La privatización de la seguridad

Lou Pingeot

David Torres Pascual

07/12/2014



Las Empresas Militares y de Seguridad Privadas (EMSP) se han convertido en un asunto relevante en las relaciones internacionales y en la literatura académica durante las últimas décadas: la empresa Executive Outcomes en los años 90, las conocidas actividades de Blackwater en Irak y las controvertidas prácticas de G4S son buenos ejemplos de esto.

Además, con el final de la Guerra Fría, la privatización de algunos ámbitos de la seguridad ha sido un problema de mayor importancia en la disciplina de las Relaciones Internacionales, y en particular, el fenómeno de las EMSP: empresas que ofrecen una gran variedad de servicios militares y/o de seguridad: seguridad armada y desarmada, evaluación de riesgos, entrenamiento militar, apoyo logístico, consultoría, etc. Han encontrado un negocio lucrativo en el mercado de la seguridad en áreas de conflicto y posconflicto. Las EMSP son un fenómeno multifacético, consolidado y creciente, básico para entender las relaciones internacionales y la seguridad en el nuevo siglo.

Varios estudios demuestran evidencias cuantitativas en relación a esta industria de la seguridad privada: hay (1) un mayor número de EMSP que ofrecen sus servicios; (2) un mayor número de contratos entre las EMSP y los estados, organizaciones internacionales u otras empresas y (3) un mayor número de EMSP desplegadas en situaciones de conflicto y posconflicto. Algunos autores sugieren que estos cambios cuantitativos van de la mano de una nueva visión de seguridad internacional, más relacionada con la efectividad y el alcance, la eficiencia y la reducción de bajas, tratando de desvincularla de sus componentes político y social. Incluso dentro del discurso de la seguridad humana, los conceptos de efectividad y despolitización son cada vez más importantes.

Estas empresas también han estado relacionadas con Naciones Unidas (ONU), desarrollando una historia de cooperación con la organización desde el año 1990. Esta polémica colaboración pocas veces se ha abierto al debate, tanto público como académico (Gilje Ostensen, 2011: 5). Sin embargo, durante los últimos años varios estudios han tratado de iluminar esta relación. Este es el caso del trabajo de nuestra entrevistada, Lou Pingeot.

David Torres Pascual (DTP): Durante los últimos años ha habido numerosos debates sobre la privatización en algunos ámbitos de seguridad, especialmente relacionados con la mayor presencia de EMSP en la esfera internacional. Hay discusiones sobre el estatus legal de estas empresas y sus empleados, las implicaciones éticas de estas empresas, el papel del Estado en los asuntos militares internacionales o la importancia de estas empresas en las prácticas y discursos de la seguridad internacional. Nuestra entrevista se centrará principalmente en este último punto. Para aclarar algunos conceptos, ¿qué entiendes por seguridad internacional y qué actores son relevantes en este tema?

Lou Pingeot (LP): Las EMSP suponen un reto para el concepto tradicional de seguridad internacional, gestionada en su mayoría por el Estado (aunque creo que no deberíamos pensar en las EMSP como actores completamente autónomos de los Estados). Estas empresas también introducen una dimensión lucrativa en el área de la seguridad internacional, donde los actores normalmente defienden que las EMSP están motivadas por intereses públicos (seguridad nacional, etc.) más que por intereses privados. Estas empresas también usan el discurso del interés público, por supuesto.

Sobre el concepto de seguridad internacional en sí, aprecio los esfuerzos de extender su significado más allá de “seguridad nacional” con, por ejemplo, la introducción de la “seguridad humana” y otras iniciativas. Pero tampoco me fío de la posibilidad de securitizar todo. Esto es algo que he visto en la ONU, donde el Consejo de Seguridad está tentado a enfrentarse a más problemas porque estos afectan a “la paz y la seguridad internacional”. Pero, por mencionar uno de estos problemas, ¿puede ser abordado el cambio climático dentro del marco de la seguridad internacional? ¿Mediante los instrumentos disponibles en el Consejo de Seguridad? Esto nos lleva a centrarnos en aspectos muy específicos del problema, como los refugiados o la competición por los recursos naturales que se generarían por el cambio climático. Se trata de problemas muy válidos, por supuesto, pero no dicen mucho del origen de las causas del cambio climático. La securitización tiende a descontextualizar y despolitizar los problemas, y esto es algo en lo que participan las EMSP activamente.

