Las marcas del desastre climático: La importancia de ponerle nombre

George Lakoff

10/09/2017
Donald Trump conoce lo que es el poder de las marcas y saca en realidad ingentes beneficios de vender su nombre. Pero el poder de poner nombre y crear marca puede ser una espada de dos filos: cuando un presidente crea y perpetúa desastres humanos de verdad, podemos verdaderamente unir su nombre a estos y permitir que la bien ganada marca del desastre se extienda de modo natural.      
 
Trump utiliza la palabra “desastre” a modo de metáfora para referirse a medidas y prácticas políticas que no son de su gusto. Pero hay desastres reales, literales en el mundo: enormes incendios, inundaciones devastadoras, sequías considerables,    desastres provocados de modo sistémico por el calentamiento de la atmósfera de la Tierra y sus efectos en el sistema climático global.
 
Los Acuerdos de París suponen un esfuerzo mundial, bajo gobierno científico, para invertir el calentamiento de la atmósfera de la Tierra y revertir así sus efectos literalmente desastrosos: efectos que matan, pueden iniciar guerras y cuestan billones de dólares.
 
Cuando el presidente Trump sacó a Norteamérica de ese esfuerzo a escala mundial, mostró que la política puede tener también mortíferos efectos sistémicos, como ralentizar de modo significativo los esfuerzos por revertir estos efectos y permitir que empeoren los desastres climáticos reales.  
 
Los dirigentes políticos y empresariales de Norteamérica — gobernadores, alcaldes, directivos  — se han comprometido a actuar como si los EE.UU. siguieran formando parte del esfuerzo de la comunidad mundial de los Acuerdos de París. Hay cosas de importancia que se pueden hacer de modo colectivo y que merecen elogios por su valor moral y buen sentido de no detenerse ante la poderosa oposición de la administración Trump.
 
Pero no tenemos por qué sentirnos impotentes frente al gobierno de Trump. Los ciudadanos de los Estados Unidos tienen poder más allá de las urnas: el poder de nombrar, y el de crear marca con los desastres. Actuando juntos, podemos darle una denominación de marca a todos esos inmensos incendios, tormentas, inundaciones y sequías perpetuadas y provocadas por las acciones de Trump contra el esfuerzo a escala mundial por acabar con esos desastres.
 
Pongámosles nombre a los desastres de envergadura en la persona del mayor eresponsable de perpetuar y provocar otros nuevos en el futuro. Cuando suba el nivel de las aguas hasta inundar Florida, o cuando el calentamiento de la atmósfera produzca una ingente evaporación sobre el Pacífico que sople hacia el norte y el este con el resultado de enormes inundiaciones a lo largo y ancho del Medio Oeste, llamémoslo desastres de inundaciones Trump. Cuando el calentamiento sostenido de la atmósfera lleve de modo sistémico a inmensos incendios en Tejas, llamémoslos desastres de incendios Trump.
 
Cuando el calentamiento del Golfo de México por encima de máximos históricos lleve a huracanes sobradamente contundentes, llamémoslos huracanes Trump y refirámosnos a sus efectos como devastación Trump. Cuando los efectos sistémicos de un calentamiento atmosférico desacostumbrado lleven a la sequía, con restricciones de agua y pérdidas en la agricultura, llamémoslos sequía Trump.  
 
No estamos acostumbrados a utilizar el poder que tienen millones de personas corrientes a la hora de poner nombre a lo que les perjudica, a ellos y a su planeta y al futuro de sus hijos y nietos. Pero ha llegado el momento de utilizar ese poder. Digámoslo.
 
Si esa marca de desastres Trump se vuelve viral, ilustrará la seriedad de la oposición de la administración de Trump a encarar la devastación causada por el calentamiento de la atmósfera de la Tierra. Los activistas medioambientales han luchado por persuadir a la opinión pública de la urgencia de los desastres del calentamiento global. Pero al retirarse de los Acuerdos de París, Trump ha creado una situación tan mortífera que se precisa una medida inusual. Debemos dar el nombre de la persona que es máximo responsable. Es hora de crear la marca del desastre, asociando los desastres de verdad de los que Trump es responsable de perpetuar o crear, con la marca Trump.
 
Todo lo que hace falta es la palabra: la libertad de palabra garantizada por la Constitución. No tenemos que salir en manifestación o comprometernos con la desobediencia civil ni hacer nada que sea mínimamente violento. Lo único que tenemos que hacer es decir las palabras. Poner nombre otorga poder.
prestigioso investigador de lingüística cognitiva y comentarista político, ya jubilado de su puesto de catedrático de Ciencia Cognitiva y Linguística en la Universidad de California, Berkeley, dirige ahora el Center for the Neural Mind & Society, también en Berkeley.
Fuente:
georgelakoff.com, 3 de junio de 2017
Traducción:
Lucas Antón