Italia: “La escisión tiene sus razones. No se está juntos a la fuerza”. Entrevista

Stefano Rodotà

15/03/2017

Los tormentos de nuestra izquierda, ya se sabe, son cíclicos. Desde hace días, en los diarios, gráficos y tablas recuerdan todas las transformaciones (no sólo nominales) desde el lejano 1921 hasta la anhelada “cosa rosa”. ¿Qué tumbos sacuden al mayor partido progresista tras la humillación de las urnas en diciembre? Hemos hablado de ello con Stefano Rodotà, que es uno de los padres nobles de esa izquierda.  (Declaraciones recogidas por Silvia Truzzi para el diario Il Fatto Quotidiano).

Profesor, en el PD ¿el problema es sólo “Renzi el desguazador" [antiguo apelativo con el que se designaba a Renzi y otros políticos de su generación]?
 
Renzi ha puesto mucho de sí por arrogancia y escasa consideración hacia los demás: no es el modo mejor para evitar las separaciones. Tiene muchas responsabilidades, pero no es cuestión de carácter, querría que esto quedase claro. Ha hecho una elección política precisa decidiendo que los tonos, los modos y los tiempos de esta fase fueran los que hemos visto. 
 
¿Qué papel ha tenido el voto de diciembre en el terremoto de la izquierda?
 
Sin el referéndum y sin ese resultado no habría habido escisión. Pero ha sido el factor desencadenante, existía ya una situación dentro del partido completamente predispuesta a los desgarros. En torno al líder o al presunto tal se ha creado un círculo, me refiero a lo que ha dado en llamarse el ‘Lirio Mágico’ [o flor de lis, símbolo de Florencia, ciudad natal de Renzi], de gestión restringida, restringidísima, del poder. El inconveniente no es sólo el Renzi desguazador, sino una política que tiende a crear giros ajustados y, por tanto, excluyentes. Un partido es una entidad plural, donde quien dice  ‘nosotros’ no usa el plural mayestático sino que habla en nombre de una comunidad de personas.
 
Ahora se dice: un secretario-premier demasiado de derecha, un cuerpo extraño se ha apoderado del PD. Pero que Renzi tenía ciertas posiciones estaba claro desde hace tiempo: no hay más que pensar en el Jobs Act.
 
Sobre esto no cabe duda. Al que descubre tardíamente que Renzi no es de izquierdas sólo se le puede preguntar: ‘pero, tú, ¿dónde andabas?’. Me parecen intentos de autoabsolución: ¿en qué partido han vivido los que ahora se asombran?  ¿Qué han votado en el caso del Jobs Act, del Italicum, de la reforma de la Constitución?
 
Romano Prodi ha dicho que “dividirse es un suicidio”. ¿Está de  acuerdo?
 
No, para nada. Seguir juntos a cualquier precio, ¿es  oportuno? Me parece evidente que no hay un careo político entre los distintos sujetos que sea suficiente para estar juntos. Pero atención: separarse tiene sentido si la opción resulta  comprensible, es decir, si no aparece ante la comunidad de referencia como una opción dictada por intereses personales o de una corriente. Dicho esto, seguir juntos sin razones compartidas me parece poco sensato. 
 
¿Basta con volver a proponer la fórmula de la coalición del Olivo?
 
Hoy por hoy no se puede volver a proponer mecánicamente nada de nada. La situación ha cambiado, hay otros protagonistas. Parece una banalidad, pero pensemos en cuestiones al orden del día, por ejemplo, el tema crucial del trabajo. Sobre esto tengo que decir una cosa: Susanna Camusso [secretaria general de la central sindical CGIL] lleva días preguntando al Gobierno cuándo pretende fijar la fecha para los referéndums, sin obtener respuesta. Pero esta no es una cuestión que tenga que ver con la relación entre Paolo Gentiloni [actual primer ministro] y Susanna Camusso, tiene que ver con todos nosotros. Quiero saber qué pretende hacer el ejecutivo. 
 