Esto es, en cierto modo, una nota aclaratoria, pero creo que no deberíamos pensar en silos de misiles: no debemos ver el fenómeno de las EMSP como un fenómeno únicamente relacionado con la seguridad internacional. Las EMSP también son importantes en el sector de la extracción de recursos, por ejemplo. Trabajan para las empresas de extracción operativas no solo en zonas de conflicto o posconflicto, sino también en lugares donde sus actividades son impugnadas por las comunidades locales y donde, con frecuencia, el estado de derecho es inestable. El uso de los servicios de seguridad privados por parte de particulares ha experimentado un auge en muchos países, en particular en aquellos lugares con grandes desigualdades, donde los ricos se aíslan en urbanizaciones privadas. Este tipo de actividades suponen un reto para el concepto de seguridad como bien público, algo que también está ocurriendo a nivel internacional.

DTP: El expresidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan, dijo, defendiendo la capacidad del mercado para atraer lo mejor de cada sector, que “las mejores mentes no están en el gobierno. Y si las hubiera, el sector privado las contrataría”. De manera similar, observamos que el desarrollo de las EMSP está produciendo un traspaso de oficiales, soldados de élite y otros profesionales militares y de la seguridad, desde los ejércitos nacionales hacia este tipo de empresas. Considerando que ya se ha llevado a cabo procesos de privatización en algunas partes del mundo en sectores como la sanidad o la educación, ¿en qué medida este proceso es reversible en el campo militar y de seguridad?

LP: Creo que lo que estamos presenciando con el “fallo” perceptible del sector público y el cambio hacia la privatización es, básicamente, una profecía autocumplida: en numerosas ocasiones al sector público no se le dan los medios para llevar a cabo la misión que se le ha encomendado, y el sector privado puede aparecer como una solución alternativa. Se trata de una profecía autocumplida porque a mayor número de servicios públicos privatizados, mayores son las pérdidas del sector público en cuanto a su capacidad para hacer ciertas cosas. Esto plantea la cuestión de la reversibilidad: ¿podemos meter al genio otra vez en la botella? Si miramos a los militares estadounidenses está claro que se ha subcontratado tanto durante décadas, empezando por cuestiones como la alimentación de las tropas, que no se puede volver a un ejército que se mantenga por sus propios medios. Esto no significa que es imposible el considerar el retorno de al menos algunas de las actividades claves. Sin embargo, los lobbies de los representantes y las puertas giratorias entre los sectores público y privado puede dificultar el cambio.

DTP: Una de las principales figuras de la Economía Política Internacional, Susan Strange (1998, 14), ha argumento que el marco de conocimiento y la comunicación han cambiado porque las empresas privadas han desarrollado nuevas tecnologías y conocimiento. Desde los noventa, en varias regiones del mundo, los sistemas educativo y tecnológico han sido dirigidos o fuertemente influenciados por el sector privado. No obstante, Strange observó que este proceso de privatización, basado en la liberalización, tuvo lugar gracias al consentimiento o incluso al apoyo de los gobiernos nacionales: a veces con su participación en el juego; otras, con su falta de resistencia al proceso. ¿Cuál es la responsabilidad de los Estados en la privatización de la seguridad que está ocurriendo en las últimas décadas?

