuanto a la escuela (art. 34) se dio un primer paso en los años 60 con la construcción de la escuela media unificada, pero sólo con las grandes luchas del 68 la escuela realmente se convierte en masiva, potencialmente accesibles a todos y todas.

Así es como, gracias al conjunto de todas estas reformas, el artículo 3, tantas veces recordado por el PCI y la izquierda, adquiere cierta concreción ( "Todos los ciudadanos tienen la misma dignidad social y son iguales ante la ley, sin distinción de sexo, raza , idioma, religión, opiniones políticas, condiciones personales y sociales. Es deber de la República eliminar todos los obstáculos económicos y sociales que, mediante la limitación de la libertad y la igualdad de los ciudadanos, impidan el pleno desarrollo de la persona, la participación humana y efectiva de todos los trabajadores en las esferas política, económica y social del país”).

El artículo 4 ("La República reconoce a todos los ciudadanos el derecho al trabajo y promoverá las condiciones para hacer efectivo este derecho") nunca fue materializado por el simple hecho de que no es compatible con el sistema capitalista.

Constitución formal y constitución material

Pasaron algunos años y tan pronto como la gran ola de movilizaciones de los trabajadores comenzó a desvanecerse, la burguesía y sus gobiernos comenzaron a cuestionar gran parte de los logros sociales. La indexación fue manipulada en los años 80 y, finalmente, abolida en 1992 con un acuerdo entre el gobierno, los sindicatos y Confindustria. La política de concertación y la cada vez más acentuada subordinación de las burocracias sindicales a la patronal fue restando importancia progresivamente a la negociación colectiva.

La reforma fiscal perdió gradualmente su carácter verdaderamente progresista; la imposición fiscal sobre el capital se redujo cada vez más; el derecho a una pensión digna después de toda una vida de trabajo se fue diluyendo a través de una serie de cambios de la ley original, hasta la injusticia de Fornero.

La reforma del título quinto de la Constitución en 2001, a iniciativa del gobierno de centro-izquierda (bajo la presión del llamado federalismo fiscal), provocó una profunda alteración de la Constitución. El golpe más duro fue en 2012 con la introducción del artículo 81, que impone un presupuesto equilibrado que impide cualquier papel social en profundidad del estado.

En los últimos años, los derechos laborales han sido erosionados gradualmente por las contrarreformas de Berlusconi, Monti y, finalmente, por la Ley del Empleo de Renzi.

Los recortes a la educación, la sanidad, los municipios, la seguridad social, han cambiado profundamente en sentido negativo la posibilidad de acceso a los derechos sociales básicos para todos y todas.

De hecho, desde hace mucho tiempo, de manera paralela a la constitución formal, cada vez más desprovista de contenido real, se afianza una verdadera constitución, que se refuerza con la derrota de los trabajadores y que viene definida por la nueva relación de fuerzas entre las clases a favor de los empleadores.

Renzi y los gobiernos anteriores han transformado en nuevas leyes (las contrarreformas) los objetivos e intereses de la clase dominante, gracias a estas nuevas relaciones de poder, pero también gracias a la complicidad y la subordinación de las direcciones de los sindicatos.

El objetivo del gobierno en nombre de la patronal es cerrar el juego, incluso a nivel constitucional, superando la contradicción entre la constitución material y la formal, adaptando por completo la segunda a los intereses de la burguesía en esta fase histórica de la crisis capitalista.

Cuando JP Morgan en 2013 y otras empresas financieras han argumentado la necesidad de superar las constituciones democráticas de Europa posteriores a la Segunda Guerra Mundial, proclamaban la voluntad de la burguesía de deshacerse del sistema institucional y las normas jurídicas que son la expresión de una correlación de fuerzas entre las clases que ya no existe. Pero las normas, siempre y cuando se mantengan escritas en La Constitución, siguen siendo un impedimento parcial para sus acciones, ya que pueden ser recurridas por las clases trabajadoras.

La batalla por el N, es por lo tanto crucial para evitar que este círculo se cierre, que institucionalmente la patronal tenga todas las palancas para llevar a cabo su guerra contra la clase obrera; para mantener abierta, o más bien volver a abrir, la batalla por la defensa de condiciones de vida de la clase trabajadora y derogar las leyes de la contra-revolución neoliberal.

