Los economistas en su laberinto

Fernando Luengo

04/08/2018

En mayo de 2018 el Real Instituto Elcano publicaba el texto “Quit kicking the can down the road: a Spanish view of EMU reforms”, suscrito por veinte economistas españoles, de dispar orientación y perfil profesional, en el que se avanzaban diferentes propuestas relacionadas con la reforma de la arquitectura institucional de la Zona Euro (ZE). Este y otros documentos, lanzados desde las instituciones comunitarias y relevantes think tanks, tenían como objetivo alimentar un debate cuyo colofón era el Consejo Europeo celebrado el 28 de junio, que, en teoría, debía acometer una profunda reforma de las instituciones comunitarias, reforma que, finalmente, ante las evidentes dificultades para generar una posición común, se dejaron para el Consejo Europeo que tendrá lugar en diciembre.

El hilo conductor de la argumentación desarrollada en esta declaración descansa en la necesidad de proceder a un amplio y profundo rediseño de las instituciones con que nació la Unión Económica y Monetaria (UEM); corregir los déficits y carencias que la crisis económica ha puesto de manifiesto.

Con esta orientación, se apuntan un buen número de propuestas, en línea con quienes sostienen que el problema de la moneda única reside básicamente en el inadecuado marco institucional que la sostiene. No comparto ese diagnóstico, por parcial y sesgado, pero no entraré aquí en ese asunto; tampoco en el detalle de las recomendaciones formuladas en el texto, condicionadas por ese diagnóstico. Pero si me detendré en las líneas que siguen en comentar algunas afirmaciones que quienes las formulan pretenden anclar en el sentido común de la economía.

Se dice en el texto que el diseño original de la UEM infravaloró la trascendencia de la unión fiscal, bancaria y política, que los autores consideran imprescindible para un correcto funcionamiento de un espacio monetario compartido por economías con estructuras productivas y competitivas muy dispares y para gestionar las asimetrías que se derivan de esa situación.

No dudo que, en efecto, existiera esa infravaloración, nacida de una confianza, por lo demás, ciega e infundada en las virtudes de los mercados y en su capacidad de autorregulación. Pero lo más importante en mi opinión es que el diagnóstico basado en las “carencias” y los “déficits” omite una cuestión esencial, que, por cierto, forma parte de un sentido común, muy distinto del convencional, que alimenta el pensamiento crítico. Más que un error, hubo una clara intención política: beneficiar los intereses de los grupos económicos que hicieron grandes negocios con ese “defectuoso” diseño institucional.

Otra de las piedras angulares del sentido común dominante es referirse a las “reformas estructurales”. El texto sostiene que el erróneo diseño institucional, al que antes me he referido, no proporcionó los estímulos adecuados para su realización. Con los mismos mimbres, estos economistas defienden la necesidad de acometer cuanto antes un ambicioso paquete de “reformas estructurales”, que, se supone, el marco institucional que surgiera de un ambicioso plan de reformas favorecería. Nada se dice al respecto en el documento acerca de su contenido, como si este fuera obvio, como si, entre los economistas, hubiera un amplio y reconocido consenso al respecto.

Sin embargo, no lo hay. Existes diferentes miradas que deben ser debatidas entre la ciudadanía (pues, finalmente, no se trata de que los expertos y las élites tomen las decisiones). La dominante es la que ha impregnado las políticas económicas aplicadas antes y durante la crisis. En este sentido, hay que corregir la opinión de este grupo de economistas. En las últimas décadas, también desde que surgió el euro y muy especialmente en los años de crisis hemos asistido a importantes transformaciones estructurales, como, por ejemplo, la desfiscalización de las rentas más altas y los grandes patrimonios, la desregulación de las reformas laborales, la liberalización de los mercados financieros o la mercantilización de los mercados públicos. ¿O es que eso no merece el calificativo de cambio estructural?

Sí, es necesario, diría que urgente, acometer profundas transformaciones estructurales, pero de contenido muy distinto a las anteriores. Reformas que, situadas en las antípodas de las llevadas a cabo (y de las que se quieren acometer en los próximos años), tendrían que orientarse al empoderamiento de los trabajadores y la ciudadanía, a la introducción de una fiscalidad progresiva, a la desfinanciarización de la economía y al debilitamiento de la configuración oligárquica de los mercados.

Se lee en otro lugar del documento que Europa necesita mucha más “coordinación fiscal y disciplina”. De nuevo, se juega con el lenguaje para conformar un relato que induce a la confusión y que, además, apunta en la dirección equivocada. Si los autores utilizan estos términos para sugerir más ajustes presupuestarios sobre las clases populares, más cesión de soberanía al servicio de las políticas de austeridad, más represión salarial, hay que decir que no, que ese no es el cambio. Pero, desde la perspectiva del pensamiento crítico, también se puede defender la necesidad de más coordinación y disciplina con el objetivo de poner en pie Otra Europa, para terminar con la política unilateral y mercantilista de Alemania, para poner los salarios y la inversión productiva en el epicentro de las políticas implementadas por los gobiernos, para homogeneizar las bases imponibles de los impuestos y eliminar los paraísos fiscales, para luchar con determinación y con recursos contra el cambio climático, la fractura social y el patriarcado y para combatir la ingeniería fiscal practicada por las empresas transnacionales.

En definitiva, disfrazado de sentido común y de consensos incontrovertibles, encontramos la cómoda posición, con una evidente carga de ideología, de quienes defienden el estatus quo. Pero hay otras miradas, otro lenguaje, otros diagnósticos y otras alternativas que es necesario explorar para salir de la crisis con políticas que defiendan a las mayorías sociales.

Economista y miembro de la Secretaría de Europa de Podemos.
Fuente:
https://fernandoluengo.wordpress.com