LP: Uno de los principales malentendidos en relación a las EMSP es que amenazan el poder del Estado. Podemos escuchar muchas habladurías sobre cómo retan al Estado con el “monopolio del uso” de la fuerza. Esto es similar a los malentendidos sobre la globalización como un fenómeno que los Estados no pueden regular, cuando en realidad la globalización es, en gran parte, el producto de las regularizaciones del Estado. De igual manera, las EMSP son, en gran medida, criaturas de los Estados: algunas políticas han favorecido deliberadamente el auge de esta industria. Solo por poner un ejemplo: en Francia, hace un par de años, el Parlamento publicó un estudio en el que se argumentaba que el gobierno debería promover la aparición de una industria de seguridad privada francesa que pudiera competir con sus homólogas estadounidense y británica. El estudio añadía que estas empresas serían excelentesinstrumentos para la protección del poder del Estado en el extranjero sin implicar realmente al ejército. Creo que aquí estamos siendo testigos de una industria que no ha aparecido por la magia de la mano invisible del mercado libre. Así que, el problema no es que las EMSP sean una amenaza para el monopolio del uso de la fuerza del Estado. Más bien son una amenaza para el control democrático del uso de la fuerza, es decir, la posibilidad de los ciudadanos de ejercer alguna forma de supervisión de la política exterior. La política exterior no es muy democrática de por sí, pero con las EMSP hemos visto que es incluso más sencillo ocultar lo que está ocurriendo. En Estados Unidos, por ejemplo, el uso de estas empresas ha supuesto más control del ejecutivo con menor supervisión por parte del Congreso. Y también sabemos que las EMSP han sido usadas deliberadamente por los gobiernos para que la guerra sea algo más “aceptable” para el público. Una circular del 2012 del Ministerio de Defensa Británico sobre las EMSP argumenta que la reacción del público a la muerte de los contratistas no es tan intensa como su reacción ante la muerte de las tropas nacionales.

DTP: Siguiendo el argumento previo, podemos decir que el conocimiento y la comunicación son elementos esenciales en el estudio de la política mundial. En relación con las fuerzas armadas y la seguridad mundial, Anna Leander (2005) sugiere que las EMSP han alcanzado el poder suficiente para influir en los asuntos relativos a la seguridad. Debido a esto podrían comportarse como expertos con poder epistémico capaces de construir las condiciones más favorables a sus intereses. ¿Crees, como señala Leander, que las EMSP tienen tanto poder como para influir en el ámbito de la seguridad?

LP: Lo que es impactante de la industria de las EMSP es que “cierran el círculo”. Las EMSP aconsejan en operaciones militares y en seguridad, proporcionan los servicios que se requieren, y en caso de guerra incluso proporcionan servicios de reconstrucción posconflicto. En cualquier industria o sector dados, si tienes a las mismas personas definiendo las necesidades que se requieren y proporcionando los servicios indispensables para satisfacerlas, estás siendo testigo de un conflicto de intereses. Y es muy posible que veas incrementarse estas “necesidades”.

No vas a definir la seguridad de igual manera si la entiendes como un bien público o como una mercancía que puede ser vendida y comprada. Si vendes “seguridad”, tu interés consiste en querer hacer de esta un bien excluible, es decir, algo que la gente que no ha pagado no puede disfrutar. Tu interés no será ni intentar ni hacer que una situación dada sea menos insegura, sino simplemente mantener la seguridad de tus clientes. Es entonces cuando abordamos la cuestión de la seguridad desde una perspectiva muy técnica y descontextualizada que no generará seguridad a largo plazo.

Si consideramos que la seguridad no es un problema técnico, sino algo íntimamente relacionado con los contextos político, económico y social, entonces importa el factor de quién define y proporciona la seguridad. Si la ONU emplea como consejeros de seguridad a personas que tienen experiencia en las fuerzas armadas (tal y como la tienen muchos de los empleados de las EMSP) en vez de buscar personal con experiencia en ayuda humanitaria, por ejemplo, entonces vamos a tener una definición muy diferente de la seguridad y de los mejores medios para conseguirla. Así que sí, estoy de acuerdo con Leander en que las EMSP tienen poder para influir en los asuntos relativos a la seguridad.