En conclusión

Esta batalla política se perderá si algo no cambia en los próximos años en el plano social. Si los sujetos de la democracia social y política, que con sus luchas han impuesto las formas más avanzadas de la democracia burguesa, no vuelven a ser los protagonistas de su propio destino, es decir, si la clase obrera no levanta de nuevo la cabeza, rechazando con la lucha la contra-revolución social y política de la burguesía y sus partidos, poniendo en el centro de la batalla sus necesidades y sus reivindicaciones, el resultado parece obvio. Sólo en un marco de movilización social, democracia participativa y activa desde abajo se encontrará la fuerza y ​​la credibilidad para vencer a la involución reaccionaria y anti-democrático de Renzi, la Unión Europea y las fuerzas económicas y políticas capitalistas.

http://popoffquotidiano.it/2016/11/18/referendum-costituzione-e-lotta-di-classe/

 

La reforma constitucional: el diablo está en los detalles

Tomaso Montanari

"Queremos una democracia que decida", dicen los partidarios del Sí. "¡Nosotros también! Pero decidir no significa controlar, o dominar: han diseñado una dictadura de la mayoría, un sistema en el que el ganador se lo lleva todo. Un sistema en el que ya no existen otras garantías", rebatimos los partidarios del No.

Este fue el hilo conductor de mi debate  con Luciano Violante, que arbitró el pasado viernes Enrico Mentana. Un punto crucial del debate se referió a la elección del Presidente de la República. Al igual que el viejo, el nuevo artículo 83 establece que: "El Presidente de la República es elegido por el Parlamento en sesión conjunta de sus miembros". Excepto que - si gana el Sí – el Parlamento sería la siguiente: 630 miembros de la Cámara (como ahora: han sido muy cuidadosos de no reducir el número, ¡a pesar de la retórica de los ahorros!), 95 senadores designados por los consejos regionales (Dios sabe cómo), además de 5 senadores nombrados por el presidente de la república (para siete años, y por lo tanto su número en el momento de la votación es impredecible: depende de cuando fueron designados) y los senadores vitalicios en tanto que expresidentes de la República.

Imaginemos, por tanto, la elección del sucesor de Mattarella, y consideremos el cuerpo electoral más amplio posible (deseándole una larga vida a Giorgio Napolitano.): 630 + 95 + 5 + 2, es decir, 732 electores.

Debemos decir de inmediato que, en la legislación vigente (por lo tanto, ad italicum (1) vigente), el partido mayoritario tendría (por ley) 340 escaños de la Cámara, así como, por ejemplo, una mayoría de 60 senadores (en este caso la cifra es, inevitablemente, empírica: pero es una proyección razonable del peso actual del Partido Democrático). Por lo tanto, un paquete de 400 votos.

Pues bien, en las tres primeras votaciones (como ahora) para elegir al jefe del estado son necesarios dos tercios: 488. El partido de la mayoría debe encontrar 88: lo que implica una alianza política de una cierta escala.

Sin embargo, de la cuarta a sexta votación el quórum necesario para la elección presidencial se reduce a las tres quintas partes de los miembros: 440. Y aquí empiezan los problemas, porque bastaría un pequeño 'agregado' (es decir, para no ser abstractos: una cuadrilla de verdinianos dispuestos a ello) para convertir en esclavo de unos pocos quien debe ser el garante último de todos.

Pero la crisis democrática verdadera se manifiesta con las exigencias de la séptima votación: cuando bastan tres quintas partes de los votantes. Se trata de un inédito quorum móvil, pero ¿hasta qué punto podría superarse? El único límite es el impuesto por el artículo 64 de la Constitución (no afectado por la reforma), que requiere un quórum legal: para que el presidente pueda ser elegido deben estar presente la mitad más uno de los electores, es decir, 367 votantes. Ahora, tres quintas partes de 367 es igual a 221: y, a continuación, la nueva Constitución establece que la séptimo votación para elegir al jefe de Estado requiere una mayoría mínima de 221 votos, es decir, una mayoría que depende exclusivamente del partido que ganó las elecciones (340 eurodiputados), ¡incluso si el Senado no tiene ni siquiera un elector!

