La crisis nuclear de Kim Jong-un y Donald Trump. Dossier

Mel Gurtov

Thomas Knapp

Richard Falk

David Krieger

13/08/2017

Las amenazas de Trump

Mel Gurtov

El problema con la declaración amenazando “fuego y furia” a Corea del Norte de Donald Trump no es simplemente que crispa una situación ya tensa. Tampoco es meramente otro ejemplo del lenguaje inapropiado, infantil, de Trump cuando se enfrenta a un problema complejo.

Lo más preocupante es que no parece tener la menor idea del efecto de sus palabras en la política internacional del mundo real. Tratar de superar a los norcoreanos en la escalada de amenazas puede darle a Trump la falsa sensación de que él los está conteniendo, ya que cree - como resultado de su experiencia empresarial- que las amenazas funcionan. Pero no tiene idea de cómo se reciben sus amenazas en Pyongyang, por no mencionar en Seúl, Tokio, Pekín y otras capitales. El lenguaje de Trump no ayuda en absoluto a encauzar el tema nuclear hacia el diálogo, pero contribuye y mucho a envenenar las relaciones con Corea del Norte y a reforzar la opinión generalizada de que el presidente de los EEUU es inestable y propenso a acciones violentas.

En el pasado Trump ha dicho que atacar Corea del Norte más pronto que tarde es la mejor manera de resolver la cuestión nuclear. Bill Clinton, ya en 1994, adoptó la posición contraria al rechazar un ataque contra las instalaciones nucleares de Corea del Norte en Yongbyon y en su lugar se comprometió con un Acuerdo Marco con Pyongyang que impidiese la guerra. ¿Trump mantiene todavía esa posición? Numerosos especialistas y la propia dirección del Departamento de Defensa de Trump, han llegado a la conclusión de que una guerra sería catastrófica, con un millón de muertes inmediatas y unos costes económicos de alrededor de 1 billón de dólares. Huelga decir que los coreanos norte y el sur, los japoneses y los chinos pagarían el precio más alto de tal locura.

Pero Trump, con su bien conocida ignorancia acerca de las armas nucleares, parece felizmente ignorante de tales asuntos. Él prefiere hablar de “noticias falsas”, de los ataques de sus críticos, mentir acerca de sus logros, y seguir defendiendo una agenda interna que lleva a ninguna parte. Las armas nucleares, la historia de Corea, las motivaciones de Corea del Norte, y el arte de la diplomacia están fuera de su área de interés, y decir que no aprende rápido es ser demasiado educado.

El Secretario de Estado Rex Tillerson respondió a las preguntas sobre la última amenaza de Trump diciendo: “Los estadounidenses deben dormir bien por la noche”, descartando la amenaza como “retórica”. Dado el redoble de los tambores de guerra de los medios de comunicación en relación con los misiles de Corea del Norte, dudo que muchos estadounidenses bien informados duerman bien. Dudo que los líderes militares de Estados Unidos en particular, estén durmiendo bien; tienen a un comandante en jefe impredecible e inexperto que podría dar la orden de atacar Corea del Norte. Y con toda seguridad los surcoreanos y los japoneses no están durmiendo bien. Una retórica bélica del presidente de Estados Unidos nunca puede despreciarse.

En una palabra, el presidente Trump es un verso suelto, una seria amenaza para la seguridad nacional e internacional.

https://www.counterpunch.org/2017/08/11/trumps-threats/


Mel Gurtov  es profesor emérito de Ciencias Políticas en la Universidad Estatal de Portland, Editor en Jefe de Perspectiva Asiática, revista de asuntos internacionales trimestral y mantiene el blog En el Interés humano .

 


No fiarse de Trump

Thomas Knapp

El presidente de Estados Unidos Donald Trump puso a gran parte del mundo attiwtado y agitado el martes 8 de agosto con su comentario a la prensa: “Es mejor que Corea del Norte no amenace más a los Estados Unidos. Serán contestados con fuego y furia como el mundo nunca ha visto antes”. Trump ha demostrando sin duda ser capaz de colocarse a la altura de Kim Jong Un cuando se trata de brabuconadas internacionales.