No obstante, no quiero que esto suene como que las EMSP son malvados genios superpoderosos que conspiran para dominar el mundo. Esto vuelve a tu pregunta sobre el papel de los Estados en este proceso. No olvidemos que el enfoque de la seguridad de las EMSP (como algo técnico y despolitizado) no es únicamente suyo: de hecho, muchas personas en los gobiernos piensan así. Las EMSP no surgieron como una vacuna ideológica. En muchos casos las EMSP no presionan a los gobiernos (o a la ONU) para que adoptaran su visión del mundo, sino que en verdad esta visión del mundo ya había sido asimilada.

DTP: La ONU cada vez contrata a más EMSP para una cubrir un mayor número de servicios. Algunas de tus publicaciones tratan acerca de este tema. Una de tus conclusiones, y quizás tu mayor contribución al estudio de las EMSP, es que la contratación de estas compañías por parte de la ONU en operaciones de mantenimiento de la paz está relacionada con un proceso mayor, un proceso vinculado con los cambios en las misiones y en las medidas de seguridad, llamado “bunkerización”. ¿Puedes explicar este proceso?

LD: Normalmente intento presentar mis investigaciones sobre el uso de las EMSP por parte de la ONU analizando dos niveles: en el primer nivel, es obvio que el uso de estas empresas por parte de la ONU no está bien visto dada su historia y sus actividades actuales. Este es el punto que normalmente afecta más directamente a la gente ya que es bastante obvio que no queremos que la ONU contrate a una empresa que es responsable de abusos a los derechos humanos. Pero entonces nos encontramos con el segundo nivel, que para mí es más importante: para empezar, ¿por qué la ONU contrata a estas empresas? Tenemos que retroceder en el tiempo para entender cómo hemos llegado a esta situación. ¿Qué decisiones se hicieron? ¿Quién es responsable?

Lo que me parece interesante de las EMSP es que son el nexo a muchas de las preguntas que se relacionan con la forma en que está evolucionando la ONU y en qué se puede convertir en un futuro. Si empiezas a desenredar la cuestión de por qué la organización usa estas empresas, entonces te darás cuenta de que estas empresas simplemente son parte de una serie de nuevas medidas de seguridad “duras” que la ONU ha adoptado en los últimos años. Y si retrocedemos un poco más atrás, vemos que la ONU también ha cambiado su filosofía sobre la seguridad, del “dónde ir” al “cómo quedarse”, y la organización ahora está más dispuesta a quedarse en escenarios peligrosos, cuando anteriormente se habría retirado. Y, ¿por qué es así? Esto está directamente relacionado con las órdenes que los Estados miembros, que quieren que la ONU se quede en zonas conflictivas como Irak o Somalia, dan a la organización. Y estas nuevas órdenes han generado su propio discurso y filosofía, como el concepto de misión “integrada” (donde se supone que los componentes político, militar y humanitario de las operaciones de la ONU están unidos). Pero, ¿qué significa que la ONU apoye políticamente a un gobierno que está puesto en duda y al mismo tiempo envíe personal humanitario “neutral”, como es el caso de Somalia? Todo el mundo reconoce que estas nuevas misiones han cambiado la percepción de la organización y que la bandera de la ONU ya no significa protección y a veces se ha convertido en un objetivo. El concepto de “mantenimiento de la paz robusto”, con las tropas de la ONU involucradas en combates directos, no solo para la autoprotección sino también para proteger a civiles e incluso para dar apoyo militar a una de las partes de un conflicto (como en República Democrática del Congo), también plantea las mismas cuestiones.