Frente a la evidente lógica de estos números, Violante respondió que se trata de una eventualidad muy remota, porque en las elecciones presidenciales todos están presentes. Bueno, pero entonces ¿por qué la nueva Constitución debería establecer una cosa tan extraña? Como es obvio, las Constituciones deben evitar las trampas, no establecer encajes tan raros. Mientras que aquí se posibilitan escenarios bizantinos complicadísimos, de juegos inescrutables de ausencias y de presencias: una geometría de mil variaciones que ofrece un amplio margen a la peor política, la de los corredores parlamentarios.

En este punto Violante admitió que la razón de esta regla extraña es evitar un punto muerto en la elección presidencial, porque eso podría dañar la imagen del país.

Y así - después de mil pretextos, mil intentos de negar lo obvio - finalmente se reveló la verdad. ¿Cuál?: que los autores de la reforma prefieren dejar la más alta magistratura de la República al arbitrio de un solo partido, antes que permitir que su elección dure varios días (porque de eso se trata). Y vale la pena señalar que Sandro Pertini fue elegido en la XVI votación para entender por qué puede valer la pena esperar un poco.

Si el Sí gana, el Presidente de la República, por tanto, será elegido solamente por la mayoría creada ex profeso por la Ley electoral de 2015 Italicum. Será poco probable, pero es posible: así se prevé explícitamente.

Ahora bien, esto revela especialmente gran parte del espíritu de la reforma que vamos a votar. Una reforma que intercambia capacidad de decisión por democracia, y que aumenta el poder de la mayoría, sin aumentar las garantías para las minorías. Aquí es donde su carácter totalitario, literalmente totalitario en el sentido de que el ganador se lleva todo y al perdedor no le queda ningún tipo de protección.

Junto a la arrogancia de la mayoría, las contradicciones del texto: hasta el momento no se han dado cuenta de que - en sentido estricto – en el reglamento de la Cámara (que es el que rige en las sesiones comúnes de ambas cámaras del Parlamento) el número legal de electores es distinto del quórum necesario para las votaciones de caracter electivo. Entre los presentes que hacen válida la sesión puede haber alguién (o incluso muchos) que no respondan a la llamada y no participen en la votación: en pura teoría, para elegir al Presidente de la República serían suficientes 3 votos 3 de cada 5 votantes, a condición de que asistan 367 electores para garantizar el quórum. ¿Nunca va a ocurrir? Probablemente. Pero permite una arbitrariedad realmente colosal a los señores electores en el Parlamento, que pueden agitar la amenaza de un golpe de mano, hacer salir y entrar grupos enteros de la Cámara, pescar en aguas turbulentas: tras los famosos 101 francotiradores que sabotearon la presidencia de Prodi han aprendido que la elección del inquilino del Quirinale puede ser venenosa y opaca.

Por lo tanto, es plásticamente evidente que la reforma constitucional que vamos a votar ha sido escrita con cicateria, ignorancia, ineptitud. Además de una arrogancia colosal.

El diablo está en los detalles, en el supuesto de que la elección del jefe de Estado sea un detalle. Y el 4 de diciembre no queremos acabar en el infierno.

Notas:

(1) La Ley electoral italiana de 6 de mayo de 2015 es conocida como Italicum. Su principal promotor fue Renzi con el apoyo de Berlusconi. https://it.wikipedia.org/wiki/Legge_elettorale_italiana_del_2015

http://temi.repubblica.it/micromega-online/riforma-costituzionale-il-diavolo-si-nasconde-nei-dettagli/

 

El referéndum de Italia tiene la llave del futuro del euro

Wolfgang Münchau

El 5 de diciembre Europa podría desayunar con una amenaza inmediata de desintegración.

Después del Brexit y de Donald Trump, prepárense para el retorno de la crisis de la Eurozona. Si Matteo Renzi, Primer Ministro de Italia, pierde el referéndum constitucional el 4 de diciembre, esperaría una secuencia de acontecimientos que aumentaría las dudas acerca de la participación de Italia en la Eurozona.

Las causas subyacentes de esta posibilidad extremadamente inquietante no tienen que ver con el referéndum en sí mismo. La más importante fue el rendimiento económico de Italia desde que adoptó el euro en 1999. La productividad total de los factores, la porción del PIB no explicada por el trabajo y el capital, ha caído en Italia aproximadamente un 5% desde entonces, mientras en Alemania y Francia ha subido alrededor de un 10%.