¿Habla en serio? Eso creo. Espero algún tipo de confrontación militar importante - posiblemente incluso una guerra abierta - entre los EEUU y Corea del Norte antes de que acabe agosto. Naturalmente espero equivocarme, pero las cosas parecen estar llegando a un punto crítico.

Con esto en mente, vale la pena examinar algunas de las afirmaciones del gobierno de Estados Unidos sobre Corea del Norte y compararlas con la realidad.

En primer lugar, vamos a ver lo que significa cuando Trump se refiere a la actual serie de “amenazas” de Corea del Norte: El 7 de agosto, informa el Washington Post, el ministro de Asuntos Exteriores de Corea del Norte, Ri Yong Ho “dijo a los diplomáticos que su país nunca negociará fuera de lo que llamó una 'opción estratégica racional' contra la amenaza de un ataque de Estados Unidos. ... Ri dijo que Pyongyang usará armas nucleares sólo contra los Estados Unidos o cualquier otro país que se una a una acción militar contra Corea del Norte”.

En otras palabras, Corea del Norte está “amenazando” con defenderse si es atacada, y se reserva el derecho a utilizar armas nucleares en su defensa. No suena mucho como una “amenaza”, ¿verdad?

A continuación, la actual ronda de cruce de sables coincide con una oportuna filtración probablemente aprobada por Trump. El Washington Post cita a funcionarios no identificados y un supuesto informe de evaluación de la Agencia de Inteligencia de Defensa en el sentido de que Corea del Norte “ha producido con éxito una cabeza nuclear miniaturizada que puede colocar en sus misiles” (la filtración del mes pasado fue que Corea del Norte tiene ahora misiles que pueden alcanzar a EEUU continental).

Estas filtraciones no pasan la menor prueba de ser auténticas.

En primer lugar, por el momento Corea del Norte sólo ha probado (con detonaciones) que puede hacer armas de fisión grandes y pesadas como las antiguo bombas atómicas, no armas nucleares bona fide (bombas de hidrógeno). ¿La miniaturización? Eso suena muy parecido a “Saddam está almacenando armas de destrucción masiva” (falso) o “Irán será capaz en seis meses de tener armas nucleares” (esta última afirmación se ha repetido cada seis meses de 1996 a 2015).

En segundo lugar, aunque Corea del Norte probó recientemente un cohete que afirma que es un misil balístico intercontinental, hay razones para ser escépticos y en segundo lugar sobre la idea de que podría producir de forma fiable tales cohetes en cantidad suficiente como para esperar que funcionen.

Por último, está la cuestión de ensamblar esas armas nucleares poco probables que esos cohetes improbables y conseguir que detonen con el impacto de una caída desde el espacio. Eso es ciencia de cohetes de un nivel que Corea del Norte hasta el momento no ha demostrado poseer.

Claire Boothe Luce llamó a Franklin Delano Roosevelt “el único presidente estadounidense que nos metió mintiéndonos en una guerra porque no tenía el coraje político de convencernos de meternos”.  Si es así, Trump parece decidido a seguir los pasos de su ilustre predecesor.

https://www.counterpunch.org/2017/08/11/dont-trust-trumps-north-korea-bl...

Thomas L. Knapp es director y analista de noticias senior en el Centro William Lloyd Garrison para la defensa del periodismo libre ( thegarrisoncenter.org ).



La superación de las crisis nucleares

Richard Falk y David Krieger

De manera alarmante, las tensiones entre Estados Unidos y Corea del Norte han vuelto a alcanzar proporciones de crisis. Estados Unidos quiere que Corea del Norte frene cualquier desarrollo ulterior de su programa de armas nucleares, así como dejar de probar sus misiles. Corea del Norte busca, evidentemente, reforzar su seguridad mediante la adquisición de una capacidad de disuasión suficientemente fuerte como para desalentar un ataque de Estados Unidos.