Las EMSP son realmente síntomas de problemas de mayor envergadura. Permiten que la ONU proporcione una solución rápida a los problemas de seguridad sin cuestionar el porqué de su existencia en un principio. Sin embargo, el imponer estrictas regulaciones a la ONU relativas al empleo de EMSP – o incluso prohibir su empleo – no afectaría a esta dinámica, aunque se tratara de un paso en la dirección acertada.

DTP: Es interesante mencionar el desarrollo de abundante literatura académica que destaca la necesidad de regular el mercado de la seguridad privada. Algunos Estados y organizaciones internacionales también han intentado desarrollar ciertas iniciativas reguladoras para mejorar la transparencia de la industria (Documento de Montreux en 2008, Código Internacional de Conducta para los Proveedores de Servicios de Seguridad Privada in 2010). No obstante, defiendes que este proceso de regulación, aun tratándose de algo útil, implica el riesgo de normalizar una conceptualización de la seguridad. En contraposición, propones a la ONU buscar alternativas. ¿Hasta qué punto tus recomendaciones y otros estudios críticos sobre el fenómeno pueden tener repercusión institucional, académica y social? ¿Cuál podría ser una la forma de buscar una conceptualización alternativa de la seguridad frente al llamado complejo e incontrolable proceso de privatización?

LP: Existe un debate eterno sobre si es mejor promover el Derecho Internacional Humanitario (que se supone que regula el comportamiento de los Estados en conflicto) o si es mejor intentar  “abolir” la guerra. Las EMSP parecen generar discusiones similares. Por ejemplo, mientras se discutía sobre el Código Internacional de Conducta para los Proveedores de Servicios de Seguridad Privada, hubo una cierta tensión dentro de la comunidad de las ONG: ¿deberíamos involucrarnos en este proceso, o va a ser visto como la legitimación de un sistema defectuoso (lo que es en cierto modo el caso actual)? Así que siempre estamos haciendo esos discursos entre lo que realmente queremos conseguir y lo que creemos factible en un momento dado. Ahora mismo hay víctimas de abusos contra los derechos humanos de las EMSP, y esto no puede solucionarse. Por supuesto, quieres que estas víctimas tengan acceso a un sistema judicial adecuado que pueda llevar sus casos, lo que requiere una ley para regular las EMSP tanto a nivel nacional o internacional. Incluso un código podría servir. Pero, ¿puedes parar ahí? Un acercamiento jurídico es importante, pero también debemos pensar en las EMSP como un fenómeno político, social y económico. ¿De dónde vienen y qué es lo que dicen del estado de nuestra sociedad?

Creo que si llevaras a cabo una encuesta, en muchas de las sociedades que han empleado EMSP en zonas de guerras, se vería que la gente no quiere que sus cuerpos policiales sean reemplazados por contratistas privados (la movilización popular contra G4S en el Reino Unido parece que apoya este punto de vista). Así que, ¿por qué permitimos que se envíen contratistas privados a zonas de conflicto en nuestro nombre? Para mucha gente, las EMSP no son un problema porque están operando “ahí fuera” y se supone que no sufrimos las consecuencias. Pero hay una conexión directa entre la securitización en el extranjero y securitización doméstica, y, como hemos visto con la militarización del cuerpo policial en EE.UU., lo que ocurre en las guerras tiende a “volver a casa”. Así que, espero que la gente deje de ver las EMSP como un problema técnico lejano y que empiece a verlas como un síntoma de cómo están evolucionando nuestras sociedades. Esto nos lleva de nuevo al comentario que hice antes sobre los silos de misiles: las EMSP no se dedican solo a la seguridad, también nos dan evidencias del crecimiento de la desigualdad, de la forma en que nuestro sistema económico explota los recursos naturales, y, básicamente de la forma que queremos que tengan nuestras sociedades.