La segunda causa fue el fracaso por parte de la UE de construir una unión económica y bancaria adecuada tras la crisis de la Eurozona de 2010-2012 y, en lugar de ello, imponer la austeridad. Si quieres saber por qué Angela Merkel no puede ser la líder del mundo libre, no hace falta mirar más lejos.

La combinación de estos dos factores es la mayor causa del aumento progresivo del populismo en Europa. Italia tiene tres partidos en la oposición, los cuales están todos ellos a favor de la salida del euro. El más grande y el más importantes el Movimiento 5 Estrellas, un partido que desafía el habitual eje izquierda-derecha. El segundo es Fuerza Italia, el partido de Silvio Berlusconi, el cual ha girado furibundamente a posiciones antieuro después de que el ex Primer Ministro fue desalojado de su puesto en 2011. Y el tercero es el separatista Liga Norte. En los países democráticos es común que de forma eventual los partidos en la oposición lleguen al poder. Espere que ocurra en Italia también.

El referéndum importa ya que podría acelerar el camino hacia la salida del euro. Si el señor Renzi pierde, había dicho que dimitiría, conduciendo al caos político. Los inversores podrían concluir que el juego se ha terminado. El 5 de diciembre Europa podría desayunar con una amenaza inmediata de desintegración.

En Francia la probabilidad de la victoria en las elecciones presidenciales de Marine Le Pen está lejos ya de ser un riesgo remoto. De todos los candidatos que se han anunciado, es la mejor preparada. Hay algunos que podrían vencerla, como Emmanuel Macron, ex ministro de economía reformista, que anunció su candidatura el miércoles. Pero él no puede llegar a la vuelta final de las elecciones porque le falta un aparato de partido detrás. Si la señora Le Pen llegase a Presidenta, ha prometido mantener un referéndum sobre el futuro de Francia en la UE. Si ese referéndum condujese al Frexit, sería el final de la UE a la mañana siguiente. Y así lo sería del euro también.

Una salida de Francia o Italia del euro traería consigo el default más grande de la historia. Tenedores extranjeros de deuda en euros italianos o franceses serían pagados en los equivalentes de liras o francos franceses. Ambas se devaluarían. Dado que los bancos no deben mantener capital contra sus tenedores de bonos gubernamentales, las pérdidas forzarían a muchos bancos continentales a la bancarrota. Alemania se daría cuenta entonces de que un superávit masivo de la cuenta corriente puede tener incluso aspectos negativos. Hay mucha riqueza alemana esperando a ser impagada.

¿Se puede evitar esto? En teoría se puede pero requeriría la toma de una serie de decisiones en el tiempo y la secuencia correctos. Para empezar, la señora Merkel debería aceptar lo que rechazó en 2012 – una hoja de ruta hacia la total unión política y fiscal. La UE necesitaría incluso reforzar el Mecanismo Europeo de Estabilidad, el paraguas del rescate, el cual no está diseñado para salvar países del tamaño de Italia o Francia.

¿Qué esto suceda es remotamente esperable? Piénsalo de este modo: si le preguntas a la Canciller alemana, si ella quiere bonos respaldados en común por la Eurozona, te dirá que no. Pero si tiene que elegir entre eurobonos y la salida de Italia del euro, su respuesta puede ser bien diferente. La respuesta dependerá incluso de si se lo preguntas antes o después de las elecciones del próximo otoño.

Mi principal esperanza, sin embargo, consiste no en un colapso de la UE y del euro, sino en una salida de uno o más países, posiblemente Italia, pero no Francia. A la luz de los recientes acontecimientos, mi escenario de referencia está ahora firmemente por encima de la escala optimista de expectativas razonables. 

https://www.ft.com/content/7ea6837a-ad83-11e6-ba7d-76378e4fef24

ex-senador de Rifondazione Comunista. Es dirigente de Sinistra Anticapitalista.
Profesor de Historia del Arte de la Università degli Studi Federico II de Nápoles. Es vicepresidente de Libertà e Giustizia. Es autor de un libro sobre el referendum, con el título Così No.
columnista económico del semanario alemán Der Spiegel y coeditor alemán del Financial Times.
Fuente:
Varias
Traducción:
Enrique García
Rodrigo Amírola