Todos hablan de la necesidad de estar unidos en clave defensiva, contra los llamados populismos. No es el mejor de los supuestos.   
 
Si se asume una actitud medrosa y defensiva, los Cinco Estrellas conseguirán probablemente más consensos todavía. La cuestión estriba en interrogarse acerca de las razones de estos flujos electorales, de cuáles son las urgencias y las necesidades de los ciudadanos. Considerar de modo dramático la victoria de los ‘populismos’ no es una solución política. Me parece que ya se ha olvidado la experiencia de diciembre. Es inútil hablar de populismo cuando las indicaciones del pueblo se ignoran sistemáticamente. En este momento, los ciudadanos están diciendo que quieren ser ‘pueblo legislador’, pero nadie les escucha. En el tema del trabajo nos ha tocado oír decir al ministro Poletti que, más que convocar el referéndum, se podían disolver las cámaras [legislativas]: ésta no puede ser la respuesta de un ministro.  
 
¿Cómo ve la vuelta al proporcional?
 
¡Bien, porque soy proporcionalista desde siempre! Si miro al pasado, creo que el  proporcionalismo ha permitido en momentos difíciles – por ejemplo, en los años 70  – a grupos extraparlamentarios tener una opción frente a otros modos de actuar, como la lucha armada, pongamos por caso: es decir, ir al Parlamento. Hoy el marco es naturalmente distinto, pero yo juzgo que es igualmente esencial dar voz y representación a quien en un sistema mayoritario no la tendría: esto demanda una ley electoral que no se haga cargo sólo del problema de la gobernabilidad. Un buen ejemplo es la ley alemana. Al formular la nueva ley hace falta que, más que nada, quede claro a los ciudadanos que nada se hace para limitar su poder de expresarse y su derecho de verse representados. Esto sería trágico. Ahora hace falta decir también que no se puede tergiversar más de lo habitual: la demanda de los ciudadanos es ir a votar.
 
Gentiloni ha dicho claramente que la legislatura llegará a 2018. 
 
El presidente del Gobierno hace bien en decir hasta qué punto quiere llegar. Se asumen así dos responsabilidades, la primera respecto a las presiones que hay para anticipar las elecciones.  Pero sobre todo, tendrá que decir qué quiere hacer, porque quiere llegar al final de la legislatura. 
 
Renzi, Orlando, Emiliano: ¿cómo acabará y por quién apuesta? 
 
Soy pésimo siempre haciendo  pronósticos...Hasta ahora había que decir que Renzi tiene más cartas en la mano. Pero los dos competidores están  fornentando, de modo muy distinto, respuestas diferentes de las puramente de oposición a la agresividad renziana. Buscan soluciones políticas, y esto es una buena cosa. 
 
¿Podemos definir como derrotado a un líder que ha perdido el referéndum de modo pésimo, cuyas políticas laborales han fracasado, que ha visto desautorizar por la consulta la ley electoral le en la que ha puesto tres veces su confianza? 
 
Desde luego que sí. El único momento de sinceridad que hemos visto es cuando ha dimitido Renzi como primer ministro. Pero tal como él ha recordado, ha sido vencido prácticamente en toda la línea: esto echa por tierra un mito, demostrando que no tiene leadership.

 

ilustre jurista italiano, profesor emérito de Derecho Civil de la Universidad La Sapienza de Roma, fue en los años 70 miembro del Partido Radical de Marco Pannella, diputado independiente en las listas del PCI en 1979, y luego en las del PDS, del que fue primer presidente. También se ha mostrado particularmente activo en terrenos como la protección de datos y, entre otras iniciativas cívicas, en el referéndum sobre el carácter público del agua de 2012 y en el más reciente de diciembre de 2016 sobre la reforma constitucional, en el que resultó estrepitosamente derrotado el primer ministro Mateo Renzi.
Fuente:
Il Fatto Quotidiano, 8 de marzo de 2017
Traducción:
Lucas Antón