DTP: Volviendo al debate sobre la regulación, Baker y Pattison (2012) defienden que si ponemos en marcha un sistema regulador efectivo, no tendríamos muchas razones para oponernos al uso de las EMSP en intervenciones para defender los derechos humanos. Es más, según sostienen Baker y Pattison, podría existir alguna razón para defender la utilización de fuerzas privadas en lugar de contingentes estatales (la libertad de elección que ofrecería a los empleados un mercado bien regulado), aunque reconocen que estos argumentos no tienen una justificación universal ni suficientemente fuerte. Concluyen que serán asuntos contingentes los que determinen la viabilidad del uso de PMSC en misiones humanitarias. ¿Qué ventajas tiene este mercado para la seguridad? ¿Y qué limitaciones existen?

LP: El mercado puede ofrecer muchas cosas, pero hemos aprendido que no es muy bueno gestionando bienes públicos, como la sanidad. Hay sectores en los que los sistemas basados en el beneficio no funcionan porque al final el beneficio tiene más importancia que el proporcionar el servicio público. Creo que por ahora tenemos suficiente experiencia con la privatización neoliberal como para decir que algunas cosas no han funcionado. De hecho, algunas administraciones públicas (y militares) ahora están intentando llevar las cosas de nuevo a casa en lo que parece un cambio en la otra dirección del péndulo.

Hay una diferencia fundamental entre ver la seguridad como un problema técnico (resuelto por el mercado) y verla como un problema político (algo que requiere un debate e intervención pública). Si la vemos como un problema técnico, al principio podemos preguntarnos por qué existe la inseguridad, cuáles podrían ser sus causas en la sociedad y en la economía, y haremos lo posible para eliminar sus causas de origen más que sus síntomas (por presentar las cosas de manera sencilla). Un mercado de la seguridad siempre abordará los síntomas, no las causas. Esto no es necesariamente un problema, siempre y cuando no creamos y digamos que el mercado va a solucionar el problema de la inseguridad de alguna manera. Aquí es donde entra el debate sobre el uso de las EMSP en operaciones humanitarias: incluso si estamos de acuerdo en que las EMSP no pueden construir paz y seguridad a largo plazo, ¿podríamos imaginarnos una situación en la que podrían ser usadas a corto plazo para abordar los síntomas (es decir, abusos de derechos humanos)?

Para mí, el argumento más convincente de la industria de las EMSP no es que ellas (el mercado) estén haciendo las cosas mejor que el sector público: es que están haciendo aquellas cosas que el sector público no quiere hacer. Cuando dicen que una u otra crisis puede solucionarse mandando algunos de sus empleados cuando no hay gobiernos que quieran actuar, es un argumento muy sólido, claro. Pero ya hemos escuchado este discurso antes: es el mismo argumento que dan las empresas de alimentación transgénica cuando dicen que pueden acabar con el hambre en África. El discurso “nosotros o el hambre” o “nosotros o el genocidio” se mete de lleno en las emociones del público, así que es muy difícil combatirlo. Después de todo estamos en contra del hambre y del genocidio. Pero esto es muy típico del discurso securitizador: escoge una situación que se encuentra en un punto X, sin mirar a lo que pasado en los puntos W, V, U, y en todos los demás hasta el punto inicial en A. ¿Son las empresas de alimentación transgénica parte del sistema que provoca el hambre en África? ¿Son las EMSP parte del sistema que genera los conflictos en diferentes regiones del planeta? Estas son el tipo de preguntas que no nos hacemos si estamos tratando el problema desde un punto de vista técnico y en solo en el punto X, punto en el que todo el mundo quiere “hacer algo”. Si el problema en una situación conflictiva es que el Estado no es capaz de garantizar la seguridad de sus ciudadanos y que la seguridad ha sido privatizada (en manos de milicias, por ejemplo), puede que pierda sentido el mandar EMSP para proteger a la población. Y la experiencia nos ha enseñado que estas supuestas intervenciones cortas y “técnicas” pueden tener efectos desastrosos (por ejemplo, Somalia en 1993), particularmente si no están bien planeadas dentro del contexto de las causas de la violencia. La intervención suena recomendable, pero ¿para proteger a quién de quién? ¿Con qué grado de fuerza? Las EMSP no pueden resolver estas cuestiones.