Los impredecibles dirigentes de ambos países están actuando de manera extremadamente provocadora y desestabilizadora. Nadie sabe como puede concluir una una interacción tan peligrosa. No se debe minimizar el riesgo de que esta tensa situación escape fuera de control.

Es urgente que todos los gobiernos interesados hagan una sobria y oportuna evaluación. Las siguientes preguntas deben ser formuladas:
+ ¿Qué se puede hacer para calmar esta escalada de crisis?
+ ¿Qué debe hacerse para evitar nuevas crisis en el futuro?
+ ¿Qué se puede aprender de las crisis recurrentes que implican a estados con armas nucleares?

Es desalentador que la Casa Blanca siga dependiendo principalmente de una diplomacia de amenazas. No ha funcionado a la hora de hacer frente a las ambiciones nucleares de Corea del Norte durante los últimos decenios, y es crucial probar un enfoque diferente.

Actualmente, hay señales mixtas de que un cambio de este tipo puede estar en marcha. El Presidente Trump se ha dirigido a China, pidiéndole que utilice su influencia para inducir a Kim Jong-un a dar marcha atrás, e incluso se ha mencionado la posibilidad de invitar a Kim a unas conversaciones para resolver la crisis. También es relevante y esperanzadora la elección de Moon Jae-in como nuevo presidente de Corea del Sur, y sus insistentes llamamientos a mejorar las relaciones con el Norte.

Al final, ninguna persona razonable puede querer otra guerra en la península de Corea. La única alternativa racional es la diplomacia. Pero, ¿qué tipo de diplomacia?

La dependencia estadounidense de una diplomacia de amenazas y castigos nunca ha tenido éxito en el pasado y es casi seguro que no lo tenga ahora. Necesitamos diplomacia, pero de otro tipo.

Es hora de abandonar la diplomacia coercitiva y desarrollar un enfoque que puede ser descrito como diplomacia restauradora. La diplomacia coercitiva se basa en un cálculo suma / cero que consiste en amenazas militares, sanciones, y una serie de medidas de castigo.

La diplomacia restauradora adopta un enfoque ganancia / ganancia que busca encontrar beneficios mutuos para ambos lados, la reestructuración de la relación con el fin de proporcionar seguridad a la parte más débil y estabilidad al lado más fuerte. El reto para la imaginación política es encontrar la fórmula concreta para traducir este objetivo abstracto en políticas viables alternativas.

El cambio fundamental es el reconocimiento mental de que en el contexto de la península coreana cualquier conflicto militar, ya sea nuclear o no nuclear, es una fórmula para la catástrofe. No es una situación de ganar o perder. Es perder / perder en términos de sufrimiento humano, devastación, y el probable resultado político. Si una o ambas partes utilizan armas nucleares, podría haber millones de víctimas y un desastre sin precedentes.

Si bien la administración Trump ha sugerido que el tiempo para hablar con Corea del Norte ha terminado, en realidad es todo lo contrario.

Una solución a la actual crisis coreana implicaría un retorno inmediato a la mesa de negociaciones con estímulos positivos propuestos por EEUU a cambio de que Corea del Norte detenga su desarrollo de armas nucleares y las pruebas de misiles.

Tales incentivos podrían incluir, en primer lugar, garantías de seguridad bilaterales y regionales para el gobierno de Corea del Norte, con la garantía de que el país no será atacado y se respeta su soberanía.

Esto podría acompañarse con medidas de confianza. Los EEUU y Corea del Sur debe detener sus maniobras militares conjuntas anuales en las proximidades de Corea del Norte, así como renunciar a provocativos despliegues de armas.

Además, los EEUU y, posiblemente, Japón podrían ofrecer beneficios adicionales a Corea del Norte: alimentos, medicamentos y tecnología de energía limpia. China podría desempeñar un papel positivo al acoger las negociaciones, incluyendo la posibilidad de invitar al nuevo líder de Corea del Sur a participar.

Más allá de resolver la crisis actual está el desafío más importante de como evitar las crisis recurrentes que enfrentan a países con armas nucleares.

