La rebelión catalana

Miguel Salas

24/09/2017

Hay una larga historia de luchas sociales y políticas en Catalunya. En el siglo XIX, Barcelona era conocida como la ciudad que había levantado más barricadas en Europa. Durante el siglo XX dio sobradas pruebas de su espíritu rebelde, republicano y revolucionario contra las arbitrariedades, las desigualdades sociales y, en general, contra todo tipo de opresión. Fue un puntal en la lucha contra el franquismo y ha logrado que una candidatura municipalista surgida de los movimientos sociales ocupe la alcaldía. Ese caudal acumulado, y durante mucho tiempo contenido, ha confluido ahora en esta rebelión democrática y ciudadana que no está dispuesta a aceptar la represión del Estado ni que le arrebaten sus instituciones, que mira al futuro porque quiere ejercer su soberanía, decidir lo que quiere ser, no que otros se lo impongan, vengan de fuera o sean de dentro. Y la rebelión no se ha limitado a Barcelona, ha sido toda Catalunya quien ha reaccionado frente a la represión y ha tenido también la solidaridad de muchas ciudades de España.

Desde que se convocó el referéndum para el 1 de octubre y el gobierno del PP lanzó a los jueces para impedirlo, la tensión había ido en aumento y el miércoles 20 de septiembre dio un salto cualitativo. La Guardia Civil organizó un despliegue impresionante para investigar diferentes centros oficiales de la Generalitat y la gente dijo ¡basta! Las alarmas funcionaron con rapidez, no pasó mucho tiempo desde que los guardias civiles entraron en las dependencias oficiales hasta que centenares de personas se empezaron a concentrar a las puertas. La Conselleria de Economía, situada en la confluencia entre Rambla de Catalunya y Gran Vía, se convirtió en el lugar central de concentración. Conforme iban pasando las horas más gente se reunía. Cuando unos tenían que marchar otros aparecían. Llegaba gente de los barrios más alejados y de los alrededores de Barcelona para expresar su indignación, hartos ya de tanta injusticia. Se cantaba Els Segadors, y parecía que todos gritaban más fuerte cuando el himno dice “bon cop de falç, bon cop de falç” (buen golpe de hoz) se gritaba “votarem, votarem”, porque la protesta significaba también la voluntad de no ceder, de seguir adelante; se coreaba “independencia”, la manera más popular de exigir una república en Catalunya y, sobre todo, crecía la confianza de la fuerza del pueblo movilizado. La guardia municipal calculó que hubo unas 40.000 personas en el momento de mayor presencia y fueron muchos miles más los que pasaron durante todo el día. Porque lo que empezó hacia las 9 de la mañana acabó a altas horas de la madrugada, con la gente haciendo un pasillo para que los mossos d’esquadra pudieran ayudar a los guardias civiles a abandonar el edificio. Más de 12 horas estuvieron rodeados por miles de personas, fue la voluntad de un pueblo de defender sus instituciones y de protestar contra la represión indigna del gobierno Rajoy.

La protesta también estuvo presente en otros puntos de la ciudad. En la Vía Laietana, la Guardia Civil penetró en las oficinas de la Conselleria d’Exteriors. Al poco rato decenas de personas rodeaban la entrada. Un hecho fue muy significativo fue que desde CCOO, el local sindical está justo al lado, se organizó la presencia de sindicalistas que se sumaron a la protesta. La alcaldesa, Ada Colau, hizo una declaración llamando a la movilización y denunciando la represión. Espontáneamente mucha gente acudió a la Plaza Sant Jaume, pero el grueso de los manifestantes se fue concentrando en Rambla Catalunya con Gran Vía. La jornada transcurrió en un ambiente festivo, reivindicativo, con mucho cabreo, pero pacífico, “no se ha roto ni un cristal”, se decía, pero también con la convicción de que se había producido un punto de inflexión, del que ya no habrá vuelta atrás.

Ilegalidades

El día acabó con 41 registros y 14 detenidos, altos cargos de diferentes conselleries de la Generalitat y una directiva de la empresa TSystems. El objetivo de la Guardia Civil consistió en detener a quienes consideraron que estaban detrás de la organización del referéndum en el terreno económico, gestión de las comunicaciones, censos, etc. y no les importó saltarse su propia legalidad para lograrlo. Alguna de las personas fue detenida en plena calle rodeada de varios coches policiales o camuflados, a otra la esperaban en la puerta de su casa, como si se tratara de delincuentes. Hubo intención manifiesta de humillarlos, por ejemplo, el juez les tomó declaración manteniéndoles esposados. Y es que, como se ha denunciado, hasta que el inicio de la operación cayera en el Juzgado de Instrucción nº 13 había sido preparado, probablemente en colaboración entre el Ministerio del Interior y el de Justicia o el Poder Judicial. ¡Viva la independencia de la justicia!

Una de las más flagrantes ilegalidades consistió en el intento policial de entrar en el local de la CUP. Se presentaron por la cara, sin orden judicial, como si el estado de excepción fuera la normalidad, no se les permitió entrar y, como en otros lugares, aparecieron miles de personas que evitaron la acción policial. No sabemos hasta donde pretendía llegar la represión policial y judicial pero sí sabemos que la movilización ciudadana impidió que fuera más lejos.

Otras decisiones, que no hace mucho tiempo hubiéramos dicho que eran ilegales, el PP las ha convertido en legales, como la multa de 12.000 euros diarios (¡diarios!) impuestos a los miembros de la sindicatura electoral (que cumplía funciones de junta electoral) Toda una batería de medidas legales y jurídicas que han ido transformando la legalidad en una pantomima para proteger las políticas y las decisiones del Partido Popular.

