Italia: Silvio Berlusconi en 2018

Roberto Saviano

06/01/2018

Italia atraviesa una nueva fase crítica, aplastada por dos fenómenos; el envejecimiento de su población (el Instituto Nacional de Estadística sostiene que el sentimiento dominante es aquí y ahora el “rencor”) y la ola migratoria que, cínicos, los grandes países europeos han dejado que afrontara sola. Silvio Berlusconi se aplica a solapar ambas cuestiones: ha vuelto a escena hablando de animales de compañía y de jubilaciones (volviendo a sacar su vieja promesa de jubilaciones mínimas a 1.000 euros mensuales) y se ha aliado con la nueva Lega Nord de Matteo Salvemini, que se inspira en el populismo de Marine Le Pen y se niega a conceder la ciudadanía a los hijos de inmigrantes nacidos en suelo italiano.

Se puede, pues, sostener hoy en día que la villanía europea (y francesa) es en parte responsable de este regreso. La irresponsabilidad de Nicolas Sarkozy, que desestabilizó Libia, y la arrogancia con la que el nuevo presidente Macron se lava las manos del problema “inmigración” como si Francia no tuviera costas mediterráneas, unidas al saber hacer lepenista, han contribuido a agravar la inestabilidad política italiana, que es también hija del fracaso rápido del liderazgo de Matteo Renzi      

El Berlusconi de hoy persigue una rápida rehabilitación judicial y política, tras innumerables condenas que han sido anuladas, todas salvo una, en virtud de la prescripción de los delitos de los que se le acusaba. Los años que pasó en el Palacio Chigi no parecen ya más que un mal recuerdo, y de golpe – aunque tenga aspecto de “replicante” debido a un número de “liftings” equivalente al número de sus procesos – Berlusconi puede aprovechar la ocasión. La última. Dando la impresión de ser el único que puede mantener a raya a Beppe Grillo. Pero los ingredientes de su éxito son siempre los mismos. Su imponente fuerza mediática (diarios, televisiones, revistas), ha continuado, tras su marcha en 2011, como una especie de ruido de fondo, para desacreditar a sus adversarios, aun cuando el Cavaliere pareciera fuera de juego. Así es como Renzi, que lo tenía todo para parecérsele e imitar su capacidad de no decir nada, pero diciéndolo bien, ha terminado por ser abandonado por los electores de Berlusconi. Pues son ellos quienes, convencidos del crepúsculo del Cavaliere, habían encontrado en Renzi una copia compulsada y le habían permitido alcanzar el 40% de los votos en las elecciones europeas de 2014. Hoy en día ha perdido la mitad de sus electores, que vuelven al original. Con esta gran diferencia en relación al pasado: la crisis económica, pero, sobre todo, la falta de Europa política ha vuelto a los italianos escépticos frente a las instituciones comnitarias.           

Esto explica que el retorno a escena de Berlusconi no sea un problema de los “italianos de siempre”. Pues si el octogenario Cavaliere es una vez más protagonista de la escena política, es ahora asunto de un continente europeo envejecido, en el que se extiende hoy la idea de que ya no existe el horizonte “Europa”. Una sola esperanza en estas condiciones: que se afronten las cuestiones fundamentales dejando a un lado tanto las sonrisitas de superioridad a lo Sarkozy como los sueños de grandeza nacional que corren el riesgo de retrasar el reloj de la historia ochenta años atrás.

periodista de investigación justamente célebre por sus valerosos libros sobre las mafias, el narcotráfico y la delinciuencias internacionales, como Gomorra (2006), vive en los Estados Unidos bajo protección policial desde que fue amenazado de muerte por la Camorra napolitana.
Fuente:
L´Obs, nº 2772-2773, 21 de diciembre de 2017-3 de enero de 2018
Traducción:
Lucas Antón