No será posible mientras algunos países mantengan, desarrollen y desplieguen armas nucleares, y a otros países se les prohíba la adquisición de tales armas, incluso si su seguridad se encuentra amenazada. Podría decirse que Irak y Libia sufrieron las consecuencias de no tener armas nucleares para disuadir los ataques contra ellos.

La única forma de salir de esta trampa es reconocer que el régimen de no proliferación nuclear ha fallado.

Las disposiciones de los tratados que piden negociaciones para un desarme nuclear general y completo se han descuidado durante casi medio siglo. Fuera de los términos del Tratado de no proliferación nuclear, los Estados Unidos han actuado como el ejecutor de un régimen de no proliferación nuclear. Ese papel motivó el ataque estadounidense a Irak en 2003 con sus efectos desastrosos para el país y todo Oriente Próximo.

También subyace en la crisis actual que enfrenta las exigencias de Washington con las provocaciones de Pyongyang. Los enfoques de poder duro ante estos peligrosos acontecimientos tienen pésimos precedentes, y plantean riesgos inaceptables de caos regional y global.

Prohibir y eliminar las armas nucleares es lea esencia de la prudencia en la era nuclear.

Es la única manera de prevenir que una crisis entre oponentes con armas nucleares se convierta en una catástrofe nuclear. Tal comportamiento constituiría un acto de cordura para la humanidad y su futuro teniendo en cuenta los peligros extremos de las armas nucleares, las crisis periódicas que estallan entre países con armas nucleares, y las crecientes posibilidades de que se utilicen armas nucleares en algún momento.

Sin embargo, para que los estados más débiles y pequeños con armas nucleares acepten este enfoque, es imprescindible que se respete la Carta de las Naciones Unidas y el derecho internacional hasta el punto de que se rechace de forma convincente las intervenciones geopolíticas de cambio de régimen de los estados dominantes como una opción política razonable.

Cualquier uso de armas nucleares sería catastrófico.

Dependiendo de la extensión del intercambio nuclear, ciudades, países, la civilización, e incluso toda forma de vida compleja, incluyendo la especie humana, estarían en riesgo. Los expertos  preven que una guerra nuclear entre India y Pakistán en la que se utilizasen 100 armas nucleares del tamaño de la de Hiroshima contra las ciudades sería susceptible de provocar una hambruna nuclear que costaría dos mil millones de vidas en todo el mundo. Una guerra nuclear total podría provocar la extinción de toda forma de vida compleja, incluyendo la humanidad.

Nueve países actualmente poseen armas nucleares (Estados Unidos, Rusia, Reino Unido, Francia, China, Israel, India, Pakistán y Corea del Norte). Nueve líderes podrían iniciar una guerra nuclear por equivocación, error de cálculo o malicia.

El futuro depende precariamente de este pequeño número de individuos. Tal concentración sin precedentes de poder y autoridad socava la democracia, además de ser extremadamente imprudente e irresponsable.
Es esencial mantener nuestro enfoque en los retos que plantea el desarrollo de las capacidades nucleares de Corea del Norte. Al mismo tiempo, mientras se lucha para desactivar esta crisis que se cierne sobre la península de Corea, no debemos perder de vista su conexión con la estructura más amplia y cuestionable de la estrategia de seguridad nuclear de los otros ocho países con armas nucleares.

Hasta que esta estructura nuclear no sea superada, es casi seguro que se seguirán produciendo crisis en el futuro. Es temerario suponer que las catástrofes nucleares pueden evitarse indefinidamente sin abordar estos desafíos más profundos, que han existido desde el ataque atómico original contra Hiroshima.

https://www.counterpunch.org/2017/08/11/overcoming-nuclear-crises/

Richard Falk es Vicepresidente Senior de la Nuclear Age Peace Foundation, y profesor emérito Albert G. Milbank de Derecho Internacional, Universidad de Princeton.
David Krieger es presidente de la Nuclear Age Peace Foundation.
 

Fuente:
Varias
Traducción:
Enrique García