En la disputa por el relato de los acontecimientos, el PP y el poder del Estado intenta presentar sus decisiones como una defensa de la democracia y, más aún, como si estuvieran defendiendo las libertades del conjunto de los españoles. La experiencia de estos días demuestra que su hipocresía no tiene límite. Suspensión de hecho de la autonomía catalana, control económico de sus finanzas, que los mossos pasen a ser dirigidos por el Ministerio del Interior, etc. etc. pero estas decisiones no afectan solo a Catalunya, prohibiciones de actos por casi toda España y la ridícula y antidemocrática decisión de la Diputación de Zaragoza de no permitir el acto convocado por Unidos Podemos. No se puede poner puertas al campo, los actos se convocan, con dificultades pero se hacen, las concentraciones se realizan, y lo que crece es el sentimiento de que en torno a lo que sucede en Catalunya se juegan los derechos y las libertades de todas y todos. Así lo entendieron las miles de personas que se concentraron en los más de 80 actos de protesta que se desarrollaron por toda España.

El conjunto de estas medidas represivas lo que pone aún más en cuestión es el régimen del 78. Si la actual Constitución ya estaba invalidada desde el punto de vista de los derechos sociales, hace tiempo que ya nadie se cree que pueda dar respuesta a lo que ella misma dice sobre el derecho a un salario digno, a una vivienda digna, a una sanidad y educación dignas; si la hirieron de gravedad cuando Zapatero y Rajoy la modificaron para pagar antes a los bancos que atender a las personas, la crisis catalana, la práctica suspensión de la autonomía, la partidaria utilización de la justicia y las fuerzas policiales, la han dejado moribunda. Porque todas esas medidas se están tomando sin ningún debate parlamentario, sin que la supuesta representación popular tenga oportunidad de decir algo. La impunidad se ha establecido como mecanismo de gobierno. Por eso mismo, la exigencia de una república en Catalunya es una ayuda para que en el conjunto del Estado se empuje para acabar con el actual régimen monárquico.

Votaremos

El jueves 21, y los días siguientes, la movilización ascendió unos cuantos escalones. Había que liberar a los detenidos y detenidas, había que mantener la presión y extender la protesta al conjunto de Catalunya. Desde las 12 de la mañana algunos miles de personas se concentraron frente al Tribunal Superior de Justicia de Catalunya, en el Paseo Lluís Companys, para exigir la libertad de los detenidos y para no abandonarla hasta que estuvieran en la calle. Así fue. Por la tarde, en prácticamente todos los pueblos de Catalunya se desarrollaron impresionantes concentraciones en la plaza del Ayuntamiento. Solo hay que ver algunas fotos para darse cuenta del cambio producido. Ya no se trataba solo de los independentistas y soberanistas, una mayoría mucho más amplia se sintió concernida, se sintió llamada a salir a la calle para mostrar su repulsa. Muchos estudiantes abandonaron las aulas, los universitarios se reunieron en asambleas multitudinarias, en la Universidad Central ocuparon el rectorado, y la plaza Universidad se convirtió en un lugar de acción y debate permanente. Como en el 15-M, otra vez las plazas han vuelto a estar llenas, la confluencia entre esfuerzos y movimientos diversos muestra su decisión de cambiar las cosas, en esta ocasión queriendo decidir.

El Estado ya no oculta sus intenciones. Se pretende acusar de sedición a los dirigentes de las movilizaciones, se amenaza a los directores de las escuelas si colaboran permitiendo el uso de los locales el 1 de octubre, ¿se juzgará a todos que pretendan ir a votar? Miles de policías han sido desplazados a Catalunya, varios barcos han atracado en Barcelona y Tarragona para alojarlos, no podrían soportar la presión de estar en hoteles cerca de la población, y los estibadores han dado una lección de solidaridad: decidieron en asamblea que no darían servicio a los barcos ni a los policías que iban a alojar. ¡Bien por los estibadores! Los payeses (agricultores) reunieron en Lleida unos 1.000 tractores. Se responde desde todos los sectores sociales. El sindicalismo obrero también se ha puesto en movimiento. Se han desarrollado diversas reuniones entre prácticamente todos los sindicatos en las que se han valorado diversas posibilidades de respuesta frente a la represión. Omnium y la ANC (Asamblea Nacional de Catalunya) y los sindicatos CCOO y UGT han establecido mecanismos de coordinación para responder con acciones ciudadanas y trabajadoras a una nueva escalada represiva. ¿Detendrán a los consellers de la Generalitat o al President? ¿Se atreverán a suspender la autonomía? ¿La policía ocupará todas las ciudades y pueblos? ¿Pondrán un policía ante cada urna que se ponga el 1 de octubre?

El domingo 24 de septiembre, la movilización ha continuado. Por todo el país se han repartido un millón de papeletas, se han confeccionado carteles, muchos de ellos impresos en casas particulares, y se han colgado. Las plazas se han vuelto a llenar, se han convocado centenares de mítines, y seguirán durante la semana, y, a pesar de las enormes, enormes dificultades, la gente está convencida de que el 1 de octubre se votará. Es la conversación habitual entre vecinos o en bares y tiendas: “¿irás a votar? ¿ya sabes dónde te toca? ¿tienes la papeleta?” Será una semana intensa y apasionante.

Sindicalista. Es miembro del Consejo Editorial de Sin Permiso.
Fuente:
www.sinpermiso.info, 24 de septiembre 2017