La globalización es la venganza del rentista. Entrevista

Antoni Domènech

12/11/2006

 

El periodista Fernando Valiño entrevistó para Diario de Valladolid a Antoni Domènech, con ocasión de la presentación de SinPermiso en el Ateneo Republicano de Valladolid.

SinPermiso, una nueva revista teórica y política en la era de la banalización mercenaria del pensamiento y de la creación artística. La presentó en el Ateneo Republicano su editor, Antoni Domènech.

Fernando Valiño.- ¿Por qué hoy una publicación teórica de orientación socialista como SinPermiso?

Antoni Domènech.-  Primero, porque un grupo de amigos y compañeros de tres generaciones distintas, de tres continentes distintos y procedentes de distintas tradiciones socialistas y de muy distintos ámbitos profesionales sentimos la necesidad de reflexionar juntos sobre la derrota de esas tradiciones. Segundo, porque a pesar de la nuestra diversidad llegamos a un diagnóstico crítico básicamente común sobre el presente. Y tercero porque el sorprendente éxito de visitas del semanario electrónico que pusimos en marcha hace más de un año (www.sinpermiso.info) nos dio a entender que era viable hacer una revista semestral en papel, con reflexiones teóricas más de fondo.

¿Hay espacio, entre tanta frivolidad editorial, para una revista político-cultural que se declara socialista?

Lo que llamas “frivolidad cultural” nace de la creciente conversión de la vida cultural y académica en mercancía y espectáculo venal, y también, en parte, de lo que parece inexorable subordinación del pensamiento a las dádivas de las elites públicas y privadas en forma de subvenciones, ayudas y premios que premian sobre todo a quienes dan el premio, es decir, de la banalización mercenaria del pensamiento y de la creación artística. (Dicho sea de paso: “mercado”, “mercancía”y “mercenario” comparten origen etimológico con “meretriz”.) Está por ver qué espacio tiene un proyecto político-cultural y editorial fundado en el trabajo voluntario y organizado de acuerdo con pautas de reciprocidad altruista, que no admite publicidad en sus páginas, que no cabildea por “reseñas” en los grandes medios de comunicación y que, por el momento, no solicita otra ayuda, pública o privada, que la donación voluntaria. La respuesta en este último año ha sido francamente estimulante. Tal vez porque hay mucha gente en el mundo asqueada con la meretrización del pensamiento. ¡Quién quita, pues, que a comienzos del siglo XXI, y gracias en buena medida al apoyo en ese instrumento radicalmente democratizador que hasta ahora viene siendo internet, no pueda renacer y volver a circular algo parecido a los “cuadernos de alcance” y las hojas volanderas con que se vertebró publicísticamente en la segunda mitad del siglo XIX el movimiento obrero anarquista y socialista!

Cómo definiría la actual fase del capitalismo?

La llamada globalización de las últimas décadas es un proceso de contrarreforma del capitalismo reformado que se impuso al acabar la II Guerra Mundial. Hay, por supuesto, muchas novedades radicales en la “globalización”. Pero mundialización de la economía, libertad de movimientos de capitales, mercados financieros internacionales desregulados, libertad absoluta del empresario para hacer con sus trabajadores lo que quiera, políticas exteriores descarnadamente belicistas, todas esa cosas las había, y según cómo más (había, p.e.,  una libertad de movimientos de la fuerza de trabajo que ahora está inhibida por las nuevas murallas que el capital levanta por doquier), en el capitalismo de la belle éoque (1871 1914). El capitalismo reformado post 45 significó, entre otras cosas, la desmundialización consciente de la economía; el control público de los movimientos de capitales; la “eutanasia del rentista” (Keynes), es decir, la subordinación del capital financiero especulativo al capital productivo; derechos sociales de los trabajadores, a veces blindados constitucionalmente, etc. Por seguir con la metáfora de Keynes, se puede decir que la globalización es la venganza del rentista...

¿Qué queda de la izquierda?

El grueso de las corrientes socialistas –socialdemocracia clásica (Bernstein, Rosa Luxemburgo, Kautsky, Largo Caballero), anarquismo (Bakunin, Kropotkin, Durruti), comunismos de izquierda (Trostsky, Korsch, Andreu Nin) o de derecha (Paul Levi, Bujárin, el último Gramsci, Joaquín Maurín)— no sobrevivieron entre 1930 y 1950 a la máquina trituradora combinada del fascismo, el estalinismo y la guerra fría. Quedaron sólo, con base social importante, una extrema derecha socialdemócrata (los herederos de Noske, vamos: el asesino de Rosa Luxemburgo que vivió tranquilamente como exfuncionario pensionado bajo Hitler), que pretendió con bastante éxito una especie de socialismo dentro del capitalismo; y el comunismo de ascendencia estalinista, que pretendió, también con relativo éxito, una especie de socialismo fuera del capitalismo, aún más estatista que el anterior, y –contra todas las tradiciones del movimiento obrero— radicalmente negador de la democracia republicana. Pero esas dos variantes bastardas del socialismo decimonónico que lograron sobrevivir a la guadaña del fascismo, del estalinismo y de la guerra fría en la primera mitad del siglo XX, no han sobrevivido tampoco al proceso de remundialización y contrarreforma del capitalismo comenzado en el ultimo tercio del siglo pasado.

¿Y qué perspectivas tiene la izquierda seria hoy?

Un capitalismo contrarreformado amenaza a la humanidad no sólo con las catástrofes indecibles que se abatieron ya sobre el mundo en la belle époque del capitalismo belicista y depredador prerreformado (holocaustos en el tercer mundo por el efecto destructor de la penetración de la cultura económica y moral del capitalismo en las economías naturales de los países colonizados, dos guerras mundiales y un rimero de revoluciones y contrarrevoluciones en las metrópolis), sino que presenta amenazas nuevas, de todo punto inquietantes (cambio climático, destrucción radical de la bio- y la culturodiversidad, crecimiento desapoderado de imperios económicos privados incontrolables e incontrolados, capaces de desafiar con éxito a los gobiernos democráticos, etc.). Razones, pues, para un rebrote de la izquierda anticapitalista no faltan. Creo que los buenos diagnósticos y el buen pensar los problemas, tampoco escasean. Falta, sobre todo, organización; organización política de la resistencia a la catástrofe; organización de los espacios de deliberación y autoilustración popular; organización de formas alternativas y fraternales de producir y consumir.

Estamos en el 75 Aniversario de la República, ¿qué supuso para España?

El único régimen político que en la larga y atormentada historia de nuestra nación prometió creíblemente al pueblo español el pleno ejercicio de su soberanía: hacia dentro: como “República de trabajadores” empeñada en redistribuir equitativamente la propiedad de los medios de existencia y como régimen democrático capaz de rearticular la configuración nacional española reconociendo planamente su carácter nacional a Cataluña, el país vasco y Galicia. Y hacia fuera: recuperando la autonomía de la política exterior española, renunciando a la guerra como medio de esa política, buscando activamente el hermanamiento con el resto de los pueblos del mundo (empezando por los pueblos hsipanoamericanos, a los que ofreció la doble nacionalidad) y librándose de la tutela de las grandes potencias imperiales del momento. Ambas cosas las pagó muy caras, como es harto conocido.

Antoni Domènech es el Editor general de SINPERMISO

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Fuente:
Diario de Valladolid, 6 noviembre 2006