DTP: Otro presidente republicano de EE.UU, Dwight D. Eisenhower, durante su famoso discurso de despedida, advertía sobre el peligro del creciente Complejo Militar Industrial, el cual, dentro de su ambivalente postura conocida como conservadurismo progresista, era necesario para proteger a la sociedad estadounidense, pero a la vez peligroso porque esa industria desarrollaba un poder capaz de privar a los ciudadanos de sus derechos políticos. El presidente advertía que sólo una ciudadanía alerta e informada podía controlar políticamente a la inmensa maquinaria industrial y militar de defensa, de tal modo que la seguridad y la libertad pudieran prosperar juntas. Como reflexión final, ¿estamos condenados a aceptar la visión trágica de la política y asumir que la privatización de la seguridad constituye un fenómeno contemporáneo que parece venir para quedarse, con luces y sombras pero necesaria para ejercer la política en el siglo XXI?

LP: Si entendemos que nada ha sido inevitable hasta la situación en la que nos encontramos hoy en día (que en realidad fue el producto de muchas decisiones intencionadas de los Estados), entonces podemos entender que no podemos evitar que esto perdure. De nuevo, creo que el paralelismo con la globalización es interesante: se nos dice constantemente que los Estados no son capaces de regular la economía globalizada, en particular las multinacionales, pero ahora mismo estos Estados están negociando un acuerdo mercantil (TTIP) que permitirá a las multinacionales demandar a los Estados por imponer legislaciones sociales y medioambientales que pudieran “afectar” a sus beneficios. Una vez más esto es una profecía autocumplida, un caso de impotencia diseñada. Creo que estamos ante un mecanismo similar con las EMSP. La primera medida que tenemos que tomar es reconocer que la privatización, como la globalización, no es un fenómeno mágico que surge de la nada: está conducida y regulada por los Estados. Esto significa que nosotros, como ciudadanos de estos Estados que se supone que son democráticos, deberíamos poder decidir en estos procesos. Cuando el Parlamento francés dice que Francia necesita más EMSP para proyectar su poder en el extranjero y por su “interés nacional”, ¿de quién es ese interés? ¿Es el interés de un ciudadano cualquiera? ¿O se trata de los intereses de las grandes multinacionales francesas? Eisenhower estaba en lo cierto cuando decía que solo una ciudadanía informada y comprometida podría luchar contra el complejo militar industrial, y en esto consiste realmente la abrumadora tarea de movilizar a la gente sobre estos asuntos. Pero no deberíamos pensar que no tenemos influencia o poder en la privatización de la seguridad.

Lou Pingeot es máster en Ciencia Política (especialización en Relaciones Internacionales y Seguridad Internacional) por Sciencies Po (Instituto de Estudios Políticos de París) y actualmente está haciendo un doctorado en Ciencias Políticas en la Universidad McGill, Montreal. Desde el 2010 hasta el 2013 trabajó para Global Policy Forum, una ONG con sede en Nueva York que supervisa las actividades de la ONU. Es autora de dos informes: Dangerous Partnership: Private Military & Security Companies and the UN (2012) y Contracting Insecurity. Private military and security companies and the future of the United Nations (2014).

David Torres Pascual es máster en Relaciones Internacionales y Estudios Africanos por la Universidad Autónoma de Madrid. Sus principales líneas de investigación fueron el discurso de la Seguridad Internacional, la ética en la Política Internacional y la epistemología en las Ciencias Sociales.

 

Traducción para www.sinpermiso.info: Carmen Municio Díaz

Fuente:
https://www.opendemocracy.net/lou-pingeot-david-torres-pascual/privatizing-security-talking-with-lou-pingeot